La mafia promovió su gran fantasía erótica en La Habana, como mito...

La mafia promovió su gran fantasía erótica en La Habana, como mito para su historia

50
0
Compartir

Pinceladas

Con un Gobierno a sus órdenes, los capos se dedicaban a la buena vida y se forraban con hoteles, casinos, juego, clubes y putas sin que la Policía los molestara. Eran los reyes del mambo, en sentido literal, en un país a su medida, y por poco no lo consiguen. Es una historia entretenidísima que está muy bien contada por T. J. English en ‘Nocturno de La Habana’. Cuando van ultimando detalles para la reelección de Donald Trump y ampliar por otros cuatro años más su estancia en la Casa Blanca, el magnate neoyorquino y su equipo gubernamental, obsesionados con el ‘Eje del Mal’, con Cuba como unos de los escenarios mundiales claves, se parecen, cada día más a los protagonistas del libro ‘The Godfather’ de Mario Puzo, llevados al cine por Francis Ford Coppola en su trilogía de ‘El Padrino’, con Marlon Brando, Al Pacino y Robert De Niro, como actores principales. “Cada uno alimenta leyendas de su biografía, como los países construyen mitos en su historia, la Cosa Nostra promovió su gran fantasía erótica en los rincones habaneros”, recalca el escritor español Íñigo Domínguez, autor de ‘Crónicas de la Mafia’. El presidente estadounidense pretende ejercer de ‘macho alfa’ en La Habana, como lo hizo en su día en el Moscú de su ‘íntimo enemigo’, Vladímir Putin. El peyorativo calificativo de ‘mala hoja’ no falta en las conversaciones entre vecinos del Vedado, Habana Centro, Marianao, El Cerro, Luyanó, La Lisa, Kholy, Miramar, Habana Vieja…, al referirse a quien está destruyendo la normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, promovida por los expresidentes Raúl Castro y Barack Obama.

Santiago J. Santamaría Gurtubay

Aunque los temas sexuales son patrimonio de dos, el cubano suele valorar o calificar a sus parejas, ya sea cuantitativa o cualitativamente. En otras palabras, puede ser del uno al diez o utilizando las tradicionales categorías de “excelente”, “bien”, “regular” y “mal”. Puede que, como en todo, haya términos medios: “más o menos” y “aceptable”, también válidos para esta apreciación. Sin embargo, es común que hayan surgido hace mucho tiempo otras formas de evaluar el desempeño sexual. Si bien ‘mala hoja’ es una persona con dificultades para el tema sexual, esta ocurrencia tiene otras similares que se conversan en ciertos grupos machistas o feministas de cualquier rincón de Cuba. Cuando alguien sobrepasa las expectativas se dice que es una ‘fiera’, un ‘campeón’ o un ‘cañón’, pero cuando es todo lo contrario, estas son las expresiones que suelen utilizarse: Mala hoja, Cama fija, Fula, Mal palo, Pasmá o Pasmao, Saco de papas, Buche y pluma na má, Palo bombo, Falta de salsa, Falta de sandunga, Fruta Bomba… Todos estos adjetivos, guardados celosamente en el diccionario popular de los cubanos, se refieren a hombre o mujer que no es bueno para hacer el amor o, lo que es lo mismo, que no se desarrolla bien, que es casi nada en la cama. En la isla caribeña también se les llama así a las personas alardosas que presumen de algo que no son capaces de hacer. Sea lo que sea, ‘mala hoja’ puede llegar a ser despectivo, crítico y ofensivo, tampoco es de caballeros ni de damas utilizar el término o cualquiera de sus sinónimos, aunque despierten cierta risa. Los ‘secretos de alcoba’ pertenecen al mundo de la intimidad, aunque en ocasiones los cubiches ‘rajen’ del prójimo y cuenten sin recato las hazañas de sus experiencias amorosas.

Hablando de ‘Mala hoja’, recuerdo una novela del escritor madrileño Alfonso Mateo-Sagasta, una historia de amor y muerte que tarda n elerse lo mismo que dura un puro habano. En febrero de 1874 dos empresarios españoles, un tabaquero y un azucarero, coinciden en un restaurante de La Habana y comparten sobremesa después de cenar por separado. En el tiempo que tardan en fumarse un cigarro, el mismo que se tarda en leer la novela, se confiesan los motivos por los que abandonaron España, sus comienzos en la isla, el secreto de sus fortunas… A ambos les une la reciente muerte de sus mujeres y les separa su concepto del mundo. El relato sobre la elaboración del cigarro perfecto hace de fiel entre el sórdido retrato de la esclavitud española en Cuba y una sensual historia de amor. En los tiempos que corren, obras así demuestran que es posible compaginar con acierto la escritura cuidada y ese selecto trasfondo imaginario que es la sustancia de la ficción, creando literatura de calidad interesante para todo tipo de lectores. Alfonso Mateo-Sagasta, nació en la capital de España en 1960 y es licenciado en Geografía e Historia, especialidad de Historia Antigua y Medieval. Después de ejercer durante un par de años como arqueólogo, fundó la librería Tipo, especializada en arqueología y antropología y editó la revista Arqrítica. Su primera novela fue ‘El olor de las especias’ (2002). Dos años después apareció ‘Ladrones de tinta’ (2004), galardonada con el I Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza. Y el pasado año publicó ‘Mala hoja’.

