La Corte optó por la equidad de los derechos políticos individuales pero suprimió los de las soberanías estatales para condicionar, a partir de su naturaleza específica, de sus necesidades propias y de las particularidades de su población, el tiempo de residencia en su territorio de los mexicanos por nacimiento que aspiren a gobernarlas. En una entidad como Quintana Roo, estratégica para el narco por sus características propias -una inmigración de las más dinámicas del mundo, electores flotantes que pueden vender su voto al mejor postor, candidatos salidos de ninguna parte y postulados de un día para otro con el dinero del crimen-, eso es muy peligroso. Greg ha ganado con la decisión de los ministros, y quizá muchos mexicanos de otras entidades; pero también han ganado las mafias y los políticos oportunistas que quieran venir de otros estados a probar fortuna. No parecen haber ganado los quintanarroenses. Los priístas dicen que no importa que Greg esté cantando victoria en la víspera, que el tricolor le ganará con el candidato que sea. El problema, añaden, es si ese candidato es el líder político que el PRI y el estado necesitarán después del triunfo.