Alerta antiterrorista en los mercados de Navidad de Francia y Europa por...

Alerta antiterrorista en los mercados de Navidad de Francia y Europa por un nuevo ataque ‘yihadista’ en Estrasburgo

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El tiroteo perpetrado la noche del martes 11 de diciembre en el centro de Estrasburgo dejó tres muertos y 13 heridos, ocho de ellos de gravedad. El ataque, que las autoridades calificaron como terrorista, ‘yihadista’, sucedió en las inmediaciones del popular mercadillo navideño, el más antiguo de Francia, que cada año atrae a miles de turistas. El agresor, que sería finalmente ultimado dos días después de la masacre,había sido condenado en Alemania y Francia por delitos comunes y había cumplido sus penas. Era un hombre de 29 años y nacido en Estrasburgo, la ciudad que alberga el Consejo de Europa y la sede del Parlamento Europeo, que también estaba en el radar de las autoridades por constituir un riesgo de seguridad. El autor del ataque “sembró el terror” en tres puntos distintos de la ciudad a partir de las 19:50 (hora local). Unos 350 policías y gendarmes se desplegaron para tratar de interceptarlo, y entre las 20:20 y las 21:00 hora local el sospechoso se enfrentó en varias ocasiones a las fuerzas de seguridad, con un intercambio “sistemático” de disparos. Antes de emprender la fuga, el agresor resultó herido por una patrulla de soldados de la Operación Centinela y fue ultimado 48 horas después tras una denuncia vecinal.

Al final, nunca se alejó de la zona donde sembró el pánico. Cherif Chekatt, el presunto autor del atentado del martes cerca del mercadillo de Navidad en Estrasburgo, fue abatido 48 horas más tarde en la misma ciudad donde mató indiscriminadamente, según confirmaron las autoridades francesas. Chekatt murió en un tiroteo con fuerzas del orden en Neudorf, el barrio de Estrasburgo donde se le perdió la pista tras huir en un taxi la noche del martes desde el centro de la ciudad, y no muy lejos del histórico mercadillo de Navidad de la capital alsaciana donde el martes se produjo el ataque. “Es una buena noticia”, dijo el alcalde de la localidad. “A las 21:00 del jueves, un equipo de la brigada especializada sobre el terreno, compuesta de tres miembros, vio a un individuo que deambulaba por la vía pública a la altura del número 74 de la calle Lazaret. Ese individuo correspondía a la descripción de la persona buscada desde la noche del martes”, explicó el ministro del Interior, Christophe Castaner, en una breve comparecencia pública desde Estrasburgo, adonde se había vuelto a desplazar la noche del jueves. En el momento en que los agentes iban a proceder a su detención, el individuo “se dio la vuelta y se enfrentó a los agentes de policía a disparos. Ellos respondieron de inmediato y neutralizaron al agresor”, agregó.

Santiago J. Santamaría Gurtubay

Chekatt, un hombre de 29 años nacido en Estrasburgo en el seno de una familia de origen argelino, según la prensa local, se había convertido en el hombre más buscado de Francia desde que logró escapar la noche del martes 11 de diciembre tras perpetrar un tiroteo en el casco histórico de Estrasburgo, en las inmediaciones de su famoso mercadillo de Navidad. Las autoridades habían calificado el ataque como terrorista tras analizar los hechos y el perfil de Chekatt, un delincuente común pero radicalizado que, pese a su juventud, acumulaba ya 27 condenas por atracos en Francia, Alemania y Suiza y estaba en el radar de las fuerzas de seguridad por su radicalización durante su última estancia en una prisión francesa, en 2015. Centenares de agentes habían sido asignados a la búsqueda del presunto terrorista, en una operación frenética que se extendió a la vecina Alemania. El barrio donde finalmente fue abatido había sido objeto de una operación policial por la tarde, aunque las autoridades habían indicado en aquel momento que no se trataba de una pista caliente sobre el paradero de Chekatt. La noticia de su muerte se conoce después de un día más de tensión máxima en la capital alsaciana, que solo poco a poco ha ido recuperando su ritmo habitual, aunque en medio de medidas extraordinarias de seguridad. De hecho, justo antes de conocerse el operativo que acabó con la muerte de Chekatt, Castaner había anunciado la decisión de las autoridades locales de reabrir el mercadillo de Navidad, el más antiguo de Francia, tras dos días clausurado, pero bajo medidas especiales de seguridad. El alcalde de Estrasburgo, RolandRies, celebró la muerte del presunto terrorista como “una buena noticia” que, dijo, “va a facilitar el regreso a la vida normal”. La búsqueda de Chekatt se había convertido en la prioridad de las autoridades, que habían pedido la colaboración ciudadana para su localización.

