‘Time’ nombra “persona del año” a Greta Thunberg y su “No deberíamos...

‘Time’ nombra “persona del año” a Greta Thunberg y su “No deberíamos tener que faltar a clase por luchar contra el cambio climático”

109
1
Compartir

El Bestiario

La publicación estadounidense escoge cada año a un hombre, mujer o movimiento que ha centrado el foco mediático durante esos meses. En esta ocasión Time ha valorado que la joven activista sueca “ha logrado convertir una vaga preocupación sobre el planeta en un movimiento mundial que exige un cambio global”. “¡Guau, esto es increíble! Comparto este gran honor con todos los que participan en el movimiento Fridays For Future y los activistas climáticos de todas partes”, ha escrito Thunberg en su Twitter. La activista, de 16 años, se ha convertido en un símbolo en la lucha contra el cambio climático. Time publica en este número dedicado a la joven sueca un largo reportaje sobre ella y sobre el viaje que la ha llevado a través del Océano Atlántico a bordo de un catamarán para asistir a la Cumbre del Clima, la COP25, en Madrid, España. “Hay esperanza. Lo he visto. Pero no viene de los Gobiernos y las corporaciones sino de la gente”, ha dicho Thunberg en su intervención en la COP25.

Entre los finalistas de la edición de este año se encontraba el presidente estadounidense Donald Trump, la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi, y los manifestantes de las protestas en Hong Kong. Para la elección anual se realizan encuestas entre los lectores, pero son los editores de la publicación los que toman la decisión final. El pasado año la revista dividió este reconocimiento entre varias figuras de los medios de comunicación, como el reportero saudí Jamal Khashoggi, asesinado el 2 de octubre de 2018 en el Consulado de su país en Estambul, o la periodista filipina Maria Ressa, directora general del sitio web de noticias Rappler y perseguida por el régimen de Rodrigo Duterte. Un año antes, en 2017, Time había dedicado su portada a las mujeres que rompieron el silencio y se atrevieron a denunciar acoso sexual dando lugar al movimiento #MeToo.

Greta Thunberg pronunció en Madrid un discurso menos personal que en otras ocasiones. La activista sueca dedicó buena parte de sus 11 minutos en el estrado del plenario de la COP25 a citar datos de informes científicos para apoyar su mensaje de alerta sobre la situación del clima. En su intervención más destacada en la cumbre, Thunberg arrancó precisamente explicando por qué esta vez iba a usar sólo datos, en vez de emociones. “Hace un año y medio no hablaba con nadie si no tenía que hacerlo, pero entonces encontré una razón para hablar. Y desde entonces he dado muchos discursos y he aprendido que cuando hablas en público conviene empezar con algo personal o emocional para captar la atención. Cosas como ‘tu casa está en llamas’, ‘quiero que entres en pánico’ o ‘cómo te atreves’, dijo la activista refiriéndose a los discursos que ha dado en Davos o en la sede de la ONU en Nueva York.  Acto seguido, Thunberg añadió que su discurso sería diferente “porque la gente se queda con las frases y nadie recuerda los datos”, y pasó a citar informes de Naciones Unidas y otras estadísticas sobre la desigualdad en la contaminación entre países pobres y ricos. De hecho, durante su visita de seis días a Madrid, Thunberg se ha apartado del foco, cediendo la voz en sus intervenciones a activistas y científicos. “¿Cómo comunicas esto sin sonar alarmista?”, le preguntó a la audiencia, y tras dar las cifras, llamó a la movilización: “Cada gran cambio en la historia ha venido del pueblo”. Poco después de su intervención, inició su viaje de vuelta a Suecia en tren, autobús eléctrico y coche eléctrico.

Santiago J. Santamaría Gurtubay

Los emocionantes discursos de Thunberg, que siempre contenían datos científicos además del giro personal, explican parte del éxito de su movilización. Han sido recogidos en un libro, ‘Our House is On Fire’ (Nuestra casa está ardiendo) y acumulan millones de visionados en YouTube. Estos son algunos de los fragmentos más conocidos… “Nunca eres demasiado pequeño para marcar una diferencia”. Hace un año, en la Cumbre del Clima de la ONU en Katowice, Polonia, Thunberg pronunció su primer gran discurso. Fue el 12 de diciembre de 2018, en el pleno donde se reunieron los delegados de los Gobiernos (aquí, el discurso completo).  Con dos trenzas y serena seguridad arrancó presentándose. “Mi nombre es Greta Thunberg, tengo 15 años y soy de Suecia. Mucha gente dice que Suecia es solo un país pequeño y que no importa lo que hagamos. Pero he aprendido que nunca eres demasiado pequeño para marcar la diferencia y si algunos niños pueden aparecer en los titulares de todo el mundo simplemente por no ir a la escuela, imagina qué podríamos hacer todos juntos si realmente quisiéramos”. “Nuestra casa está en llamas”. Thunberg habló el 25 de enero de este año ante la élite mundial reunida en Davos, Suiza, en uno de sus discursos más desafiantes. “Nuestra casa está en llamas. Estoy aquí para decir que nuestra casa está en llamas. Según el IPCC [panel de expertos de la ONU] estamos a menos de 12 años de no poder deshacer nuestros errores (…) Los adultos siguen diciendo que debemos dar esperanza a los jóvenes. Pero yo no quiero su esperanza. Quiero que entren en pánico, quiero que sientan el miedo que siento yo cada día. Y luego quiero que actúen, quiero que actúen como si lo hicieran en una crisis. Quiero que actúen como si la casa estuviera en llamas, porque así es”. “¿Cómo se atreven?”. Thunberg intervino el 23 de septiembre en una cumbre Climate Action en la Asamblea de la ONU en Nueva York. Fue su discurso más duro, en el contenido y en la forma, cinco minutos de tensión en los que visiblemente afectada echó en cara la inacción a los presentes. “Mi mensaje es que les estaremos vigilando. Todo esto está mal. Yo no debería estar aquí arriba. Debería haber vuelto a la escuela al otro lado del océano. Sin embargo, todos ustedes vienen a nosotros, los jóvenes, en busca de esperanza. ¿Cómo se atreven? Han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías. Y sin embargo, soy uno de los afortunados. La gente está sufriendo. La gente está muriendo. Ecosistemas enteros se están derrumbando. Estamos en el comienzo de una extinción masiva y todo de lo que pueden hablar es de dinero y de cuentos de hadas sobre el crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?”.

