Los abuelos franquistas del ‘Procés’ y sus herederos, entre ellos el cantante...

Los abuelos franquistas del ‘Procés’ y sus herederos, entre ellos el cantante Lluis Llach, cambian el águila imperial por la estelada

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El 1 de octubre de 2017 convocaron un referéndum para separarse de España, haciendo caso omiso a la decisión del Tribunal Constitucional que lo consideró ilegal. Con urnas y boletas sin homologar, sin organismos internacionales que avalaran la consulta, con el rechazo de todos los países de la Unión Europea que no reconocieron los resultados incontrolados de los nacionalpopulistas, éstos lograron el ‘milagro’ catalanista de convertir una ilegalidad en su ‘legalidad’, al estilo del conflicto de la antigua Yugoeslavia. Una auténtica chapuza nacional, merecedora de un guión de un film de los directores Luis Buñuel o Luis García Berlanga. La derecha catalanista ha pasado de aquel ‘Discreto encanto de la burguesía’ a protagonizar una ‘Una unilateral revolución contra las democracias”. Cataluña no es un problema de independencia sino de convivencia. Las ‘víctimas’ de la Europa de los Estados se han olvidado de un tema que considero clave: la mitad de los ciudadanos de Cataluña no quieren separarse de España, al igual que la mayoría de los españoles consideran que Barcelona es parte de su país. El pensador alemán Ulrich Beck ya adelantó a finales de los ochenta que vivíamos en una sociedad “de riesgo”, por el creciente individualismo y la ruptura de estructuras como la familia y el trabajo sobre las que se articula la modernidad. Hoy, tres décadas después, la analista política turca Ece Temelkuran (Esmirna, 1973) examina ese riesgo en ‘Cómo perder un país. Los siete pasos de la democracia a la dictadura’ (Anagrama), tomando como punto de partida el auge del populismo de derechas que hace tambalear las democracias occidentales. “Estamos ante una crisis filosófica. Es la primera vez en la historia en que empezamos a discutir si realmente merecemos existir o si quizá las máquinas deberían tomar el relevo y nosotros debemos darnos por vencidos. El populismo de derechas es solo un aviso de un problema mayor, porque es cínico, desvergonzado y cruel”, advertía en un hotel de la Gran Vía madrileña, este 1 de octubre.

Por cierto, un 1-O de 1936, Francisco Franco se convirtió en jefe del Estado de España, tan solo tres meses después de que estallara una guerra civil que duraría casi tres años, creándose una gran controversia, porque el Gobierno de la Segunda República que encabezaba Manuel Azaña desde mayo de aquel año seguía desempeñando sus funciones ejecutivas. Si la Guerra Civil no terminó hasta el 1 de abril de 1939, ¿se puede considerar que Franco llegó a la jefatura del Estado dos años y medio antes? Dicen que, con los irlandeses, los españoles forman una raza oculta y prehistórica, fusión de Norte y Sur, mestizada de los “bárbaros” celtas y los “dulces” iberos; mezcla de árabes, judíos, godos y hasta indios importados; adobada con Contrarreforma, Inquisición, Contrarrevolución y planes económicos… Dicen que estos bárbaros sujetos, candorosos y brutales a un tiempo, inteligentes, vagos a medias, socarrones, cínicos, generosos, muertos de envidia, se extinguen con el devenir de los tiempos, la desaparición de las novenas, el espíritu posconciliar y el Mercado Común Europeo. Pero Luis Carandell, periodista y escritor español (Barcelona, 24 de febrero de 1929-Madrid, 29 de agosto de 2002) los trajo al circo de las letras, sin más afán crítico que el que es inherente al tema. Sin mala intención, ni buena, que no sea la de amenizar la velada con su show particular; sin trampa ni cartón, con alguna ingenuidad y una punta de amor a sus semejantes. Aquí está el gran circo de Celtiberia: las mujeres barbudas, los enanos, los trapecistas, el payaso de turno, el clown de calidad, los leones, los tigres, los macacos, los paquidermos, los magos de ocasión y hasta los acomodadores. Aquí está la Celtiberia entera, enamorada de sí misma y al tiempo dispuesta a suicidarse cualquier día que la dejen. La Celtiberia negra a ratos, quien sabe si verde, colorada de vergüenza, pequeña, presuntuosa, pero entrañable… La Celtiberia suya y nuestra, lector. La Celtiberia de todos los días. Amén.

El nacionalpopulismo proclama que se encuentra más allá de las ideologías, de las instituciones y de la política en general; un discurso falaz. Pero ¿por qué funciona? Desde los años setenta, las democracias occidentales se han alejado de una de sus partes esenciales: la justicia social. Por eso, ahora son solo un teatro de la democracia, con los miembros del Parlamento batallando entre sí y ya está. El resultado es que la gente no se siente representada. Así que al mismo tiempo que buscamos un modelo de representación distinto, el populismo proclama que el sistema está acabado y propone que nos olvidemos de la democracia. ¿Qué se puede hacer para combatirlo? No hay tiempo que perder con posturas arrogantes —lo digo por los europeos—, tenemos que unirnos y luchar contra este fenómeno global. Hay que entender que hay un mecanismo de ‘patriotismo’ que opera del mismo modo en diferentes países. No hay que desperdiciar más energía en tratar de entender la confusión viralizada y manufacturada por los líderes populistas. La polarización entre el nosotros y el ellos es clave. En su ascenso al poder y cuando ya lo ocupan, también se produce la reinvención de la idea de realidad e irrealidad. Tenemos que ir con cautela y ser conscientes de cómo funciona la lógica humana para no quedar atrapados en ese bucle. El “respeto” es una de las palabras más recurrentes de los líderes populistas. Cuando Trump reclama respeto, en realidad lo que pide es silencio. ¿Por qué tanta gente conecta con ese sentimiento de falta de respeto?