Meyer Lansky tenía ‘para lo de Cuba’ un buen contacto, un tal Fulgencio Batista, alto mando militar a quien veía posibilidades de llegar lejos

Cada uno alimenta leyendas de su biografía, como los países construyen mitos en su historia, también la Cosa Nostra tuvo su gran fantasía erótica. Cuba fue el sueño prohibido de la Mafia. Si en Sicilia, primero, y en Estados Unidos, después, logró implantar un modelo de vida ilegal paralelo al Estado, en Cuba tuvieron la visión de ir más allá y tener prácticamente su propio Estado. Con un Gobierno a sus órdenes mientras los capos se dedicaban a la buena vida y se forraban con hoteles, casinos, juego, clubes y putas sin que la policía los molestara. En resumen, ser los reyes del mambo, en sentido literal, en un país a su medida. Y por poco no lo consiguen. Es una historia entretenidísima que está muy bien contada por T. J. English en “Nocturno de La Habana”. La idea fue de Meyer Lansky, el amigo listo de Lucky Luciano, un granuja judío que emigró con doce años desde Rusia -territorio europeo en manos de Vladímir Putin- y enseguida hizo carrera en el Lower East Side con partidas de dados y contrabando de licores.

Estamos hablando de uno de los grandes cerebros de la Mafia, discreto y laborioso, alejado del trabajo sucio pero con una formidable visión criminal y de los negocios. Por ejemplo, fue el inventor de Las Vegas. Aunque aquello fuera un desierto, él se fijó más en el pequeño detalle administrativo de que en Nevada el juego fuera legal. En 1946 mandó allí a su amigo ‘Bugsy’ Siegel, que era el cabra loca de la pandilla, para que abriera el primer hotel con casino en medio de la nada, el Flamingo. Lansky tenía mucho ojo. Y para lo de Cuba tenía además un buen contacto: un tal Fulgencio Batista, alto mando militar a quien veía posibilidades de llegar lejos. Se hicieron amigos y el futuro dictador fue incluso uno de los pocos invitados a su boda, celebrada en La Habana. En esa ceremonia está ya el núcleo del poder mafioso en Cuba en los años cuarenta y cincuenta.

La mafia ya conocía la isla desde los años veinte, escala de contrabando de ron. Lucky Luciano quería colonizar el territorio virgen de Cuba

Cuando se terminó el chollo de la ley seca en 1933 había que buscar nuevas oportunidades de negocio y a Lucky Luciano le gustó la idea de colonizar el territorio virgen de Cuba. La mafia ya conocía la isla desde los años veinte, pues era una escala de contrabando de ron. Convocó a la Comisión y les dijo a todos los capos que pusieran medio millón cada uno para invertir en Cuba. A Batista lo compraron con un maletón de billetes a cambio de que les consiguiera la gestión de los casinos del célebre Hotel Nacional y otros lugares turísticos. Lansky se convirtió en accionista del hotel y a partir de 1937, cuando Batista ya era jefe de las fuerzas armadas, empezó a llevar en persona algunos casinos. Aunque Batista llegó a presidente en 1940, la Segunda Guerra Mundial frenó un poco el proyecto. Al término de la contienda las perspectivas volvieron a ser bastante buenas. Había un problema: Luciano estaba desterrado en Italia, pero eso se podía arreglar. No tenía ninguna intención de quedarse allí y como no podía pisar Estados Unidos le gustaba la idea de montar su nuevo imperio en Cuba.

En 1946, siete meses después de su llegada a Italia, el gran capo se embarcó en secreto y llegó a la isla en octubre. De inmediato fue convocada una nueva reunión de la Comisión para retomar los negocios a lo grande y se celebró en el Hotel Nacional, del 22 al 26 de diciembre de 1946. Para la cumbre mafiosa les cerraron los dos últimos pisos y todo fueron cenas, fiestas y putas. Acudieron veintidós capos, la plana mayor de la mafia. A todos les pareció maravilloso lo de Cuba y dieron el visto bueno. En cambio, lo de Las Vegas iba fatal. Mujeriego, de gatillo fácil y con aún más facilidad para meterse en líos, ‘Bugsy’ Siegel volvía a dar problemas. No hacía más que fundirse la pasta de la gran inversión mafiosa en la construcción del Flamingo, cuyas obras no acababan nunca. Ya había ocurrido cuando lo mandaron a Los Ángeles para sondear el terreno delictivo en Hollywood y no se perdió una sola fiesta. Era amigo de Cary Grant, Clark Gable y muchas otras estrellas. Decidieron cargárselo, aunque era un amigo de infancia de Lansky, Luciano y Costello. Lo asesinaron en 1947 y uno de los disparos fue en el ojo. Este detallito cruento les recordará un crimen similar de ‘El Padrino’, de Francis Ford Coppola. Efectivamente: el personaje de Mo Green es un trasunto de Siegel. Por otro lado, todo buen aficionado a la saga sabe que en la segunda película hay una buena parte dedicada a Cuba inspirada en esto que estamos contando.