 “¡Relájate Greta, relájate!”, ha escrito Donald Trump en su cuenta de Twitter tras descubrir que la activista sueca Greta Thunberg había sido elegida persona del año por la revista Time. El presidente estadounidense, un conocido negacionista del cambio climático, ha calificado la decisión de la publicación de ridícula. “Ridículo. ¡Greta debe trabajar en el control de su ira y luego ir a ver una buena película antigua con un amigo! ¡Relájate Greta, relájate!”, se puede leer en el mensaje. A las pocas horas, la activista sueca ha cambiado la biografía de su cuenta de Twitter usando las mismas palabras que le ha dirigido Trump: “Una adolescente que trabaja en el control de su ira. Actualmente relajándome y mirando una película antigua con un amigo”.

No es la primera vez que el líder estadounidense critica a Thunberg. El pasado mes de septiembre, durante la Cumbre de Acción del Clima de la ONU en Nueva York, el mandatario escribió un comentario burlón en su cuenta de Twitter. La activista había pronunciado un discurso en el que acusaba con rabia a los políticos de su inacción. “Estamos al principio de una extinción masiva y lo único de lo que habláis es de dinero y de cuentos de hadas de eterno crecimiento económico”, denunció la joven entre lágrimas. A lo que Trump contestó escribiendo con ironía: “Parece una chica joven y feliz que espera un futuro brillante y maravilloso. ¡Qué bonito!”. También en esta ocasión Thunberg trasladó las palabras del presidente a su biografía de Twitter. También el ultraconservador presidente de Brasil ha criticado a Thunberg tras conocerse que la joven había sido elegida persona del año por Time. Jair Bolsonaro llamó “mocosa” a la joven y aseguró que la activista había dado un “showcito” en la COP 25 de Madrid. “A todo lo que dice una mocosa, nuestra prensa -oh, nuestra prensa por amor de Dios- le da una relevancia enorme. Ahora está haciendo su showcito en la COP25”, dijo el mandatario en Brasilia. De nuevo en esta ocasión Thunberg respondió al ataque definiéndose en su cuenta de Twitter como ‘pirralha’, el término utilizado por Bolsonaro que significa mocosa en portugués. Un día antes, Bolsonaro ya había llamado “mocosa” a Thunberg, de 16 años, quien horas antes condenó el asesinato de dos indígenas guajajara en el Estado amazónico de Maranhao. “Los pueblos indígenas están literalmente siendo asesinados por intentar proteger la selva de la deforestación ilegal. Una y otra vez. Es vergonzoso que el mundo permanezca en silencio sobre esto”, escribió la joven sueca en Twitter, donde tiene más de tres millones de seguidores.

La Unión Europea salva el plan de emisiones cero en 2050 a pesar de Polonia, el ‘Pacto Verde’ de Ursula von der Leyen

Los miembros de la Unión Europea han logrado esquivar el veto de Polonia y en la madrugada del viernes 13 de diciembre ha pactado el objetivo de emisiones cero de CO2 en 2050. El histórico acuerdo, que convierte a Europa en el primer continente que se propone una descarbonización prácticamente total, ha quedado empañado en parte por las dudas sobre la credibilidad del compromiso de varios Gobiernos, muy en particular, el polaco. La Varsovia de Kaczynski, cuyo escepticismo hacia el cambio climático es bien conocido, ha obligado a incluir en el pacto una cuña en la que avisa de que “en estos momentos, no puede comprometerse a cumplir el objetivo”. Pero de manera significativa, el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, no ha impedido, como hubiera podido, que las conclusiones del Consejo Europeo recojan por primera vez la meta de reducir un 100% las emisiones netas en los próximos 30 años. Las conclusiones del Consejo Europeo son el pistoletazo político de salida para el ‘Pacto Verde’ aprobado por la Comisión Europea de Ursula von der Leyen el pasado miércoles. Y se inicia así la cuenta atrás para la revisión de todas las directivas, desde la de eficiencia energética hasta la de energías renovables, que jalonarán el camino hacia el objetivo de 2050.

Nada indica que el camino legislativo vaya a ser fácil. Y las resistencias aumentarán a medida que el objetivo a largo plazo se traduzca en medidas concretas para lograr una neutralidad climática que, como reconocen las conclusiones del Consejo Europeo, “requerirá superar grandes desafíos”. No solo Polonia tendrá dificultades. También capitales como Berlín temen el endurecimiento de la senda de ajuste, con un aumento del recorte de emisiones en 2030 del 40% al 50% o 55% (como propone la Comisión) que hace temblar a la industria alemana, en particular la automovilística. Las organizaciones medioambientales, poco dadas a darse por contentas,  han celebrado el acuerdo, desde Greenpeace a CAN (Climate Action Network), como “un paso vital” hacia el objetivo de 2050, aunque lamentan la reserva de Polonia y la referencia expresa del pacto a que algunos Estados miembros utilizarán la energía nuclear como parte de su mix energético (exigencia planteada por República checa y secundada, entre otros, por Francia).

