Amelio Robles, un coronel ‘transgénero’ en la Revolución Mexicana

Amelio Robles, un coronel ‘transgénero’ en la Revolución Mexicana

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Este soldado se enfrentó a los prejuicios de su época y logró ser reconocido en público y en privado como hombre en la milicia de Emilio Zapata. Los corridos, canciones revolucionarias, y el cine rescataron, los liderazgos femeninos en la cultura popular. Como en la película ‘Juana Gallo’, interpretada por María Félix…

Santiago J. Santamaría Gurtubay

Gabriela Cano, investigadora del Colegio de México, es una de las principales responsables de que la historia de Amelio Robles saliera a la luz. Los principales ‘mass media’ de México y España han publicados amplios reportajes sobre este héroe anónimo… Amelio Robles posa altivo para la cámara. En la mano derecha, un cigarrillo. En la izquierda sujeta su pistola. Un pañuelo cuelga de la solapa. La cámara lo capta con su traje y sombrero, como dictaba la moda masculina de la época. Sin embargo, detrás de su gesto serio e intimidante, su ropa elegante y su imagen viril, yacía el deseo oculto de una persona nacida con condición legal de mujer que no quería ser mujer. Robles era un soldado temido y respetado, que alcanzó el grado de coronel en el ejército de Emiliano Zapata durante la Revolución Mexicana y que vivió en público y en privado como hombre hasta su muerte en 1984. “Es un caso excepcional porque está documentado, aunque no se puede descartar que hubiera otros”, comenta Gabriela Cano.

La Revolución mexicana fue un conflicto armado que se inició en México el 20 de noviembre de 1910. Los antecedentes del conflicto se remontan a la situación bajo la dictadura conocida como el porfiriato. Porfirio Díaz ejerció el poder en el país de manera dictatorial desde 1876 hasta 1911. Durante estos 35 años, el país, experimentó un notable crecimiento económico y tuvo estabilidad política, pero estos logros se realizaron con altos costos económicos y sociales, que pagaron los estratos menos favorecidos de la sociedad y la oposición política al régimen de Díaz. Durante la primera década del siglo XX estallaron varias crisis en diversas esferas de la vida nacional, que reflejaban el creciente descontento de algunos sectores con el porfiriato. Cuando Díaz aseguró en una entrevista que se retiraría al finalizar su mandato sin buscar la reelección, la situación política comenzó a agitarse. La oposición al Gobierno cobró relevancia ante la postura manifestada por Díaz. En ese contexto, Francisco I. Madero realizó diversas giras en el país con miras a formar un partido político que eligiera a sus candidatos en una asamblea nacional y compitiera en las elecciones. Díaz lanzó una nueva candidatura a la presidencia y Madero fue arrestado en San Luis Potosí por sedición. Durante su estancia en la cárcel se llevaron a cabo las elecciones que dieron el triunfo a Díaz.

Madero logró escapar de la prisión estatal y huyó a los Estados Unidos. Desde San Antonio (Texas), el 20 de noviembre de 1910, proclamó el Plan de San Luis, que llamaba a tomar las armas contra el Gobierno de Díaz. El conflicto armado se inició en el norte del país y posteriormente se expandió a otras partes del territorio nacional. Una vez que los sublevados ocuparon Ciudad Juárez (Chihuahua), Porfirio Díaz presentó su renuncia y se exilió en Francia. En 1911 se realizaron nuevas elecciones en las cuales resultó electo Madero. Desde el comienzo de su mandato tuvo diferencias con otros líderes revolucionarios, que provocaron el levantamiento de Emiliano Zapata y Pascual Orozco contra el Gobierno maderista. En 1913 un movimiento contrarrevolucionario, encabezado por Félix Díaz, Bernardo Reyes y Victoriano Huerta, dio un golpe de Estado. El levantamiento militar, conocido como Decena Trágica, terminó con el asesinato de Madero, su hermano Gustavo y el vicepresidente Pino Suárez. Huerta asumió la presidencia, lo que ocasionó la reacción de varios jefes revolucionarios como Venustiano Carranza y Francisco Pancho Villa. Tras poco más de un año de lucha, y después de la ocupación estadounidense de Veracruz, Huerta renunció a la presidencia y huyó del país.

A partir de ese suceso se profundizaron las diferencias entre las facciones que habían luchado contra Huerta, lo que desencadenó nuevos conflictos. Carranza, jefe de la Revolución de acuerdo con el Plan de Guadalupe, convocó a todas las fuerzas a la Convención de Aguascalientes para nombrar un líder único. En esa reunión Eulalio Gutiérrez fue designado presidente del país, pero las hostilidades reiniciaron cuando Carranza desconoció el acuerdo. Después de derrotar a la Convención, los constitucionalistas pudieron iniciar trabajos para la redacción de una nueva Constitución y llevar a Carranza a la presidencia en 1917. La lucha entre facciones estaba lejos de concluir. En el reacomodo de las fuerzas fueron asesinados los principales jefes revolucionarios: Zapata en 1919, Carranza en 1920, Villa en 1923, y Obregón en 1928. Actualmente no existe un consenso sobre cuándo terminó el proceso revolucionario. Algunas fuentes lo sitúan en 1917, con la proclamación de la Constitución mexicana, algunas otras en 1920 con la presidencia de Adolfo de la Huerta, o en 1924 con la de Plutarco Elías Calles. Incluso hay algunas que aseguran que el proceso se extendió hasta los años 1940.

