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12 años de derrotas
Nicolás Durán de la Sierra
Si bien no fue el senador Pedro Joaquín Coldwell el que primero alertara del riesgo que corre Cancún como centro turístico ante el gigantismo demográfico que enfrenta, sí fue en cambio el primero que, con sustento y dejando de lado los "costos políticos", aportó un posible conjuro contra el problema: detener la edificación de cuartos de servicio hotelero y reducir la de espacios habitacionales populares.
Para muchos, sobre todo entre empresarios turísticos y sus pajes gubernamentales ansiosos siempre del lucro fácil del desarrollismo, el aserto del exgobernador resultó radical y exagerado, y hasta acaso sedicioso para la política de libre mercado -capitalismo salvaje- que se alienta desde Los Pinos, donde la inversión extranjera además de gran negocio es casi un santo grial financiero.
El argumento es sencillo: si se para el crecimiento de la plataforma hotelera, se desalienta la migración que viene en busca de empleo turístico, el gran captador de mano de obra de bajo nivel; y si se enjuta la edificación de vivienda popular, ésta se encarece y por ende se abate también la migración de escasos recursos, reorientando el flujo migratorio hacia la Riviera Maya, donde sí se puede dar el crecimiento urbano.
La base de la moción del otrora titular de Turismo es también sencilla: Cancún ya no puede crecer más como ciudad ni como centro turístico por razones, antes que nada, ambientales y técnicas. La dotación de servicios básicos en la zona hotelera está por mucho rebasada y los nuevos conjuntos de vivienda popular atentan contra los mantos de agua de la ciudad.
De lo atinado de la advertencia planteada apenas hace un par de años, dan cuenta cierta los llamados recientes de la Profepa para frenar el desarrollo hotelero de Cancún y las exigencias cada vez mayores de la Semarnat para dar cauce a nuevos asentamientos humanos. De hecho en los próximos días se cancelará el proyecto para construir un hotel en el Centro de Convenciones local.
Para abundar en el tema, en su última visita a Cancún, Juan Elvira Quezada, el titular de la Semarnat, anunció que en fecha próxima se revisarán también las manifestaciones de impacto ambiental de diversos proyectos habitacionales, uno de lujo y dos populares en la periferia urbana, pues aunque autorizados por las instancias municipal y estatal, ninguno cumple con las exigencias ecológicas para su construcción.
De seguro, ante la creciente problemática ambiental que genera esta ciudad turística –basura, drenaje, agua potable, deforestación-, los requerimientos para la expansión de la mancha urbana serán cada vez mayores y la negativa para la construcción o ampliación de los hoteles se hará pronto de manera formal y no como hasta ahora, que se trata sólo de una mera invitación de la Procuraduría ambiental.
No obstante, como por desgracia ocurre con frecuencia en nuestro país, muchos de los daños ya están hechos, son palpables, y hasta el momento no se ha planteado estrategia alguna para resarcirlos. Real es el peligro de una filtración de lixiviados a los mantos de agua potable del poniente urbano, hacia donde los mercaderes inmobiliarios y sus empleados oficiales orientaron el "desarrollo" habitacional.
Hoy por hoy, como resultado de los incontables abusos cometidos en el paseo turístico local, sin entrar en operación plena los nuevos conjuntos residenciales de la Zona Hotelera, la capacidad del drenaje sanitario está al borde del colapso, y tal como ya ha ocurrido en un par de ocasiones, es previsible que vuelvan a estallar los ductos de aguas negras, para no hablar del creciente caos vial que se da en el área.
Hoy por hoy, como resultado de los incontables abusos que se dieran y dan en el área urbana, la ciudad tiene una cara marchita, ajada a los 39 años que está por cumplir -se creó por decreto el 10 de agosto de 1971; el fundo no lo determinan los pioneros-; su faz no es la del éxito. Como hace tiempo dijera el finado periodista Rosendo Leal Sánchez: “Tiene todos los vicios de las grandes ciudades, y pocas de sus virtudes”.
Sin embargo y pese a todo, la ciudad es aún rescatable. Debe serlo, por el bien de sus pobladores y también por el del estado y el país, que tanto precisan de la riqueza que genera. La previsión de Pedro Joaquín se está cumpliendo y, de manera forzada y al borde casi de lo irremediable, también lo está siendo la aplicación de sus propuestas.
Para el gobierno municipal que sigue, la reordenación de la ciudad deberá ser prioritaria, pues de ella dependerá en gran parte la regeneración de su sociedad, una sociedad que –no olvidemos- tiene varias marcas nacionales en lo oscuro. El gobierno por venir, por el bien general, deberá ser honesto y capaz de superar inercias y vicios de doce años de derrotas.
Hace 39 años aquí se hizo un milagro, hagamos otro. |