Pero el éxito de la cumbre ha sido poner en marcha el reloj de la reconversión industrial y tecnológica, aunque para hacerlo haya tenido que recurrir a una fórmula tan llamativa como aprobar unas conclusiones por unanimidad y, al mismo tiempo, subrayar que uno de los firmantes no está todavía dispuesto a cumplirlas. “Creo que Europa necesita de creatividad para hacer avanzar el proyecto europeo”, señaló el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, tras aprobarse a la una de la madrugada las conclusiones de la cumbre. “Para garantizar la unidad y respetar al mismo tiempo las peculiaridades de cada país, hace falta imaginación pero sin perder la brújula”, añadió Michel quien, como antiguo primer ministro de Bélgica (2014-2019) en un Gobierno que unía desde liberales a independentistas tiene una larga experiencia en compromisos aparentemente imposibles. Von der Leyen también se ha dado por satisfecha con el respaldo político a su Pacto Verde y ha anunciado que seguirá adelante con las propuestas necesarias que “son para toda Europa”. La presidenta de la Comisión entiende que la reserva de Polonia no se debe a una objeción al objetivo final de 2050, sino a que Varsovia “quiere tener una visión más concreta de nuestra propuesta sobre el Fondo de transición”. Una vez que se concrete ese plan, que aspira a movilizar hasta 100,000 millones de euros en inversión, Polonia podría subirse a un tren cuya partida, en cualquier caso, ya no puede frenar. A partir de ahora, casi todas las normas necesarias para el Pacto Verde, salvo las de fiscalidad, se pueden aprobar por mayoría cualificada, sin que ningún país, tampoco Polonia, tenga derecho de veto.

La regeneración climática no ampliará las enormes diferencias de riqueza y bienestar que todavía hay entre los socios de la Unión Europea

El acuerdo del Clima es, además, un aviso para navegantes de la Europa que viene tras la salida del Reino Unido (más cerca que nunca tras la aplastante victoria de Boris Johnson en las elecciones del jueves) y tras el cercano relevo en el Gobierno alemán. La era de Angela Merkel como canciller alemana se ha caracterizado por lo que ella definió como “el método de la Unión”, es decir, un sistema que traslada el motor de la integración europea desde la Comisión Europea al Consejo Europeo. El cambio ha convertido las cumbres en el semáforo imprescindible para poner en marcha cualquier iniciativa comunitaria, incluso las que se podían haber aprobado por codecisión entre el Consejo y el Parlamento Europeo. La fórmula ha dado a Berlín el derecho de veto previo sobre cualquier medida, en particular, durante la crisis financiera. Pero pasada la crisis, esa posibilidad de veto ha empezado a ser utilizada también por otros Estados miembros para frenar en el Consejo Europeo planes que, en otros foros, no habrían podido obstaculizar. La fórmula utilizada en esta última cumbre europea del año indica que el nuevo presidente del Consejo, muy próximo al presidente francés Emmanuel Macron, no tiene intención de aplicar a rajatabla el “método de la Unión” de Merkel. La unanimidad será siempre el objetivo. Pero las fórmulas imaginativas permitirán una vía de escape para no obligar a los 27 a avanzar siempre al ritmo del socio que desea ir más lento.

El riesgo del posible acelerón es que se resquebraje aún más la confianza entre los socios comunitarios, ya muy dañada por las sucesivas crisis de la última década (financiera, migratoria, Brexit). La Comisión Europea de Jean-Claude Juncker ya intentó esquivar el veto de países como Hungría o Polonia en la reforma de la política de asilo. Y aunque aprobó las cuotas de reparto de refugiados, nunca logró que se aplicarán de manera efectiva y solo consiguió agrandar la peligrosa brecha con Budapest y Varsovia. El objetivo de emisiones cero en 2050 también toca, como la política migratoria, fibras muy sensibles de la vida política de cada país, con tremendas repercusiones con aspectos tan importantes como la movilidad, la producción industrial y hasta el modo de consumir y alimentarse. La UE de momento ha logrado fijar la meta a pesar de Varsovia. El reto que tiene ahora por delante es avanzar hacia ella sin que nadie se sienta excluido y sin que la regeneración climática amplíe las enormes diferencias de riqueza y bienestar que todavía hay entre los diferentes socios de la Unión.

En Bruselas, todo indica que un cambio de época está en marcha. “Hace 70 años invertíamos en carbón y acero, ahora en renovables y algoritmos”

Hace 17 años, Jacques Chirac intervino en la Cumbre de la Tierra de Johannesburgo con estas palabras: “Nuestra casa se quema y estamos mirando para otro lado”. El discurso del entonces presidente francés tuvo algo de visionario. Este miércoles, de vuelta en 2019, tiempo de movilizaciones climáticas y alertas científicas, la Comisión Europea quiso enviar un mensaje heredero de ese espíritu: la UE ya no está distraída mirando por la ventana mientras el planeta arde. El Ejecutivo comunitario aprobó este miércoles el denominado ‘Pacto Verde Europeo’. La fórmula es, por ahora, solo una hoja de ruta, pero de cumplirse transformaría en torno a diez ejes el modo en que Administraciones, empresas y ciudadanos interactúan con el medio ambiente. En su epicentro está reducir a cero las emisiones netas de dióxido de carbono en 2050 como muy tarde. Y las palabras de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, en la presentación de la propuesta ante el Parlamento Europeo, dan una idea de la relevancia que concede al desafío: “Este es el momento ‘hombre en la luna’ para Europa”. El plan quiere dejar atrás un patrón de crecimiento económico considerado insostenible y caduco. Para ello, junto a la drástica reducción de emisiones contaminantes, contempla medidas para favorecer las energías renovables, el coche eléctrico y el reciclaje, la mejora de la calidad del aire y del agua, la lucha contra la deforestación, la renovación de edificios poco eficientes o la disminución del uso de fertilizantes y pesticidas químicos.

