La crisis turística es progresiva e irreversible, provocará desempleo crónico, ruina fiscal...

La crisis turística es progresiva e irreversible, provocará desempleo crónico, ruina fiscal y social, y más violencia, y no se conciben las iniciativas económicas y poblacionales estructurales, radicales y urgentes que la situación demanda

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La situación sigue empeorando para el sector turístico de la entidad, al desplomarse la llegada de visitantes como consecuencia no sólo de la violencia y el sargazo, sino también por el auge que otros lugares del Caribe y Asia han tenido en los últimos años. Y con la caída del turismo y las ventas llega finalmente el cierre de cientos de negocios y se incrementa el número de desempleados en ciudades que llevan años convirtiéndose en caldo de cultivo del crimen, debido a la inmigración pobre, al hacinamiento y las precarias condiciones de vida, así como a una nula diversificación de la economía. Pese a esta situación -en la que se escudan grupos empresariales con el objetivo de exigir dinero a los Gobiernos para pagar por promoción que atraiga visitas a sus negocios-, las cadenas hoteleras continúan acabando con el entorno natural tan rico y frágil del Estado, pues les basta con abaratar un poco sus precios para mantener a un número de clientes cautivos -sobre todo los provenientes de Estados Unidos- que les generen muchas ganancias. La entidad requiere de un cambio profundo en su modelo económico, en la dinámica de su crecimiento poblacional y en las condiciones de su desarrollo regional; un cambio que ha debido concebirse y promoverse hace décadas, y que en la lógica de tal inercia que ha conducido al caos, a la malversación y al agotamiento de los recursos bióticos y de las oportunidades de sostenible prosperidad, es obvio que nunca ocurrirá ni pasará de la retórica y de la esperanza utópica de los ilusos de buena fe.

Javier Ramírez

Más de 80 negocios han cerrado sus cortinas de manera definitiva en esta temporada de verano en Playa del Carmen, debido a la narcoviolencia que azota a la región desde 2014.

El sector turístico tampoco tiene buenos números: las contrataciones de empleados hoteleros disminuyeron de seis mil a dos mil trabajos eventuales en comparación con el mismo periodo del año pasado, lo que representa una caída de 66.7 por ciento, según advierten las cámaras empresariales y las organizaciones de trabajadores locales.

Y se prevé que las cosas no mejoren en la temporada de otoño que se acerca, ya que los números de vuelos y reservaciones se redujeron un 27 por ciento, siendo el ‘factor sargazo’ y las noticias de la violencia las principales razones por las que los turistas ya no quieren venir a Quintana Roo.

Hasta 2014, ocho de cada 10 visitantes que llegaron a Quintana Roo afirmaron querer regresar en un futuro cercano, maravillados por las bellezas naturales de la región. Desde entonces, el nivel de satisfacción ha ido cayendo de manera gradual: de ser un destino calificado de 4.7 estrellas, de cinco, se redujo a 3.8 en promedio, de acuerdo con las más importantes páginas web de viajes, como Travel Planet, Airbnb, Around The World y Trivago.

Un mercado en decadencia

Mientras que en 2018 Quintana Roo cerró el año con 21 mil 396 empresas registradas ante el Sistema de Información Empresarial Mexicano, en el corte de junio de este año el indicador descendió a 20 mil 112 unidades, lo que significa una pérdida de mil 284 negocios.

La misma base de datos revela que al menos 389 de esas empresas notificó su cambio de domicilio hacia otras entidades, siendo Yucatán y Campeche sus principales destinos.

Un recorrido por la terminal marítima de Playa del Carmen comprueba que el 70 por ciento de los locales han cerrado en los últimos meses.

Juan Pablo Aguirre de la Torre, dirigente de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) en el norte del Estado, explica que la mayoría de los negocios que cerraron tienen que ver con el sector restaurantero, lo que se puede palpar en cuanto a la aportación del sector al Producto Interno Bruto local.

En el Municipio de Solidaridad, por ejemplo, su aportación se redujo de 21.9 por ciento a 9.2 por ciento. Apenas el pasado 6 de agosto las confederaciones empresariales locales afirmaron que sus ventas apenas alcanzaron el 30 por ciento en la temporada alta que acaba de terminar.

Ni siquiera las grandes cadenas hoteleras se salvaron. La ocupación alcanzó a duras penas el 80 por ciento, cuando en años anteriores en este periodo rebasaba el 92 por ciento. De hecho, la última vez que se alcanzó esta cifra fue en 2015.