Todo iba de maravilla hasta que el mundo se enteró de las orgías y las juergas de Luciano en La Habana con un amigo suyo: Frank Sinatra

En La Habana todo iba de maravilla hasta que el mundo se enteró en febrero de 1947 de que Luciano no estaba en Italia, donde se le suponía. Se debió al eco de las orgías y las juergas que se corrió allí con un amigo suyo: Frank Sinatra. La familia del cantante era del mismo pueblo siciliano que Luciano, Lercara Friddi. En Estados Unidos, donde veían a Lucky como todo el eje del mal en una sola persona, se armó un gran revuelo y la presión política, incluido un embargo comercial de medicinas, llegó al punto de que las autoridades cubanas tuvieron que echarlo del país. Nunca volvería a Cuba y recordaría siempre con nostalgia aquellos cinco meses de lujo tropical. Allí se acabó el último intento de Luciano de seguir dirigiendo en primera persona el cotarro.

Lansky quedó definitivamente convertido en el hombre de la mafia en La Habana y le tocó la lotería el 10 de marzo de 1952. Su vieja apuesta, Fulgencio Batista, dio un golpe de Estado y se convirtió en dictador de Cuba. Poco después lo fichó como asesor del Gobierno para la reforma del juego, para dar un toque de calidad y clase a los casinos pensando en el turismo. Acabó abriendo uno y cerrando los demás. Empezaba el juego. Lansky se sentó luego en la propia Comisión Nacional de Turismo. Era perfecto: estaba al frente de la institución que debía promover su propio negocio. La mafia casi era Estado. Batista creó luego un banco de desarrollo para financiar grandes obras públicas y proyectos que se dedicó a costear, con su porcentaje para el presidente, el despegue del imperio mafioso con hoteles mastodónticos, lujosas salas de juego y fastuosos clubes nocturnos. Así nació la mítica Habana de los cincuenta y muchas de las moles de hoteles que aún se ven hoy en la ciudad. Después fueron llegando mafiosos de todos los rincones. Entre ellos, Santo Trafficante, con base en Tampa, Florida, que se convirtió en el otro gran capo de la isla y rival de Lansky.

A los estadounidenses ya les encantaba antes la noche loca y el turismo sexual de La Habana, pero la mafia lo montó todo tan bien que Cuba se puso de moda y vivió una explosión turística sin precedentes. Una compañía de ferrys incluso empezó a permitir viajar con el coche, y gracias a ella la ciudad se llenó de esos fantásticos Cadillacs, Oldsmobile o Buicks que aún siguen circulando. Además la época tuvo el raro privilegio de tener su banda sonora: el mambo, el chachachá y el jazz latino, que se inventaron en la explosión de clubes y cabarés. Los shows del Copacabana eran conocidos en todo el mundo y en el club Shanghai eran famosos los numeritos de un tipo con un pene de treinta y cinco centímetros -nombre artístico, Superman- que aparecía volando en bolas sobre los espectadores con un trapecio. También sale en ‘El Padrino II’.

‘Make America Great Again’, óleo de Donald Trump sin ropa y con genitales diminutos, lo opuesto al ‘Superman’ del club Shanghai

Nada que ver con la ‘pinga’ del sucesor de Barack Obama, si nos atenemos al tamaño del desnudo al óleo pintado por Illma Gore. La obra se expuso en un museo londinense porque no le fue permitido exhibirla en Estados Unidos. El cuadro muestra al precandidato republicano sin ropa y con genitales diminutos. Illma Gore es una artista plástica de origen australiano-estadounidense que se ha hecho conocida por su profusa actividad en el arte callejero y por el activismo feminista en muchas de sus obras. Pero ahora su nombre circula en el mundo por una pintura en particular, que despertó polémica y discusiones a nivel internacional.

La pintora le impuso a su óleo el nombre ‘Make America Great Again’ (Hacer grande de nuevo a Estados Unidos). ¿Y de qué se trata la pintura? Muestra a Donald Trump, el discutido precandidato presidencial republicano estadounidense, desnudo, con una pierna levantada, los brazos apoyados en ella y un detalle que es el que ha desatado toda la discusión: los genitales diminutos. Gore se queja de que múltiples galerías de arte estadounidense se negaron a exponer su obra, lo cual la obligó a hacerlo en la conocida galería Maddox, de Londres, situada en el exclusivo barrio Mayfair.

Pero hubo algo peor: las amenazas de muerte que denunció la artista, de parte de partidarios de Trump. “Estoy sobrecogida por la reacción del público a esta pieza. Es una enorme vergüenza que no pueda exhibirla en Estados Unidos por la censura y las amenazas de los seguidores de Trump”, dijo la artista. La paranoia de la pintora se ratificó. Un seguidor del Donald Trump le lanzó un puñetazo en Los Ángeles, alcanzándole el ojo derecho. “Me parece curioso que con la libertad de expresión de Estados Unidos tenga que ir a Londres a mostrar mi arte”, agregó. La obra saldrá a la venta, se le ha fijado un precio de un millón de libras, aproximadamente 1.4 millones de dólares.

En los clubes habaneros actuaban Nat King Cole, Ella Fitzgerald, Beny Moré… y se dejaban caer de vacaciones Marlon Brando o Errol Flynn

Había mucho vicio, de todos los palos, y por ejemplo el senador de Massachusetts se pegó una buena orgía con tres putas en 1957. Quizá dicho así no sea demasiado significativo, y es mejor que les aclare que se llamaba John Fitzgerald Kennedy. En los clubes actuaban las mejores estrellas internacionales, de Nat King Cole a Ella Fitzgerald, y por supuesto los ídolos cubanos, como el gran Beny Moré, y se dejaban caer de vacaciones Marlon Brando o Errol Flynn.