La estrategia es una suerte de rompecabezas que se irá completando a lo largo del primer año y medio de mandato. En marzo, la Comisión Europea propondrá la ley climática. En verano, para que la lejanía del objetivo de 2050 no rebaje el compromiso de los Estados, el organismo comunitario propondrá alcanzar el 50%, e incluso el 55% de descenso de emisiones en 2030 respecto a 1990, un umbral más ambicioso que el 40% actual. A lo largo de 2020 desfilarán otras iniciativas: un plan para la energía eólica marina, un programa de renovación de inmuebles, una estrategia industrial, y una nueva legislación sobre baterías y economía circular. Antes, en enero, Bruselas concretará la fórmula final para incrementar los fondos públicos para llevar a cabo la transición, inicialmente de 35,000 millones de euros, y transformarlos en un bazuca de al menos 100,000 millones a través del presupuesto comunitario, aportaciones de los Estados y préstamos del Banco Europeo de Inversiones. Las ingentes cantidades que Bruselas espera movilizar son la red de seguridad sin la cual el plan estaría condenado al fracaso. Y son a la vez motivo de escepticismo: se prevé que los países afectados por la transformación reciban ayuda financiera para afrontar la reconversión de una forma menos traumática, pero sus críticos dudan de las cifras, y tildan la iniciativa de “catálogo de buenas intenciones”.

La iniciativa deberá superar arduas negociaciones, sobre todo en el Consejo. La inyección económica busca vencer la resistencia del eje de Visegrado, integrado por Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia, a dar su visto bueno, pero también de Alemania, temerosa del enorme coste de la transición hacia una economía sostenible. “Quiero ser muy clara, o la transición es justa para todos o no funcionará”, advirtió Von der Leyen ante los recelos de las regiones y sectores más vulnerables. La presidenta recordó las movilizaciones juveniles. Y dejó entrever que el cambio ha llegado de abajo arriba. “Los ciudadanos cambian de estilo de vida para proteger el medio ambiente. Con este plan les decimos que Europa les acompaña”, apuntó. Aunque Europa acabara con las emisiones, todavía quedarían por resolver el 91% del resto del mundo. La UE quiere asegurarse de que su ambición no le perjudica: introducirá cláusulas en los acuerdos comerciales para asegurarse de que sus socios cumplen con el clima, y pondrá en marcha un mecanismo en frontera para el carbono. En Bruselas, todo indica que un cambio de época está en marcha. “Hace 70 años invertíamos en carbón y acero, ahora en renovables y algoritmos”, resumió Von der Leyen.

Los Verdes exigen que los que se enriquecieron con las energías fósiles sean los que paguen ahora la mayor parte de la transición

Ursula Von der Leyen, ha intervenido en la Eurocámara para defender la necesidad del plan verde. La presidente la Comisión ha dicho que tal y como los europeos invertían en carbón y acero tras la Segunda Guerra Mundial, ahora llega el momento de hacerlo en energías renovables para reconciliar la economía con el planeta. Su propuesta ha recibido el respaldo de populares, socialistas y liberales, las tres mayores fuerzas del Parlamento Europeo. Tras la intervención de la política alemana, los populares, la misma familia a la que pertenece, han defendido que Europa necesita contar con industrias limpias, producir más carburantes alternativos y aumentar el uso del tren, aunque han advertido frente a un aumento de la fiscalidad. Por su parte, la líder de los socialistas europeos, Iratxe García, ha estimado que el pacto verde va más allá de ser una mera propuesta. “Es un nuevo modelo de crecimiento”, ha afirmado. García ha alertado contra la posibilidad de que sean las clases desfavorecidas las que asuman la carga. Además, los liberales de Renew han celebrado que la UE incluya cláusulas climáticas en los acuerdos comerciales para presionar a otros países a emprender reformas similares.

Enfrente, los Verdes ven insuficiente la ambición del pacto, que califican de “catálogo de buenas intenciones”, y han pedido que los que se enriquecieron con las energías fósiles sean los que paguen ahora la mayor parte de la transición a través de impuestos. La Izquierda Unitaria Europea (de la que forma parte Podemos) cree que el plan no ataca la raíz del problema, consustancial al sistema económico capitalista. Y el Grupo de los Conservadores y Reformistas (en el que se integra Vox y el PiS, el partido que gobierna Polonia), ha alertado contra el coste social de la metamorfosis. “Esa ola verde cuando llega al Báltico y baja por el Danubio se queda en un charco, porque en Europa Central y del Este no tenemos claro que los objetivos de la Comisión sean viables”, estiman.

La escritora Almudena Grande alerta de la ‘desactivación’ de Greta para proteger a los verdaderos enemigos de la Tierra

“Tiene 16 años y es cierto que no parece muy simpática. Si alguna vez hubiera conocido a alguna adolescente agradable, que no es el caso, podría estar de acuerdo en que ella no lo es. Pero la cuestión no es esa, sino la turbia manipulación de siempre. Todo el mundo habla de Greta Thunberg, de su aspecto, de su estatura, de su síndrome de Asperger, para eludir a los verdaderos malvados de esta historia cuya heroína frágil, desarmada, parece abocada a una destrucción que no merece…”, destaca la escritora española Almudena Grnades. “La cuestión no es el hiperliderazgo mediático de una chica que no está preparada para soportarlo, sino que, mientras hablamos de Greta, nadie habla de Jair Bolsonaro, el pirómano de la selva amazónica, ni de Donald Trump, que sigue haciendo chistes sobre el frío que hace en pleno recalentamiento global, ni de Xi Jinping, el presidente chino que aspira a seguir contaminando por el procedimiento de comprar cuotas de emisión de gases a países tan pobres que ni siquiera se pueden permitir el lujo de poseer industrias. Ese es el verdadero peligro, la principal amenaza que se cierne sobre el movimiento que fundó una niña que decidió que no merecía la pena ir a clase los viernes en un planeta que estaría agonizando cuando ella pudiera completar su formación. Día tras día, la realidad subraya el acierto de aquel implacable silogismo”. En esta situación, hablar de Greta, persistir en el asfixiante escrutinio de su figura, de sus palabras, de sus gestos, no es otra cosa que una técnica para desactivarla, para proteger a los verdaderos enemigos no ya de su causa, sino de todos los habitantes de la Tierra. Mientras todos los focos sigan apuntando a Greta, los explotadores, los plutócratas, los neoliberales salvajes seguirán ganando esta guerra.

