¿Arde La Habana? ¿Arde Caracas? Estados Unidos quiere trasladar sus guerras del...

¿Arde La Habana? ¿Arde Caracas? Estados Unidos quiere trasladar sus guerras del Medio Oriente a la Cuenca del Caribe y Latinoamérica

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Es completamente lógico que los latinoamericanos comparen lo que están viviendo con lo que ya ‎vivieron en el pasado, como el golpe de Estado de 1973 en Chile, de Augusto Pinochet contra Salvador Allende. Pero sería arriesgado para ‎Washington tratar de reproducir el escenario aplicado contra el Palacio de la Moneda de Santiago, hace 46 años. Sería un error ‎porque todo el mundo conoce hoy los detalles de aquella manipulación. ‎Al mismo tiempo, la revelación de los vínculos de Juan Guaidó con la National Endowment for ‎Democracy (NED) y con el equipo del estadounidense Gene Sharp hace pensar en una ‘revolución ‎de color’, y más aun teniendo en cuenta que ya hubo en Venezuela una operación de ese tipo ‎en 2007, cuando terminó en un fracaso. Pero, una vez más, sería arriesgado para Washington ‎tratar de aplicar nuevamente un plan que ya fracasó hace 12 años. ‎‘Revoluciones de colores’ es el nombre colectivo que han recibido una serie de movilizaciones políticas en el espacio exsoviético llevadas a cabo contra líderes supuestamente ‘autoritarios’ acusados de ‘prácticas dictatoriales’ o de amañar las elecciones o de otras formas de corrupción. Donald Trump sigue apretando a Cuba, con el turismo y la recepción de petróleo. Sin embargo, en su circo mediático, le están creciendo los enanos. Sus presidentes ‘encargados’ no están haciendo las cosas bien: en Perú, Martín Vizcarra ha decidido clausurar el Congreso; en Ecuador, el mandatario -de nombres sospechosamente alterados- Lenín Boltaire Moreno ha conseguido liar la manta con una insurrección popular, con enfrentamientos entre policías y militares incluidos, con casi una decena de muertos y centenares de heridos en las calles, al anunciar medidas económicas impopulares, como la eliminación del subsidio a los combustibles que entró en vigor la semana pasada; y en Colombia, Álvaro Uribe mantiene su legado de la división en Colombia, la citación del expresidente ante la Corte Suprema, en un proceso penal, no lejano a las ejecuciones extrajudiciales de muchos jóvenes, bajo la acusación de pertenecer a la guerrilla de las FARC, es una foto fija de la polarización social del país del Café Valdés y los “Cien años de soledad” del Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez.

Por si fuera poco, el actual inquilino de la Casa Blanca puede asistir al regreso de Cristina Elisabet Fernández de Kirchner a la Casa Rosada, en Buenos Aires, Argentina, pues los argentinos han sido convocados a las urnas para el 20 de octubre. En Bolivia hay también elecciones presidenciales, el 27 de octubre, con un claro favorito: Evo Morales. El socio de Donald Trump, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, protagonizó un escándalo de torturas, junto a su ministro de Justica, Sergio Moro. Fiscales federales denuncian que los policías enviados para retomar el control de violentas prisiones en Pará abusan sistemáticamente de los presos. La intervención fue una respuesta del Gobierno a la crisis del sistema penitenciario local. El 29 de julio, un conflicto entre bandas criminales provocó una masacre con 58 presos muertos en la cárcel de Altamira. Dos días después, otros cuatro reos murieron dentro de un furgón policial durante un traslado de presos. Desde entonces, son los agentes federales designados por Sergio Moro quienes actúan en el sistema penitenciario del citado Estado. “Parece que han hecho una selección de psicópatas y les han dado el derecho de regocijarse de los internos; lo que vemos es la banalización del mal. ¿Qué si antes había tortura?, sí, pero era algo puntual, aislado. Tras la intervención federal, es generalizado”, afirmó a los fiscales un funcionario estatal, que declaró con la condición de quedar en el anonimato. Jair Bolsonaro se negó a comentar el caso, destapado por el diario O Globo. Se limitó a decirles a los periodistas lo siguiente: “Sólo preguntan tonterías, tonterías todo el tiempo”. Los fiscales también se basaron en las declaraciones de representantes del Colegio de Abogados de Brasil, de la Sociedad Paraense de Defensa de los Derechos Humanos, y del Mecanismo Nacional de Prevención y Combate a la Tortura —organismo vinculado al Ministerio de la Mujer, de la Familia y de los Derechos Humanos— que visitaron los establecimientos penitenciarios. Mientras tanto, Luis Leonardo Almagro Lemes, abogado, diplomático y político uruguayo, y, desde el 26 de mayo de 2015, secretario general de la OEA (Organización de Estados Americanos) guarda silencio ante lo que está ocurriendo en el continente. También fue Ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay durante el Gobierno de José Mujica y embajador de su país en China durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez. Se ha vuelto monotemático. Sólo habla de Venezuela y Cuba o de Cuba y Venezuela. Michael Richard -‘Mike’ Pompeo- es un político y empresario norteamericano. Actualmente es el secretario de Estado de los Estados Unidos. En la Cámara de Representantes adquiere la reputación de presentar proyectos de ley favorables a los hermanos Koch, que financiaron sus campañas electorales. En un viaje a Israel se acercó al ‘Muro de las lamentaciones’, en Jerusalén, el lugar más sagrado del judaísmo, y manifestó que Dios había enviado a Donald Trump para salvar a Israel y al mundo, incluidas Cuba y Venezuela, me imagino. Estos días le tenemos en México a Miguel Barbosa diciendo barrabasadas muy parecidas… El gobernador de Puebla acusó a los difuntos Martha Érika Alonso y Rafael Moreno Valle de robarle en las elecciones de 2018: “Me robaron, pero Dios los castigó, muriendo en accidente de su helicóptero”, señaló. ¡Déjenle en paz a Dios y no le mezclen en sus mundanas miserias humanas!