Imaginen lo divertido que era todo que Batista hasta hizo una amnistía y soltó a Fidel Castro en 1954, un chaval detenido tras un asalto al cuartel de Moncada en julio de 1953, la primera chispa de la Revolución. Ni Batista ni la mafia supieron ver lo que venía. Estaban muy ocupados con lo suyo. Todos los lunes un mensajero de Lansky iba al palacio presidencial y entregaba un maletín con dinero. La Comisión de la mafia a Batista era de 1.28 millones de dólares al mes. El cuñado del dictador controlaba a medias con la mafia el negocio de todas las tragaperras y los parquímetros de la isla. La Cosa Nostra, por su parte, cada vez pensaba más a lo grande, con lo que después el batacazo fue estratosférico. En 1957 Lansky inauguró el Hotel Riviera, el gran proyecto de su vida, el más lujoso de La Habana.

Y, al año siguiente, abrió el Hilton. Hasta organizaron un Gran Premio de Fórmula Uno, como el de Montecarlo. Para la mafia, La Habana tenía que convertirse en el Montecarlo del Caribe. En 1958, de hecho, empezaron las obras de un hotel monumental llamado precisamente Montecarlo, el más grande de la isla, con Frank Sinatra como primer accionista. Cuando el sueño de la mafia estaba llegando a la cúspide, todo se vino abajo. Mientras Lansky montaba escuelas de crupieres, Castro desembarcaba en el Granma. La Nochevieja de 1957 los rebeldes pusieron una bomba en el Tropicana. No era el primer ataque a un club, pero sí el más preocupante para la Mafia, que hasta entonces no prestaba mucha atención a los barbudos que zascandileaban en el lejano oriente de la isla. Para Castro la vida nocturna de La Habana era la imagen de la degeneración moral del enemigo. Lansky y los demás pensaban que aunque ganaran los guerrilleros ellos se adaptarían a la situación, siguiendo la costumbre mafiosa, porque cualquier Gobierno necesitaba el dineral de los casinos. Evidentemente no sospechaban que el de Castro no iba a ser cualquier Gobierno. Por si acaso, para cubrirse las espaldas, la mafia, como la CIA, tuvo contactos con los rebeldes para financiarles y enviarles armas.

La Nochevieja de 1958 fue una revolución contra la mafia también. En el casino del Riviera, orgullo de Lansky, soltaron un camión cerdos

La Nochevieja de 1958 cerró brutalmente la persiana a los negocios de la Mafia. Tras correrse la voz de la huida de Batista, la gente se echó a la calle y la tomó directamente con todo lo que significaba la alianza de tiranos y gánsteres. Lo primero, destrozaron los parquímetros del cuñado de Batista por todas las calles. Luego, las tragaperras. Y, para terminar, la muchedumbre asaltó los casinos. Lo peor fue para el Riviera, el orgullo de Lansky y la Mafia: soltaron dentro un camión de cerdos. La mafia casi era Estado, y por extensión, también fue una revolución contra la mafia, un caso único en el mundo.

Muchos mafiosos acabaron en campos de prisioneros, viendo cómo iban ejecutando a los hombres del régimen y Castro amenazó en algún momento de sus horas de discursos con fusilar a los gánsteres americanos. Lansky fue uno de los pocos a los que no detuvieron, porque se largó del país. No podía olvidar que tuvo que huir con doce años de Rusia: “Conozco una revolución comunista cuando la veo, y esto es una revolución comunista”, le dijo a su chófer al despedirse, según relata T. J. English, que buscó y encontró a este hombre en La Habana. Trafficante lo pasó fatal y tardó meses en lograr que le dejaran en libertad. En 1960 se nacionalizaron todos los casinos y propiedades estadounidenses.

La historia podría acabarse aquí, pero tiene un epílogo muy interesante. Lo de Castro podía ser un golpe latinoamericano más que se acabara desinflando y la Mafia no perdió la esperanza de recuperar su negocio. Lansky ofreció un millón de dólares para matar a Castro y así empezó una conspiración en la que muy pronto encontró nuevos socios. Bajo la presidencia de Kennedy, y con el apoyo del fiscal general, su hermano Bob Kennedy, la CIA y la mafia se aliaron para eliminar al líder cubano, como confirmó en 1997 la desclasificación de documentos secretos de la CIA. El enlace de la CIA con la mafia fue Santo Trafficante, al que llegaron a través de dos capos de origen italiano con quienes tenían más confianza: John Rosselli, de Los Ángeles, y sobre todo Sam Giancana, porque además de ser un gran capo de Chicago era muy cercano al presidente Kennedy, que le debía su ayuda en la llegada a la Casa Blanca. Kennedy y Giancana eran amigos de Sinatra y entre los tres compartieron una amante, la actriz Judith Campbell, que años después aireó la historia de esta ensalada amorosa.