A los hombres les interesa mucho Greta Thunberg. Cuando viene a España, más. Desde el 20 de noviembre al 11 de diciembre, 228,000 usuarios han tuiteado en España más de 440,000 veces mencionando a la activista sueca. Más de 70.000 han sido tuits originales; el resto, retuits. Por cada mujer que tuiteaba, lo hacían dos hombres: 66% de hombres por 33% de mujeres. Es una diferencia excepcional. La relación entre hombres y mujeres en Twitter España es mucho más equilibrada: 54% de hombres por 46% de mujeres, según datos de Global Web Index. Los varones son también más rudos en sus bromas e insultos sobre Thunberg. Hay más de 14,000 tuits con estas descalificaciones para Greta Thunberg. En un día cualquiera, de media, el número de tuits con odio en España ronda los 10,000. Esa cifra de 14,000, aunque se haya producido durante casi 15 días, es mucho descalificativo destinado a una sola persona. De entre todos los insultos, el porcentaje de hombres que difunden esos mensajes es sustancialmente mayor: “estúpida”, “histérica”,  “puta” y “majareta” son descalificaciones ampliamente preferidas por los hombres. “Niñata”, “loca” y “patética” son las que tienen una participación femenina más notable. Las críticas más insistentes que recibe Thunberg son por su edad y por no acudir al colegio, por la presunta presión paterna, por el síndrome de Asperger que sufre y por su modo de viajar por el mundo. En los tuits donde aparecen estas palabras se da la paradoja de que se usan tanto para criticar como para defender la labor de Thunberg. Quizás por ese motivo, en algunas de las palabras hay mayoría de mujeres difundiendo esos mensajes. Uno de los mensajes más retuiteados durante la visita de Thunberg a Madrid estaba acompañado de una foto en la que se veía a la activista y a su madre sentadas en una silla de diseño y, según indicaba el mensaje, confeccionada con piel animal y madera. Ese tuit hizo que el uso del término “madre” se disparara.

El calentamiento global provocará desplazamientos masivos y muertes, sus responsables ya no podrán ser juzgados, hoy hay culpabilizarlos

Una posible definición de “ciencia” es la de “sistemas lógicos con capacidad predictiva”. Lo que, efectivamente, distingue a las teorías científicas de otros sistemas descriptivos es, por encima de todo, que pueden predecir lo que va a suceder en el dominio que pretenden describir. Dar cuenta solo del pasado no es ciencia. A pesar de sus limitaciones, el criterio de demarcación que Karl Popper introdujo como requisito para que una teoría sea científica -que esté abierta a refutaciones- tiene claras virtudes que una teoría que solo explique el pasado no lo puede cumplir. Algunos críticos de la ciencia interpretan el término “teoría” como si se tratara de especulaciones con escaso apoyo empírico. Así ha sucedido, por ejemplo, con los partidarios del llamado “diseño inteligente” -la idea de que la complejidad que existe en la naturaleza (el ojo humano, una flor…) exige un “Creador”-, que niegan la teoría de la evolución de las especies planteada por Charles Darwin en ‘El origen de las especies’, y que el desarrollo de la biología molecular y la genética de poblaciones han sustanciado firmemente. “Es solo una teoría” dicen. La cuestión de si la actividad humana (la emisión de gases de efecto invernadero, con el dióxido de carbono a la cabeza) está produciendo un cambio climático ha sido objeto durante años de todo tipo de estudios científicos, y la conclusión ha sido que sí, que se está produciendo y que sus consecuencias serán en un futuro próximo profundas y perturbadoras para los humanos y muchas especies animales o vegetales.

La revista BioScience publicó un artículo titulado ‘Advertencia de los científicos del mundo de una emergencia climática’, a cuyos cinco autores, encabezados por William Ripple, se han sumado 11,258 científicos de 153 países, en cuyas primeras frases afirman: “Los científicos tienen una obligación moral de advertir claramente a la humanidad de cualquier amenaza catastrófica y de ‘contarla tal como es’. Sobre la base de esta obligación y los indicadores gráficos presentados a continuación, declaramos, clara e inequívocamente, que el planeta Tierra se enfrenta a una emergencia climática”. A pesar de que es posible divergir en ciertos detalles relativos a en qué consistirá esa “emergencia climática” -aspectos como cuánto aumentará la temperatura media, cuáles serán algunos de sus efectos y cuándo alcanzarán estos una intensidad con consecuencias irreparables (en la escala de tiempo de generaciones humanas), o a qué comunidades afectará más-, no existe duda razonable de que sus consecuencias serán dramáticas. Numerosos glaciares, por ejemplo, han disminuido terriblemente en longitud y profundidad. En noviembre de 2016, satélites de la NASA fotografiaron una brecha de 110 kilómetros de largo, 91 metros de ancho y 500 metros de profundidad en una de las tres zonas, en la denominada C (que tiene el tamaño de Escocia), en las que se dividió la gigantesca plataforma de hielo Larsen, situada a lo largo de la costa oriental de la Antártida y que en 2004 parecía encontrarse en buen estado de estabilidad. En diciembre la brecha había aumentado 21 kilómetros, quedando unida a la Antártida por tan solo una franja de 20 kilómetros de hielo. Si se consuma el desprendimiento, los 5,000 kilómetros cuadrados de Larsen C se convertirán en un imponente iceberg. Las otras dos zonas ya sufrieron cataclismos: Larsen A se desintegró en 1995 y Larsen B lo hizo casi por completo en 2002. Y se sabe que, por ejemplo, Larsen B no había cambiado en 12,000 años. Si todo el hielo de Larsen C termina fundiéndose, el nivel global de los océanos terrestres ascenderá unos 10 centímetros.

