La ciudad austríaca de Salzburgo y el espíritu de Wolfgang Amadeus Mozart...

La ciudad austríaca de Salzburgo y el espíritu de Wolfgang Amadeus Mozart defienden al tenor Plácido Domingo, ‘acosador sexual’ en Me Too

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La Asociación de Orquestas de Filadelfia “ha retirado su invitación a Plácido Domingo para que participe en el concierto de la noche de estreno del 18 de septiembre de 2019”, después de que la agencia estadounidense AP publicó el testimonio de nueve mujeres acusándolo de acoso sexual. Así lo han comunicado por medio de un tuit en la tarde del martes 12 de este mes. “Estamos comprometidos a proporcionar un entorno seguro, solidario, respetuoso y apropiado para la orquesta y el personal, para artistas y compositores colaboradores, y para nuestro público y nuestra comunidad. La información sobre los artistas de la inauguración y los cambios en el programa se anunciarán en una fecha posterior”, han explicado en su cuenta oficial de Twitter. Ésta es la primera cancelación de una actuación del español tras conocerse la noticia de que nueve mujeres lo acusan de acoso sexual. No fue la única. A mediodía, la Ópera de San Francisco anunció en un comunicado que cancela la actuación de Plácido Domingo prevista para el próximo 6 de septiembre. “La decisión de cancelar el concierto se ha tomado tras las informaciones recientes sobre múltiples acusaciones de acoso sexual”, dice la institución. “Aunque los supuestos incidentes no tuvieron lugar en la Ópera de San Francisco, la compañía no puede presentar al artista en su escenario”. La institución afirma que lo hace por su compromiso con “los estándares más altos” de conducta profesional.

Por el momento, el resto de la agenda inmediata del tenor Plácido Domingo (Hungría, Nueva York, Suiza y Moscú) sigue tal y como estaba justo antes de que AP publicase su investigación. La Ópera de Los Ángeles, de la que el tenor español es director general, ha reaccionado a las acusaciones con un comunicado en el que promete una investigación de los hechos de acuerdo con su política de recursos humanos, como haría con cualquier otro empleado. “Creemos que todos los empleados y artistas deben ser tratados con respeto y sentirse seguros en su entorno de trabajo”, comienza la nota, firmada por un portavoz. “La Ópera tiene sólidas políticas y protocolos de recursos humanos. De acuerdo con las mismas, va a obtener consejo externo sobre las acusaciones contra Plácido Domingo”. El comunicado termina elogiando la labor del español al frente de la institución: “Plácido Domingo ha sido una fuerza creadora y dinámica en la vida de esta institución y en la cultura artística de Los Ángeles durante más de tres décadas. De todas formas, tenemos el compromiso de hacer todo lo que podamos para favorecer un entorno profesional y colaborativo en el que todos nuestros empleados y artistas se sientan a gusto en igualdad, valorados y respetados”. La próxima actuación del tenor español, en el Festival de Salzburgo, ha sido respaldada por la presidenta del evento, Helga Rabl-Stadler, que ha confirmado que el tenor español actuará allí, como estaba previsto, los días 25 y 31 de agosto en la ópera de Verdi Luisa Miller. “Conozco a Plácido Domingo desde hace más de 25 años. Desde el principio me ha impresionado, junto a su capacidad artística, sus modos respetuosos con todos los trabajadores y trabajadoras del Festival”, ha señalado Rabl-Stadler en un comunicado enviado a Efe. La presidenta ha señalado que Plácido Domingo “conoce todos los nombres, desde el portero hasta la secretaria del Festival y agradece cada pequeña ayuda… Si las acusaciones contra él también se hubieran producido en la sede del Festival, seguro que lo habría sabido”, agrega.

La agencia Associated Press publicó un reportaje con testimonios de nueve mujeres (ocho cantantes y una bailarina), que acusan al tenor de 78 años de acoso sexual, supuestamente sucedidos en los últimos 30 años. Domingo ha respondido a estas acusaciones subrayando que creyó “siempre” que todas sus relaciones con mujeres eran bienvenidas y consensuadas, y ha considerado “inexactas” las acusaciones contra él. “Reconozco que las normas y estándar de la actualidad son muy diferentes hoy de lo que eran en el pasado. Soy un afortunado y privilegiado por tener una carrera de más de 50 años en la ópera y me ceñiré al más alto estándar”, ha añadido el artista, director de la Ópera de Los Ángeles. Rabl-Stadler, que también es jurista, subraya que para ella siempre rige el principio de in dubio pro reo, una locución latina que expresa el principio de que ante la falta de pruebas se debe favorecer al acusado. “Considero objetivamente incorrecto y humanamente irresponsable tomar un juicio definitivo en este momento y adoptar decisiones sobre esa base”, ha indicado la responsable del Festival sobre la actuación de Domingo en Luisa Miller, de Verdi, el próximo 25 de agosto. El director artístico del Festival de Salzburgo, Markus Hinterhäuser; el director comercial, Lukas Crepaz; y ella misma, están de acuerdo en que Plácido Domingo cante en el festival, tal y como estaba previsto, concluye el comunicado firmado por la presidenta. Fuentes del evento han explicado a Efe que Domingo no se encuentra en Salzburgo en estos momentos. El Festival de Verano de Salzburgo, uno de los más prestigiosos de Europa, tiene una larga relación artística con el tenor, que se prolonga más de medio siglo. Salzburgo es una ciudad de Austria en la frontera con Alemania, con vistas de los Alpes orientales. La ciudad está dividida por el Río Salzach, con los edificios medievales y barrocos de la Altstadt (Ciudad Vieja) peatonal en su orilla izquierda, frente a la Neustadt (Ciudad Nueva) del siglo XIX, a su derecha. El lugar de nacimiento del famoso compositor Wolfgang Amadeus Mozart se conserva como un museo que muestra los instrumentos de su niñez…