Dos pastillas envenenadas de los laboratorios de la CIA fueron entregadas al camarero de un restaurante de La Habana frecuentado por Fidel

La CIA ofreció ciento cincuenta mil dólares por matar a Castro, pero la mafia lo consideró una ofensa: estaban dispuestos a hacerlo gratis. Tras barajar varias ideas, al final se optó por el envenenamiento. Dos pastillas fabricadas en los laboratorios de la CIA fueron entregadas al camarero de un famoso restaurante de La Habana frecuentado por Fidel. Debía servirlas con el helado. Pero la chapuza es un factor nada desdeñable en la historia humana. Fidel fue al restaurante, pero las pastillas se quedaron pegadas a la superficie del congelador y el camarero no consiguió sacarlas. Fue pocos días antes del ataque de Bahía de Cochinos, en abril de 1961, y según el plan, para entonces Castro ya tenía que estar muerto. Quizá en ese caso el intento de invasión hubiera tenido éxito. Fue lo más cerca que estuvieron nunca de cargarse al líder cubano, aunque después intentaron de todo: rifles telescópicos, estilográficas con veneno, puros tóxicos y conchas explosivas.

Tras la crisis de los misiles en 1962 la colaboración con la mafia terminó, pero los tres capos involucrados se harían famosos poco después como grandes sospechosos del asesinato de Kennedy, en 1963. Según esta tesis, Giancana y el resto de la mafia estaban muy cabreados por la ofensiva del Gobierno contra sus intereses, igual que los anticastristas, por dejarles sin apoyo aéreo en Bahía de Cochinos. No se asusten, en el asesinato de Kennedy no vamos a entrar. Pero bueno, casi todos acabaron mal. Bob Kennedy, tiroteado en 1968. Sam Giancana, en 1975, antes de declarar ante el comité del Senado que investigaba la implicación de la CIA en los intentos de asesinato de Castro. Rosselli desapareció en 1976 cuando debía testificar en la Comisión de Investigación del caso Kennedy y apareció flotando en un bidón con las piernas cortadas en una bahía de Miami. Lansky murió en 1983 como muy pocos mafiosos, de viejo y en su casa de Miami, con ochenta y dos años. Era ya una leyenda, pero nunca pudieron pillarle por nada. Batista también vivió tranquilamente y falleció en 1973 en Marbella. Al cierre de este libro, parece que Fidel Castro sigue vivo.

Joe Valachi, primer mafioso en desvelar los secretos de la Cosa Nostra. Sin su testimonio, no tendríamos las películas de ‘El Padrino’

Durante décadas, en la imaginación del público, la expresión ‘crimen organizado’ fue sinónimo de Al Capone, ametralladoras Thompson y caóticos tiroteos en las calles de Chicago. Cuando el mítico Capone -que tuvo íntima relación con la mafia pero que nunca perteneció a ella, ni siguió sus reglas y costumbres- fue encarcelado, el ciudadano de a pie dejó de escuchar noticias sobre grandes organizaciones delictivas y la gente sabía bien poco de los auténticos reyes del crimen norteamericano: individuos como Lucky Luciano, Carlo Gambino o Sam Giancana que habían llegado a acumular un inmenso poder, hasta el punto de influir en las altas esferas, incluyendo el FBI, la CIA y la propia Casa Blanca. La existencia de la Cosa Nostra y su extraña naturaleza ritual, inspirada por viejas costumbres del caciquismo rural siciliano, eran un secreto bien guardado. Por eso, en 1963, causó una considerable conmoción el testimonio de un mafioso de poca monta (Joe Valachi) quien ejercía de chofer en la ‘familia’ Genovese y que fue el primer miembro de la mafia en describir públicamente sus estructuras y ceremonias de iniciación. Aunque muchos espectadores pensaron que Vito Corleone era demasiado ‘peliculero’ como para resultar realista, lo cierto es que estaba directamente basado en mafiosos auténticos.

De repente, toda una realidad oculta de la sociedad norteamericana quedaba al descubierto cautivando la fantasía de una sorprendida audiencia. El escritor Mario Puzo terminó de rentabilizar el asunto ilustrando el mundo mafioso en su novela ‘The Godfather’. El libro, que narraba sucesos con una considerable base real -aunque cambiaba los nombres de algunos personajes y creaba otros nuevos sintetizando características de varias personas reales- se convirtió en un gran éxito y también en la obra literaria más apetecida por el Hollywood de entonces. Incluso el director italiano Sergio Leone soñó con adaptar el libro, pero la historia cayó finalmente en manos de un relativamente poco conocido Francis Ford Coppola.

Vito Corleone sustituyó a Al Capone como estereotipo del capo italoamericano gracias a la poderosa interpretación de Marlon Brando

La extraordinaria calidad artística y el resonante éxito de las películas ‘El Padrino’ y ‘El Padrino II’ establecieron una nueva corriente cinematográfica a la hora de retratar el crimen organizado. Vito Corleone sustituyó a Al Capone como estereotipo del capo italoamericano gracias a la poderosa interpretación de Marlon Brando, y una mafia sinuosa, secretista y de férrea disciplina se convirtió en objeto de las fantasías morbosas de los espectadores. Aunque las dos partes de ‘El Padrino’ (la tercera, francamente, no la tendremos en cuenta) mostraban una imagen excesivamente estilizada y romántica de la Cosa Nostra y sus miembros, lo cierto es que muchos de los personajes y situaciones que aparecían en pantalla eran reflejo más o menos evidente de personajes y situaciones reales. Semejanzas que en algunos casos fueron rápidamente captadas por los espectadores pero que en otros pasaron más desapercibidas. De hecho cuesta encontrar algo en aquellas películas que no tenga un referente directo o indirecto en la historia real de la mafia norteamericana de los años 30, 40, 50 y 60. Hagamos pues un repaso a todas esas referencias, comenzando por las más conocidas y fácilmente identificables hasta llegar a las más complejas y retorcidas, como las que sirvieron para construir a los dos protagonistas de ‘El Padrino’, Vito y Michael Corleone.

