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::: estosdías ::: El semanario de Quintana Roo


Chetumal,
Crimen
   
 

La industria del secuestro y la extorsión comienza a cobrar la factura en Quintana Roo. Se calcula que al menos 200 empresarios han sido víctimas de las mafias dedicadas a eso y a cobrar derechos de piso y venta de protección. Cada mes se registran entre 10 y 12 casos, sin contar los que no salen a la luz pública. La inconsistencia de las leyes, la inoperancia de las instituciones y la corrupción de las autoridades de seguridad en todos los niveles de gobierno, patrocinan la bonanza criminal. Policías, ministerios públicos y juzgados se mantienen coludidos con la delincuencia organizada o existen en la inercia de la ineficacia y la irresponsabilidad; no hay una verdadera representación social dedicada a procurar justicia. Los poquísimos delincuentes detenidos son liberados por consignaciones erráticas, por complicidad, por amenazas o porque la letra de la ley es una aberración legislativa. La enorme dosis de impunidad, que estimula la empresa de la violencia y el terror, seguirá creciendo porque su fuente fundamental es el Estado mismo, su ilegitimidad y su consistente deterioro. En el analfabetismo y la indigencia que produce; en la pobreza legal, la incompetencia burocrática y la corrupción pública, se explica la creciente delincuencia juvenil y el exitoso criadero de sicarios y reclutas para la mafia.

LA INDUSTRIA DEL SECUESTRO,
COMO NUNCA EN EL ESTADO

Es un modus vivendi que se propaga con entera naturalidad. Primero las mafias de fuera adiestraron a palos a malandrines locales para que les trabajaran a ellas. Ahora cualquier policía o expolicía de bicicleta se roba un vehículo de lujo y se hace narco y secuestrador. Todos se dicen "zetas" porque los Zetas inventaron la receta del narcotráfico mezclado con la extorsión, y degradaron el negocio. Por eso hasta sus expatrones del cártel del Golfo quieren acabar con ellos. Pero ahora vaya usted a saber si algunos de los secuestradores que operan en la entidad son en realidad narcos o matarifes del montón. El caso es que la plaga se desperdiga y hace su agosto con la complicidad, activa o pasiva, de los representantes de la ley. Hoy día se secuestra o se extorsiona a empresarios muy ricos, chuecos o derechos, y a puesteros de cochinita. Unos secuestradores trabajan para los capos y otros sólo porque ¿por qué no? Y mientras la Ley de Justicia para Adolecentes sigue premiando homicidas y estimulando los contingentes juveniles de las mafias.

Por Javier Ugalde

“Levantones” y secuestros en Cancún están de nuevo a la orden del día. Y aunque el número de muertos asociados a este tipo de delitos ha disminuido en 2010, no hay que perder de vista que la privación ilegal de la libertad cada vez menos es producto de un ajuste de cuentas entre bandas de matones. Mafiosos y narcomenudistas se perfilan hoy más hacia la extorsión y a las desapariciones exprés, porque el mercado de la droga está cada vez más competido y se complica el control del abasto y la distribución. No es casual que las principales víctimas de los últimos meses sean empresarios que después de haber desaparecido por un par de días regresan a sus hogares sin haber dado parte a la autoridad y en medio de un profundo hermetismo sobre sus casos.

Encuentre la información completa en el número 139 de la versión impresa.

 

   

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