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China, India y la Unión Europea, que son tres de los cuatro grandes contaminadores planetarios se comprometieron a sostener el Acuerdo de Paris, en reunión llevada a cabo la semana pasada.

Pero el que más pervierte, el que más contamina, el más mugroso, Estados Unidos, se opuso en voz de su presidente porque, según él, reducir las emisiones de carbono, “le costaría mucho a la economía”. Esta medida refleja de manera clara la visión abusiva y enferma de ese hombre.

Su premisa es que el mundo entero le debe a Estados Unidos y el sheriff, el justiciero, el Donald nos lo va a cobrar. Ellos, los buenos, los escogidos de dios, no deben nada a los demás aunque su riqueza esté sustentada en la explotación irracional de los recursos mundiales y sean los responsables del 20% de la contaminación mundial.

En la misma escala de recursos económicos, mientras un mexicano consume un barril de petróleo, un gringo consume casi cuatro. Esta es elnivel del dispendio y el consumismo desbocado.

La quinta parte de la responsabilidad es de Estados Unidos pero en esa mente enmarañada, colectiva, ponzoñosa de la idea “América es primero” el mundo está obligado a resolver el problema.

Sin embargo, la reacción interna puede sobrepasar la declaración presidencial.

Muchos alcaldes de las grandes ciudades incluso contaminantes, muchos Estados y líderes de negocios e industrias, se han opuesto abiertamente a la absurda decisión. En otras palabras, millones de norteamericanos se resisten a la tonta decisión trumpiana.

Tan grande sería la oposición a la insensatez de retirarse del Acuerdo que le podría llevar a este patético presidente hasta cuatro años de cabildeo para hacer efectiva la medida. Y de paso, la marquesina de la reelección, lo presentaría desgastado y entontecido.

Ha hecho caso a unas cuantas voces aisladas dentro de la Casa Blanca, y son las mismas que representan los intereses de la extrema derecha, del gran capital acumulado en pocas manos, de los intereses geopolíticos militares y de grupos supremacistas gringos.

Esta decisión representa una victoria para dos personajes cercanos a Trump, su estratega en jefe Stephen K. Bannon y Scott Pruitt el administrador de la Agencia de Protección Ambiental, mismos que ven el Acuerdo de París como muy peligroso para los intereses gringos.

Por otro lado, quienes se han opuesto a esta decisión son su propia hija Ivanka, Gary D. Cohn director del Consejo Económico Nacional y su Secretario de Estado Rex Tillerson. Ivanka, en particular, batalló para que su padre escuchara a líderes mundiales, a expertos y a ejecutivos que apoyan el Acuerdo de París.

Alega que el Pacto ambiental del 2015 fue impuesto de manera arbitraria e injusta para los trabajadores gringos y lo acusó de un acuerdo internacional “draconiano”, es decir, excesivamente severo.Oh, perversión, el mundo los quiere engañar

Rechaza la asistencia financiera para controles de contaminación a países subdesarrollados y en cambio, usaría ese dinero para contratar más policías en las grandes ciudades. Privilegio para los dueños del dinero y más control y represión para los ciudadanos.

Saliendo de la junta señaló que quería renegociar un mejor acuerdo para su país, pero los presidentes de Alemania, Francia e Italia se le adelantaron y emitieron una declaración conjunta afirmando que el Acuerdo de París no es renegociable, “es irreversible”.

El Acuerdo de París, realizado en 2015, comprometió a 195 países al más grande esfuerzo por reducir las emisiones de gas invernadero. La idea era que cada nación ejerciera presión sobre las otras para frenar sus ambiciones y controlarse mutuamente.

Con esa loca medida, Estados Unidos pierde poderío y presencia, no será capaz de presionar a ningún país no sólo en cuanto a su capacidad contaminante sino también en otras esferas de la producción a gran escala y en el reacomodo de los mercados mundiales.

Y el tiro por la culata, ya que Estados Unidos se expondría a represalias y boicots de los compradores internacionales de bienes y servicios. Y podría redundar en las finanzas de los mercados accionarios, con nefastas consecuencias para la colocación de inversiones.

La pregunta es de qué manera van a responder los países firmantes del Acuerdo. ¿Van a redoblar esfuerzos? ¿Se saldrán otros países, con las desastrosas consecuencias que ello implica?

Si juntamos en este momento toda la contaminación que los países están generando, a pesar de los compromisos, esfuerzos y trabajos realizados, no alcanza para evitar la subida de dos grados centígrados, que es la meta global

Para esa ofuscada mente el Acuerdo de París representa un ataque a la soberanía de los Estados Unidos. “¿Hasta cuándo se van a reír de nosotros?” Pregunta el ridículo Donald y responde, “Nunca más”.

 

 

 

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