Al borde del límite

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Signos

Léase “La carretera maldita”, de Stephen King, tómese tranquilamente un rudo Suthern Comfort, y entiéndase la lógica fatídica e inexorable de las persistentes voces de “Georgie” y “Freddy” en la cabeza del apacible Barton Daves, antes de acabar con todo.

Al parecer, Paddock, tenía previsto un final más explosivo y espectacular -ahora de dimensiones globales, merced a la cobertura infinita de los medios- que el de Daves, pero acaso su particular “Freddy” lo convenció a última hora de cambiar el plan por uno menos terrorífico y dejar encima de la mesa de noche un lacónico mensaje del que aún no se sabe nada. No convocó a la televisión a transmitir ‘en vivo’ el estallido descomunal de su ‘venganza’, ni hizo volar el piso del Mandalay Bay con la pavorosa carga de dinamita que fue encontrada junto a su arsenal de asalto adicionado con “aceleradores de disparo”, como sí hizo, en cambio, Barton Daves, atrincherado en su casa solitaria de “La carretera maldita”, y acorralado contra su destino por el indomable “Georgie”, en la ilustrativa ficción de esa tragedia de hace casi cuarentaicinco años.

Cita King a Al Stewart al abrir la Primera Parte:

“A última hora de aquella noche, la lluvia golpeaba mi ventana. Atravesé la habitación a oscuras hacia la luz de la lámpara. Creí ver allá abajo, en la calle, el “Espíritu del siglo”, diciéndonos que todos estamos al borde del límite”.

Ayer y hoy. “La vida solo da vueltas”, sentenciaba Úrsula Iguarán sin la menor duda.

SM
estosdias@gmail.com

 

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