Johnny Fontane: fue la referencia más obvia de la saga. Todo el mundo identificó inmediatamente a Frank Sinatra con aquel cantante de emociones inestables que recurría constantemente a la Mafia para solucionar sus problemas. De hecho, Fontane era -junto a Michael Corleone- uno de los protagonistas absolutos del libro original, pero en las películas su papel fue acertadamente reducido a una aparición anecdótica. Eso no impidió que Sinatra se mostrase ofendido por el retrato que se hacía de él como de un perrito faldero de los mafiosos (relato certero, por otra parte). Aunque la famosa secuencia de la cabeza de caballo metida en la cama de un productor para conseguirle un papel a Fontane era ficticia, sí tenía fundamento real la historia que Michael Corleone cuenta en el film acerca de cómo Johnny Fontane es liberado por Luca Brasi -a punta de pistola- del contrato que le impide avanzar en su carrera.

Frank Sinatra recurrió a la mafia para romper su contrato con el director Tommy Dorsey, a quien se le hizo “una oferta que no pudo rechazar”: darle el finiquito laboral a Sinatra o ver sus propios sesos esparcidos por la mesa de su despacho. Como hemos dicho, el film enfureció a Frank Sinatra, pero si el cantante pensó una vez más en recurrir a sus amigos mafiosos para vengarse de Coppola y Mario Puzo, tenía una idea equivocada de su relación con la Cosa Nostra: en aquellos tiempos, el capo Sam Giancana estuvo acariciando seriamente la idea de asesinar a Sinatra -a quien consideraba demasiado inestable y poco fiable- para que no contase lo que sabía.

Lansky intentó usar su condición de judío para refugiarse en Israel y evitar el acoso policial pero las autoridades israelíes le negaron el visado

Luca Brasi: El temible -aunque no muy inteligente- sicario de confianza de Vito Corleone es la versión cinematográfica de Albert Anastasia, uno de los más célebres asesinos en la era ‘clásica’ de la mafia. De físico similar al de Luca Brasi de la pantalla, Anastasia fue el líder de Murder Inc (Asesinato S.A.), el escuadrón de asesinos que trabajaba para el todopoderoso Lucky Luciano y que se encargaba de eliminar a los adversarios del jefe mafioso. De hecho incluso la prensa solía referirse a Anastasia como Su Alteza el Ejecutor. Al contrario que Luca Brasi en el film, Anastasia consiguió llegar a lo más alto y reinó durante un tiempo en la poderosa familia Gambino, pero también murió asesinado. Anastasia no fue demasiado astuto manejando las intrigas internas y Su Alteza el Ejecutor fue ejecutado a tiros mientras se sentaba en el sillón de una barbería con una toalla húmeda cubriéndole el rostro.

Hyman Roth: el apacible mafioso judío que hace tratos con Michael Corleone y que fue interpretado por Lee Strasberg (legendario profesor del Actor’s Studio) es la representación de Meyer Lansky, amigo personal y socio de Lucky Luciano, y que fue célebre por convertirse en el primer contable oficial de la mafia norteamericana, el hombre que puso en orden la economía mafiosa, que descubrió el enorme poder de la organización y que tenía fama de ser el cerebro más brillante del crimen. La frase con la que Hyman Roth anuncia a Vito Corleone la magnitud económica de la Cosa Nostra (“Somos más grandes que U.S. Steel”) es la frase que, en la realidad, empleó Meyer Lansky para comunicarle ese mismo mensaje a Lucky Luciano.

Al igual que Roth, Lansky intentó usar su condición de judío para refugiarse en Israel y evitar el acoso policial pero las autoridades israelíes le negaron el visado, tal y como se ve en la película. Curiosamente, aunque el personaje de Hyman Roth difería bastante de su verdadera personalidad, al auténtico Meyer Lansky le gustó el trabajo de Lee Strasberg y así se lo hizo saber -para asombro del actor- en una ocasión en que se encontraron casualmente. De todos modos, la citada secuencia de la conversación entre Roth y Michael Corleone, en la que el viejo mafioso judío recibe a Michael sin camiseta y sentado de forma indolente viendo el béisbol, curiosamente no está inspirada por Meyer Lansky sino por la visita que Coppola hizo a un productor de cine que le recibió de tal guisa en su casa.

Moe Green: escudero de Hyman Roth, de carácter irascible y encargado de dirigir los casinos mafiosos de la familia Corleone, es evidentemente el retrato de Benjamin ‘Bugsy’ Siegel, el hombre que inventó Las Vegas. Ambos personajes son temperamentales y están obsesionados con el buen vestir, ambos pertenecen a la mafia judía y ambos tienen un excesivo afán de independencia. La ambición de Siegel y su carácter impulsivo le llevaron a fundar un imperio del juego, pero también a perder el control de sus gastos en la construcción del suntuoso casino Flamingo, endeudándose hasta límites intolerables con los mismos jefes mafiosos que le habían respetado hasta entonces. En la película, Moe Green es asesinado de un disparo en un ojo mientras recibe un masaje, y en la realidad Bugsy Siegel fue asesinado de un disparo en un ojo mientras leía tranquilamente el periódico en el sofá de su casa.