La Corte Penal Internacional de La Haya debe castigar el “traslado forzoso de población” y actos “que causen grandes sufrimientos”

José Manuel Sánchez Ron, miembro de la Real Academia Española, catedrático emérito de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid y premio Nacional de Ensayo 2015, no mucho viajó en avión desde San Juan de Puerto Rico hasta Miami. El día estaba despejado y durante un largo rato pudo contemplar una serie de pequeñas islas, superficies que apenas afloraban sobre la superficie marina. Eran parte de las Bahamas. Recuerda que según las iba observando, pensó: “Algún día, no lejano, desaparecerán bajo el mar”. Y otro tanto se aplicará a muchas otras islas, así como a la invasión de mares y océanos a multitud de costas de todo el mundo. Y si la temperatura media de la atmósfera planetaria continúa aumentando, el número de muertes relacionadas con el calor -desde ataques al corazón hasta golpes de calor- lo hará siguiendo ritmos terribles. Ya existen previsiones. En definitiva, el conocimiento predictivo que proporciona la ciencia asegura que, de no tomar medidas urgentes y severas, se producirán irremediablemente muertes y desplazamientos en masa de humanos, con lo que esto significa de sufrimiento y disrupciones sociales. Y esto me lleva al último punto que quiero tratar: el de las responsabilidades.

Estamos acostumbrados a que tribunales específicos juzguen a los responsables de actos gravísimos contra comunidades de personas. El ejemplo más conocido es, seguramente, el de los juicios de Núremberg contra quienes participaron o colaboraron con las atrocidades cometidas por el régimen nacionalsocialista de Adolf Hitler. Entre los actos dignos de castigo que tipifica el Estatuto de Roma (17 de julio de 1998) de la Corte Penal Internacional de La Haya aparecen el “traslado forzoso de población” y actos “que causen grandes sufrimientos intencionales o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental” de una población civil. No ignoro que estos “crímenes de lesa humanidad” se refieren generalmente a genocidios de, digamos, naturaleza “política” o xenófoba. Como en el caso de Núremberg, se juzga, a posteriori, a quienes han cometido actos repudiables de ese tipo. ¿Cómo podría -se dirá- ser de otra forma? Pero en este punto entra el cambio climático. Los desplazamientos masivos y muertes que este producirá no han tenido lugar todavía (algunos ya sí), pero la certidumbre que asigna la ciencia indica que ocurrirán, irremediablemente, si no se actúa. ¿Cómo juzgar a los responsables? En la mayor parte de los casos, es complicado asignar responsabilidades a personas concretas, aunque los dirigentes políticos las tienen en particular, pues ello va en el oficio de “dirigir”. Pero hay un caso especial, muy importante por su destacada aportación a las causas del cambio climático, en el que el rechazo a actuar, siquiera a analizar el problema con otros, es patente y bien conocido. Los dramas personales y sociales se producirán cuando ese presidente ya no viva. “La historia le juzgará”, dirán algunos. Pobre e insuficiente consuelo es ese. Es cierto que un tribunal como el de La Haya no puede actuar contra negacionistas como esta persona (¿realmente no sabe que el cambio climático es real? Hasta el metro de la ciudad, Nueva York, en la que tantos intereses tiene, lo reconoce y está empezando a tomar medidas para cuando se manifieste en Manhattan), pero sí que debería convertirse en apestado de la política internacional. No debería ser recibido en ninguna nación comprometida en la actuación solidaria contra el cambio climático. Ello no implica desmerecer la nación que preside, que debe estar por encima de su representante temporal. El honor y la grandeza de una nación son los que le asignan su historia y su presente.

Al Gore: “Soy el mayor fan de Greta Thunberg”. El exvicepresidente de EE UU y premio Nobel de la Paz aplaude el «liderazgo» europeo

Al Gore (Washington DC, 71 años) puede utilizar con razón eso de “te lo dije”. Porque el vicepresidente de Estados Unidos entre 1992 y 2000 -y candidato demócrata a la presidencia en 1999- lleva dos décadas alertando de los impactos del cambio climático, al que ahora se refiere como “crisis climática”. Este premio Nobel de la Paz es uno de los líderes históricos de esta lucha, pero desde los despachos. Y observa con alegría el movimiento que lidera en la calle la joven Greta Thunberg. “Soy su mayor fan”, dice de ella. “Es un desastre para la política climática”, dice, por el contrario, sobre Donald Trump, presidente de su país. Al Gore es uno de los participantes en la Cumbre del Clima que se celebra en Madrid.

¿Estamos ante una emergencia climática? “Sí”. ¿Por qué? “Porque emitimos 152 millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera al día. Esos gases atrapan tanta energía adicional como si se soltaran 500,000 bombas atómicas como las de Hiroshima cada día. El 93% de esa energía acaba en el mar y altera el ciclo del agua haciendo que las tormentas en los océanos sean mucho más fuertes cuando llegan a tierra. Derrite el hielo, aumenta el nivel del mar, modifica las condiciones meteorológicas, que provocan trombas de lluvia, inundaciones y aludes de barro como los se han producido en España en los dos últimos meses. Y propaga incendios más grandes por todo el mundo. También en la península Ibérica, como se ha visto en España, y hace no mucho, en los trágicos incendios de Portugal y Grecia. El cambio climático propaga enfermedades tropicales hacia latitudes más altas y provoca que haya cientos de millones de refugiados climáticos, quizás 1.000 millones durante este siglo. Hemos observado que el flujo de refugiados del Mediterráneo Oriental tras la sequía entre 2006 y 2010 y la guerra civil en Siria han alterado el equilibrio político de Alemania, han contribuido a la estúpida decisión del Brexit y han provocado la aparición de líderes populistas como Orbán en Hungría y otros lugares. Las proyecciones apuntan a que seguirán aumentando los eventos extremos y que empeorarán de manera constante. Y esto llama la atención de la gente. Pero lo que ha pasado hasta ahora es solo un aviso de lo que los científicos nos dicen que pasará en el futuro inmediato si no dejamos de usar el cielo como una cloaca”.