Santiago J. Santamaría Gurtubay

“Amadeus” es una película estadounidense que data de 1984, dirigida por Milos Forman y está vagamente basada en la vida de los compositores Antonio Salieri y Wolfgang Amadeus Mozart. Cabe aclarar que la supuesta rivalidad entre Mozart y Salieri es un recurso literario trasladado al guion cinematográfico y que no tiene ningún fundamento histórico. El guión es una adaptación de la obra de teatro “Amadeus”, de Peter Shaffer. El film recibió ocho premios Óscar, y en 1998, el American Film Institute situó la película “Amadeus” en el rango número 53 en su lista de las 100 películas más representativas del cine norteamericano. Cuenta la vida de Wolfgang Amadeus Mozart (Tom Hulce), narrada por Antonio Salieri, el antagonista (F. Murray Abraham). La historia, que no es lineal, comienza cuando el ya anciano Salieri intenta suicidarse tras haberse confesado culpable del asesinato de Mozart, que no habría muerto por causas estrictamente naturales. Los criados de Salieri, tras derribar por la fuerza la puerta tras la cual se encontraba el ensangrentado y moribundo anciano, inician un traslado de urgencia del cuerpo a un sanatorio. Allí, ante la amenazante posibilidad de que este volviese a intentar quitarse la vida, un joven sacerdote es enviado a su alcoba para escuchar su confesión. El padre, apellidado Vogler, pronuncia una frase conocida y usada incluso al día de hoy por los religiosos: “Todos los hombres son iguales ante los ojos de Dios”. Esta afirmación inofensiva desencadena el más profundo rencor de Salieri, quien responde sarcástico: “¿Lo son…?”. A raíz de esta frase, decide contar la historia sobre sus gloriosos años en la corte del emperador de Austria. Un relato plagado de celos, mediocridad y también una admiración enfermiza. Un ambicioso Salieri, aún en edad adolescente, hizo un pacto con Dios; el chico le entregaría su castidad y su afán de trabajo a cambio de que le fuera concedido un gran talento musical para poder glorificar al creador con sus composiciones.

En la etapa inicial de la narración, Salieri todavía no había conocido personalmente a Mozart, pero sí que había oído hablar de él y también era seguidor de su música. Antonio Salieri admiraba las composiciones de Mozart y estaba más que emocionado ante la posibilidad de poder conocerle durante un salón literario al que había sido invitado y en el que se interpretarían algunas de las obras de Mozart bajo la batuta del mismísimo compositor. Sin embargo, cuando finalmente encuentra a Wolfgang, Salieri queda decepcionado ya que su vulgar personalidad no concuerda con la grandeza de sus piezas. De hecho, la primera vez que comparte espacio con Mozart, encuentra al joven arrastrándose por el suelo y jugando (persiguiéndola y haciendo chistes obscenos, usando las palabras al revés) con su futura esposa, Constanza Weber. Salieri, que había sido católico devoto durante toda su vida, no puede soportar que Dios haya elegido a un ser que él considera despreciable y no a él como receptáculo de un don tan puro, por lo que termina renunciando a su religión y fundiéndose con su funesta ambición frustrada, ya imposible de ignorar. A partir de una cadena de desafortunados sucesos que enlazan a ambos personajes, Salieri decide hacer todo lo que esté en su poder para dinamitar la imagen de Mozart, a quien admira y detesta a partes iguales.

Durante el resto de la película, Salieri se hace pasar por amigo de Mozart mientras a sus espaldas se esfuerza por destruir la reputación del compositor y mermar poco a poco el éxito de sus piezas. En muchas ocasiones, la intervención del propio Salieri ante el emperador José II es lo único que permite que Mozart, por quien siente simpatía, logré sobrevivir. La historia, que inicialmente se muestra cómica, brillante e incluso entrañable, adquiere tintes cada vez más oscuros a medida que Salieri destruye cada hilo que unía a Mozart a la vida: un matrimonio que había sobrevivido a la oposición de ambas familias, una reputación labrada desde su tierna infancia y por último su salud, tanto física como mental. La película concluye con una secuencia del entierro del incomprendido genio, desprovisto de toda identificación, en una fosa común. Diluvia alrededor, y los únicos que quedan para verlo partir en coche rumbo al panteón son Constanza y el propio Salieri, las dos personas que lo amaron. Constanza a su persona y Antonio Salieri a su irrepetible estrella.

La película ‘Amadeus’ de Milos Forman pretendió crear una fantasía basada en un mito popular sobre Mozart y Salieri

El argumento de la película de Milos Forman gira en torno a Mozart, Salieri y sobre la leyenda romántica de la muerte de este primer compositor. En la vida real, Salieri ni siquiera llegó a presenciar la muerte de Mozart. Es cierto, sin embargo, que Mozart recibió el encargo de componer una misa de réquiem, el ‘Réquiem K.626’, que no conseguiría terminar debido a su enfermedad. Las circunstancias un tanto misteriosas bajo las que nació la obra han dado origen a una gran cantidad de leyendas románticas. Estudios recientes han arrojado luz sobre este misterio. Lo cierto es que un conde, Franz von Walsegg, que era un gran aficionado a la música y solía ofrecer veladas musicales en su casa hizo el encargo del réquiem. El 14 de febrero de 1791 murió la joven esposa del conde, que no había cumplido aún los 21 años. En honor a ella, el conde Franz quiso hacer componer un réquiem especial que se estrenaría en su casa en el funeral. Así, él mismo encargó a uno de sus criados que fuera a hacerle esta oferta a Mozart pero quiso conservar todo el asunto en silencio. Esto explica que el sirviente del conde apareciera tapado y encapuchado cuando acudía a la casa del compositor. Al final se descubrió que el conde pretendía proclamarse como único autor de la composición funeraria que había encargado y, así, cubrirse de gloria frente a sus colegas.