En las ‘Revoluciones de colores’, promovidas desde Washington, los manifestantes suelen adoptar como símbolo un color específico que da nombre a su movilización. Este fenómeno surgido en Europa Oriental también tuvo posterior repercusión con Vladímir Putin en Rusia. El alcance y significado de estas revoluciones es aún debatido, así como también lo es el papel jugado por actores externos, principalmente de Estados Unidos, como la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la Fundación Soros, la USAID o el National Endowment for Democracy. El objetivo de estos movimientos sería propiciar cambios en estos países, tradicionalmente parte de la zona de influencia de la actual Rusia, herencia de la Unión Soviética, para que pasen a formar parte del bloque occidental (formado por los países de la OTAN y aliados), como ha sucedido en algunos de estos casos. Sin embargo, los que apoyan dichos movimientos los presentan como puramente autóctonos o incluso nacionalistas, pero sus detractores los acusan de estar manipulados y maximizan la importancia de los agentes externos. Para entender las intenciones estadounidenses, debemos empezar por conocer su plan de batalla. ‎ El 29 de octubre de 2001, o sea mes y medio después de los atentados registrados en ‎Nueva York y el Pentágono, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, creó una estructura ‎llamada Office of Force Transformation (Oficina de Transformación de la Fuerza) cuya misión ‎consistiría en revolucionar las fuerzas armadas estadounidenses, cambiar su mentalidad para que ‎respondiesen a un objetivo radicalmente nuevo tendiente a garantizar la supremacía de ‎Estados Unidos a nivel mundial. Rumsfeld puso esa tarea en manos del almirante Arthur ‎Cebrowski, quien ya había trabajado en la creación de una red digital que abarcaba todas las ‎unidades militares y había participado, en los años 1990, en la elaboración de una doctrina de la ‎guerra en red (Network-centric warfare).‎ El almirante Cebrowski llegaba con una estrategia ya elaborada que presentó no sólo en el ‎Pentágono sino en casi todas las academias militares estadounidenses. A pesar de su importancia, ‎su trabajo interno en las fuerzas armadas no se conoció hasta que se publicó un artículo en la ‎revista Vanity Fair. La argumentación de Cebrowski fue publicada por su asistente, Thomas ‎Barnett. ‎Por supuesto, esos documentos no son obligatoriamente fieles al pensamiento imperante en el ‎Pentágono, pensamiento que ni siquiera tratan de explicar, limitándose a justificarlo.

Santiago J. Santamaría Gurtubay

En todo ‎caso, la idea principal es que Estados Unidos debe tomar el control de los recursos naturales de ‎la mitad del mundo, no para utilizarlos para sí mismo sino para estar en posición de decidir quién ‎podrá utilizarlos. Para lograr ese objetivo, tendrá que destruir en esas regiones cualquier poder ‎político que no sea el de Estados Unidos y acabar con las estructuras mismas de los Estados en ‎los países existentes en esas regiones. ‎Oficialmente, nunca se inició la aplicación de esa estrategia. Pero lo que estamos viendo desde ‎hace 20 años coincide precisamente con lo que se describe en el libro de Barnett. ‎Primeramente, en los años 1980 y 1990, tuvo lugar la destrucción de la región africana de los ‘‎‎Grandes Lagos’. Lo que se recuerda de aquello es el episodio del genocidio perpetrado en ‎Ruanda y sus 900,000 muertos, pero el hecho es que toda la región fue devastada por una serie de ‎guerras que arrojaron un total de 6 millones de muertos. Resulta sorprendente comprobar que, a ‎‎dos décadas de aquellos hechos, numerosos países de la región aún no logran restaurar su soberanía ‎sobre el conjunto de sus territorios. Ese episodio es anterior a la doctrina Rumsfeld-Cebrowski, ‎así que no sabemos si el Pentágono había previsto lo que allí sucedió o si concibió su plan ‎mientras destruía aquellos Estados. ‎Posteriormente, en los años 2000 y 2010, vino la destrucción del ‘Medio Oriente ampliado’, ya ‎después de la doctrina Rumsfeld-Cebrowski. Por supuesto, es posible creer que lo sucedido en ‎esta otra región fue una sucesión de intervenciones ‘democráticas’, de guerras civiles y de ‎revoluciones. Pero, además de que las poblaciones implicadas cuestionan la narración dominante ‎de esos acontecimientos, también podemos comprobar en este caso que las estructuras de los ‎Estados fueron destruidas y que no ha sido posible restaurar la paz después del fin de las ‎operaciones militares. Actualmente, el Pentágono está retirándose del ‘Medio Oriente ‎ampliado’ y se prepara para desplegarse en la Cuenca del Caribe y América Latina. Una buena cantidad de elementos demuestran que nuestra comprensión anterior de las guerras de ‎George W. Bush y de Barack Obama era incorrecta y que esos mismos elementos corresponden a ‎la perfección con la doctrina Rumsfeld-Cebrowski. Esta lectura de los hechos no es por tanto ‎resultado de una coincidencia con la tesis de Barnett y nos obliga a revisar bajo otro ángulo todo ‎lo que hemos visto. ‎Si adoptamos esta manera de pensar, tenemos que plantearnos que el proceso de destrucción de ‎la Cuenca del Caribe comenzó con el decreto del presidente Barack Obama, emitido el 9 de marzo ‎de 2015, según el cual Venezuela amenaza la seguridad nacional de los Estados Unidos de ‎América. Puede parecer que eso pasó hace mucho tiempo, pero no es así. Basta recordar que ‎el presidente George W. Bush firmó la Syrian Accountabilit Act en 2003, pero las operaciones ‎militares contra Siria comenzaron ocho años más tarde, en 2011. Era el tiempo que necesitaba ‎Washington para crear las condiciones necesarias para la agresión. ‎Si este análisis es correcto tenemos que plantearnos que los acontecimientos anteriores a 2015 -el golpe de Estado de 2002 contra el presidente Hugo Chávez, el intento de ‘revolución de color’ ‎de 2007, la Operación Jericó en febrero de 2015 y las primeras guarimbas ‎(protestas) respondían a una ‎lógica diferente, mientras que lo sucedido después (el terrorismo de las guarimbas, en 2017) ‎es parte del plan actual.

