XVI Legislatura local, la peor de todos los tiempos

XVI Legislatura local, la peor de todos los tiempos

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La del cambio integral. La de las cuentas claras y el combate sin tregua contra la corrupción. La de la vigilancia crítica indeclinable del mandato de Gobierno. La del ejemplo de eficacia y honradez en la representación de los intereses populares. La que tendría que ser la más ejemplar de todos los tiempos. La que llegó montada en el corcel del máximo jinete de la revolución moral de la vida pública del país. La de la esperanza de legislar en favor de las transformaciones estructurales y de la solución de los problemas más graves que acosan a la entidad como nuca antes –los de la violencia, los de la indigencia, los de la descomposición social, los de la corrupción pública, los del caos urbano, los de la degradación ambiental, los de la ruina turística, los del endeudamiento, los de las crisis fiscales de los Municipios…-. Esa Legislatura, como los Municipios del morenismo triunfante, es el mayor de los fraudes electorales y democráticos y administrativos de la historia política quintanarroense.

Emmanuel Martínez

“Tal vez no se lo dije durante la comparecencia, pero al término, en corto, le pregunté al secretario: ‘¿Has considerado renunciar?’, a lo que me respondió que necesita tiempo para mostrar resultados”. Tal fue la declaración principal dada en entrevista por el titular de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso local, el diputado del Movimiento de Regeneración Nacional, Edgar Gasca Arceo, tras la comparecencia del jefe de la Seguridad Pública del Estado, Jesús Alberto Capella Ibarra.

No se lo quiso preguntar Gasca a Capella durante la comparecencia. No se atrevió. No quiso confrontarlo de cara a la tribuna de la suprema representación popular.

Nada nuevo. Ningún matiz de valor.

Hasta ahora, en ninguna de las 12 comparecencias de los integrantes del gabinete estatal para hacer la glosa del pasado Informe de Gobierno, se ha manifestado el sentido crítico que, cual advirtieron los diputados de los partidos Morena y Verde Ecologista de México, iban a mostrar como oposición al oficialismo local.

De los comunicados de prensa que enviaron por parte de la XVI Legislatura, sólo en dos los diputados afirmaron estar insatisfechos con la declaración de los titulares de las dependencias y órganos desconcentrados del Gobierno estatal, además de que, contrario a lo hecho por las anteriores Legislaturas, no todos los diputados han estado presentes en las exposiciones de los emisarios del gobernador, pues incluso aquellos que se dedicaron a utilizar el Pleno para criticar el trabajo del mandato estatal, como Hernán Villatoro, del PT, o Reyna Durán Ovando, del Morena, faltaron a más del 60 por ciento de las comparecencias.

Una advertencia vana

Cuando los que fueran directores y secretarios de la administración del entonces gobernador, Roberto Borge Angulo, acudieron a la XV Legislatura para desglosar el Sexto Informe de Gobierno, las críticas fueron muy duras por parte de los diputados locales. Y a través de los análisis exhaustivos de los diputados se logró descubrir grandes desvíos de recursos y diversas irregularidades en la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado, el dispendió multimillonario en viajes privados y negocios fraudulentos a través de VIP Saesa, enormes faltantes y despojos presupuestarios y lavado de dinero en el Sistema Quintanarroense de Comunicación Social, la venta irregular de costosos bienes patrimoniales del Estado a través del IPAE, y muchos otros delitos flagrantes cometidos durante la gestión del ahora preso exgobernador criminal.

Porque por primera vez el Poder Ejecutivo de Quintana Roo enfrentaba un Congreso en el que su partido no tenía mayoría, el Informe fue analizado a detalle y los funcionarios que comparecieron estuvieron bajo la lupa inquisitiva de casi todos los integrantes de esa Legislatura.

Los siguientes dos años no sorprendió que las comparecencias volvieran a ser un mero trámite para los funcionarios de primer nivel del Gobierno del Estado, gracias a la mayoría oficialista y cómplice del PAN y el PRD que imperaba.

Sin embargo, parecía que los tiempos del escrutinio riguroso volverían con la llegada de la nueva Legislatura, cuya mayoría casi absoluta ahora era del Morena y del PVEM, antagónicos a la administración estatal, y que tal revisión de las cuentas entregadas por el Ejecutivo sería más detallada y pormenorizada que nunca, porque además del antagonismo político era la hora de demostrarle a los ciudadanos –a los electores y a toda la opinión pública-, lo mismo que al líder nacional del movimiento vindicativo que los había llevado al poder, que no tolerarían prácticas irregulares ni incumplimientos de obligaciones ni equívocos ejercicios presupuestales al modo de la corrupción de antes, porque por ello habían llegado los nuevos representantes populares de la oposición a través de las mayorías electoras que los legitimaban: para impedir nuevos agravios a partir de un meticuloso compromiso de revisión y crítica sistemática de cada uno de los rubros informados.

El propio Edgar Gasca Arcel y el diputado del Partido Verde, Gustavo Miranda García, señalaron, antes de realizar las comparecencias, que cada una sería vigilada bajo un escrupuloso ojo crítico, en busca de las irregularidades del Gobierno del Estado que durante tanto tiempo habían criticado.