Mozart inició la composición durante sus últimos meses de vida e incluso llegó a creer que escribía el réquiem para su propio funeral a causa de los delirios de la enfermedad, que le hacían creer que la muerte le había concedido un aviso para que pudiese componer su última pieza musical. Comenzó a empeorar rápidamente el 4 de diciembre de 1791 cuando estaba terminando el pasaje de ‘Lacrimosa’. Ese mismo día, unos amigos se reunieron en su casa e interpretaron dicho pasaje ‘a capella’, estando el compositor en cama. Al día siguiente, murió plácidamente en su lecho a los 35 años. Según los doctores y los informes de la época, murió de fiebre reumática aguda aunque entonces comenzó a circular el rumor de que había muerto envenenado por algún compositor envidioso, hecho que nunca se pudo demostrar. El 6 de diciembre el cadáver fue bendecido en la catedral de Viena y a continuación fue llevado al cementerio de San Marcos, situado a 5 kilómetros de la ciudad, donde fue enterrado. Su esposa Constanza no se preocupó por proporcionarle un nicho o tumba, debido a los aprietos económicos por los que pasaba su matrimonio. Cuando por fin quiso poner una tumba al cadáver de su marido, el sepulturero no recordó dónde lo había enterrado, misterio que aún hoy permanece sin resolver.

Debe recalcarse que la intención tanto de Shaffer como de Forman no era hacer una biografía o documental sobre Mozart; por el contrario, la idea era crear una fantasía basada en un mito popular en los siglos XVIII y XIX (Mozart vs. Salieri) para así presentar el verdadero tema de la obra: el hombre en contra de Dios. De esta manera, la película construye un gran mito que para algunos seguidores de Mozart fue incluso ofensivo y se llegaron a realizar protestas en contra del papel que había tomado la productora ya que presuntamente habían contribuido a dañar la imagen de Mozart y degradarla del estatus de genio musical al de estúpido con suerte. Protestas aparte, lo cierto es que ‘Amadeus’ muestra a un Mozart cinematográficamente apasionante y efectivo. Lo vivido en estos aciagos días por Plácido Domingo invita a ver de nuevo la obra de Milos Forman.

“Presionó a las supuestas víctimas, mujeres jóvenes, para que mantuvieran relaciones sexuales con él a cambio de trabajos”

Nueve mujeres acusan al tenor español Plácido Domingo, una de las figuras más importantes de la historia de la ópera, de acoso sexual. Los testimonios han sido publicados por la agencia Associated Press, que solo identifica por su nombre a una de las víctimas, la mezzosoprano Patricia Wulf. Según la agencia estadounidense, Domingo presionó a las supuestas víctimas, mujeres jóvenes en los inicios de su carrera, para que mantuvieran relaciones sexuales con él a cambio de trabajos y llegó a castigar profesionalmente a las que se negaban. Los hechos se remontan a principios de los años ochenta y se extienden durante tres décadas. “Es doloroso oír que he podido molestar a alguien”, ha respondido el tenor, pese a calificar las acusaciones de “inexactas”. “Las reglas y valores por los que hoy nos medimos, y debemos medirnos, son muy distintos de cómo eran en el pasado”, ha añadido.

Domingo, de 78 años, es uno de los tenores más admirados de todos los tiempos y uno de los hombres más poderosos de la música clásica en el mundo. Comenzó su carrera hace cinco décadas. Ha interpretado más de 150 papeles en más de 4,000 actuaciones. Actualmente, sigue cantando y dirigiendo y ejerce como director de la Ópera de Los Ángeles, en California. Ocho cantantes y una bailarina aseguran a la agencia de noticias que fueron acosadas por Domingo, en una actitud calificada como un “secreto a voces” en el mundo de la ópera. Una de ellas asegura que Plácido Domingo le metió la mano por debajo de la falda y otras tres aseguran que las besó a la fuerza en lugares como un camerino, una habitación de hotel y una comida de negocios. “Que alguien te esté intentando coger de la mano durante una comida de negocios es raro, o que te ponga la mano en la rodilla”, describió una de las cantantes. “Siempre te estaba tocando de alguna forma, siempre besándote”. Aparte de estos nueve testimonios de acoso sexual explícito, otra media docena de mujeres han relatado a la agencia que Domingo les hizo proposiciones incómodas. Una cantante cuenta que le pidió insistentemente salir con ella después de haberla contratado para una serie de conciertos en los años noventa. Además, otras tres docenas de profesionales, desde músicos hasta tramoyistas, han contado a la agencia que fueron testigos del comportamiento sexual inapropiado de Domingo y de que perseguía a mujeres jóvenes impunemente.

Domingo no contestó a un cuestionario detallado de AP sobre episodios concretos, pero ofreció la siguiente respuesta a la agencia: “Las acusaciones de estas personas anónimas que se remontan hasta tres décadas atrás son profundamente preocupantes y, tal como se presentan, inexactas. Aun así, es doloroso oír que he podido molestar o hacer sentir incómodo a alguien, da igual cuánto tiempo haga de ello y a pesar de mis mejores intenciones. Creía que todas mis interacciones y relaciones fueron siempre bienvenidas y consentidas. La gente que me conoce o que ha trabajado conmigo sabe que no soy alguien que pueda hacer daño, ofender o avergonzar a alguien de manera intencionada”. “Sin embargo”, continúa la respuesta de Domingo, “reconozco que las reglas y valores por los que hoy nos medimos, y debemos medirnos, son muy distintos de cómo eran en el pasado. He sido bendecido y privilegiado de haber tenido una carrera de más de 50 años, y me ceñiré al más alto estándar”.

Contaron sus casos animadas por el movimiento Me Too, al sentir que era la forma más efectiva de acabar con este tipo de conductas

La mayoría de las nueve mujeres eran jóvenes que empezaban en su profesión. Sus historias muestran un patrón de conducta por parte del tenor. Las contactaba con insistencia, a menudo con llamadas repetidas a casa durante la noche, mostraba interés por sus carreras e insistía en que se citaran en privado para una copa o una comida, o en su apartamento u hotel, bajo la excusa de ofrecerles consejos profesionales. Siete de ellas creen que su carrera se vio afectada por rechazar a Plácido Domingo. En algunos casos, las actuaciones prometidas nunca llegaron a concretarse. En otros, no volvieron a trabajar para el tenor. Solo Wulf, que trabajó con Domingo en la Ópera de Washington, ha autorizado a AP a dar su nombre. Las demás exigieron anonimato, argumentando que aún siguen en la industria y temían represalias o ser humilladas o acosadas públicamente. Sin embargo, según AP, contaron sus casos animadas por el movimiento Me Too, al sentir que hacer público el comportamiento de la figura más prominente de la ópera era la forma más efectiva de acabar con este tipo de conductas. Dos de las mujeres aceptaron sus proposiciones porque sentían que no podían decir que no al hombre más poderoso de su entorno. Una de ellas relató que se acostó con Domingo dos veces, una de ellas en el hotel Biltmore de Los Ángeles, que está a cuatro manzanas de la sede de la ópera de la ciudad. Cuando Domingo se fue, le dejó 10 dólares diciendo: “No quiero que te sientas como una prostituta, pero tampoco quiero que tengas que pagar por aparcar”.

