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Las pugnas internas y las ambiciones del Morena en el Congreso de la Unión provocaron el enojo del jefe de la Nación, quien ha tenido que intervenir para que su partido respete la ley

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Antes de las elecciones del 1 de julio del año pasado era prácticamente un hecho que Andrés Manuel López Obrador obtendría la Presidencia de la República; sin embargo, eran bastante menos los que aseguraban que su influencia en las urnas determinaría también la conformación del Congreso de la Unión. Así, más por la imagen de Andrés Manuel que por méritos propios, los candidatos del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), junto con sus aliados de los partidos del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PES), arrasaron en todo el país e hicieron historia al obtener la mayoría en ambas Cámaras, y ambos Poderes tendrían la oportunidad única de poder trabajar prácticamente sin oposición en las reformas necesarias para impulsar los cambios de la prometida ‘Cuarta transformación’. En tiempo récord, las Cámaras alta y baja del Congreso, presididas por Martí Batres Guadarrama y Porfirio Muñoz Ledo, respectivamente, sacaron adelante y sin mayores complicaciones temas como el de la Guardia Nacional, modificaciones en materia de delitos graves –entre ellos los relativos a la corrupción- y la Ley Federal de Remuneraciones de Servidores Públicos, entre otros. Pero al cabo de un año, el ánimo reformista del Morena desapareció, pues a la hora de elegir a los nuevos presidentes de las Mesas Directivas sacaron a relucir prácticas parlamentarias que hicieron recordar las del viejo y marrullero PRI: Batres Guadarrama y Muñoz Ledo intentaron reelegirse en los cargos, incluso ‘amenazando’ con modificar la Ley Orgánica para evitar que, en el caso de la Cámara de Diputados, el PAN pudiera quedarse con la Mesa Directiva como marca la ley. Dicha situación, de utilizar la mayoría que les dio la gente para cambiar leyes a su favor, no sólo ocurre con el Morena en el Congreso de la Unión, pues recientemente los legisladores de Baja California aprobaron la llamada ‘ley Bonilla’, que amplió el mandato del gobernador electo Jaime Bonilla a cinco años, más allá de los dos por los que fue votado este año, y los de Quintana Roo vandalizaron el cambio de Legislatura, se apropiaron por la fuerza de la Presidencia, violentaron el mandato constitucional de transformar la Gran Comisión en Junta de Coordinación Política, boicotearon la entrega del informe anual de labores del gobernador Carlos Joaquín, y sentaron un precedente más de oportunismo y de fracaso en contra de las propuestas de renovación y de sometimiento al orden legal del ejercicio político y del quehacer representativo, por las que ha dicho luchar y por las que es hoy el jefe del Ejecutivo Federal, Andrés Manuel López Obrador, quien ha dicho, por su parte, que “se vayan al carajo los ambiciosos”, y que incluso renunciaría al Morena si “lo echan a perder”.

Javier Ramírez

La polémica comenzó a mediados de agosto pasado, cuando Martí Batres, entonces presidente de la Mesa Directiva del Senado, se enfrentó a Ricardo Monreal, líder de la bancada del Morena, quien se había pronunciado por la renovación de la misma y apuntaló a Mónica Fernández como la candidata del partido.

Luego, a principios de septiembre, Porfirio Muñoz Ledo anunció que se reelegiría como presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, pese a que, por ley, la misma le correspondería a la segunda fuerza política, es decir, al PAN. El Morena entonces intentaría modificar la ley interna para que pudiera encabezar la mesa otro periodo.

El enojo del presidente Andrés Manuel López Obrador no se hizo esperar durante una reunión con senadores y diputados del Morena, a quienes exhortó a mantener los principios e ideales del partido que él fundó.

División en el Senado

La disputa por el poder en la Cámara alta amenazaba con crear un rompimiento dentro del Movimiento de Regeneración Nacional, cuya fracción está encabezada por Ricardo Monreal, quien apostaba porque la Mesa Directiva fuera renovada y que Mónica Fernández Balboa fuera la sucesora.

Sin embargo, Martí Batres, quien ocupaba el cargo, pretendía reelegirse y acusó a Monreal de ensuciar el proceso al permitir que senadores del Partido Encuentro Social (PES) votarán en el proceso interno del Morena y dejaran fuera a los del Partido del Trabajo (PT), quienes también son sus aliados. Indicó que si Monreal renunciaba a la Coordinación él dejaría de pelear por quedarse en la Presidencia del Senado.

En varias ocasiones, Batres denunció en redes sociales que Monreal buscaba sacarlo de la Mesa Directiva, por lo que le pidió que dejara la coordinación de la bancada. Pero los morenistas cerraron filas con Monreal y lo ratificaron en el cargo. Reprocharon a Batres que no asistiera a las reuniones ni debatiera con ellos, y que prefiriera ventilar sus diferencias con Monreal en los medios de comunicación.

De esta manera, 25 de los 29 senadores que votaron originalmente porque Martí Batres permaneciera en la Mesa Directiva decidieron apoyar a Ricardo Monreal para mantener la unidad del grupo parlamentario.

El enojo del presidente

Las discusiones internas del Morena molestaron al jefe del Ejecutivo federal, quien en una reunión que sostuvo con senadores y diputados del partido los exhortó a evitar que éste caiga en una crisis. “Entre todos hay que ayudar para que se mantengan principios, ideales; que se vayan al carajo los ambiciosos”, señaló.