Santiago J. Santamaría Gurtubay

Creer y defender, por ejemplo, que la Tierra es plana se ha convertido en una identidad política. Quienes defienden esto también reclaman respeto y están siendo movilizados por los populistas. Pero cuando se plantea ese argumento de “ellos no nos respetan”, y ellos son científicos, académicos o periodistas, se está dirigiendo a la gente contra un blanco equivocado y es muy peligroso. Con esto no solo tratan de alcanzar el poder, sino que también destruyen la ciencia, el arte y el conocimiento con noticias falsas y miedo. El neofascismo, llamemos así al populismo de derechas, construye su capital político sobre la victimización, casi siempre fabricada. El enemigo se redefine constantemente. Muchos piensan en el auge del neopopulismo como una crisis política pasajera, pero es preferible entenderlo como un problema filosófico. No es solo una crisis de la democracia, del neoliberalismo o del modelo de la revolución industrial. Estas mutaciones están pasando simultáneamente y vamos hacia una falta de entendimiento del propio ser humano sobre sí mismo. Todo lo que se ha considerado diabólico y que se pensaba que se podría superar a medida que hubiera más progreso está regresando. Se ha producido una democratización en el acceso a la información, en las posibilidades que el público tiene de expresar su opinión, sobre todo a través de las redes sociales. ¿Está esto, paradójicamente, poniendo en riesgo las democracias?

Las redes sociales fueron un invento que al principio consideramos divertido. Pero ahora están reformulando conceptos fundamentales para la democracia como la realidad, la verdad, las conversaciones o la representación. ¿En qué consiste hoy la democracia? Lo cierto es que vamos a votar y, antes de hacerlo, nos hemos formado una idea de lo que queremos a partir de la información recibida. Pensamos que, si estos votos se cuentan legalmente, estaremos representados. Pero incluso si los sufragios se computan correctamente, no sabemos cómo funciona el proceso previo, cómo pueden ser manipuladas esas preferencias. Aún estamos en un periodo en el que no hay poder político en el mundo que pueda regular, y no prohibir o capar, las redes sociales. Ece Temelkuran identifica los pasos que llevan al deterioro de la democracia o, incluso, a la autocracia. ¿Cómo ve a España?, le preguntaban estos días en Madrid… “No perdamos más tiempo en tratar de entender la confusión viralizada de los líderes populistas. No está pasando nada tan dramático como en el Reino Unido o en Estados Unidos, pero avanzan por otro camino: la izquierda está siendo disfuncional, provocando un vacío de poder”. En su libro no aborda el populismo de izquierdas. ¿Por qué? “Me han preguntado por esto en el Reino Unido, en Francia, en Holanda, en Estados Unidos…, pero me parece que esa cuestión solo distrae, quita el foco de atención del populismo de derechas. Aunque es cierto que este ha adoptado hoy ciertos fragmentos del relato de la izquierda como, por ejemplo, el discurso sobre las personas oprimidas, cuando se ve quién lo dice, a quién y para conseguir qué, es muy sencillo separar al populista del popular”.

En el ‘Procés’ catalán hay apellidos ilustres que ya están en el libro de oro del independentismo, todas esas sagas apoyaron al ‘Caudillo’

Que la familia no se elige, y menos los ancestros, es una realidad. Que la genealogía es a veces retorcida, también. Como las vueltas que da la vida. En el ‘Procés’ catalán hay apellidos ilustres que ya están en el libro de oro del independentismo: los de Carles Puigdemont, Marta Rovira, Pere Aragonés o Lluis Llach. Todas estas sagas tienen otra cosa en común: trabajaron de algún modo para Franco en Cataluña… Está el abuelo de la política de ERC fugada Marta Rovira, que fue alcalde franquista. Igual que el del conseller Pere Aragonés. También el abuelo de Carles Puigdemont, que del mismo modo que casi un siglo más tarde lo hiciese su nieto, huyó. Desertó del bando republicano, se largó a Cádiz y se acabó refugiando en una iglesia próxima a Ubrique. También el curioso caso de Lluis Llach, que nombra a su abuelo republicano en su canción más popular e himno del independentismo (L’estaca) pero no se refiere en ninguna a su otro abuelo, a su padre y a su tatarabuelo, franquistas o carlistas todos ellos. El ‘Procés’ está lleno de linajes que contribuyeron a la construcción de aquella España un(id)a, grande y libre que propugnaba el dictador. No sólo desde la pudiente burguesía catalana; desde todas las esferas de la sociedad. En la ocupación franquista de la que habla el separatismo, hubo muchos catalanes involucrados. Si hay algo que caracteriza a los Puigdemont es su habilidad para huir de las situaciones más comprometidas. Por ejemplo, de entrar en prisión, como hizo el president cuando se fugó a Bélgica. Pero Carles no fue el primero de su saga en ejecutar esta suerte. El pionero fue su abuelo Francisco, que desertó cuando el bando republicano lo llamó a filas y se pasó al bando nacional.

Francesc Puigdemont i Sala nació en Amer (Girona) en 1902. Fundó y regentó la pastelería que luego pasaría a ser el negocio familiar en el que también trabajó Carles. Los Puigdemont prosperaron comercialmente hasta que llegó la Guerra Civil Española. En 1938, el pueblo de Amer era terreno de los republicanos, que ya le habían pegado fuego a varias iglesias históricas de las zonas. Los Puigdemont temían por su futuro como familia con propiedades y comercios. Francesc tenía edad de ser llamado a filas por la República, como acabó sucediendo. En lugar de presentarse, urdió una trama para engañar al ejército que le reclamaba y se largó del país. Se marchó a Francia pero fue detenido por las autoridades galas, igual que le pasó a su nieto Carles en Alemania. Pero también se libró. Le propusieron volver a Cataluña o a la zona nacional, y él optó por la segunda opción. Volvió a atravesar la frontera por el País Vasco Francés y se estableció en Irún. Una deserción en toda regla. De ahí se marchó a Pamplona y de ahí, a Cádiz. Concretamente al pueblo de Benaocaz, cerca de Ubrique. Llegó allí en noviembre de 1938 porque uno de sus familiares estaba al frente de una parroquia. Aquella iglesia fue su primer refugio en Andalucía. De ahí pasó a Burgos, donde acabó trabajando en una prisión en la que su misione era llevar la comida a las celdas de los republicanos presos. Los mismos con los que tendría que estar peleando codo con codo.