Thierry Meyssan (nacido el 18 de mayo en 1957 en Talence, Gironda) es un periodista y activista político francés, autor de investigaciones sobre la extrema derecha (especialmente sobre la milicia del Frente Nacional, que suscita una investigación parlamentaria y provoca una escisión del partido de extrema derecha), así como por su defensa de la laicidad de la República y sobre la Iglesia católica (el Opus Dei, por ejemplo), entre otras. En 1994 pasa a formar parte de la dirección del Partido Radical de Izquierda, formación política de centro-izquierda, y como miembro de la misma participa en los equipos de campaña de Bernard Tapie en las elecciones europeas de 1994 y de Christiane Taubira en las presidenciales de 2002. En 1994 funda la Red Voltaire, asociación de promoción de la libertad de conciencia y expresión, de la que es actualmente presidente. ‘¿Pueden Venezuela y sus vecinos ‎sobrevivir a la guerra que ya se anuncia?‎’, es el título de un artículo publicado por Meyssan…En 2002 publicó un análisis del golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez y ‎relataba el papel de Estados Unidos detrás de Fedecámaras -la organización de los patrones ‎venezolanos-. El presidente Hugo Chávez quiso verificar lo que había escrito y envió dos ‎emisarios a verle en París. Uno de ellos fue promovido a general y el otro es hoy una de las ‎principales personalidades de la República Bolivariana. El fiscal Danilo Anderson utilizó su trabajo ‎en sus investigaciones y fue asesinado por la CIA en 2004… ‎

El intento de asesinato contra Nicolás Maduro rememoró todo lo que se hizo para acabar con el presidente ‎chileno Salvador Allende, ‘Mising’

“En 2007, -narra Thierry Meyssan- estudiantes trotskistas iniciaron un movimiento contra la decisión de ‎no renovar la licencia de RCTV, una estación de radio y televisión que transmitía en Caracas. Hoy ‎sabemos, gracias a Blumenthal y Cohen, que en aquella época Juan Guaidó ya estuvo implicado en ‎aquel movimiento y que recibió entrenamiento de discípulos del teórico de la no violencia Gene ‎Sharp. En vez de reprimir los excesos de aquel movimiento, lo que hizo el presidente Hugo ‎Chávez -en ocasión de la firma de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), el 3 de junio- fue leer a los participantes un artículo que yo había escrito sobre Gene Sharp y su ‎concepción de la no violencia al servicio de la OTAN y de la CIA. Al darse cuenta de que habían sido manipulados, ‎numerosos manifestantes abandonaron la protesta. Sharp trató de negar torpemente los hechos, ‎escribiéndole al presidente Hugo Chávez y a mí mismo. Y logró crear cierta confusión en el ‎seno de la izquierda estadounidense, donde era visto como una personalidad respetable y ‎no vinculada al Gobierno de Estados Unidos. El profesor Stephen Zunes asumió la defensa de ‎Sharp pero, ante el peso de las pruebas, Sharp acabó cerrando su instituto y dejando el espacio a ‎Otpor y al Canvas…”.‎

“Volvamos ahora al periodo actual. Las manifestaciones convocadas por el presidente ‎de la Asamblea Nacional Juan Guaidó hacen pensar en una ‘revolución de color’. Pero eso ‎no contradice mi análisis. Hay que recordar que en Libia hubo un intento de asesinato ‎contra Muamar el Gadafi poco antes del inicio de las operaciones militares contra la Yamahirya. ‎En Egipto, cuando los discípulos de Gene Sharp dirigieron las primeras manifestaciones contra ‎el presidente Hosni Mubarak, incluso distribuyeron una versión en árabe del manual que ya habían ‎utilizado en otros países… Si mi análisis es correcto -y por ahora todo parece indicar que sí lo es- hay que prepararse para ‎una guerra, no sólo en Cuba y en Venezuela sino en toda la Cuenca del Caribe. Nicaragua y Haití también ‎están desestabilizados. ‎

Esa guerra será impuesta desde el exterior. Su objetivo ya no será derrocar gobiernos de ‎izquierda para reemplazarlos por los partidos de derecha, aunque así lo indiquen las apariencias. ‎En el desarrollo de los acontecimientos se perderán las distinciones entre esos bandos. Poco ‎a poco, todos los sectores de la sociedad se verán amenazados, sin distinción de ideología ni de ‎clase social. ‎Asimismo, los demás países de la región no podrán mantenerse al margen para escapar a la ‎tempestad. Los que crean que lograrán protegerse sirviendo de base de retaguardia a las ‎operaciones militares también serán parcialmente destruidos. Deben saber que, aunque la prensa ‎raramente menciona esto, ciudades enteras han sido arrasadas en la región de Qatif, en Arabia ‎Saudita, a pesar de que ese país es el principal aliado de Washington en el ‘Medio Oriente ‎ampliado’…”. ‎

Analistas de EE UU recalcan que el golpista Juan Guaidó es “producto de las fábricas de élite dedicadas al cambio de régimen” de Washington

‎Venezuela se divide hoy entre la legitimidad del presidente de la República constitucionalmente electo, Nicolás Maduro, y la del presidente de la Asamblea Nacional, Juan ‎Guaidó. ‎Analistas de EE UU recalcan que el diputado golpista venezolano Juan Guaidó es “producto de las fábricas de élite dedicadas al cambio de régimen” de Washington. “Si bien Guaidó parece haber surgido de la nada, de hecho es el producto de más de una década de perseverante preparación por parte de las fábricas de élite dedicadas al cambio de régimen del Gobierno de Estados Unidos”, indican Dan Cohen y Max Blumenthal en un artículo publicado en español por el portal The Grayzone. En su largo texto, los analistas explican cómo Washington convirtió a un político desconocido de la Asamblea Nacional (AN) en líder opositor dispuesto a autoproclamarse presidente. Guaidó, revelan Cohen y Blumenthal, fue entrenado por Washington para socavar el Gobierno de Venezuela, de orientación socialista, a fin de desestabilizar el país y algún día tomar el poder. En el mismo sentido, el artículo indica que el autonombramiento del líder opositor venezolano tuvo lugar luego de una llamada telefónica del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, con el ‘placet’ de Donald Trump.

Juan Guaidó, sugiere el texto, fue elegido por EE UU para encargarse de una misión destinada a “derrumbar a un país que durante las últimas dos décadas ha sido un bastión de resistencia a la hegemonía estadounidense”. Donald Trump está obsesionado por derrocar a su homólogo venezolano, Nicolás Maduro. Los analistas señalan la implicación de Washington en un complot de 2018 bautizado ‘Operación Constitución’ para capturar a Maduro en el palacio presidencial de Miraflores, así como en la ‘Operación Armagedón’, para asesinarlo en julio de 2017 en un desfile militar. “El objetivo de Washington -subrayan Cohen y Blumenthal- es que su agente siembre el caos y facilite así la materialización de los objetivos estadounidenses en el país caribeño, entre ellos controlar el petróleo venezolano, algo que denuncian tanto Caracas como numerosos observadores. A fin de llegar a esa situación, Guaidó ya ha salido en apoyo de una agresión militar estadounidense a Venezuela, posibilidad con la que Trump sigue amenazando a Maduro si no abandona el poder. Las amenazas han ido aumentando en medio de las turbulencias políticas que atraviesa Venezuela desde la autoproclamación de Guaidó, respaldada de inmediato por la Casa Blanca”.