Amelio Robles nació hacia 1889 en Xochilapa, un pequeño pueblo de Guerrero, en el sur de México, y se unió al zapatismo cuando tenía 23 años. Eran un país y un mundo muy diferentes. Tendrían que pasar varias décadas para que los primeros grupos de la comunidad LGTBI+ salieran a las calles de las principales ciudades del mundo a reclamar sus derechos, la Medicina avanzara hacia las primeras cirugías de reasignación de sexo y las identidades de género dejaran de considerarse como enfermedades mentales o disforias. Lejos de los principales núcleos urbanos y sin cirugías ni hormonas ni ejemplos de personajes públicos que hubieran hecho lo mismo, Robles echó mano de la ropa y las actitudes masculinas para su transitar de mujer a hombre, como se observa en la fotografía que le tomaron, datada aproximadamente en 1915. Era aguerrido, hábil con el caballo, diestro con las armas y se relacionó íntimamente con varias mujeres, incluso adoptó a una hija, de acuerdo con ‘Andar de soldado viejo’, la investigación de Cano.

“El coronel Robles no era un transexual ni un travesti ni una lesbiana butch, como se le llama a una mujer que le gustan las mujeres, pero que adopta comportamientos tradicionalmente masculinos”, explica Cano, que afirma que se trata de un hombre transgénero. En una sociedad apabullantemente binaria, en donde una persona tenía solo la posibilidad de ser hombre o mujer heterosexual, el interés de la historiadora era incorporar otras categorías de género a su investigación para entender cómo se construían los roles sociales de ambos sexos a principios del siglo XX. “Había una incapacidad de entender que había personas que se sentían diferentes y ahí es donde entra la mirada de la historiadora para poner distancia ante ese binarismo y analizarlo”, señala Cano. “Muchas veces se idealizan los conflictos armados, pero eran contextos extremos de muerte, sufrimiento y dolor, y es en la guerra donde se cimbran los parámetros de género que existían”, agrega.

El machismo era la norma en México. Los distintos bandos de la Revolución desaprobaban la homosexualidad, vista como sinónimo de cobardía. Y aunque ‘Las Adelitas’, como se conoce a las soldaderas que participaron en el conflicto y que apoyaron a los hombres en el frente, pasaron a la historia como pioneras en revalorar el papel público de las mujeres, la mayoría de ellas fueron relegadas en la cadena de mando y hay casos documentados de algunas que tuvieron que disfrazarse de hombres para evitar violaciones y violencia sexual, como ha sucedido en otros conflictos. “Las mujeres estuvieron siempre presentes, pero nunca fueron reconocidas en el Ejército ni por sus compañeros”, señala Claudia Ceja, investigadora de la Universidad Autónoma de Querétaro. “Hay un silencio en la historiografía y las fuentes de la época arrojan solo información a cuentagotas”, agrega. Los corridos (canciones revolucionarias) y el cine rescataron, en cambio, los liderazgos femeninos en la cultura popular. Como en la película ‘Juana Gallo’, interpretada por María Félix. Escrita y dirigida por Miguel Zacarías, en 1960, fotografiada por Gabriel Figueroa y protagonizada, amén de María Félix, por Jorge Mistral y Luis Aguilar, participó en el segundo Festival Internacional de Cine de Moscú. Una campesina de nombre Ángela, al enterarse del asesinato de su padre y su novio, se levanta en armas contra el Gobierno federal. Ángela, quien empieza a ser conocida como ‘Juana Gallo’, consigue el apoyo de todo el pueblo; inclusive de algunos federales que pasan a defender su causa. Esta tensa situación se convertiría en la Batalla de Zacatecas.

La transición de nuestro personaje real, Amelio Robles, no solo garantizó su supervivencia, le permitió cierto protagonismo. Hacia 1917 o 1918, cuando el conflicto llegaba a su fin, se unió al Ejército federal, aun cuando las Fuerzas Armadas no aceptaban mujeres. En los treinta fue parte del Partido Socialista de Guerrero, dos décadas antes de que se reconociera el voto femenino. En 1948, tras un examen médico que acreditaba seis heridas de bala y no decía nada sobre su anatomía sexual, se le reconoció como veterano de la Revolución y en 1978, la Secretaría de la Defensa Nacional lo condecoró. Robles tejió una red de relaciones con varios mandos militares que después ocuparon cargos políticos, lo que le permitió seguir como hombre, gracias a un acta de nacimiento apócrifa. Aunque estaba completamente integrado a su comunidad, su tolerancia y aceptación como hombre no fueron fáciles. Los mismos amigos que aplaudían en público las hazañas del coronel, le llamaban en privado la coronela o bromeaban sobre su transición. La prensa mexicana le dio fama y le dedicó varios reportajes, que trataban como una excentricidad su personalidad masculina. “La coronela es un hombre y, sin embargo, nació mujer”, narraba el periodista Miguel Gil, del diario El Universal.

Incluso ahora, la figura de Emilio Robles presenta muchas paradojas. Es la persona que se negó a vivir restringida a los moldes de su sexo, pero que se reinventó como un soldado revolucionario macho. Dentro y fuera de los estereotipos de género de su época, en un país que aún no reconoce a plenitud los derechos de la diversidad sexual y las mujeres, Amelio Robles vivió su vida como el coronel que quiso ser. Se adelantó, como una persona valiente, a su tiempo, luchando y logrando que salieran victoriosas la Revolución Mexicana de Emilio Zapata y el no menos revolucionario ‘Andar del soldado viejo’ de Amelio Robles.

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