L’estaca destaca al ‘Avi Siset’ pero se olvida de su tatarabuelo, su bisabuelo, su otro abuelo y su padre que fueron carlistas o requetés

El proceso soberanista de Cataluña de 2012-2019, conocido coloquialmente como el ‘Procés’, es un conjunto de hechos sociales y políticos que se han desarrollado desde el año 2012 hasta finales de 2019 en la comunidad autónoma de Cataluña con el objetivo de lograr la autodeterminación y la independencia de Cataluña de España. El 9 de noviembre de 2014 se celebró el proceso participativo sobre el futuro político de Cataluña convocado por el presidente de la Generalitat Artur Mas, permitido por el Gobierno español. El 27 de septiembre de 2015 se celebraron elecciones ‘plebiscitarias’ en las que ganó la coalición independentista Junts pel Sí. El 1 de octubre de 2017 se celebró el referéndum de independencia convocado por el presidente de la Generalitat Carles Puigdemont, declarado ilegal por el Tribunal Constitucional. El 27 de octubre de 2017 se aprobó en el Parlamento de Cataluña la declaración unilateral de independencia y el Gobierno de España intervino la autonomía de Cataluña mediante la aplicación del artículo 155 de la Constitución española. Se celebraron elecciones autonómicas y la intervención terminó en junio de 2018 con el nombramiento de Quim Torra como presidente de la Generalitat. El 12 de febrero de 2019 comenzó el denominado ‘Juicio del Procés’, cuya sentencia está a caer este mes de octubre.

Si hay un cantante emblemático en el Procés es Lluis Llach. No solamente por su participación directa y su militancia activa en organizaciones independentistas. También por ser el autor de L’estaca. Es una de las canciones más coreadas en las manifestaciones separatistas. En ella, Lluis Llach habla del ‘Avi Siset’, que era Narcís Siset Llanssa, uno de sus abuelos, que era barbero pero acabó siendo concejal por ERC durante la Segunda República y fusilado cuando acabó la Guerra Civil. No nombra Llach en ninguna canción, sin embargo, a la otra rama de su linaje. Lluis Llach hace prácticamente un pleno: su tatarabuelo, su bisabuelo, su otro abuelo y su padre fueron carlistas, requetés o directamente franquistas. Y no desde una posición pasiva. Trabajaron activamente por una Cataluña conservadora, tradicionalista, franquista… y española.

Dolça Catalunya indagó en toda la saga. El primero fue Joaquim Llach i Coll, su tatarabuelo, jefe de los carlistas de Girona y dirigente de la Junta Tradicionalista de Girona. A su hijo, bisabuelo del cantautor, le hicieron un homenaje en 1926 jurando una bandera española con la máxima ‘Dios, Patria y Rey. El abuelo materno de Lluis Llach se apellidaba Grande, era extremeño y policía secreta. Lo mataron al principio de la guerra. Su esposa, abuela del cantante, también era franquista. Tuvieron una hija que se casó con Josep Maria Llach y Llach, militante del Requeté Catalán, miembro de las juventudes carlistas. Fue a la guerra como voluntario al bando nacional. Luego, con Franco en el poder, fue alcalde franquista de Verges (1950-1963) y presidente local del Movimiento Nacional. Ellos son los padres del independentista Lluis Llach, que en su juventud también tuvo su ramalazo fascista y fue vicepresidente de los Cruzados de Cristo Rey de Figueres.

Lluís Llach (Girona, 1948) se crió en Verges, un pueblecito del Ampurdán, donde su padre era médico y su madre maestra. Pronto empezó sus clases de solfeo y a los 19 ya era un cantante famoso. Rey de la ‘nova cançó’, su actuación en el Olympia de París lo consagró dentro y fuera de España con una carrera impoluta que le duró 40 años, hasta su retirada voluntaria en 2007. Éxitos como ‘L’estaca’ hicieron cantar a toda la España antifranquista en catalán tanto como descubrir a Kavafis con su ‘Viatge a Itaca’, que vendió en su día 150.000 copias, o al poeta Martí i Pol, el preferido del ex fubolista del ‘Barça’ (Barcelona) y entrenador Pep Guardiola, a quien Llach dedicó varias de sus más de 300 canciones. Años después se metió a hacer vino en el pueblo donde reside, Porrera, con un éxito considerable en sus gamas más altas. Ahora disfruta de su etapa literaria y militante antiespañolista.

Marta Rovira tiene dos antepasados directos relacionados con el régimen franquista. El más inmediato es su abuelo Francesc Vergès, ‘Quico’, que fue alcalde de Sant Pere de Torelló (Barcelona) entre los años 1956 y 1965. Desde Somatemps aseguran que se escondió durante la guerra para no pelear en el bando republicano y que durante la Transición estuvo afiliado a Fuerza Nueva. Ese último extremo sobre el partido de extrema derecha lo niegan desde la familia Rovira, donde aseguran que Quico no tenía ideología y que fue elegido como alcalde por su capacidad para hacer cosas por el pueblo. También niegan en el seno de los Rovira que Ramon, el hermano de Quico, fuese preso de los maquis en Francia durante la II Guerra Mundial, tal y como se explica en un libro sobre la guerra en los Pirineos. Desde la familia de la política fugada cuentan que fue al revés, que estuvo luchando codo con codo con la resistencia antinazi. LPero aún hay más: cuando los franquistas entraron en Prats de Lluçanès en febrero de 1939, pusieron como al frente de la gestión a un hombre llamado Jaume Rivera i Camps. Se convirtió en el primer alcalde franquista del pueblo. Años más tarde, en el bisabuelo de Marta Rovira.

