No es que seamos pesimistas; por el contrario, estamos la mar de embargados por los buenos deseos y el mejor de los alientos para bregar hacia el porvenir. Sólo que el derrumbe incontenible de la educación y el humo maloliente de la política y la inseguridad en que se quema el país, no nos deja ver más allá de nuestras narices.