Caracas ha denunciado en reiteradas ocasiones que la postura de Washington lleva “oculto” el “deseo de apoderarse de los ricos recursos naturales de Venezuela”, y sostiene que desde el Despacho Oval se planea crear un nuevo escenario de inestabilidad en Latinoamérica, tal y como propició en su día en Libia, Irak y Siria, para beneficiar sus finanzas. Aprovechando sus numerosas intervenciones en los medios de comunicación internacionales, estigmatiza el pensamiento de Samuel Phillips Huntington (el ‘choque de civilizaciones’), de Leo Strauss, y de Bernard Lewis, y por el contrario llama a la unidad, más allá de las divisiones filosóficas y religiosas, para resistir a lo que califica como ‘proyecto de dominación global de los Estados Unidos’.

Guaidó se autoproclamó “presidente encargado de Venezuela”, invocando los artículos 223 y ‎‎233 de la Constitución. Pero basta con leer ambos artículos para comprobar que no se aplican a ‎la situación existente en Venezuela y que no es posible invocarlos para legitimar la posición que ‎Guaidó pretende reclamar. A pesar de ello, Estados Unidos, los países del Grupo de Lima y ‎ciertos gobiernos de países miembros de la Unión Europea afirman que Juan Guaidó tiene derecho ‎a la función que pretende usurpar. ‎Entre quienes respaldan al presidente Nicolás Maduro, algunos aseguran que Washington está ‎reproduciendo el derrocamiento de un gobierno de izquierda, según el modelo de lo que ‎Estados Unidos hizo contra el presidente chileno, Salvador Allende, en 1973, bajo la ‎administración de Richard Nixon. ‎Otros, luego de ver las revelaciones de Max Blumenthal y Dan Cohen sobre el historial de Juan ‎Guaidó, piensan, al contrario, que se trata de una ‎‎’revolución de color’, como las que ya vimos bajo la presidencia de George W. Bush. ‎En todo caso, ante la agresión de un enemigo mucho más fuerte es crucial ‎identificar sus objetivos y entender los métodos que utiliza. Sólo tienen posibilidades de sobrevivir ‎quienes sean capaces de prever los golpes que van a recibir. ‎

Con George W. Bush y Barack Obama, Chávez sobrevivió a numerosos planes de asesinato antes de sucumbir al cáncer en 2013

Desde la elección de Hugo Chávez en 1998, Estados Unidos ha luchado para restablecer el control sobre Venezuela y sus vastas reservas de petróleo. Los programas socialistas de Chávez pueden haber redistribuido la riqueza del país y ayudado a sacar a millones de personas de la pobreza, pero también cargaron sus espaldas con un objetivo en la mira. En 2002, la oposición de derecha de Venezuela lo derrocó brevemente con el apoyo y reconocimiento de Estados Unidos antes de que el ejército restableciera su presidencia luego de una movilización popular masiva. A lo largo de las administraciones de los presidentes de los Estados Unidos George W. Bush y Barack Obama, Chávez sobrevivió a numerosos planes de asesinato antes de sucumbir al cáncer en 2013. Su sucesor, Nicolás Maduro, ha sobrevivido a tres atentados contra su vida. De inmediato, el Gobierno de Trump elevó a Venezuela a la cima de la lista de Washington de objetivos para cambio de régimen, calificándolo de líder de una ‘troika de tiranía’. El año pasado, el equipo de seguridad nacional de Trump intentó reclutar miembros del ejército para montar una junta militar. De acuerdo con el Gobierno venezolano ese esfuerzo fracasó, entonces los Estados Unidos también participaron en un complot con el nombre en clave ‘Operación Constitución’ para capturar a Maduro en el palacio presidencial de Miraflores, y en otro llamado ‘Operación Armagedón’ para asesinarlo en un desfile militar en julio de 2017. Poco más de un año después, los líderes de la oposición exiliados intentaron y fracasaron en asesinar a Maduro con bombas de aviones no tripulados durante un desfile militar en Caracas. Más de una década antes de estas intrigas, un grupo de estudiantes de la oposición de derecha fue seleccionado y preparado personalmente por una academia de élite de capacitación para el cambio de régimen financiada por Estados Unidos para derrocar al Gobierno de Venezuela y restaurar el orden neoliberal.

El 5 de octubre de 2005, con la popularidad de Chávez en su apogeo y su Gobierno planeando amplios programas socialistas, cinco ‘líderes estudiantiles’ venezolanos llegaron a Belgrado, Serbia, para comenzar a entrenarse para una insurrección. Los estudiantes habían llegado de Venezuela por cortesía del Centro de Acción y Estrategias No Violentas Aplicadas, LONA. Este grupo se financia en gran parte a través del National Endowment for Democracy, subsidiaria de la CIA que funciona como el brazo principal del Gobierno de los Estados Unidos para promover el cambio de régimen; y filiales como el Instituto Republicano Internacional y el Instituto Nacional Demócrata para Asuntos Internacionales. De acuerdo con los correos electrónicos internos filtrados de Stratfor, una empresa de inteligencia conocida como la ‘sombra de la CIA’ “CANVAS también pudo haber recibido financiamiento y capacitación de la CIA durante la lucha anti-Milosevic de 1999/2000”. CANVAS es una escisión de Otpor, un grupo de protesta serbio fundado por Srdja Popovic en 1998 en la Universidad de Belgrado. Otpor, que significa ‘resistencia’ en serbio, fue el grupo estudiantil que ganó fama internacional, y promovido a nivel de Hollywood, al movilizar las protestas que eventualmente derrocaron a Slobodan Milosevic. Esta pequeña célula de especialistas en cambio de régimen operaba de acuerdo con las teorías del difunto Gene Sharp, el llamado ‘Clausewitz de la lucha no violenta’. Sharp había trabajado con un exanalista de la Agencia de Inteligencia de la Defensa, el Coronel Robert Helvey, para concebir un plan estratégico que gestara la protesta como una forma de guerra híbrida, apuntando a los estados que resistieron la dominación unipolar de Washington.