La difícil tarea de la defensa de Javier Melero, ha consistido en convencer al Supremo que los acusados son “unos inocentes mentirosos”

Lo explicaba Carles Enric López: Josep Aragonés i Montsant, el abuelo de Pere Aragonés (ERC), fue alcalde franquista de su localidad natal, Pinedad de Mar, desde 1963: “En el acta del Consejo Local de la FET y de las Jons se manifiesta que ‘para el tercio de representación por cabezas de familia han sido proclamados candidatos y también concejales, por la aplicación del artículo 55, dos camaradas previamente propuestos por algunos concejales sin recurrir a las engorrosas elecciones que son causas de discordias y odios en otros pueblos’. Todo se hizo para evitar el odio dentro del pueblo. Josep Aragonés i Montsant fue un empresario hotelero de la Costa Brava que años más tarde se vio envuelto en un escándalo, relacionado con un hotel que promovía su familia y que se derrumbó durante la construcción, resultando muertas 18 personas en el accidente. El Supremo condenó al arquitecto, al aparejador y al capataz.

El abuelo del conseller de Economía de la Generalitat y hombre fuerte de Torra falleció el año de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Antes fue una de las figuras importantes en la fundación del Partido Popular en Cataluña. La familia Aragonés hizo su fortuna durante la etapa franquista. El otro día, el nieto Pere afirmaba que “ERC es la única que puede detener al fascismo”. Las vueltas que da la vida. Ese es sólo el somero resumen relativo a los nombres más importantes del ‘Procés’. Pero hay más casos. Como el abuelo del político fugado Toni Comín. Se llamaba Jesús fue abogado carlista y su papel fue especialmente relevante para que el bando nacional ganase la guerra en Zaragoza, según le reconoció posteriormente el General Monasterio. El relato de que Cataluña resistió al franquismo hasta el final, que los fascistas fueron solamente las fuerzas de ocupación y que sus herederos son ahora los que pretenden separarse de España, es tan vacuo como errado. Sus herederos, los que de verdad sacaron rédito de aquel franquismo, han cambiado el águila por la estelada y se han apuntado a otro golpe de estado.

‘Los crédulos son los culpables’. “La difícil tarea de la defensa, dignamente ejercida por Javier Melero, ha consistido en convencer al Supremo de que todo era una promesa sin fundamento y de que los acusados no son más que unos inocentes mentirosos”, escribe el columnista catalán Lluís Bassets. “El argumento de la gran mentira es serio, sólido. No hubo rebelión violenta. Ni siquiera es posible, al decir de los penalistas, que la rebelión pudiera existir en grado de rebeldía o de tentativa, como los profanos nos atrevemos a insinuar piadosamente al meditar sobre un delito que no ha llegado a consumarse. Cabe incluso que sea difícil encajar la sedición, en cuanto versa únicamente sobre la alteración del orden público y no sobre la destrucción del orden constitucional. Y creo que son muchos, no todos, los que se quedarían aliviados con una lectura restrictiva del Código Penal, que dejara toda la sustancia auténticamente justiciable en las inocultables desobediencias y malversaciones”.

“Fue un golpe de estado posmoderno, narrativo, ficticio. Fue una gran mentira. Fake news en estado puro. Nada…”, escribe Lluis Bassets

El desmontaje de la penalidad más severa que pudiera acarrear el proceso al ‘Procés’ se centra en la gran mentira. No hubo secesión, no hay independencia ni república, nada se produjo que pudiera identificarse como una insurrección o un golpe de Estado. Lo pudo haber solo en sentido metafórico, aproximativo. Eso, un golpe de Estado posmoderno, narrativo, ficticio. Fue una gran mentira. ‘Fake news’ en estado puro. No hubo nada. Superado el análisis de los penalistas, bien interesante para los acusados, quizás la gran mentira requiera algo más de parsimonia. La primera sorpresa es que, para que haya mentira, se necesita al menos un mentiroso, y ciertamente el mentiroso tiene enormes dificultades para identificarse como tal. Lo identifica uno de los abogados defensores, Javier Melero, el más eficaz y el más técnico, el menos político por tanto y el más ajeno a cualquier defensa de ruptura. Si no le escuchamos a él, sino a los acusados y a buen número de los otros abogados, no parece que la intención fuera la declaración de una independencia teatral, escenográfica. Lo mismo sucede si atendemos a quienes se manifiestan y hacen declaraciones en su favor desde las instituciones y desde Waterloo, donde se ‘exilió’ Carles Puigdemont y alquiló una mansión utilizada por el ex presidente de la Comunidad Autónoma de Catalunya y máximo mandatario del Estado Español en Barcelona y otras provincias. El ‘Procés’ pudo salir mal o no llegar a su objetivo, pero la secesión debía ser realidad, y respondía a un derecho humano fundamental, obligatorio incluso, según la visión apasionada y ciega de Quim Torra. Si la república no llegó a ser fue por falta de fuerzas propias y exceso de fuerzas ajenas. Incluso para evitar el derramamiento de sangre, según una versión muy inicial de Puigdemont después escasamente transitada.

¿O acaso hubo una gran conjuración de mentirosos para fingir una revuelta que desembocara finalmente en una negociación, tal como algunos han pretendido vendernos? La verdad de la mentira, en cualquier caso, es que los dirigentes engañaron a los suyos y todavía pretenden mantenerles engañados, se engañaron entre ellos —especialmente entre los departamentos de Oriol Junqueras y Carles Puigdemont—, se engañaron a sí mismos, y siguen engañando a todos con el sonsonete de que lo volverían a hacer, y lo que es más importante, engañaron al mundo entero, incluidos sus adversarios, desde la prensa y los gobiernos internacionales hasta la opinión pública catalana y española. Dijeron que iban a hacer, sin duda alguna, lo que luego no hicieron. Más que una gran mentira, fue un enorme farol, según palabras certeras y lúcidas de la exconsejera Clara Ponsatí. “En el juego, jugada o envite falso hecho para deslumbrar o desorientar”, según la RAE (Real Academia de la Lengua Española), a falta de entrada del Institut d’Estudis Catalans (IEC), que debe tener clasificada la palabra como un castellanismo rechazable.