Muchas de estas mujeres relatan que sus compañeros de profesión les advirtieron de que nunca se quedaran a solas con Domingo, ni siquiera en un ascensor. “Hay una tradición oral de advertir a las mujeres sobre Plácido Domingo”, aseguró una mezzosoprano que trabajó en la Ópera de Los Ángeles, que no es una de las nueve denunciantes. El consejo era, según relataron muchas mujeres, “evitar la interacción con él a toda costa”. Si las invitaba a comer, debían evitar el alcohol y encontrarse siempre en un lugar público y a almorzar, nunca a cenar. Así, para evitar coincidir con el tenor, tomaban medidas como no usar el baño más cercano a su despacho, pedir a otras cantantes o personal del teatro que las acompañaran y no contestar llamadas en casa.

Ninguna de las mujeres pudo ofrecer documentación de algún tipo que sustentara sus acusaciones, pero la agencia habló con “muchos” colegas y amigos a los que relataron lo sucedido en su momento. Además, comprobó que efectivamente trabajaron en los lugares de los hechos y que Plácido Domingo coincidió con ellas. La investigación sobre Domingo llegó al mundo de la ópera el martes por la mañana y la onda expansiva fue poco a poco provocando reacciones en una industria en la que el tenor español está en la cúspide.

El ‘Caso Gatti’ puso fin la ‘omertà’ en la estirpe de los directores de orquesta, de la que Herbert von Karajan era su máximo exponente

La tumba de Herbert von Karajan en Anif (Salzburgo) sorprendería a quienes esperan encontrarse la correlación de una sepultura megalómana. Una lápida sencilla recuerda apenas el año de su nacimiento (1908) y el de su muerte (1989), pero también custodia los secretos que alentaron su hegemonía. Si el podio es por definición un espacio de autoridad e intimidación, Karajan lo convirtió en un territorio de inmunidad, impunidad e inviolabilidad, precisamente porque su poder en el ámbito de la música clásica le permitió ejercer como director sublime y tirano implacable. “Karajan no entendía que se le dijera que no”, recalca el escritor y periodista español Rubén Amón. “Si te pedía algo, tenías que dárselo. O te exponías a las represalias. Tanto ejercía su poder en el ámbito artístico como en el privado. Se concedía las mujeres y las alumnas que quería. Sabía de su carisma y de su fuerza. Entonces estaba mucho menos definido lo que ahora se llamaría comportamiento impropio. Nadie hubiera osado a denunciar a Karajan. Sería la perdición del denunciante, aunque también ocurría en ocasiones que el juego era aceptado por las dos partes”.

Comportamiento impropio es el estigma al que tiene que sobreponerse la carrera de Daniele Gatti, cuyos excesos de fogosidad le han costado el puesto en la Orquesta del Concertgebouw y amenazan su carrera. Empezando por el compromiso que había adquirido en 2020 para dirigir el ‘Anillo del Nibelungo’ en Bayreuth. No ha trascendido todavía si le rescindirán el contrato y si otras orquestas decidirán proscribirlo a título preventivo, pero la trayectoria del maestro italiano se expone al escarmiento que ya han experimentado James Levine y Charles Dutoit. El primero, acusado de acoso y abusos sexuales, fue expulsado del Met neoyorquino después de haberlo servido 46 años, mientras que al segundo se le evacuó el pasado diciembre de la Royal Philharmonic Orchestra por haberse amontonado las denuncias de acoso sexual. “Lo que está ocurriendo es que se ha levantado un tabú”, nos deslizaba un veterano crítico alemán a cambio del anonimato, añadía el madrileño Rubén Amón, autor de una biografía de Plácido Domingo, ‘Un coloso en el teatro del mundo’ y de otros libros como ‘El triunvirato Carreras, Domingo y Pavarotti’, ‘Sangre, poesía y pasión’, ensayo sobre el bicentenario del Teatro Real de Madrid, España. “Por un lado, los directores de orquesta son conscientes de su poder y de su influencia. Y no dudan a veces en extralimitarse. Por otro, en las décadas anteriores y puede que hasta principios de siglo XXI hubiera una cultura de la resignación. Las mujeres de las orquestas no denunciaban. Eran pocas en las grandes formaciones masculinas. Y sufrían las presiones del podio. No es que necesariamente se cometieran delitos, pero la figura de comportamiento impropio estaba bastante extendida. Y resultaba inconcebible que se represaliara a cualquier estrella. Estaban protegidas por el sistema”.

“Los directores de aquellos años ejercitaban a su antojo la prolongación fálica de la batuta, pero tendría poco sentido exhumar su libertinaje”

Es conocida la promiscuidad de Leonard Bernstein y el ejercicio plenipotenciario de su carisma sexual. Y podría decirse lo mismo de Georg Solti en su aparente ascetismo. Lorin Maazel ejercitaba a su antojo la prolongación fálica de la batuta, pero tendría poco sentido exhumar su libertinaje y descontextualizar el erotismo del podio. “Los directores de aquellos años”, añade el cronista germano, “sabían que su poder rara vez encontraba resistencia. Lo que hoy se observa anómalo y hasta intolerable, entonces no suponía la menor transgresión”. El escándalo que ha arrastrado el cese Gatti no solo puede servir de argumento introductorio a la denuncia de otros casos y al fin de la ‘omertà’. También arriesga a confundir o amalgamar los estadios delictivos con los méritos profesionales. No todos los comportamientos impropios implican haber delinquido. Y no todos los excesos de la moral deberían conllevar una represalia artística, pero el escarmiento universal de Kevin Spacey demuestra que Gatti, Levine y Dutoit, tres estrellas de la batuta, afrontan una tortuosa travesía en el desierto.