En el hotel Fiesta Mexicana, según los correos electrónicos, Guaidó y sus compañeros idearon un plan para derrocar al presidente Hugo Chávez

En noviembre de 2010 -según correos electrónicos obtenidos por los servicios de seguridad venezolanos y presentados por el exministro de Justicia Miguel Rodríguez Torres- Guaidó, Goicoechea y otros activistas estudiantiles asistieron a una capacitación secreta de cinco días en el hotel Fiesta Mexicana en la Ciudad de México. Las sesiones fueron dirigidas por Otpor, los instructores para el cambio de régimen con sede en Belgrado respaldados por el Gobierno de los Estados Unidos. Según se informa, la reunión recibió la bendición de Otto Reich, un fanático exiliado anticastrista que trabaja en el Departamento de Estado de George W. Bush, y del expresidente colombiano de derecha Álvaro Uribe. En el hotel Fiesta Mexicana, según los correos electrónicos, Guaidó y sus compañeros activistas idearon un plan para derrocar al presidente Hugo Chávez generando caos a través de prolongados golpes de violencia callejera. Tres figurones de la industria petrolera, Gustavo Torrar, Eligio Cedeño y Pedro Burelli, cubrieron supuestamente la cuenta de 52,000 dólares para celebrar la reunión. Torrar es un “activista de derechos humanos” y autodenominado “intelectual” cuyo hermano menor, Reynaldo Tovar Arroyo, es el representante en Venezuela de la empresa privada mexicana de petróleo y gas ‘Petroquímica del Golfo’, que tiene un contrato con el Estado venezolano.

Cedeño, por su parte, es un empresario fugitivo venezolano que solicitó asilo en los Estados Unidos y Pedro Burelli, exejecutivo de JP Morgan y exdirector de la compañía petrolera nacional de Venezuela Petroleum of Venezuela (PDVSA). Dejó PDVSA en 1998 cuando Hugo Chávez tomó el poder y está en el comité asesor del Programa de Liderazgo para América Latina de la Universidad de Georgetown. Burelli insistió en que los correos electrónicos que detallaban su participación habían sido fabricados e incluso contrató a un investigador privado para probarlo. El investigador declaró que los registros de Google mostraban que los correos electrónicos que supuestamente eran suyos nunca se enviaron. Sin embargo, hoy Burelli no oculta su deseo de ver depuesto al actual presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, e incluso arrastrado por las calles y sodomizado con una bayoneta, como hicieron los milicianos respaldados por la Otan con el líder libio Muammar Gadafi.

El supuesto complot de Fiesta Mexicana fluyó hacia otro plan de desestabilización revelado en una serie de documentos producidos por el Gobierno venezolano. En mayo de 2014, Caracas publicó documentos que detallan un complot de asesinato contra el presidente Nicolás Maduro. Las filtraciones identificaron a Maria Corina Machado, con sede en Miami, como líder del plan. De línea dura con una inclinación por la retórica extrema, Machado ha funcionado como un enlace internacional para la oposición, visitando al presidente George W. Bush en 2005. “Creo que es hora de unir esfuerzos. “Haga las llamadas necesarias y obtenga financiamiento para aniquilar a Maduro y el resto se derrumbará”, escribió Machado en un correo electrónico al exdiplomático venezolano Diego Arria en 2014. En otro correo electrónico, Machado afirmó que el plan violento tuvo la bendición del Embajador de los Estados Unidos en Colombia, Kevin Whitaker. “Ya me decidí y esta lucha continuará hasta que este régimen sea derrocado y lo comuniquemos a nuestros amigos en el mundo”. Si fui a San Cristóbal y me expuse ante la OEA, no temo nada. Kevin Whitaker ya ha reconfirmado su apoyo y señaló los nuevos pasos. Tenemos una chequera más fuerte que la del régimen para romper el círculo de seguridad internacional”.

Los manifestantes estudiantiles actuando como tropas de choque para la oligarquía exiliada erigieron violentas barricadas en todo el país, convirtiendo los barrios controlados por la oposición en fortalezas violentas conocidas como guarimbas. Mientras los medios internacionales describieron la agitación como una protesta espontánea contra el Gobierno de Maduro, hubo una amplia evidencia de que Popular Will estaba orquestando el programa. “Ninguno de los manifestantes en las universidades tenía puesta la camiseta de su universidad, todos llevaban camisetas de Voluntad Popular o Primero Justicia” un participante guarimba dijo en ese momento. “Podrían haber sido grupos estudiantiles, pero los consejos estudiantiles están afiliados a los partidos políticos de oposición y son responsables ante ellos”.

Cuando se les preguntó quiénes eran los líderes, el participante de la guarimba dijo: “Bueno, si soy totalmente honesto, esos tipos ahora son legisladores”. Alrededor de 43 personas murieron durante las guarimbas de 2014. Tres años después volvieron a estallar, causando la destrucción masiva de la infraestructura pública, el asesinato de partidarios del gobierno y la muerte de 126 personas, muchas de las cuales eran chavistas. En varios casos, los partidarios del Gobierno fueron quemados vivos por bandas armadas. Guaidó estuvo directamente involucrado en las guarimbas de 2014. De hecho tuiteó un video en el que se mostraba a sí mismo vestido con un casco y una máscara antigás, rodeado de elementos enmascarados y armados que habían cerrado una carretera que estaba involucrada en un violento enfrentamiento con la policía. Aludiendo a su participación en la Generación 2007, proclamó: “Recuerdo que en 2007 proclamamos: ¡Estudiantes! Ahora, gritamos, ¡Resistencia! ¡Resistencia!”. Guaidó ha eliminado el tweet, demostrando una aparente preocupación por su imagen como defensor de la democracia.