“El jugador que iba de farol se mantuvo hasta la noche del 27 de octubre con las cartas pegadas al pecho. El palacio desierto, el boletín de la Generalitat mudo, la bandera española izada en la plaza de Sant Jaume, la huida precipitada de fin de semana fueron las primeras señales del farol, oculto primero tras la sombra siniestra de la autonomía suspendida, luego de las detenciones y de los exilios y, finalmente, de la gravedad de las acusaciones. Como en los cuentos infantiles, eso era y no era. ¿Hubo república en algún momento? ¿Se construyó algo? ¿Sirve para algo una jornada tan agitada y vacía? ¿La DUI era exactamente esto que habíamos vivido? Nadie quiso aclararlo, hasta que llegó la vista en el Supremo y, sobre todo ahora, cuando ha sonado la hora de la autocrítica, de la autoflagelación como la denominan los más irónicos, y ha aparecido la impecable argumentación exculpadora de Melero en auxilio de los mentirosos y faroleros…”.

Se debe a Charles Pasqua, un colorista ministro del Interior francés ya fallecido, nacido en Córcega pero que bien hubiera merecido nacer en nuestras islas o en la Costa Brava, una de las mejores sentencias sobre la retorcida relación entre la verdad y la política: “Las promesas políticas solo comprometen a quienes se las creen”. Léase directamente mentira donde dice promesa y se verá que Ponsatí no habla en balde. Su especialidad es la teoría de juegos. Solo sabemos que el jugador iba de farol cuando pierde y caen las cartas: doble pareja. El farol ganador no necesita ni siquiera mostrar las cartas porque los otros jugadores creen que lleva un póquer de ases, aunque lleve una doble pareja. La gran mentira es el reconocimiento de la osadía del farol. Llegaron tan lejos como pudieron con la esperanza de conseguir con su arrogancia que se arrugara el adversario. No habían calculado bien las fuerzas, ni las suyas ni las ajenas. No sabían que en este envite, al final, siempre hay que enseñar las cartas. La difícil tarea de la defensa, tan dignamente ejercida por Melero, ha consistido en convencer al último crédulo, el Supremo, de que todo era una promesa sin fundamento y de que los acusados no son más que unos inocentes mentirosos.

Los políticos lanzan palabras llenas de mesura destinadas al cerebro y otras cargadas de odio y fanatismo que van a parar a los intestinos

El mayor castigo que sufre la humanidad es el de la confusión de lenguas que se produjo al pie de la torre de Babel. Desde entonces estamos condenados a no entendernos por el hecho de poder dar a una misma palabra un significado distinto. Por ejemplo, que conquistador para unos sea sinónimo de héroe y para otros de genocida, que el soldado y el terrorista coincidan en la misma persona, que unos llamen víctima a lo que otros llaman verdugo, que un patriota pueda ser a la vez un idealista, un romántico y un fascista. Estar dispuestos a matarse para imponer el significado de la palabra libertad, Constitución, democracia, pueblo, nación, independencia, España, Cataluña, interpretadas por cada bando a su conveniencia, en esto consiste el castigo de Babel, la trágica ceguera de la historia. Si las unidades de medida, un litro, un metro, un kilo, una yarda, una libra, un galón, cada uno las entendiera y aplicara a su antojo de forma distinta, sin duda la catástrofe económica y social sería inenarrable.

Por fortuna, en esto no hay discusión, cosa que no sucede con las palabras confusas, ambivalentes que lanzan los políticos, algunas llenas de mesura destinadas al cerebro y otras cargadas de odio y fanatismo que van a parar a los intestinos. Por desgracia, entre España y Cataluña ya solo rige la tercera ley de Newton: por cada acción se produce una reacción igual y opuesta, en este caso impulsada por las palabras intestinales que lanzan por la boca los radicales de ambos bandos, y, en ellas, la palabra guerra se emite ya sin pudor para sustituir a las formas enmascaradas de sacrificio, conflicto o confrontación eslovena. Según la copla lorquiana, primero jaleo, después alboroto y finalmente vamos al tiroteo, o sea, vamos alegremente con la forma estúpida de búfalos ciegos a la guerra civil como si se tratara de un evento deportivo.

Los interrogantes de una sentencia que hará historia, ¿los cabecillas instrumentalizaron la violencia para alcanzar la independencia?

La sentencia sobre el proceso separatista catalán se hará pública antes del 16 de octubre, y la previsión generalizada es que habrá condenas. Al menos nueve, porque nueve de los 12 acusados siguen en prisión preventiva, lo que apunta a que van a ser penados. Si, tras el juicio, los siete magistrados que juzgan el caso en el Tribunal Supremo hubiesen vislumbrado alguna absolución, el beneficiario ya estaría en la calle, interpretan fuentes del Supremo. Cada vez que las defensas han pedido al tribunal que dejase libre a sus clientes mientras redactaba la sentencia (el juicio acabó el 13 de junio), la respuesta ha sido negativa. Estas son algunas claves del caso…

El nudo gordiano: la violencia. El debate jurídico sobre el futuro de los líderes secesionistas se halla en pleno fragor. Que, por ejemplo, Oriol Junqueras, Josep Rull, Josep Turull o Raül Romeva (cuatro de los nueve encarcelados) sean condenados por rebelión (castigada con entre 15 y 25 años) o sedición (entre 10 y 15) dependerá de cómo el tribunal desmadeje el siguiente nudo gordiano: si los tumultos violentos que deparó el ‘El procés’ fueron el instrumento del que se sirvieron los dirigentes separatistas para alcanzar su objetivo (es decir, si los instigaron). O si, por el contrario, se trató de concentraciones espontáneas difícilmente manejables. Lo que sí quieren los jueces es que el fallo sea por unanimidad. La fiscalía pide penas de entre 16 y 25 años para los principales implicados por rebelión. La Abogacía del Estado les acusa de sedición. También hay delitos de malversación y desobediencia.

Dos jornadas negras. La diferencia entre rebelión y sedición es que la primera persigue modificar las estructuras del Estado (lograr la independencia de un territorio, vulnerar la Constitución mediante violencia en la calle) mientras que la segunda consiste en promover actos tumultuarios para impedir la aplicación de las leyes. Los jueces tienen claro que al menos hubo dos jornadas plagadas de violencia durante el ‘Procés’, según fuentes del tribunal. Una, la del cerco que montaron 40,000 personas y que impidió la salida de la comitiva judicial que registraba la consejería que dirigía Junqueras el 20 de septiembre de 2017; y dos, la resistencia que hallaron el 1-O los antidisturbios frente a los colegios electorales cuando, por orden judicial, pretendían retirar las urnas.