El órgano de propaganda del Estado Islámico, Amaq, se atribuyó la autoría del ataque asegurando que el atacante era uno de sus “soldados”

“29 años, corpulencia normal, cabello corto, posible barba, piel mate, marca sobre la frente”. Ésa era la descripción que acompaña la fotografía de Chekatt en un cartel de “alerta de atentado” distribuido en toda Francia desde la noche del miércoles y que pedía ayuda a posibles testigos para encontrar al acusado de la matanza de Estrasburgo. “Individuo peligroso. Sobre todo, no actúe solo”, subrayaba tanto el afiche como las redes oficiales que también lo distribuyeron. Su muerte se produjo el mismo día en que se conoció el fallecimiento, en un hospital de Estrasburgo, de una de sus víctimas como consecuencia de las heridas sufridas en el atentado, con lo que el saldo de asesinados por Chekatt aumenta a tres. No se descarta que esta cifra pueda seguir aumentando. La prefectura regional subrayó que se trata de un balance “provisional”. Entre los cinco heridos graves -además de ocho leves- se cuenta una persona en muerte cerebral, según las autoridades. “Pienso en las víctimas, en los heridos, en sus allegados. Pienso también en las fuerzas de seguridad  implicadas. Estoy orgulloso de vosotras”, concluyó el ministro en una breve intervención desde Estrasburgo. Tras su comparecencia, Castaner se desplazó hasta el lugar para rendir homenaje a las fuerzas del orden. Minutos después del anuncio de la muerte de Chekatt, el órgano de propaganda del Estado Islámico, Amaq, se atribuyó la autoría del ataque asegurando que el atacante era uno de sus “soldados”.

Poco después de lanzarse la primera alerta por el tiroteo, como lo definió desde el primer momento el primer teniente de alcalde de Estrasburgo, Alain Fontanel, las autoridades nacionales y locales instaron rápidamente a los residentes a que permanecieran en sus casas o en zonas a resguardo. Las fuerzas de seguridad se apresuraron a bloquear rápidamente la zona afectada, muy visitada en esta época por turistas, destacó la emisora regional France BleuAlsace. Comerciantes y clientes permanecieron encerrados en tiendas y bares del concurrido centro hasta la madrugada del miércoles. La policía instó específicamente a residentes y visitantes a evitar la zona de Neudorf, próxima al centro y a donde se cree que huyó el agresor. El Gobierno francés ha reforzado su nivel de alerta antiterrorista que se encuentra ahora en un nivel de “urgencia por atentado”. Además, se han reforzado los controles en las fronteras y se han incrementado las medidas de seguridad en todos los mercados de Navidad del país. El dispositivo antiterrorista Centinela también se ha reforzado en todo el territorio…

El ministro del Interior califica de “oportunista” que el ‘Estado Islámico’ se haya atribuido el atentado, se investiga si hubo cómplices

Volver a abrir su histórico mercadillo de Navidad, el más antiguo de Francia y uno de los primeros de Europa, se había convertido para Estrasburgo en una cuestión de pundonor, para demostrar que la ciudad de los derechos humanos y del Parlamento Europeo no se doblega ante el terrorismo. Pero la reapertura de las tradicionales casetas de madera decoradas con ramas de abeto se hizo este viernes con un espíritu mucho más ligero después de saberse que el responsable del tiroteo que el martes sembró la muerte y el pánico en esas mismas calles, ChérifChekatt, fue abatido en una operación policial en un barrio de la ciudad la noche del jueves 13 de diciembre. Aun así, la investigación continúa en busca de posibles cómplices y para averiguar cómo y por qué este delincuente común radicalizado pero que no se consideraba una amenaza inminente pasó a la acción, causando al menos tres muertos y una docena de heridos.

Siete personas continuaban en custodia policial en relación con el terrorista, reveló el fiscal de París, Remy Heitz, en una comparecencia desde Estrasburgo. Se trata de “cuatro miembros de su familia”, detenidos desde la noche del martes, y “tres miembros de su entorno cercano” arrestados en las últimas 24 horas, detalló. La investigación continúa “para identificar a eventuales cómplices o coautores susceptibles de haberlo ayudado o alentado en la preparación” del ataque, explicó. Y es que las dudas siguen siendo numerosas en torno al atentado de Chekatt, que el ‘Estado Islámico’ (ISIS, por sus siglas en inglés) se atribuyó poco después de conocerse la muerte del atacante. Aunque es algo que el ministro del Interior, ChristopheCastaner, calificó este viernes de “totalmente oportunista”, las autoridades no quieren descartar ninguna pista.