No traspasa la polémica la lápida que recubre la tumba de Karajan. Inmortal en su devoción y mitomanía, pero mortal en sus comportamientos sexuales y en el ejercicio de su poder y de su favoritismo. La excesiva protección a la clarinetista Sabine Meyer le costó un enfrentamiento con los profesores de la Filarmónica de Berlín, mientras que su ambigüedad con la jovencísima violinista Anne Sophie Mutter hubiera sido reconocida hoy como un síndrome de Lolita. “Han cambiado por completo las relaciones de poder”, concluye el colaborador del maestro. “La sociedad denuncia comportamientos que antes se toleraban. Las mujeres han perdido el miedo y cada vez asumen más protagonismo. Hay muchas y buenas directoras. Y los directores varones saben que los límites del podio están mucho mejor definidos que antaño. Inequívocamente”.

Los directores de orquesta son humanos, pese al halo divino que Dino Buzzatti observaba en la cabeza de Toscanini. Quiere decirse que hay entre ellos santos, homicidas, violadores y ascetas. Ha habido ya maestros enviados a prisión por abusos a menores (Robert King). Y los ha habido condecorados con el Príncipe de Asturias de la Concordia (Daniel Barenboim). La cuestión es si el podio ha sido un espacio de excepción a las reglas. Y si la similitud fonética entre el director y el dictador ha propiciado un delirio de omnipotencia en algunas situaciones e instancias. Karajan no tendría dudas en admitirlo, pero resucitó al tercer día.

Rubén Amón, ‘En defensa de Plácido Domingo’, “la precariedad de las acusaciones no guarda proporción con la demolición de su imagen”

“Es posible que mi amistad con Plácido Domingo -me enorgullezco de ella, la considero un privilegio- contradiga mi objetividad para analizar el escándalo hiperbólico que protagoniza la estrella, pero me resulta inconcebible que esa misma amistad hubiera prosperado sin la admiración y respeto al maestro. O sin los gestos de generosidad y grandeza que ha demostrado en este medio siglo de ubicuidad y abnegación misionera, no ya convirtiendo la ópera en un fenómeno universal, sino preocupándose por fomentar una herencia de discípulos que van a sobrevivirle.,,,”, argumenta Rubénn Amón, en una valiente columna, en El País. “Plácido Domingo -defiende- ha sido y es un filántropo. Ha prodigado más tiempo y más dedicación que ningún otro artista al porvenir de la ópera y de la zarzuela. Ha ayudado más que nadie a los jóvenes cantantes. Y se ha multiplicado en una fertilidad artística, solidaria y hasta humanitaria que ahora pretende restringirse a la impunidad de la bragueta. Se trata de tumbar al coloso cuando acaso su figura se encorva y su poder disminuye”.

“Y se hace desde presupuestos bastante precarios, no en los tribunales, sino en la plaza pública y en la sala de audiencias mediática. Ocho de las denuncias son anónimas y desprovistas de pruebas, mientras que la única identificada, la mezzo  Ruth Wulf, lo ‘acusa’ de habérsele insinuado. No hay proporción, por tanto, entre el fundamento de las denuncias a Domingo y los efectos devastadores que congrega la sentencia de la opinión pública. Y que ya afectan a la dimensión profesional del artista, toda vez que la Orquesta de Filadelfia ha sido la primera institución musical en anular los contratos con el maestro en virtud del clamor justiciero y de la asepsia hipócrita. El propio Domingo ha contribuido al ‘akelarre’ justificando su comportamiento promiscuo en el contexto de una cultura y una época distintas, atribuyéndose una ambigua inmunidad que incita toda suerte de suspicacias y de hipótesis, pero urge diferenciar el plano moral y ético del profesional y del estrictamente penal”.

Un gigante del Me too, un símbolo hispano en Los Ángeles de la lista negra de los depravados y que se resiente del moralismo revanchista

“El problema es que la amalgama de unos y otros órdenes predispone un mismo furor vengativo cuyas ambiciones tanto aspiran a la pena de muerte civil del ‘acusado’ -en ausencia de un proceso judicial y de unos hechos prescritos- como vulneran la presunción de inocencia. Domingo es un gigante en la causa del Me too, un símbolo hispano en Los Ángeles que se incorpora a la lista negra de los depravados y que se resiente de el moralismo revanchista, aunque conviene recordar el estrépito con que los tribunales han desestimado sentencias ya ejecutadas por la sociedad, incluido el exterminio personal y profesional con que fue jibarizado Kevin Spacey en el templo de hipócrita de Hollywood. Creo conocer a Domingo lo suficiente como para resultarme inverosímil que haya abusado de mujeres o las haya acosado. O que haya incurrido en relaciones sin consentimiento. Domingo no es un delincuente. Y no voy a discutir los engranajes del poder en la dialéctica del fuerte y del débil, pero tampoco me voy a recrear en la ingenuidad de un mundo que divide a las personas en puras y en impuras. La ley establece el límite que no debe nunca sobrepasarse. La justicia expía las transgresiones, las define, las condena, pero las relaciones entre adultos fuera del paraíso perdido y en el marco legal apela a la responsabilidad, la ética o el interés de cada uno. Ceder o no ceder. Postularse o no hacerlo. Seducir, medrar, resistir…”.

“Reinas y plebeyas, sopranos y judokas, jóvenes y jubiladas, han montado guardia en el camerino de Domingo. La sobrenaturalidad del tenor, el carisma de Plácido, su personalidad apabullante configuran los rasgos inequívocos del ídolo. Y la correspondiente idolatría. No es un pretexto de la impunidad ni una coartada de inmunidad, pero si un ejemplo de las pasiones ‘legales’ que ha despertado uno de los mayores cantantes de la historia. Domingo se ha dado a los demás. Ha sido un tipo altruista. Ha dedicado más tiempo, facultades y energía al porvenir que nadie a la causa de la música, a los melómanos y a los profesionales. Lo prueba su implicación en conciertos benéficos, clases, horas de audiciones, talleres de jóvenes, misiones. Y lo demuestra el concurso ‘Operalia’, la cantera de voces masculinas y femeninas que sujetan el futuro de la ópera. Y que Domingo ha convertido en su árbol genealógico”.