Las ‘guayas’, una táctica de la guarimba que consiste en estirar un cable de acero a través de una carretera para herir o matar a los motociclistas

El 12 de febrero de 2014, durante el apogeo de las guarimbas de ese año, Guaidó se unió a López en el escenario en un mitin de Voluntad Popular y Primero Justicia. Durante una larga diatriba contra el Gobierno, López instó a la multitud a marchar a la oficina de la fiscal general Luisa Ortega Díaz. Poco después, la oficina de Díaz fue atacada por bandas armadas que intentaron incendiarla. Denunció lo que llamó “violencia planificada y premeditada”. En una aparición televisada en 2016, Guaidó desestimó las muertes causadas por las ‘guayas’, una táctica de la guarimba que consiste en estirar un cable de acero a través de una carretera para herir o matar a los motociclistas, como un “mito”. Sus comentarios blanquearon una táctica mortal que había matado a civiles desarmados como Santiago Pedroza y decapitó a un hombre llamado Elvis Durán, entre muchos otros. Este insensible desprecio por la vida humana definiría su partido de ‘Voluntad Popular’ a los ojos de gran parte del público, incluidos muchos opositores de Maduro. A medida que la violencia y la polarización política se intensificaban en todo el país, el Gobierno comenzó a actuar contra los líderes de ‘Voluntad Popular’ que ayudaron a alimentarlas. Freddy Guevara, el vicepresidente de la Asamblea Nacional y el segundo al mando de ‘Voluntad Popular’, fue el principal líder en los disturbios callejeros de 2017. Ante un juicio por su actuación en la violencia, Guevara se refugió en la embajada chilena, donde permanece.

Lester Toledo, un legislador de Voluntad Popular del estado de Zulia, fue buscado por el Gobierno venezolano en septiembre de 2016 por cargos de financiamiento del terrorismo y preparación de asesinatos. Se dijo que los planes se hicieron con el expresidente colombiano Álavaro Uribe. Toledo escapó de Venezuela y realizó varias giras con Human Rights Watch, el Freedom House respaldado por el Gobierno de Estados Unidos, el Congreso de España y el Parlamento Europeo. Carlos Graffe, otro miembro de Generación 2007 entrenado en Otpor que dirigió ‘Voluntad Popular’ fue arrestado en julio de 2017. Según la policía, estaba en posesión de una bolsa llena de clavos, explosivos C4 y un detonador. Fue puesto en libertad el 27 de diciembre de 2017. Leopoldo López, por largo tiempo líder de ‘Voluntad Popular’, está hoy bajo arresto domiciliario, acusado de un papel clave en la muerte de 13 personas durante las guarimbas en 2014. Amnistía Internacional elogió a López como “preso de conciencia” y criticó su traslado de la prisión a la casa como “no lo suficientemente bueno”. Mientras tanto, los familiares de las víctimas de las guarimbas presentaron una petición por más cargos contra López. Yon Goicoechea, el muchacho del cartel de los Koch Brothers y fundador de Justicia Primero, respaldado por Estados Unidos, fue arrestado en 2016 por las fuerzas de seguridad que afirmaron haber encontrado un kilo de explosivos en su vehículo. En un editorial del New York Times, Goicoechea protestó los cargos como “falsos” y afirmó que había sido encarcelado simplemente por su “sueño de una sociedad democrática, libre del comunismo”; fue liberado en noviembre de 2017. Hoy, en Caricuao. Llevo 15 años trabajando con @jguaido. Confío en él. Conozco la constancia y la inteligencia con la que se ha construido a sí mismo. Está haciendo las cosas con bondad, pero sin ingenuidad. Hay una posibilidad abierta hacia la libertad.

Guaidó tiene características mestizas comunes como la mayoría de los venezolanos y parece más un hombre común

David Smolansky, también miembro de la original Generación 2007 entrenada por Otpor, se convirtió en el alcalde más joven de Venezuela cuando fue elegido en 2013 en el afluente suburbio de El Hatillo. Pero fue despojado de su puesto y condenado a 15 meses de prisión por el Tribunal Supremo después de que lo encontró culpable de agitar a las violentas guarimbas. Al enfrentar el arresto, Smolansky se afeitó la barba, se puso gafas de sol y se deslizó dentro de Brasil disfrazado de sacerdote con una biblia en la mano y un rosario alrededor del cuello. Ahora vive en Washington, DC, donde fue elegido por el Secretario de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, para dirigir el grupo de trabajo sobre la crisis de los migrantes y refugiados venezolanos. El pasado 26 de julio, Smolansky sostuvo lo que llamó una “reunión cordial” con Elliot Abrams, el condenado convicto Irán-Contra instalado por Trump como enviado especial de Estados Unidos a Venezuela. Abrams es conocido por supervisar la política encubierta de Estados Unidos de armar escuadrones de la muerte de derecha durante la década de 1980 en Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Su papel principal en el golpe de Estado de Venezuela ha avivado los temores de que otra guerra de poderes empapada de sangre podría estar en camino. Cordial reunión en la ONU con Elliott Abrams, enviado especial del Gobierno de EE UU para Venezuela. Reiteramos que la prioridad para el gobierno interino que preside @jguaido es la asistencia humanitaria para millones de venezolanos que sufren falta de comida y medicinas. Cuatro días antes, Machado disparó otra amenaza violenta contra Maduro, declarando que si “quiere salvar su vida, debe entender que se ha acabado su tiempo”.

El colapso de Voluntad Popular bajo el peso de la violenta campaña de desestabilización que desarrolló enajenó a grandes sectores del público y terminó con gran parte de su liderazgo en el exilio o bajo custodia. Guaidó seguía siendo una figura relativamente menor, después de haber pasado la mayor parte de sus nueve años de carrera en la Asamblea Nacional como diputado suplente. Proveniente de uno de los estados menos poblados de Venezuela, Guaidó ocupó el segundo lugar durante las elecciones parlamentarias de 2015, con solo el 26% de los votos emitidos para asegurar su lugar en la Asamblea Nacional. De hecho, su trasero puede haber sido mejor conocido que su cara. Guaidó es conocido como el presidente de la Asamblea Nacional dominada por la oposición, pero nunca fue elegido para el cargo. Los cuatro partidos de oposición que conformaban la Mesa de Unidad Democrática de la Asamblea habían decidido establecer una presidencia rotativa. El turno de Voluntad Popular estaba en camino, pero su fundador, López, estaba bajo arresto domiciliario. Mientras tanto, su segundo al mando, Guevara, se había refugiado en la embajada chilena. Un personaje llamado Juan Andrés Mejía habría sido el siguiente en la línea, pero por razones que solo ahora están claras, se seleccionó a Juan Guaido.