“Los otros partidos están en crisis, cuidemos que (el Morena) no caiga en crisis”, expresó, al tiempo que aclaró que no se metería en la vida interna del partido.

Sin embargo, aseveró que si el Morena se volviera corrupto y antidemocrático presentaría su renuncia y pediría que le cambiaran el nombre.

Finalmente, el 31 de agosto pasado, la senadora morenista Mónica Fernández Balboa fue electa presidenta de la Mesa Directiva del Senado, con 110 votos a favor y uno en contra.

Batres no esperó a escuchar la rendición de protesta de Fernández, pues sólo emitió su voto y abandonó el recinto.

Recula Muñoz Ledo

Al mismo tiempo que se desarrollaba el drama en la Cámara de Senadores, en la de Diputados se gestaba otro. A 24 horas de que se llevara a cabo la elección del nuevo presidente de la Mesa Directiva, Porfirio Muñoz Ledo adelantaba que su reelección era segura para el segundo año de la LXIV Legislatura, debido a que el PAN, que es la segunda fuerza política en la Cámara baja, no contaba con la representatividad suficiente para que la Presidencia recayera en él.

En ese sentido, el PAN necesitaba del apoyo del Morena para lograr la mayoría calificada para que su primera propuesta, conformada por Xavier Azuara y Laura Rojas, se quedara con la Presidencia.

Sin embargo, Dolores Padierna propuso analizar una reforma de ley que permitiría al Morena quedarse con la Mesa Directiva los tres años que dura la Legislatura.

El líder de los diputados morenista, Mario Delgado Carillo, reconoció que la bancada estaba dividida en torno al tema y adelantó que se presentaría una iniciativa para modificar la Ley Orgánica del Congreso a fin de que su partido tuviese derecho a un año y medio de presidencia de la Mesa Directiva, con lo que permanecería en la misma seis meses más. Luego de ese periodo, el PAN la tendría seis meses, el PRI otros seis, y se daría oportunidad a que la cuarta fuerza tuviera los últimos seis meses de la Legislatura.

El 4 de septiembre, cuando comenzó la Primera Sesión Ordinaria del segundo año legislativo, Porfirio Muñoz Ledo finalmente no aguantó la presión y anunció su renuncia al cargo.

“En virtud de que existe una laguna de la ley que no va a ser subsanada, hoy se crea el peligro de una crisis constitucional. La solución política es propiciar los entendimientos para llegar a un acuerdo que permita transitar institucionalmente. Promoveré y acompañaré los diálogos que conduzcan a este fin. No seré obstáculo para los entendimientos y garantizaré la legalidad del proceso a fin de evitar esa delicada crisis que se nos avecina”, aseguró, y los abucheos que entonces habían proferido contra él los legisladores panistas, priistas y perredistas, se convirtieron en halagos, pero aún faltaba por analizarse si la iniciativa del Morena seguiría en marcha.

La mesa, para el PAN

Luego de varias horas de análisis, los diputados del Morena desistieron en su intención por quedarse con la Mesa Directiva, pero impusieron condiciones al PAN para dejársela.

Delgado Carrillo advirtió que “la Presidencia se aprueba por dos terceras partes y vamos a ejercer nuestro poder de voto. No va a pasar cualquier personaje, cualquier perfil. Nadie que haya ofendido a Porfirio o nadie que haya ofendido al presidente de la República”.

De esta forma dejaba entrever que no permitirían que Xavier Azuara, fuerte crítico de la administración federal, siguiera en la propuesta del PAN, aunque sí dieron un voto de confianza a Laura Rojas. En un primer voto, la mayoría del Morena rechazó a la panista como presidenta y se dictó un receso que duró varias horas y que provocó que Muñoz Ledo, en su calidad todavía de presidente, soltara un “chinguen a su madre, qué manera de legislar”.

En un último intento, el PAN presentó nuevamente a Laura Rojas como su candidata, pero ahora con Marco Adame en la Vicepresidencia. Finalmente, cinco horas antes de que se venciera el plazo que da la Ley Orgánica del Congreso de la Unión, la propuesta del PAN fue aceptada con 349 votos a favor, 42 en contra y 37 abstenciones, y Laura Rojas se convirtió en la nueva presidenta de la Mesa Directiva.

Jalón de orejas presidencial

Horas antes, el conflicto de la Cámara baja había llegado hasta el presidente Andrés Manuel, quien en conferencia de prensa calificó como una vergüenza que los diputados federales del Morena intentaran modificar la ley para mantener a Muñoz Ledo en la Presidencia.

“Si nosotros, que estamos planteando una transformación, permitimos eso, o un partido porque tiene mayoría puede aprovechar para modificar una ley en beneficio personal, en beneficio de grupo, en beneficio de una facción, pues eso es retroceso. Yo celebro que esto se haya resuelto bien. Yo no podía meterme, pero era una vergüenza. Entonces, yo celebro -aunque corresponda a otro Poder- el que se haya resuelto respetar la ley en el caso del Poder Legislativo; es decir, que no se haya modificado la Ley Orgánica en el Poder Legislativo, porque eso no debe de permitirse”, aseveró.

Finalmente, las declaraciones del presidente y las presiones de los partidos de oposición habrían causado que los líderes legislativos del Morena recularan en su intento por mantenerse el control parlamentario.

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