El propio y muy cuestionado Jesús Capella Ibarra –cuya gestión policial no se ha reflejado en absoluto en una merma de la criminalidad- fue el principal blanco de las advertencias, señalando que su deficiente trabajo al frente de la Secretaría de Seguridad Pública lo haría el candidato ideal a ser el primer funcionario estatal en ser cesado.

Salen muy bien librados

Pero llegó el turno del titular de Seguridad Pública y… nada. Nada pasó. Absolutamente nada. Capella se dedicó a ‘dorarles la píldora’ a unos condescendientes, desinformados y acríticos interlocutores del bando político opositor, y a entregar más de dos horas de datos y cifras de la inversión realizada en materia de seguridad pública, justificando el gasto de casi 2 mil millones de pesos en cámaras de vigilancia con el arresto de más de 200 personas relacionadas con el crimen organizado (¿muchas, pocas; cuántas en relación con el número de atentados, de víctimas y de posibles sicarios libres y en ejercicio de su alto potencial homicida?, no se sabrá nunca; no fueron por ahí las indagatorias parlamentarias).

Los legisladores no lograron encontrar ningún punto débil en la comparecencia del secretario. Cuestionaban, poco y mal, y sus dudas eran respondidas con otros datos que los diputados no podían refutar, porque no se ocuparon de investigar nada más allá de las diapositivas que les entregó el jefe policiaco, para quien sus interlocutores fueron fiscales a modo: ‘pan comido’.

Los discursos de los demagogos y los farsantes no faltaron. Hernán Villatoro, del PT, criticó una falta de compromiso para garantizar la seguridad de la ciudadanía. Capella, por su parte, respondió que en dos años han logrado reducir en casi cinco puntos porcentuales la percepción de violencia en el Estado, algo que era considerado escaso, pero al mismo tiempo ‘significativo’, considerado el clima de violencia que se vive en Quintana Roo en la actualidad.

Ningún otro dato fue objetado. Al final, los legisladores emitieron un comunicado oficial donde afirmaron que pondrían todo de su parte para frenar la ola de violencia en el Estado. Ninguna denuncia o error fue señalado al término de la sesión.

Cuestionado al respecto, Edgar Gasca justificó la frase mencionada al principio de este reportaje, argumentando que el Congreso no tiene la facultad de remover funcionarios.

La mayoría opositora había sido humillada de manera escandalosa.

Ante un escenario devastador dominado por bandas criminales y cadáveres y ríos de sangre corriendo por las ciudades y los parajes turísticos y exhibiendo ante el mundo un ámbito ingobernable y de terror, donde la demanda del turismo drogadicto y la expansión del consumo local de drogas fortalecen el mercado, las pugnas entre los grupos delictivos y su sociedad de intereses con los cuerpos de seguridad locales y federales, el máximo jefe policiaco de la entidad dejaba muy satisfechos a los legisladores con sus cuentas y sus cuentos alegres, y hacía ver que ese panorama trágico de la inseguridad seguiría su curso, ahora con la complicidad parlamentaria.

Noqueados

Las siguientes presentaciones de los secretarios del Gobierno Estatal pasaron de igual manera. Prácticamente asistieron al Congreso local para entregar la misma información que dieron días antes en sus respectivas conferencias con motivo del Tercer Informe.

Los boletines oficiales lo confirmaron: “Llaman legisladores a fomentar proyectos deportivos en todos los Municipios”. “Quintana Roo debe ser modelo en defensa de los derechos laborales”. “Trabajan legisladores en acciones que fortalezcan el sector primario”. “Se pronuncian legisladores por trabajo coordinado para fortalecer la actividad turística”. “Trabajarán legisladores en fortalecimiento de la economía de Quintana Roo”… Una fiesta triunfalista del mando parlamentario y de todos los grupos a su vera, y una adhesión igualmente festiva a las acciones y las obras del mandato de Gobierno al que deben vigilar y llamar a cuentas. Todo está en orden en la entidad. Ni corrupción ni equívocos ni malas iniciativas en la garantía de la seguridad pública y la paz social. Un aplauso de reconocimiento para todo el Ejecutivo estatal.

Sólo dos boletines tuvieron un sentido crítico: el que tuvo que ver con la comparecencia del titular de la Cojudeq (el área para la juventud y el deporte), aunque nada se cuestionó sobre las becas deportivas o alguna otra cuestión sobre el manejo de los recursos.

La crítica, señalada por la diputada Iris Mora Vallejo, fue porque se considera que en Quintana Roo se fomenta el deporte elitista, al no brindar apoyos a deportes culturales o deportistas que provienen de la educación pública.

“Inconformes legisladores con la comparecencia del Contralor Estatal”, ha sido el más crítico posicionamiento de los integrantes de la XVI Legislatura que, dicho sea de paso, perdieron el interés en la presentación de los funcionarios.

Porque a excepción de aquella donde acudió Capella Ibarra, sólo habían asistido entre cinco y siete diputados por comparecencia, prácticamente sólo los que integran la Comisión en la que se presentan los funcionarios estatales, a pesar de que la supuesta mayoría opositora la integran casi 16 diputados del Morena, el PT y el PVEM.

En el primer round, la XVI Legislatura fue apaleada.

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