En la ‘Noche de las Vísperas Sicilianas’, Lucky Luciano barrió a sus enemigos, en un solo día y en diversas partes de Estados Unidos

La cumbre de La Habana: Michael Corleone, Hyman Roth y otros jefes mafiosos se reúnen en la terraza de un hotel para repartirse los negocios en Cuba (cortando una tarta con la misma forma de la isla). Una reunión similar tuvo lugar en el hotel Continental de la capital cubana, donde los principales capos de su tiempo -Meyer Lansky entre ellos- acordaron cómo llevar sus negocios caribeños. A diferencia de lo que ocurre en la pantalla, nadie conspiró para eliminar a Lansky, pero sí se decidió que era necesario terminar con la vida de su protegido Bugsy Siegel, que llevaba gastados seis millones de dólares (de la época) en un casino que debería haber costado menos de tres.

La secuencia del bautizo: una de las escenas más famosas de la saga ‘El Padrino’, en la que Michel Corleone bautiza a su sobrino mientras sus matones lanzan una repentina campaña de asesinatos para borrar del mapa, en un solo día, a sus adversarios. Esta matanza está basada en la ‘Noche de las Vísperas Sicilianas’, cuando Lucky Luciano barrió a sus enemigos de manera semejante, en un solo día y en diversas partes del país.

El asesinato de Solozzo en el restaurante: otra secuencia universalmente célebre -homenajeada a menudo, incluso en Los Soprano- con la que, por cierto, Al Pacino se ganó el respeto de quienes trabajaban en la película, que hasta entonces le habían considerado inadecuado para el papel de Michael Corleone. El personaje de Pacino está cenando con un mafioso rival –Solozzo- y con el jefe de policía –McCluskey- y de repente pide cortésmente permiso para ir al servicio. Una vez allí, saca una pistola escondida en una cisterna del lavabo, sale y dispara a los otros dos comensales. Esta secuencia está inspirada por uno de los episodios más famosos en la biografía de Lucky Luciano, quien -antes de convertirse en un ‘Padrino’- cenaba en un restaurante similar con su jefe, Joe Masseria, quien por entonces controlaba el crimen italiano en Nueva York. Lucky Luciano, como Al Pacino en la película, también pidió permiso para ir al servicio, aunque no sacó ningún arma y se limitó a escabullirse por la puerta trasera. Mientras, varios de sus compinches -Bugsy Siegel, Vito Genovese y Albert Anastasia- entraban en el restaurante y cosían a balazos a Masseria.

‘Mano Negra’, una de las bandas criminales que extorsionaban a sus compatriotas en los barrios italianos, especialmente en Nueva York

Don Fanucci: el matón de traje blanco que chantajea y aterroriza a los inmigrantes italianos del barrio donde crece Vito Corleone, es la representación no de un único personaje sino de una organización: la ‘Mano Negra’. Estas eran unas bandas criminales que, a finales del siglo XIX y principios del XX, se dedicaban a extorsionar a sus compatriotas en los barrios italianos de las ciudades norteamericanas, especialmente Nueva York. Incluso intentaron chantajear a toda una estrella mediática, el tenor Enrico Caruso, por actuar en “su territorio”. Los métodos de la Mano Negra eran brutales y además de las palizas constantes y asesinatos eran frecuentes las violaciones e incluso el secuestro de niños para chantajear a sus familias (incluso algún pequeño rehén fue descuartizado y devuelto a la familia en una cesta). Cuando los miembros de la Mafia -que normalmente llegaban a Estados Unidos huyendo de la justicia italiana- empezaron a establecerse en Nueva York, comenzaron a ponerse de acuerdo para asesinar los líderes de la Mano Negra y someter a los miembros de aquellas bandas.

Los recién llegados miembros de la mafia eran más disciplinados que la chusma incontrolada de la ‘Mano Negra’, se adaptaban mejor al nuevo país -los más jóvenes de entre ellos incluso aprendían a hablar inglés, algo poco común entre población italoamericana de entonces- y además su intervención fue bienvenida por los inmigrantes italianos quienes, teniendo que elegir entre lo malo y lo peor, decidieron que la dictadura de la mafia resultaba más soportable que la brutalidad arbitraria de la ‘Mano Negra’. La mafia solía tener sus códigos, mientras que la ‘Mano Negra’ no había tenido códigos ni límites y había hecho negocio incluso con la prostitución infantil, de manera abierta y sin disimulos. En la película, Vito Corleone asesina a Don Fanucci para controlar el crimen en el barrio pero también establece un régimen paternalista sobre sus compatriotas inmigrantes, para quienes Vito Corleone es un ‘santo varón’ al lado de Don Fanucci. Ello cual ilustra cómo se produjo la toma de control de la mafia sobre otras bandas criminales italianas en América.