“Un razonamiento de clase explica el ascenso de Guaidó”, observó Sequera, el analista venezolano. “Mejía es de clase alta, estudió en una de las universidades privadas más caras de Venezuela y no se podía vender fácilmente al público como con Guaidó sí se podía hacerlo. Por un lado, Guaidó tiene características mestizas comunes como la mayoría de los venezolanos y parece más un hombre común. Además no había estado sobreexpuesto en los medios de comunicación, por lo se podía inventar casi cualquier cosa”. En diciembre de 2018, Guaidó cruzó la frontera y viajó a Washington, Colombia y Brasil para coordinar el plan de realizar manifestaciones masivas durante la toma de posesión del presidente Maduro. La noche antes de la ceremonia de juramentación de Maduro, el vicepresidente Mike Pence y la ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, llamaron a Guaidó para reafirmar su apoyo. Una semana después, el senador Marco Rubio, el senador Rick Scott y el representante Mario Díaz-Balart, todos legisladores del lobby de exiliados cubanos de derecha de Florida, se unieron al presidente Trump y al vicepresidente Pence en la Casa Blanca. A petición de ellos, Trump acordó que si Guaidó se declaraba a sí mismo presidente, lo respaldaría.

Mike Pompeo se reunió personalmente. Sin embargo, Pompeo no pudo pronunciar su nombre, refiriéndose a él como “Juan Guido”

Según el Wall Street Journal, el secretario de Estado Mike Pompeo se reunió personalmente con Guaidó. Sin embargo, Pompeo no pudo pronunciar el nombre de Guaidó cuando lo mencionó en una conferencia de prensa, refiriéndose a él como “Juan Guido”. El secretario de Estado Mike Pompeo acaba de llamar al personaje que Washington intenta instalar como presidente venezolano “Juan Guido”, el término racista para los italianos. El principal diplomático de Estados Unidos ni siquiera se molestó en aprender cómo pronunciar el nombre de su títere. La página de Wikipedia de Guaidó había sido editada 37 veces, destacando la lucha por dar forma a la imagen de una figura anónima que ahora era un cuadro para las ambiciones de cambio de régimen de Washington. Al final, la supervisión editorial de su página fue entregada al consejo de “bibliotecarios” de élite de Wikipedia, quien lo declaró presidente “en disputa” de Venezuela.

Guaidó pudo haber sido una figura oscura, pero su combinación de radicalismo y oportunismo satisfacía las necesidades de Washington. “Faltaba esa pieza” dijo la Administración Trump de Guaidó. “Era la pieza que necesitábamos para que nuestra estrategia fuera coherente y completa”. Brownfield, el exembajador de Estados Unidos en Venezuela, se dirigió al New York Times diciendo, “por primera vez tienes un líder de la oposición que está señalando claramente a las fuerzas armadas y a la policía que quiere mantenerlos del lado de los ángeles y con los buenos”. Pero el partido de ‘Voluntad Popular’ de Guaidó formó las tropas de choque de las guarimbas que causaron la muerte de policías y ciudadanos comunes por igual. Incluso se había jactado de su propia participación en disturbios callejeros. Y ahora, para conquistar los corazones y las mentes de los militares y la policía, Guaido tuvo que borrar esta historia empapada de sangre. Un día antes de que comenzara el golpe, la esposa de Guaidó hizo un video donde pedía a los militares que se levantaran contra Maduro. Su actuación fue rígida y poco inspiradora, lo que subraya las limitadas perspectivas políticas de su esposo. Cuatro días después, en una conferencia de prensa ante simpatizantes, Guaidó anunció su solución a la crisis: “¡Autorizar una intervención humanitaria!”. Mientras espera la asistencia directa, Guaidó sigue siendo lo que siempre ha sido: un proyecto favorito de fuerzas externas cínicas. “No importa si él se estrella y se quema después de todas estas desventuras”, dijo Sequera sobre la figura del golpe. “Para los estadounidenses es prescindible”.

Max Blumenthal es un galardonado periodista y autor de varios libros, entre los que se incluyen el best seller ‘Republican Gomorrah, Goliath, The Fifty One Day War y The Management of Savagery’. Ha producido artículos impresos para una variedad de publicaciones, muchos reportajes en video y varios documentales, incluyendo ‘Killing Gaza’. Blumenthal fundó The Grayzone en 2015 para iluminar periodísticamente sobre el estado de guerra perpetuo de Estados Unidos y sus peligrosas repercusiones internas. Dan Cohen es periodista y cineasta. Ha producido informes de video ampliamente distribuidos y despachos impresos de todo Israel y Palestina. Dan es corresponsal en RT America y tweets en @DanCohen3000 .

Joan Manuel Serrat: “Esperemos que tras el concierto en Cúcuta no venga muerte y miseria, porque muchos serían sus cómplices”

El cantautor catalán Joan Manuel Serrat criticó duramente al madrileño Alejandro Sanz, en torno a su participación en el concierto “Venezuela Aid Live” realizado cerca de Cúcuta, en Colombia, para recaudar dinero para una supuesta “ayuda humanitaria” para Venezuela. “El concierto fue un acto político. Eso es de obvio conocimiento y natural intuición. Todos esperamos que detrás de ello no venga muerte y miseria, porque entonces muchos serían los inadvertidos cómplices”. Serrat escribió sus palabras en Instagram, en una discusión luego de que el cantante y compositor argentino Coti Sorokin, autor de la canción “Color Esperanza”, reclamara públicamente a Diego Torres que la hubiera interpretado en el citado concierto, organizado por el multimillonario dueño del grupo Virgin, el británico Richard Branson. “Como autor de Color Esperanza les digo que es una canción que sólo está a disposición de la gente, no de políticos”, tuiteó Coti Sorokin momentos después de que Torres interpretara la famosa canción en el concierto en Cúcuta. Coti Sorokin, cuyo nombre real es Roberto Sorokin Espasa, publicó también su comentario en Instagram, donde obtuvo una gran cantidad de respuestas al respecto. Una de ellas fue del cantante Alejandro Sanz, quien le escribió a Coti tratando de separar la política en el controversial concierto: “La política es la piedra en el camino. La gente es la suela del zapato del que camina. Aquí nadie habló de política, hermano. La política hace tiempo que dejó de tener importancia. Si no queremos hablar de política, no hablemos de ella”.