¿Aún se puede cumplir la meta de que la temperatura del planeta no supere los 1.5 grados respecto al nivel preindustrial? “Sí, todavía es posible. Aunque se debe ser realista y reconocer que la dificultad para cumplir ha aumentado significativamente porque ha pasado más tiempo y se ha actuado poco. El fracaso de las políticas en EE UU ha tenido un efecto negativo en la capacidad de la comunidad mundial de avanzar. Pero espero que el próximo año EE UU se una de nuevo a la comunidad mundial y ayude otra vez a avanzar para conseguir soluciones a la crisis climática”. ¿Qué piensa de Greta Thunberg? “Soy su mayor fan. Creo que tiene una llamativa clarividencia y elocuencia en sus declaraciones, y representa un soplo de aire nuevo. Quizás los hombres mayores a los que oigo oponerse a ella lo hagan porque saben que tiene razón. Creo que ha mostrado una elegancia y un liderazgo extraordinarios”.

“Donald Trump es un desastre para la política climática y para otras muchas. Espero sea derrotado el año que viene”

¿Y qué piensa de Trump? “Tengo que elegir mis palabras con cuidado porque no estoy en mi país, pero es un desastre para la política climática y para otras muchas. Espero que sea derrotado el año que viene”. ¿Qué le parece el papel de China en la lucha climática? “China ha encabezado el mundo en la financiación de las energías renovables, la construcción de instalaciones solares, eólicas, de vehículos eléctricos y redes inteligentes, y en muchos otros sectores. Pero también es cierto que China sigue consumiendo una gran cantidad de carbón y construyendo nuevas plantas de carbón. Y también financia muchas plantas de carbón nuevas en otros países. Creo que es un error y espero que cambie estas políticas. Pero también se debe señalar que, cuando China fija objetivos para reducir las emisiones, normalmente, se diferencia de algunos países occidentales a los que les resulta fácil hablar de objetivos pero difícil cumplirlos luego. Según mi experiencia, China hace lo que dice que hará. Espero que sus emisiones alcancen su máximo pronto, mucho antes de 2030, que es lo que se fijó al firmar el Acuerdo de París en 2015”. ¿Cuándo cree que alcanzará China ese techo de emisiones? “Quizás, en 2022. Es una opinión optimista, pero creo que es una posibilidad realista”.

¿Qué le parece el papel de la UE en la política climática? “Europa ha sido un líder para el mundo, especialmente porque el sistema político estadounidense provocó un resultado caótico con la elección de Trump. Tenemos suerte de tener el liderazgo de la UE. Sin embargo, el nuevo Pacto Verde europeo debería ser más atrevido, y hay muchos activistas de base en toda Europa que presionan a la UE para que haga más”. ¿Le preocupa la brecha entre lo que reclaman los jóvenes en las calles y los Gobiernos? “Los jóvenes nos dicen la verdad. Me recuerdan a la famosa parábola del emperador desnudo. Todos los que le rodean le halagan diciéndole que su ropa invisible es bonita, hasta que un niño reconoce la realidad y la señala. Es idéntico a lo que pasa hoy. Cuando el 99% de la comunidad científica es clara sobre el cambio climático y cuando la madre naturaleza nos dice de una manera inconfundiblemente persuasiva que esta crisis va a empeorar mucho, resulta absurdo que los políticos en cualquier país metan la cabeza en la arena como los avestruces y pretendan que al ignorarla va a desaparecer esta crisis”. ¿Cuál es la diferencia entre el contexto en que se firmó Kioto (1997) y el del Acuerdo de París? “Se han producido muchos cambios entre Kioto y París. Un año antes de firmarse París en 2015, EE UU y China lograron un acuerdo binacional de cooperación para disminuir drásticamente la distinción entre los países desarrollados y los que están en desarrollo, que era una característica predominante de la estructura del Protocolo de Kioto [entró en vigor en febrero de 2005]. Desde Kioto, China se ha convertido en una de las dos economías más poderosas del mundo y muchos países en desarrollo han sacado a miles de millones de personas de la pobreza. El segundo gran cambio es que desde Kioto hemos observado una espectacular disminución del precio de la energía solar, la eólica, los vehículos eléctricos y las baterías. A España, por cierto, el mundo tiene que agradecerle que ayudase a empezar esta revolución de las renovables. Aunque después rectificó y redujo sus políticas de implantación de renovables. Ahora ha corregido esa corrección y, una vez más, las tecnologías solar y eólica sostenibles están en auge en España. El mundo le tiene que estar extremadamente agradecido también a España por la increíble iniciativa de organizar esta conferencia en Madrid con un tiempo muy corto y por convertirla en un homenaje a Chile. Esta mañana paseábamos por la cumbre y nos decíamos que es realmente increíble que España haya podido hacerlo en tan poco tiempo. Un amigo español me decía ayer que si les hubiesen dado un año, se habría fastidiado”. ¿Quién es el mejor candidato para vencer a Trump? “No voy a expresar mi opinión. Es demasiado pronto. La primera votación será en febrero”.

Cambiar para sobrevivir, la otra gran lección de Greta Thunberg, superando el trastorno del espectro autista que padece

La mayoría de nosotros padecemos lo que se conoce como síndrome de resistencia al cambio. En todos los ámbitos: laboral, personal e incluso en actividades de la vida cotidiana nos cuesta cambiar. Nos da miedo, nos asusta. Y la mayoría de nosotros, además, somos dados a diagnosticar, aunque sepamos más bien poco tanto de la enfermedad como del presunto enfermo. Etiquetamos colectiva -“vivimos en una sociedad deprimida, esquizofrénica”- o individualmente -“ese es un bipolar; y la tímida es una autista ‘de libro”-. Y yo me pregunto… ¿de qué libro? Parece que ahora sí hay una chica, debidamente diagnosticada de trastorno del espectro autista (TEA) -asperger, concretamente-, que ha dado la cara. Se ha expuesto, previa revelación -tal vez para evitar el diagnóstico de legos encasilladores- de su autismo, venciendo el miedo al cambio, y por miedo a que nada cambie.