Malversación. Ya sea rebelión o sedición, varios de los principales acusados —los que formaban parte del Govern— se enfrentan a otro delito: malversación de fondos, por presuntamente destinar dinero público al referéndum ilegal. Un delito que, según fuentes jurídicas, quedó acreditado en el juicio y que puede acarrearles entre dos y cuatro años más de cárcel.

El papel de los tres acusados que están libres. Tres de los 12 reos (Carles Mundó, Santi Vila y Meritxell Borràs) están en libertad provisional, acusados de malversación y desobediencia. Son los que más posibilidades tienen de ser absueltos o recibir una condena menor. Y es que, al igual que sus otros colegas del Ejecutivo de la Generalitat, Mundó, Vila y Borràs validaron supuestamente con su presencia en el Consejo de Gobierno acuerdos que implicaron un desvío de dinero público al ‘Procés’ contra una orden expresa del Tribunal Constitucional. Pero ninguno de los tres extrajo para ese fin dinero de sus respectivos departamentos. ¿Colaboraron con sus colegas en el delito de malversación al validar el acuerdo o actuaron bajo la presión de que su jefe, Carles Puigdemont, era el principal valedor del mismo? Esta es otra cuestión que deberá resolver la sentencia.

La inhabilitación y el tercer grado penitenciario. Las condenas para los principales acusados, dado el tenor de los delitos, irían acompañadas de penas de inhabilitación. No podrían ejercer cargos públicos salvo que se les indulte. La sentencia será firme en cuanto se publique, lo que permite solicitar el indulto o el tercer grado penitenciario (régimen de semilibertad). En principio, podrían acceder al tercer grado al día siguiente de recibir la condena si así lo considera la junta de tratamiento de la prisión, según lo recogido en el artículo 36 del Código Penal. Si, tras la sentencia, la Generalitat —que tiene las competencias sobre política penitenciaria— les otorga el tercer grado, solo el fiscal podría recurrirlo ante un juez de vigilancia penitenciaria de Cataluña, único que podría revocarla. Los fiscales se rigen por el principio de jerarquía, de tal forma que la decisión final la tendría la fiscal general del Estado, nombrada por el Gobierno central. Si lo que dictamine el juez de vigilancia no gusta al fiscal, y este recurre, el asunto lo asumiría entonces el tribunal sentenciador, es decir, la sala del Supremo que preside Manuel Marchena. Precisamente para evitar esa hipotética concesión automática del tercer grado, la Fiscalía pidió al Supremo al final del juicio que la sentencia establezca un límite mínimo de cumplimiento de cárcel.

El prófugo Puigdemont. Si el expresident Puigdemont, que no ha podido ser juzgado porque permanece prófugo de la justicia, volviese a España, sería detenido de inmediato y conducido ante el juez instructor del caso, Pablo Llarena (quien previsiblemente volverá a dictar contra él una orden de detención europea tras la publicación de la sentencia). Puigdemont seguiría procesado por rebelión y malversación. Aunque la sentencia sobre sus compañeros tipificase lo sucedido en Cataluña en 2017 de, por ejemplo, sedición, el ex president no podría escudarse en ella. A efectos políticos, la diferencia entre rebelión y sedición es importante. Un cargo público procesado por rebelión y contra el que exista una orden de prisión queda suspendido automáticamente de sus funciones públicas. No hay que esperar a que haya una sentencia firme sobre él. Por este motivo, Puigdemont está suspendido como eurodiputado, y Junqueras y los otros acusados de este delito lo están como diputados. En los delitos de sedición, en cambio, no cabe tal suspensión sin una previa sentencia firme.

Si el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, o cualquiera de los exconsejeros huidos de la justicia, vuelven a España o son extraditados, pasarían a disposición del Juzgado Central de  Instrucción 3 de la Audiencia Nacional, que fue el que ordenó los primeros encarcelamientos de dirigentes del procés. Puigdemont no podría alegar su fuero como eurodiputado electo y que el caso  siguiera en el Tribunal Supremo, porque estaría suspendido de funciones.

Sabotajes, explosivos y el asalto al Parlament, los planes terroristas de los CDR detenidos por la Guardia Civil, que investiga el juez

Los autos con los que el juez de la Audiencia Nacional Manuel García-Castellón envió a prisión a los siete miembros de los Comité de Defensa de la República (CDR) que presuntamente habían creado el nuevo grupo terrorista Equipos de Respuesta Táctica (ERT) revelan datos desconocidos sobre la campaña de sabotajes y atentados que preparaban. El magistrado vincula también a este grupo con dos acciones previas en las que supuestamente participaron para ensayar las técnicas que iban a utilizar. El documento judicial revela que la primera de esas actuaciones preparatorias tuvo lugar el pasado 21 de diciembre, durante la celebración del Consejo de Ministros en Barcelona. Aquel día, los CDR —a los que pertenecían los arrestados aunque criticaban por lo que consideraban su inacción— cortaron desde primera hora una decena de carreteras y los principales accesos a Barcelona. Hubo 13 detenidos. Según el magistrado, en aquella jornada los ahora encarcelados pusieron “en práctica” la formación que sus integrantes habían adquirido “en cuanto al empleo de teléfonos clandestinos” o a la posibilidad de asegurar las comunicaciones, además de “uso de lenguaje convenido y utilización de walkie talkies” para comunicarse entre ellos.

El magistrado también adjudica a cuatro de los arrestados un sabotaje que se produjo mes y medio después, el 1 de febrero pasado. Aquel día, Xavier Duch, Jordi Ros (señalados ambos por la investigación como los presuntos cabecillas del ERT), Eduard Garzón y David Budria “participaron en un acto delictivo que consistió en el derrame de gran cantidad de aceite en la calzada de la carretera C-55, sin previo aviso, al paso del convoy que trasladaba a los políticos presos del centro penitenciario de Lledoners a Madrid” para iniciar el juicio del ‘Procés’. El juez recalca que aquella acción “generó un grave riesgo para la seguridad vial y, por ende, para las personas que circulaban por la citada carretera”. Dos de los ahora encarcelados, Garzón y Budria, fueron imputados por un juzgado de Manresa (Barcelona) por desórdenes por aquella protesta.