La frenética búsqueda de Chekattduró 48 horas casi exactas. Terminó en el mismo barrio, Neudorf, donde se había perdido su rastro después de emprender la huida desde el centro de Estrasburgo en un taxi. Allí se habían concentrado los esfuerzos en las últimas horas, explicó Heitz, debido en buena parte a la colaboración ciudadana: después de que las autoridades distribuyeran la noche del miércoles la fotografía y descripción de Chekatt pidiendo la ayuda de posibles testigos, las centralitas de la policía recibieron 800 llamadas, reveló el fiscal. Dos de los testimonios, que situaban a alguien que coincidía con la descripción del terrorista en unas calles de Neudorf, fueron especialmente “determinantes”, agregó. Tras un primer operativo que terminó sin resultados a primeras horas de la tarde, a las 19.30 comenzó otro, con nuevas patrullas y un helicóptero, en la misma zona. Este segundo intento acabó con la localización y “neutralización”, como lo definió en un primer momento la policía, del terrorista.

Según ha detallado el fiscal este viernes, fue una patrulla de policía de tres agentes la que, a las 21:00, vio a un individuo caminando por la calle Lazaret de Neudorf cuya “descripción coincidía” con la de Chekatt. Este, al detectar el coche policial, hizo como si estuviera entrando en el portal de una de las casas. La patrulla dio marcha atrás y comprobó que el individuo “no lograba abrir la puerta”. Consciente probablemente de que había sido identificado, el hombre “se dio la vuelta y disparó”, alcanzando con uno de sus tiros una puerta del coche patrulla. Dos de los agentes “respondieron con numerosos disparos y mataron al agresor”. Tras ser abatido, los agentes comprobaron que el terrorista portaba “un revólver viejo”, un cuchillo y ocho balas del calibre 8 milímetros. Gracias a la comparación de sus huellas digitales, “la muerte de ChérifChekatt, formalmente identificado, fue constatada a las 21.05”, concluyó Heitz.

La muerte de Chekatt se conoció poco después de que el ministro del Interior anunciara, junto con las autoridades locales, la reapertura del mercadillo de Navidad. Castaner se convirtió en uno de los primeros visitantes tras el ataque del popular negocio que cada año atrae a unos dos millones de turistas. “Tomamos la decisión [de reabrir el mercadillo] por el honor de Estrasburgo, de Francia, para demostrar que ante estos ataques tan violentos como el del martes, nuestro país sabe mantener la cabeza alta”, declaró Castaner, que alentó a ciudadanos y turistas a visitar los comercios navideños “porque es un formidable mensaje de apoyo”. Pese a la aparente vuelta a la normalidad, los estragos de Chekatt en esta ciudad perduran. La seguridad reforzada en la zona, con más militares y fuerzas del orden desplegados por el casco antiguo, recordaban que la amenaza sigue latente. Además, todavía podría empeorar el balance de la matanza. Según recordó el fiscal Heitz, además de las tres víctimas mortales, hay una cuarta víctima en estado de muerte cerebral. Y entre los restantes 12 heridos, cuatro de los cuales siguen hospitalizados, también hay otra persona en estado crítico.

En toda Europa se ha procedido a una implementación de controles reforzados en todas las fronteras y en todos los mercadillos de Navidad