Es de recalcar que en dicho concierto, desde su comienzo hasta su fin, hubo innumerables comentarios políticos en contra del presidente Nicolás Maduro y su gobierno. El músico español Miguel Bosé recibió un aluvión de críticas luego de pedir desde el concierto a la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachellet, que “mueva sus nalgas” y usara su autoridad contra el gobierno venezolano, al tiempo que exigió desde la tarima la salida del presidente Maduro del poder. Coti le respondió a Sanz: “¿Qué bien nacido podría no estar de acuerdo con verdadera ayuda humanitaria? ¿En cada rincón donde se necesite? Esperemos que en este caso los camiones no vengan con tanques detrás y dejen una estela de más hambre, más muertos, más violencia y más desesperación como otras veces sí ha ocurrido. Esa es mi esperanza”. El concierto “Venezuela Aid Live”, fue publicitado como un intento de recaudar 100 millones de dólares para una supuesta “ayuda humanitaria” para Venezuela. El gobierno venezolano ha denunciado que esta supuesta “ayuda”, que es suministrada por agencias del Gobierno de Estados Unidos, es una maniobra para realizar una intervención militar en el país. La Cruz Roja Internacional y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se negaron a participar en esta entrega de ayuda humanitaria, porque no es autorizada por el gobierno venezolano.

La novela ‘¿Arde París?’ presenta al general alemán Von Choltitz, quien no obedeció la orden de Hitler para destruir la ciudad

‘¿Arde París?’ es una novela histórica de Larry Collins y Dominique Lapierre publicada en 1964. Describe los días de agosto de 1944 y, muy detalladamente, las horas que precedieron a la Liberación de París por parte de las Fuerzas Aliadas, las Fuerzas Francesas Libres y los movimientos de Resistencia interior, adheridos estos últimos en su mayoría al Partido Comunista Francés durante la Segunda Guerra Mundial. La obra debe su título a la pregunta hecha por Hitler a sus generales reunidos en el Gran Cuartel General de Rastenburg, Prusia Oriental, el 25 de agosto de 1944, momento en el que este se negaba de manera obstinada a perder París luego de cuatro años de ocupación. Sin embargo, la situación se había vuelto crítica: a falta de unidades para retener la ciudad, el general Dietrich von Choltitz había recibido la orden personalmente de Hitler, de resistir hasta el último hombre, y de destruir París por medio de cargas explosivas localizadas en los más importantes monumentos de la ciudad, así como arrasar con aquellos barrios donde los ejércitos alemanes encontraran resistencia y apoyo a las tropas de liberación.

Esta obra se caracteriza por mostrar desde diferentes puntos de vista el conflicto: el de los habitantes de París, los soldados de Leclerc, el de Eisenhower, el de Hitler y de manera particular el del general Von Choltitz. Para ello, los autores entrevistaron a docenas de testigos y protagonistas de los hechos. Es además, rica en detalles que parecen triviales, pero que en su conjunto van retratando la atmósfera que vivía París, sus habitantes y ocupantes en los días previos a la liberación. La importancia del papel del general Von Choltitz, gobernador alemán de París, quien se negó a obedecer la orden de Hitler de destruir la ciudad, es reconocida actualmente por los parisinos de una manera muy curiosa, pues en la grabación que se escucha en el autobús turístico que recorre los distintos monumentos de la ciudad, se menciona que dichos monumentos siguen ahí gracias a Von Choltitz. Fue llevada al cine en 1966 por René Clément. Ese espíritu de Von Choltitz debe impregnar el despacho Oval de la Casa Blanca.

Los ciudadanos venezolanos deben leer ‘La montaña mágica’ de Thomas Mann y aprender a discutir sobre la política y negociar

La novela había invernado en la casa en un armario durante meses y durante la dura canícula volví sobre ‘La montaña mágica’, de Thomas Mann. Comencé a leer, o más bien a escalar, trabajosamente la novela de Thomas Mann a los 14 años, durante las vacaciones en otra ‘Riviera’, la Ribera de Navarra, en el pueblecito de Marcilla, por donde pasaba un afluente del río Ebro, el Aragón. ‘¡Vaya, vaya, aquí no hay playa!’, era la canción del verano del grupo de pop rock ‘The Refrescos’, en la España aún dictatorial y de partido único. Solía escuchar las historias que nos contaba Antonio Echeverría Jiménez un viejo anticuario, ‘socio’ del Obispo de Calahorra, locuaz, sabio, humanista, autodidacta, quien se sentía feliz solo con que le dejaras hablar. Thomas Mann considerado uno de los escritores alemanes más importantes de su generación, es recordado por el profundo análisis crítico que desarrolló en torno al alma europea en la primera mitad del siglo XX.

Durante las tertulias, a las que se sumaban otros vecinos y vecinas, varias de ellas viudas de la Guerra Civil Española, me revelaron el misterio de la cara oculta de aquella maldita contienda, surgida tras un golpe de estado de Francisco Franco, un 18 de julio de 1936. Fue de labios de Antonio, Carmen, La Barrada, Doña Fermina… que supe por primera vez de los crímenes del Caudillo, autoproclamado ‘Caudillo’, encargado por los españoles de pro, en su ‘cruzada’ contra el comunismo, los judíos y masones, y contra todo aquel que no comulgaba con su slogan falangista (fascista) de España, Una, Grande y Libre. A medida que me hablaban de los hechos terribles que habían sucedido en el bando nacional, algunos de los cuales sin que yo me apercibiera que estaban vigentes todavía a nuestro alrededor, sufrí la misma angustia del niño que se adentra en una gruta llena de sombras inquietantes que le atraen y al mismo tiempo le causan terror. Aquella revelación hoy se llama ‘Memoria Histórica’, una nueva y distinta narración de aquella guerra fratricida que a los niños de mi generación nos fue hurtada bajo los himnos patrióticos que cantábamos en la escuela.

El odio civil entre los españoles era una grave enfermedad contagiosa, casi siempre mortal, que había que superar, y la reconciliación una nueva montaña mágica que había que escalar. En mi caso recuerdo aquel verano ya tan lejano como el de mi iniciación a una espiritualidad de los sentidos y también del primer germen de mi conciencia política, el otro rostro de la historia. Settembrini es uno de los personajes fundamentales de la novela. Representa en cierto modo el sistema de valores de la burguesía, así como la afirmación vitalista del trabajo, la actividad creativa y el progreso de la humanidad. Está igualmente vinculado a la tradición humanística, y a los valores de la democracia y la Ilustración, con especial énfasis en la tolerancia y en los derechos humanos. Él mismo gusta de compararse con Prometeo, el personaje de la mitología griega que llevó el fuego, y, con él, la “iluminación” al género humano. Los ciudadanos venezolanos deben leer ‘La montaña mágica’ de Thomas Mann y aprender a discutir sobre la política y negociar. ¿Pueden Venezuela y sus vecinos ‎sobrevivir a una guerra anunciada, no descartable?‎

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