El magistrado destaca la existencia en el sumario de conversaciones telefónicas entre los implicados intervenidas “en las que se habla de la existencia de un plan de conspiración contra las instituciones del Estado, que consistiría en el asalto y posterior ocupación de forma ilegal del Parlamento de Cataluña” el día que se conociera la sentencia del ‘Procés’, prevista para la primera quincena de octubre. García-Castellón asegura que con esta acción, los integrantes de los ERT pretendían “subvertir el orden constitucional”. En estos preparativos, el escrito judicial implica al denominado “CNI catalán”, en referencia al Centro de Seguridad de la Información de Cataluña (Cesicat).

Este organismo de la Generalitat, creado por el Govern en 2009 con la finalidad de dar seguridad a las telecomunicaciones de las instituciones catalanas, ya apareció durante la investigación judicial del referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017. Ahora, el juez lo señala como el supuesto muñidor del plan de ocupación del Parlament, que presuntamente habían “asumido” los ERT, “implicados en varias de las iniciativas que conformarían dicho plan”. El juez detalla que las intervenciones telefónicas a los arrestados demuestran que Xavier Duch, uno de los supuestos cabecillas del grupo, no solo tuvo conocimiento de tales planes, “sino que habría mostrado de manera expresa su plena disposición a participar en el asalto al Parlamento [de Cataluña]”.

En otra conversación intervenida por orden judicial, uno de los encarcelados, Jordi Ros, apremia a Duch a “empezar a mover las cosas porque las noticias avanzan desfavorablemente”, en referencia a la próxima sentencia del Tribunal Supremo sobre el ‘Procés’. Según fuentes policiales, el grupo planeaba colocar explosivos en puntos clave de la autopista de peaje AP-7 para obligar a los Mossos a cortar esta vía y provocar un caos circulatorio. También proyectaban inutilizar torres de telefonía y suministro eléctrico con artefactos. Para ello, los integrantes de los ERT habían adquirido diversos precursores de explosivos: ácido sulfúrico, parafina, polvo de aluminio, decapante industrial y nitrato de amonio. También se les intervino termita, una composición pirotécnica con la que se pueden incrementar los daños de los artefactos.

Los investigadores localizaron en poder de los detenidos una imagen aérea tomado de Internet del cuartel de la Guardia Civil en Canovelles, un municipio barcelonés de 16,000 habitantes, en la comarca del Vallès Oriental. Los agentes sospechan que los miembros de los ERT habían elegido este edificio para colocar un pequeño artefacto explosivo por lo simbólico de su forma: un tricornio. Además, los agentes han localizado en los teléfonos móviles de algunos arrestados fotografías de comisarías de los Mossos d’Esquadra y de patrullas de este cuerpo policial. Junto a ellas, también han aparecido imágenes de imágenes de instalaciones de la Policía Nacional en Cataluña, según fuentes de la investigación.

Quim Torra, presidente de la Comunidad Autónoma de Catalunya, pide revivir el espíritu del 1-O para afrontar “los desafíos del futuro”

En un acto sin grandes performances o escenografías, el Govern de la Generalitat ha conmemorado este martes el aniversario del referéndum independentista del 1 de octubre de 2017, declarado ilegal por el Tribunal Constitucional. Desde el Pati dels Tarongers, en el interior del Palau, el Ejecutivo catalán, altos cargos incluidos, han acompañado al president Quim Torra y al vicepresident Pere Aragonès que leído un discurso a medias. ‘Ad portas’ de conocerse la sentencia por el juicio al ‘Procés’, Ambos líderes ha abogado por revivir el espíritu del 1-O para afrontar “los desafíos del futuro” y se ha comprometido a “avanzar sin excusas hacia la república catalana”. “El Govern afirma que el espíritu de ese día, de los días que van a preceder el referéndum y de las jornadas que le siguieron, especialmente el del 3-O [el día de la llamada huelga de país en rechazo a las cargas policiales y al discurso de Felipe VI avalando la acción del Gobierno], es el espíritu con el que debemos encarar los desafíos del futuro y sobretodo en este camino a la república catalana, que será inevitable y que queremos construir con todos”, ha dicho Aragonès.

El ‘president’ ha tenido un recuerdo para los heridos en las cargas policiales de ese día con las que el Gobierno central intentó parar la votación y que Torra ha calificado de “barbarie”. “2,3 millones de ciudadanos fueron a votar y defendieron las urnas. La sociedad catalana, como depositaria de los derechos civiles y políticos, los va a defender asumiendo todas las consecuencias, siendo golpeados y agredidos por las fuerzas enviadas por el Gobierno español”. En el texto, los dos máximos representantes de la Generalitat se han comprometido con el “derecho a la autodeterminación, la radicalidad democrática y el diálogo”. También ha habido un recuerdo para las personas que están respondiendo judicialmente por la organización de 1-O. Algunos de los altos cargos de la Generalitat que están siendo procesados por el Juzgado 13 de Barcelona en la investigación por los preparativos de organización del referéndum han ocupado lugares destacados en la segunda fila. Por ejemplo, Josep Ginesta, secretario general de Trabajo, Asuntos Sociales y Familia o Antoni Molons, secretario de comunicación del Govern. “Nos comprometemos a persistir hasta conseguir la libertad de los presos y las presas políticas y el retorno de las personas exilidadas”, ha dicho Torra. El president también ha insistido en su compromiso para “avanzar sin excusas hacia la república catalana”. “Lo haremos de la única manera que sabemos y queremos: democráticamente y pacíficamente”, ha remachado.