Las personas con TEA son, como todas, singulares. Es difícil establecer un conjunto de criterios con el que estén de acuerdo todos aquellos que conocen casos relacionados con esta condición. Además, cuando hablamos de espectro nos referimos a dimensiones lineales de gravedad. Se trata de establecer cuantitativamente en qué grado una persona con autismo presenta síntomas más o menos incapacitantes. Pero sí tienen una serie de características comunes, y una de ellas es la dificultad para establecer nuevas rutinas, para salirse de su encuadre habitual. En definitiva, tienen una dificultad aún mayor que el resto para cambiar. A esto se le llama “rigidez cognitiva”. En un acto de enorme valentía, la joven Greta Thunberg se ha expuesto a la opinión pública con el objetivo de remover la conciencia colectiva ante una crisis que nosotros mismos hemos provocado: la climática. Thunberg se ha reivindicado y se ha plantado frente a la más que probable comodidad de la vida cotidiana de una joven sueca. Quizá porque en su preclaro intelecto se ha encendido una luz de alarma advirtiéndole de que cambiar, según en qué casos, no solo es necesario, sino que es vital. Vital, textualmente: de vida, de supervivencia. Hay que cambiar para no cambiar, para seguir disfrutando del mundo en que vivimos.

Greta solo tiene 17 años, y tiene asperger. Pero ha sido capaz de plantarse, un día tras otro, ante la sede del Parlamento sueco para decir no al cambio climático, aunque ella, y seguro que no le ha sido fácil, haya tenido que cambiar su forma de afrontar los problemas y sus hábitos, su miedo a la exposición pública por un miedo más grande. Nos encontramos ante un ejemplo paradigmático de lo que es la discapacidad. Hace años dejamos de hablar de minusválidos al referirnos a personas con condiciones diferentes a las de la mayoría de la población. Serán diferentes, pero no son menos. Otra de las características que comparten muchas de las personas con asperger es la tendencia a fijarse en un tema. Es lo que se denomina “intereses restringidos”. Dependiendo de la gravedad del TEA y del cociente intelectual que tengan, se centrarán más o menos en algo y tendrán la habilidad para convertirse en verdaderos expertos. Es como si necesitaran llegar al núcleo de aquello que tanto les interesa. Sea por su condición o no, Thunberg se ha fijado y ha apostado. Ha sabido utilizar esta característica para convertirse en la mayor y mejor divulgadora de la necesidad de cambiar.

 “Mi asperger me ayuda a no creer en mentiras”, apuntaba la joven hace unos meses. Las personas con TEA también tienen francas dificultades para interpretar los dobles sentidos, el sarcasmo y las segundas intenciones que subyacen, entre líneas, en el lenguaje cotidiano. Tienden a interpretar de forma textual las palabras y los conceptos. Eso les hace menos vulnerables a los vendedores de humo; digamos que buscan textualmente el humo que les quieren vender y, al no hallarlo, no compran. No dejan endulzar las mentiras y falsas promesas con una sonrisa. Thunberg sabe que los cambios no son fáciles, pero sí necesarios. Sobre todo cuando lo que tenemos delante es una crisis. Difícil y triste se me hace pensar que, además de resistencia al cambio, esta sociedad padece una incapacidad absoluta para afrontar sus obligaciones.

En algunas películas de terror resulta inquietante esa muñeca de trapo con la cabeza de porcelana que te mira desde el anaquel de la estantería; o ese niño que discurre con un triciclo a lo largo del pasillo enmoquetado de un hotel totalmente vacío; o esa bailarina que rueda sin cesar sobre una caja de música al son de la Barcarola. Los niños suelen dar buen resultado en las películas de terror. Y también los falsos payasos. Cualquiera quedaría aterrorizado si una noche de niebla en una gasolinera perdida saliera a atenderte un payaso riendo a carcajadas con la manguera del surtidor en la mano. Los maestros del género saben que el terror se produce más por lo que el espectador imagina o presiente que por lo que ve en la pantalla. Eso es lo que sucede ahora en este perro mundo en el que los glaciares se licúan, las tempestades son cada vez más violentas, los incendios más pavorosos, las inundaciones más masivas y las sequías más angustiosas. Los científicos afirman que esta creciente intensidad de las catástrofes se debe al cambio climático, aunque no todos están de acuerdo. De pronto en medio de este debate ha aparecido una adolescente, Greta Thunberg, cuyo rostro inquietante recuerda al de esa muñeca de porcelana que mira fijamente desde la estantería y con su sola presencia el cambio climático se ha convertido en una película de terror. Con su ira y sus lágrimas ha ejercido un exorcismo en la tribuna de las Naciones Unidas como una médium enviada desde el fondo de las inminentes tinieblas frente a Donald Trump en el papel de siniestro payaso color calabaza. El terror del cambio climático no es por lo que vemos sino por lo que presentimos en un futuro que se debate entre una muñeca de porcelana que llora y un payaso que ríe. Tal vez la venganza de un mar ahíto de basura que está dispuesto a ahogar a la humanidad en su propia mierda.

@BestiarioCancun

www.elbestiariocancun.mx

 

You are not authorized to see this part
Please, insert a valid App IDotherwise your plugin won't work.

1 Comentario

  1. Greta: Si quieres hacer lo que te recomienda donal Trump de ir al cine con un amigo, me pongo en la cola para ser tu amigo y nos vamos a ver una película que te relaje ok? me dices algo plis!!. Soy muy buen chico y sobre todo muyyyy fans tuyo. TE ADORO.- Francisco. Vivo en Barcelona; pero conozco tu pais porque he estado haciendo masters en Instituto Carolinska de medicina con profesores fuera de serie; algunos, premios nobel de medicina. Me gusta Estocolmo.

Dejar una respuesta