Quintana Roo es una tierra de alto riesgo para su población, por las amenazas atmosféricas, ambientales y humanas que la acechan; por su fragilidad natural, su ubicación geográfica, su expansiva indigencia y su desordenado crecimiento. Una de las principales preocupaciones públicas debiera ser la seguridad de la gente y priorizarse la cultura y la institucionalidad de la protección civil. Donde menos caben la frivolidad y el protagonismo político y mediático en este aspecto, que concierne a todos los poderes y órdenes de gobierno, y a todos los organismos y sectores de la sociedad. Pero no, las cosas son y han sido al revés de lo que debieran ser.