Independencia es una palabra sagrada que empieza por inflamar el corazón y acaba por achicharrar el cerebro, Quin y Carles, otros reyes

Los soberanistas catalanes parece que están jugando muy felices a la república y a la independencia de Cataluña como, tal vez, lo hacían con el caballo de cartón que les trajeron los Magos de Oriente cuando eran niños. Alguien debería decirles que los reyes son los padres, una realidad que se empeñan en ignorar. En tiempos de la aterida y famélica posguerra los niños que dejaban de creer en los reyes se quedaban sin juguetes. Para ahorrarse los regalos que no podían comprar, las familias pobres solían revelar muy temprano este secreto a sus hijos como una forma cruel de destete de las ilusiones vanas y los niños pobres a su vez, como venganza de su infortunio, les abrían los ojos a los niños ricos, pero estos simulaban seguir creyendo en los reyes para que no les faltaran los regalos. Alguien debería decirles a Carles Puigdemont, a Quim Torra y a Oriol Junqueras que ya son muy mayores para galopar hacia la república catalana en aquel caballo de cartón con el que se daban golpes contra las paredes por el pasillo de casa. Independencia es una palabra sagrada que empieza por inflamar el corazón y acaba por achicharrar el cerebro.

Acogidos a esta ilusión los independentistas siguen escribiendo una carta a los Magos de Oriente esperando que les traigan una república de regalo, pero un día como hoy, al abrir los paquetes al pie de la chimenea con latidos de emoción, se encuentran siempre con el único y maldito juguete, un rompecabezas diabólico del mapa de España, de imposible solución… El escritor nacido en el Mediterráneo como Joan Manuel Serrat, Manuel Vicent, recalca: “Como aquellas familias pobres que destetaron a sus hijos con el pan negro del cruel desengaño, alguien debería decirles a los independentistas catalanes que los reyes son los padres, aunque queda por ver si los padres de verdad en este caso no será la derecha radical que llega caracoleando en caballo jerezano”.

“Quizás porque mi niñez/Sigue jugando en tu playa/Y escondido tras las cañas/Duerme mi primer amor/Llevo tu luz y tu olor/Por dondequiera que vaya/Y amontonado en tu arena/Guardo amor, juegos y penas/Yo, que en la piel tengo el sabor/Amargo del llanto eterno/Que han vertido en ti cien pueblos/De Algeciras a Estambul/Para que pintes de azul/Sus largas noches de invierno/A fuerza de desventuras/Tu alma es profunda y oscura/A tus atardeceres rojos/Se acostumbraron mis ojos//Como el recodo al camino/Soy cantor, soy embustero/Me gusta el juego y el vino/Tengo alma de marinero/Qué le voy a hacer, si yo/Nací en el Mediterráneo/Nací en el Mediterráneo/Y te acercas, y te vas/Después de besar mi aldea/Jugando con la marea/Te vas, pensando en volver/Eres como una mujer/Perfumadita…”, canta estos días aciagos Joan Manuel Serrat, el que fuera icono catalanista hoy convertido en ‘bestia negra’ del independentismo catalán.

El 25 de marzo de 1968 un joven Joan Manuel Serrat (Barcelona, 1943) provocó un cataclismo político-musical-televisivo cuando anunció que no representaría a España en el Festival de Eurovisión a menos que se le permitiese cantar en catalán la canción que le habían asignado. La respuesta es conocida: TVE sustituyó a Serrat por Massiel y la canción, ‘La la la’, se convirtió en la primera victoria española en el certamen. Un año antes, durante el concierto de su consagración en el Palau de la Música Catalana, Serrat vio cómo una de sus teloneras, la francesa Jocelyn Jocya, era insultada por cantar en francés. El entonces ídolo de la Nova Cançó catalana salió en su defensa, como recuerda la escritora Maruja Torres. Detalles como estos convirtieron a Serrat en símbolo de la cultura catalana e icono de la resistencia cultural contra la intolerancia.

Pero 50 años después ha visto cómo se ha invertido la situación. Durante el tercer concierto en Barcelona de su gira ‘Mediterráneo da capo’, que celebra su disco más conocido, un espectador le pidió que cantase en catalán, ya que estaba en Barcelona. El músico de Poble Sec pidió a su banda que dejase de tocar y se dirigió al asistente: “Le pido que me deje hacer mi espectáculo tal y como está diseñado. Le aseguro que es la primera vez que tengo que parar el espectáculo, que ha girado por todo el mundo, porque alguien diga algo así. Es increíble que en los tiempos que corren haya gente que no lo entienda. Se puede sentir usted orgulloso”. La situación ejemplifica el momento en que se encuentra Serrat, quien se ha mostrado crítico con el independentismo catalán. “La convocatoria del referéndum en Cataluña no es transparente porque está creada con una ley elaborada por el Parlament pero a espaldas de los demás miembros del Parlament”. Y más: “Este tipo de referéndum a mí no me da la sensación de que pueda representar a nadie”. A partir de ese momento, el independentismo se rebeló contra Serrat y éste tuvo que soportar que lo acusasen de traidor e, incluso, de “fascista”. Para él, aquello significó “o desconocer lo que es el fascismo o realmente buscar un insulto a una persona como el que se puede buscar a un árbitro cuando pita algo que no nos gusta y nos acordamos de su madre sin que aquella señora haya tenido nada que ver”.

A esas afirmaciones siguieron otras, como cuando dijo que “sería insensato declarar la independencia” y que “uno no se puede acostar español y levantarse catalán”. La tensión provocó que los independentistas pidieran el boicot a la emisión en TV3 del documental ‘Serrat, el noi del Poble Sec’ a comienzos de este año. “Ya he vivido situaciones parecidas, dolorosas e injustas”, dijo sobre aquellas reacciones. En la presentación de esta misma gira, aseguró que los líderes independentistas “no acaban de reconocer dónde está la salida” y que el ‘Procés’ era “la feria del disparate”. Se da la circunstancia de que en un concierto en Valencia fue recriminado por hablar en catalán. Serrat dijo entonces que había costado “mucha cárcel y cunetas poder hablar nuestro idioma” e invitó a los ofendidos a abandonar el recinto. ‘Celtiberia show’, querido Luis Carandell. Te extrañamos en Catalunya y en España y desde Cancún, Quintana Roo, México.

 

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