No va a resultar sencillo abatirlo, talarlo, pero este proceso extemporáneo -los hechos denunciados se remontan a los ochenta y hasta podrían guardar relación con una venganza de la Cienciología- deteriora la credibilidad y la reputación de una figura mitológica que ya fue Sansón y que ahora se defiende arrinconado con el resoplido de un viejo elefante.

La separación familiar de Plácido Domingo por culpa de la Cienciología. Tuvo que pagar dos millones de dólares para poder ver a su familia

Las sectas utilizan diversos métodos que resultan eficaces para atraer a nuevos adeptos , como la Cienciología, una religión que, según su página web, “ofrece la ruta precisa que conduce a una certera comprensión de la verdadera naturaleza espiritual”. La exnuera de Plácido Domingo, Sam, formó parte durante 22 años de esta. En una entrevista al The Daily Mail, Sam Domingo ha sacado a la luz los entresijos de dicha comunidad. Según la exmujer del hijo del cantante, los feligreses de la Cienciología solo buscan beneficiarse de sus adeptos, además de romper familias y relaciones. En 1987, Sam conoció esta comunidad a través de un amigo y dos años más tarde firmaba un contrato con ellos que ascendía al millón de dólares con el objetivo de colaborar en una de sus asociaciones. En 1992 comenzó a trabajar en el Centro de Celebridades de Cienciología en Gran Bretaña, llegando a meterse de lleno en las creencias de esta religión. Allí no solo encontró su comunidad, sino también el amor, un compañero de fe con quien se casó y tuvo un hijo. A pesar de ser una maternidad buscada, nunca lo tuvo porque, según cuenta, le obligaron a abortar. Consecuencia de ello, su marido le pidió el divorcio pero su corazón pronto volvió a latir por otro de los compañeros de fe, Placido Domingo Jr., romance que tampoco fue aceptado por la comunidad a la que pertenecían.

Placido relató en la entrevista ofrecida al periódico ABC de España las dificultades a las que se tuvieron que enfrentar, como que fuese forzada a cumplir un programa de rehabilitación donde suelen acudir los que cometen crímenes contra la Iglesia. A pesar de todos los problemas, la pareja luchó por su amor hasta conseguir el respeto de los miembros de la secta que también aceptaron a sus hijas, quienes se formaron de acuerdo a las creencias de la Cienciología. Esta religión cuenta con reglas muy estrictas. Los feligreses tienen prohibido verse con personas ajenas al grupo o que no sean creyentes de la doctrina de la comunidad. Por esta razón, el tenor tuvo que pagar alrededor de dos millones dólares para poder ver a su familia, costeando los cursos educativos de Sam, su hijo y sus nietas.

John Travolta (65 años) y Tom Cruise (57) mantienen una tensa relación por el liderazgo de la Cienciología, “esta doctrina religiosa para ricos”

En 2008, la relación de Sam y Placido Jr. estaba quebrada y llegó a su fin. Por ello, el tenor hizo todo lo posible para sacar a su hijo de la Iglesia, cosa que consiguió, comenzando por dejar de financiar al grupo. Finalmente, su exnuera decidió irse a vivir lejos de su exnovio y poder poner a salvo a sus tres hijas. Sin embargo, estas niñas no eran las únicas que se encontraban en peligro dentro de la comunidad ya que los hijos de Tom Cruise y Nicole Kidman, Isabella y Connor estaban en riesgo, siendo sometidos psicológicamente. “Isabella está siendo usada para hacer relaciones públicas. Ellos no tiene otra opción que ser los niños de sus anuncios”, confesó. Tras el divorcio de los actores, sus hijos pasaron a estar bajo la supervisión del líder del culto: “Después de la separación, ellos fueron adoctrinados y aislados”. Otro de los famosos que estuvo metido fue John Travolta, a quien le prometieron salvar el alma de su hijo Jeff, fallecido a los 16 años por un ataque epiléptico. “Kelly Preston se quedó embarazada después de un arduo trabajo con la iglesia. Ben nació un año y medio después del deceso de su hijo y ella creía que el espíritu del niño era Jeff”, relató Placido. Ahora la familia Domingo se encuentra lejos de la Cienciología, exceptuando a José, el hijo mayor del barítono, quien sigue siendo miembro.

Desde hace muchos años se rumorea con la loca idea de que John Travolta (65 años) y Tom Cruise (57) comparten algo más que su pasión por la actuación. Se ha cuestionado en numerosas ocasiones la sexualidad de ambos actores y se ha jugado con la idea de que ambos podrían haber estado juntos. Pero ese nexo amoroso no solo parece incierto, sino que es más bien todo lo contrario. Ambos intérpretes mantienen una tensa relación por el liderazgo de la Cienciología. Desde hace muchos años son las caras más visibles de “esta doctrina religiosa para ricos” y en ella han asegurado haber encontrado la paz que necesitan. Pero ese bienestar parece no ser tal. Varios medios afirman que ambos están enemistados, y luchan por el liderazgo. Un constante debate sobre quién debería tener mayor peso, según el Daily Mail, que también asegura que el protagonista de ‘Grease’ no soporta que Cruise se haya convertido en el favorito del líder, David Miscavige. “Se desprecian. Te puedo asegurar que Travolta no reconoce a Cruise como superior”, comenta Brendan Tighe, un exmiembro de la iglesia, asegurando también que antes era Travolta el favorito y que Cruise ha ocupado su lugar, algo que no soportaría. “Fue como si le quitaran el título”, añadía. Un rencor que llegó a su punto álgido cuando Cruise fue premiado por los miembros de la Cienciología con una medalla de valor. Por si fuera poco el líder actual solo confía en el exmarido de Katie Holmes para dirigir la iglesia y no en Travolta.

