El suelo del estado ha sido en buena medida botín de truhanes. No sólo soporta las presiones fatales de una colonización insensata que nadie controla y a muchos conviene como negocio, sino que el pretexto del desarrollo y de la demanda social lo han hecho objeto de negocios privados desde el poder público y mercancía en disputa de intereses ejidales y empresariales de la peor especie. El suelo quintanarroense es muy frágil, su ambiente es muy delicado, y por lo miso sus escenarios son prodigiosos. Sus peores enemigos son la demografía, la indigencia, la corrupción y la irresponsabilidad pobre.