Don Vito resulta demasiado estereotípico y cinematográfico como para tener alguna base real; está inspirado en el capo Carlo Gambino

Vito Corleone: con este personaje, Marlon Brando definió una nueva imagen universal del jefe criminal. Aunque mucha gente consideró -y aun hoy considera- que Don Vito resulta demasiado estereotípico y cinematográfico como para tener alguna base real, lo cierto es que sí está inspirado en un personaje concreto: el capo Carlo Gambino, que había reinado en los tiempos inmediatamente previos a la novela de Puzo y los films de Coppola. Al igual que Vito Corleone, el temido Don Carlo era un hombre de aspecto modesto e inofensivo, que nunca levantaba la voz y detestaba que nadie gritase en su presencia. Era un hombre de familia chapado a la antigua: no era mujeriego ni se le conocían grandes vicios y vestía de forma discreta. Vivía en una mansión de Long Island muy parecida a la casa de Vito Corleone. Bajo su conducta tranquila y su forma de hablar pausadamente y en voz baja, Carlo Gambino era realmente un individuo frío y calculador, capaz de reservarse una venganza durante años hasta encontrar el momento oportuno. Ambos personajes vivieron plácidamente sin entrar nunca en prisión y ambos murieron de un ataque al corazón a una edad avanzada.

De todos modos, y aunque Carlo Gambino es el molde para haber creado la personalidad y conducta de Vito Corleone, la caracterización de Brando incluye algunos elementos inspirados en otros mafiosos reales. El actor se basó en el mafioso Frank Costello -amigo íntimo de Lucky Luciano- para darle a su personaje aquella mítica voz quebrada. Y la expresión facial típica de Vito Corleone -cejas arqueadas y cara de resignación- está evidentemente basada en varias fotografías tardías del supercapo Sam Giancana.

Luciano ‘profesionalizó’ la Mafia, invirtiendo en empresas, apoderándose de negocios legales gracias a sobornos, chantajes o amenazas

Michael Corleone: el personaje protagonista de la saga está a medio camino entre la realidad y la ficción. Su personalidad ni está basada -se parece- a la de ningún jefe mafioso concreto y de hecho se puede considerar que Michael Corleone es un personaje de ficción en toda regla. Sin embargo, el papel que Michael representa en la Mafia de la película y varios de los sucesos que protagoniza hacen referencia directa a la biografía de Lucky Luciano. Al igual que Michael Corleone, Luciano fue el responsable de ‘profesionalizar’ la Mafia, invirtiendo en empresas y apoderándose de negocios legales gracias a sobornos, chantajes o amenazas. Comprendió la importancia de dejar atrás ciertos tabúes de la Mafia siciliana, modernizando sus métodos y tratando de minimizar el uso de la violencia, ejerciéndola de manera puntual y lo más discreta posible. Pero el parecido entre ambos termina ahí: Luciano era muy inteligente pero no tenía estudios -había sido un delincuente callejero desde su niñez- ni tampoco era tan ascético como Michael Corleone. De hecho, a Luciano le gustaba estar rodeado de mujeres y solía retozar con prostitutas a diario. El único detalle similar en sus vidas sentimentales es el hecho de haberse enamorado de una italiana durante sus respectivos exilios: en el film, Michael Corleone se enamora de una siciliana -aunque es asesinada al poco tiempo- y lo mismo le pasó a Lucky Luciano con la mujer que convivió con él hasta que el mafioso murió de un infarto en un aeropuerto.

“Nos han quedado en el tintero muchas otras referencias, la mayor parte de ellas menores, que darían pie a todo un libro dedicado al asunto (y más aún si se incluyese la tercera parte de la trilogía cinematográfica) pero creemos que con todas las citadas ya hay más que suficiente como para empezar a ver las dos películas clásicas con otros ojos”, explica Emilio de Gorgot en su trabajo ‘Las claves de El Padrino’, que aparece en la hemeroteca de Jot Down Cultural Magazine.

Escena inolvidable de la escalera de la Casa de la Ópera de Sicilia, en Palermo, con un interminable ‘mudo’ grito de Al Pacino

En la tercera parte de la saga ‘El Padrino’ se puede ver una de las escenas más impactantes de toda la trilogía, lo cual ya es un mérito, puesto que hay muchas y muy buenas. La escena a la que nos referimos es la última del film y por lo tanto de la serie. Michel Corleone (al Apacino) se encuentra en Sicilia, más concretamente en la Casa de la Ópera de Sicilia, en Palermo, donde ha acudido para presenciar el debut de su hijo Anthony como cantante de ópera. No vamos a detallar todo el argumento, pero en esa escena hay un asesino a sueldo que tiene como propósito asesinar a Michael Corleone. Allí se encuentran también la madre de sus hijos, y su hija Mary. Don Corleone ha prohibido a su sobrino Vincent Corleone que continúe con sus relaciones amorosas con su hija, si quiere ser el nuevo Don.

Cuando Mary se ve rechazada por él, va a encontrarse con su padre para pedir explicaciones y allí en las escaleras del teatro, el asesino contratado para asesinar a Michael, dispara, pero su tiro no da en el blanco: Michael apenas sufre un rasguño, pero Mary recibe un tiro en el pecho que la mata instantaneamente. Como música de fondo suena el maravilloso Intermezzo de la ópera de Mascagni, Cavaleria rusticana. Esta es la ópera que se representaba esa noche en el teatro.Y esa música es la que acompaña uno de los momentos interpretatvos mejores en la carrera de Al Pacino: su grito silencioso, transido por el dolor de ver a su hija muerta. Las últimas imágenes son las de un anciano Michael Corleone, en su casa de Sicilia, donde muere por causas naturales.

@BestiarioCancun

www.elbestiariocancun.mx

You are not authorized to see this part
Please, insert a valid App IDotherwise your plugin won't work.

No hay comentarios

Dejar una respuesta