Ron Laffayette Hubbard, en 1955, no logró convencer a Ernest Hemingway, Orson Welles, John Ford, Pablo Picasso y Walt Disney

Hace 75 millones de años un soberano galáctico llamado Xenu confinó en la Tierra a los ‘thétanos’, malvados espíritus que hasta nuestros días infectan las psiqués de los hombres, causando males que sólo pueden curarse con mucho dinero y sesiones de ‘clarificación’. Esto, que podría parecer un cuento de ciencia ficción, no es otra cosa que el postulado de la Iglesia de la Cienciología, una secta que por medio de amenazas y extorsiones, ha construido un imperio económico conquistando a estrellas de Hollywood, empresarios y políticos de todo el mundo. Tom Cruise, Dustin Hoffman, Nicole Kidman, Oliver Stone, Constantin Costa Gravas, Larry King, Mario Puzo, Aaron Spelling, Gore Vidal… todos comparten fama y fortuna, pero además un lugar en la Iglesia de la Cienciología. La ‘doctrina’ de la secta surgió en la imaginación de su fundador, Ron Laffayette Hubbard, un escritor de ciencia ficción que nació en Nebraska en 1911. Con el fin de captar adeptos, Hubbard mezcló la fantasía de sus novelas con la realidad. En su obra más conocida ‘Dianética: La ciencia moderna de la salud mental’, Hubbard dice que “nos podemos liberar de nuestras psicosis si nos enfrentamos a los incidentes traumáticos o enagramas que bloquean nuestra mente”. Según el fundador, liberarse de estos es muy fácil, pero muy costoso ya que implica una “audición” con la ayuda de un “audímetro” de hasta 5 mil dólares. Sin embargo, el curso completo que concluye el “camino de purificación”, implica expulsar todos los enagramas que, similares a los traumas freudianos, “son producto de los errores cometidos en vidas anteriores”. Hoy, eliminar todos los traumas del presente y pasado puede costar más de 80 mil dólares.

Por ello, la campaña proselitista de la Cienciología apunta generalmente a “las ovejas con cascabel” y con dinero. “Si consigues que las ovejas con cascabel te sigan -decía Hubbard-, te seguirán todas”. Así, en 1955 pretendió convencer a Ernest Hemingway, Orson Welles, John Ford, Pablo Picasso y Walt Disney, y aunque ninguno de ellos aceptó, 40 años después la lista de sectarios impresionaría a cualquiera. La cantidad de “estrellas” vinculadas a la secta en los últimos tiempos, evidencia su poder y capacidad de presión sobre el “star-system”. Medio Hollywood está convencido de que la “conversión” de John Travolta a la secta le ha procurado nuevos papeles cuando estaba al borde de la extinción profesional. “Dinero, dinero, dinero. Haz que te lo den, consíguelo. Sea como sea, haz dinero”. Con estas palabras Hubbard habría señalado su principal objetivo. Para ello, la cúpula de la Cienciología habría creado Sterling Inc., una ramificación de la secta que chantajeaba odontólogos adictos a las drogas hasta que, tiempo después, fue descubierta. Más adelante, crearon Narconón y Health Med, empresas internacionales de fachada que servían también para captar y extorsionar toxicómanos, con la excusa de proporcionar un ‘tratamiento redentor’. Los ‘remedios milagrosos’ de la Cienciología, sin embargo, no han sido muy acogidos en Europa donde destacadas personalidades los han rechazado. En los últimos años, Alemania y Francia, compartieron sus posiciones al respecto. La secta se presentaba como víctima de una persecución similar a la del holocausto judío.

La ópera bajo la lupa del Me Too, es imposible juzgar la vida privada desde el ámbito de la pública, es en los tribunales donde se tiene que ver

Plácido Domingo está acostumbrado a que los focos apunten hacia él. Pero, esta vez, puede que el tenor español afronte el papel más difícil de su vida: nueve mujeres -solo una con nombre y apellidos- le acusan de acoso sexual y la Ópera de Los Ángeles, de la que es director general y donde se produjeron presuntamente algunos hechos denunciados, promete investigarle. El caso no tiene recorrido policial ni judicial, al menos de momento, pero sí ha subido al escenario un debate: ¿ha llegado a la ópera el movimiento Me Too? “Hay mucho callado en la música. Solo ahora empieza a salir”, afirma Pilar Rius, presidenta de la asociación Mujeres en la Música. Desde 2017, las acusaciones de acoso o abuso han salpicado a varias estrellas del género clásico. Antes de Domingo, en el ojo del huracán estuvo el concertino William Preucil, despedido en octubre de 2018 por la Orquesta de Cleveland. Primero, el conjunto le suspendió, tras las denuncias reveladas por The Washington Post. Cuando una investigación del despacho de abogados Debevoise y Plimpton concluyó que 11 mujeres habían relatado historias “creíbles”, la orquesta prescindió de Preucil. Y este se sumó a Daniele Gatti, James Levine o Charles Dutoit, directores acusados por varias víctimas y cesados por sus orquestas.

Hay, eso sí, diferencias: Gatti, despedido por el Concertgebouw de Ámsterdam, se disculpó de inmediato, a la vez que señaló que creía que todo había sido “correspondido”. Dutoit alcanzó un acuerdo con la Royal Philarmonic Orchestra de Londres para dejar de colaborar, después de las acusaciones de tres cantantes y una instrumentista. Levine, en cambio, rechazó las denuncias y demandó a la Ópera Metropolitana de Nueva York por despedirle. La organización también le llevó a los tribunales, tras un informe policial sobre un presunto abuso a un joven de 15 años y su propia investigación. Hace una semana ambos cerraron un acuerdo judicial. Domingo, por ahora, ha respondido en un comunicado. “Es doloroso oír que he podido molestar a alguien”, dijo el tenor. “Las reglas y valores por los que hoy nos medimos y debemos medirnos son distintos de cómo eran en el pasado”, señaló.