Ante ello, los negocios han optado por cerrar secciones enteras de sus instalaciones para disminuir costos, además de reducir el número de contrataciones.

El dirigente de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) en Quintana Roo, Mario Machuca Sánchez, aseguró en entrevista el pasado 5 de agosto que mientras en 2018 las cadenas hoteleras contrataron a 6 mil 200 personas para la temporada de verano, este año apenas rebasaron los 2 mil trabajadores eventuales.

El golpe que se avecina

La pérdida del sector turístico no tardará en golpear de lleno al Estado, si se toma en cuenta que Quintana Roo ha sorteado los problemas de su inmoderada inmigración, gracias al alivio que le otorgaba la industria turística.

Pero los buenos índices de empleo no hablan del desempleo, la marginalidad creciente, la expansiva demanda de servicios públicos, el rezago social, el déficit fiscal y los enormes contrastes de la desigualdad del ingreso.

Bastan unos datos para dar cuenta de esto: de 2000 a 2015, Quintana Roo aumentó su fuerza turística de 7.7 a 24 millones de pasajeros. Esta bonanza atrajo una gran demanda laboral, lo que a su vez provocó que la población creciera de 536 mil a un millón 470 mil habitantes, casi tres veces en un periodo de 15 años.

A ese ritmo creció Cancún, una ciudad planeada para tener 250 mil habitantes en sus primeros 25 años, y a ese ritmo se ha destruido el entorno natural y se ha convertido en un caos terminal la fisonomía de origen y el desarrollo urbano.

La superficie para uso turístico aumentó de 7 mil 600 hectáreas a 24 mil 334, lo que a su vez representó una pérdida de casi 14 mil hectáreas de selvas y mangle para dar paso a los grandes complejos hoteleros (según datos de la Procuraduría Federal del Protección al Ambiente, que hace más de un sexenio presidencial determinara que la Zona Hotelera de Cancún había rebasado, ya para entonces, los límites del equilibrio inmobiliario en más de ocho mil cuartos).

En tanto, el espacio destinado para las ciudades también creció de manera exponencial: de 68 mil 770 hectáreas pasaron a 390 mil.

Claro que la incompetencia y la corrupción de las administraciones municipales de todos los signos políticos y el crecimiento desordenado propician que el 37 por ciento de estos nuevos fraccionamientos o colonias carezcan de servicios públicos, una anarquía interminable que destruye el entorno urbano, contamina las reservas de agua –en el subsuelo más permeable del mundo-, acumula la inmundicia sin solución de los desechos, acaba con la salud ambiental, multiplica la violencia y convierte en polvo la calidad de vida de la población.

Estos números de la catástrofe –provocados por la convocatoria turística a la masividad demográfica y urbana- sólo podían sostenerse –paradójicamente y en un trágico círculo vicioso- gracias a la derrama económica sostenida por el turismo.

Ahora, con la actividad en decadencia –debido a la irracionalidad de esa masificación descontrolada-, cada vez habrá más gente desempleada y, por tanto, desesperada por sobrevivir, con un ejército creciente de jóvenes vulnerables y sin expectativas, dispuestos a sumarse a las legiones del crimen, como delincuentes comunes o como empleados del ‘narco’, en un entorno creciente de turistas demandantes y consumidores locales de drogas.

Porque de acuerdo con las estadísticas de la Fiscalía General del Estado, así como del Secretariado Nacional de Seguridad Pública, el 70 por ciento de las personas arrestadas o identificadas con delitos de la delincuencia organizada en Quintana Roo (secuestro, ejecuciones, extorsiones, narcomenudeo y otros) son jóvenes de entre 14 y 22 años, de los cuales al menos la mitad nacieron en el Estado.

Es decir, que cada vez más las nuevas generaciones de quintanarroenses ven en el crimen organizado una oportunidad de ‘prosperar, en lugar de las que ofrece la escuela y el mercado lícito de trabajo.

Esto no sorprende si se toman en cuenta las notas del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, que advierten una disminución en la participación de los jóvenes en el mercado turístico y/o profesional: en 2000, seis de cada 10 jóvenes del norte de Quintana Roo encontraron trabajo en la industria turística, con sueldos entre 5 mil y 10 mil pesos quincenales.

Quince años después, apenas tres de cada 10 tienen las mismas oportunidades, por lo que la mayoría opta por el mercado informal o la delincuencia.

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1 Comentario

  1. Ah no pos si, en breve van a desaparecer los hoteles, los restaurantes y los negocios, millones de dólares invertidos, ¿permitirán los propietarios que eso suceda?

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