Por un lado, los distintos casos apuntan en una dirección: la impunidad parece encaminarse a su fin también para las altas esferas de la clásica. No hay datos suficientes para discernir si es un terreno especialmente fértil para el acoso o no. “Los mundos de la ópera y la clásica, como sectores que son de nuestra sociedad, no escapan de las lacras que ensombrecen y lastran el avance igualitario de la humanidad”, analiza Lucía Marín, una de las pocas mujeres españolas que lleva la batuta. Hay tres ejes sobre los que se apoya el acoso sexual en el trabajo: un contexto de violencia sobre la mujer, un entorno laboral sexista o un marco de abuso de poder. “El acosador se aprovecha de una doble ventaja: la que le proporciona ser jefe -y que de él dependan la continuidad en la empresa de la víctima, su sueldo y su promoción- y la que emana de su género”, dice la encuesta ‘El acoso sexual a las mujeres en el ámbito laboral’, realizada en 2006 por el Instituto de la Mujer en España. “En la ópera, como en la universidad, se mezclan el machismo y una estructura cerrada”, señala Encarna Bodelón, profesora de Filosofía del Derecho en la Universidad Autónoma de Barcelona especializada en estudios de género. “Son mundos opacos en los que es difícil la denuncia”, añade. Esta experta considera que, con el Me Too o el 8-M, las denuncias prosperan pero “sobre todo en empresas donde los sindicatos tienen representatividad”. Pero el sector cultural se caracteriza por la falta de estabilidad laboral.

Ainhoa Arteta: “No tengo ni idea de si habrá flirteado y ligado. Esas cosas se hacían también antes y se siguen haciendo ahora. No es un acosador”

Una encuesta de 2018 de la Sociedad Incorporada de Músicos (ISM) de Reino Unido concluía que el 60% de unos 600 músicos entrevistados había sufrido acoso sexual y el 6% una violación. Por comparar, una encuesta de Metroscopia para El País, de marzo de 2018, señalaba que un 32% de españolas se ha sentido acosada sexualmente al menos una vez. El porcentaje ascendía al 47% entre los 18 y los 34 años. En el estudio de ISM, el 77% no había denunciado. Frente a ello, en el informe del Instituto de la Mujer, más del 80% de las afectadas por acoso grave o muy grave declaró que no había hecho nada, tampoco denunciar. Las encuestadas de ISM, en su gran mayoría trabajadoras autónomas, señalaron que el agresor más habitual era un compañero del mismo nivel; un 14% apuntaba a los directores de orquesta. “La relación entre la batuta y el pene es más poderosa de lo que muchos maestros estarían dispuestos a admitir”, escribía en enero de 2018 Norman Lebrecht, uno de los críticos de ópera más influyentes del mundo. Y agregaba: “Los abusos de poder en la música son rutina, ya que toda la autoridad procede de un hombrecito con un pequeño bastón. Es raro que esa autoridad sea cuestionada y aún más raro que quien la desafíe sobreviva”. Pilar Rius amplía el foco: “Hay violencias evidentes, pero, ¿cómo reacciona una creadora ante un director que le cuenta su divorcio y añade que está muy a gusto con ella? ¿O uno que amenaza con encargarse de que no toque al día siguiente -o nunca más-?”.

La cantante de ópera Ainhoa Arteta se ha sumado a las intérpretes españolas que han salido en defensa de Plácido Domingo después de que nueve mujeres le hayan acusado de acoso sexual. Arteta, que considera a Domingo y a su mujer, Marta Ornelas, “una amistad como de familia”, dio su primer concierto en San Sebastián con la madre del tenor, coincidió después con él en diferentes actuaciones y lo conoce desde hace 30 años. “No tengo ni idea de si habrá flirteado y ligado. Esas cosas se hacían también antes y se siguen haciendo ahora, pero sé que no es un acosador, pondría la mano en el fuego”, ha señalado la intérprete. Asegura que, cuando leyó la información de la agencia Associated Press, se quedó ‘en shock’. “No se puede destruir una carrera de tantos años”, exige.

La mezzosoprano Patricia Wulf, la única que ha roto el anonimato para denunciar a Domingo, relata cómo cada noche el tenor le susurraba la misma pregunta. “Cada vez que me bajaba del escenario, me estaba esperando. Se acercaba tanto como podía, ponía su cara frente a la mía, bajaba la voz y me decía ‘Patricia, ¿te tienes que ir a casa esta noche?”. Al principio, ella respondía con una risa nerviosa, pero ante su insistencia, le empezó a contestar que sí, que se tenía que ir a casa, y se marchaba. Era 1998 y la carrera de Wulf estaba despegando en la Ópera de Washington, donde Domingo era director artístico. Tenía 40 años y había sido contratada para dos papeles como solista, uno en La flauta mágica y otro en Fedora. Pero la experiencia de trabajar con el tenor se convirtió en una pesadilla que no sabía manejar, cuenta Wulf, ahora con 61 años. “Tienes que entender que cuando un hombre tan poderoso -era casi como Dios en mi negocio- se acerca y dice eso, lo primero que pasa por tu mente es ‘¡¿Qué?!’. Pero tan pronto como te marchas, piensas ¿acabo de arruinar mi carrera?”. La persecución llegó a un punto en el que cuando se bajaba del escenario, se escurría detrás de una columna para evitarlo. Domingo también llamaba con frecuencia a la puerta de su camerino sin haber sido invitado y Wulf incluso temía salir si él estaba en el pasillo. “Abría una rendija para ver si estaba ahí. Si estaba, esperaba”.

Un colega de Wulf se ofreció a respaldarla si quería denunciar la situación. “No le despedirán a él, me despedirán a mí”, le contestó la mezzosoprano. Aunque no llegó a tocarla, Wulf asegura que no había dudas sobre las intenciones de Domingo. “Afectó a mi forma de tratar a los hombres durante el resto de mi carrera y de mi vida”, afirma. Wulf ha accedido a hablar públicamente porque cree que el silencio sobre “el secreto bien conocido” del comportamiento de Domingo ha durado demasiado. “Estoy dando un paso adelante porque espero que pueda ayudar a otras mujeres a denunciar o a que sean lo suficientemente fuertes como para decir no”.

Tras la publicación de las denuncias contra Plácido Domingo se impone una reflexión: jamás se puede saber qué ha pasado en la intimidad de una persona. Es imposible juzgar la vida privada desde el ámbito de la pública. Es en los tribunales donde se tiene que ver, sin hacer juicios públicos con sentencias ya falladas de antemano en las redes sociales…

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