El Parlamento Europeo, que se encontraba en plena sesión, fue cerrado por seguridad, pero continuó su sesión, confirmó Javier Jiménez, portavoz del Partido Popular Europeo (PPE), que se encontraba en las dependencias de Estrasburgo.El portavoz parlamentario Emmanuel Foulon explicó en un mensaje en Twitter que el tiroteo le sorprendió en un restaurante donde los clientes permanecieron escondidos por orden de los gendarmes, que les ordenaron bajar la reja, durante horas. El testigo mencionó escenas de pánico en la calle y que todo el mundo permanecía encerrado en locales y tiendas mientras la policía buscaba al agresor, cuyo móvil se desconoce por el momento.El tiroteo también sorprendió a varios eurodiputados españoles en las inmediaciones del ataque. Carlos Iturgaiz, expresidente del Partido Popular vasco y hoy eurodiputado, relató que el tiroteo le sorprendió en el centro de la ciudad, muy cerca del mercadillo. “La policía nos ha agarrado y nos ha metido en el restaurante más próximo, un vietnamita, en el sótano. Ahí permanecimos unas 50 personas unos tres cuartos de hora. Luego nos han sacado hacia el canal”, relató. Según Iturgaiz, el centro de la ciudad ha sido totalmente evacuado: “Parece una ciudad fantasma”. La rutina de la ciudad continuará alterada estos días próximos a la Navidad en esta ciudad fronteriza con Alemania. El alcalde anunció pasada la medianoche del 11-N que el mercadillo de Navidad permanecerá cerrado el miércoles 12, y que también se suspenden todas las actividades culturales. Las banderas ondearán a media asta en recuerdo de las víctimas y en el ayuntamiento se abrirá un libro de condolencias. Las autoridades locales discutían asimismo la posibilidad de que las escuelas permanecieran cerradas esta primera jornada tras el ataque que ha puesto de luto a la ciudad.

El autor del tiroteo de Estrasburgo ya era conocido por las fuerzas de seguridad, que le habían abierto una “ficha S”, según confirmó anoche el Ministerio del Interior francés. Se trata de una clasificación específica dentro del amplio “fichero de personas investigadas”. Bajo la “ficha S” hay personas que son objeto de una investigación “para prevenir amenazas graves a la seguridad pública o la seguridad del Estado”, por lo que se recopilan datos sobre ellos. Unas 26,000 personas están registradas, de las cuales se cree que unas 10,000 han podido ser radicalizadas, en ocasiones en mezquitas salafistas, informó Reuters. Pero también hay fichados solo por haber tenido algún tipo de contacto con algún radical, y militantes extremos de ultraderecha o hooligans. En toda Europa se ha procedido a una implementación de controles reforzados en todas las fronteras y en todos los mercadillos de Navidad para evitar riesgos” de ataques similares.

El autor del tiroteo de Estrasburgo ya era conocido por las fuerzas de seguridad, que le habían abierto una “ficha S”, según confirmó el Ministerio del Interior francés. Se trata de una clasificación específica dentro del amplio “fichero de personas investigadas”. Bajo la “ficha S” hay personas que son objeto de una investigación “para prevenir amenazas graves a la seguridad pública o la seguridad del Estado”, por lo que se recopilan datos sobre ellos. Unas 26,000 personas están registradas, de las cuales se cree que unas 10,000 han podido ser radicalizadas, en ocasiones en mezquitas salafistas, informó Reuters. Pero también hay fichados solo por haber tenido algún tipo de contacto con algún radical, y militantes extremos de ultraderecha o hooligans. En toda Europa se ha procedido a una implementación de controles reforzados en todas las fronteras y en todos los mercadillos de Navidad para evitar riesgos” de ataques similares.

Desde el atentado el 7 de enero de 2015 al semanario satírico Charlie Hebdo, en el cual murieron 12 personas, Francia ha sufrido más de una decena de ataques, los más mortíferos en 2015 y 2016. El último ocurrió este pasado martes 11-D en una céntrica plaza de Estrasburgo…

7 de enero 2015: Ataque contra Charlie Hebdo en París. Al menos dos de los tres atacantes entran a tiros a media mañana en la redacción del semanario satírico y progresista Charlie Hebdo y matan a 12 personas, incluido el director de la revista StéphaneCharbonnier.

9 de enero 2015: Ataque en el supermercado Kosher en París. El yihadistaAmedyCoulibaly irrumpe con dos fusiles y varios artefactos explosivos en una tienda de alimentos judíos en la avenida Vincennes de París y mata a cuatro personas.

19 de abril 2015: Detenido el presunto autor del asesinato de una mujer en París. Las autoridades detienen a un estudiante de informática, Sid Ahmed Ghlam, de 24 años, que guardaba tres fusiles Kaláshnikov en su habitación. Presunto autor del asesinato de una mujer en la localidad de Villejuif, preparaba un “inminente” atentado contra “una o dos iglesias” de la capital francesa.

26 de junio de 2015: Ataque a una empresa de gas cerca de Lyon. YassineSalhi, un hombre de 35 años, decapita a su jefe y provoca una explosión en una empresa gasística en Saint-Quentin-Fallavier, cerca de Lyon. Huye tras dejar en la puerta la cabeza de su víctima adornada con dos banderas islamistas. Es detenido y se suicida en la cárcel.

13 de noviembre de 2015: Ataques simultáneos en París. Al menos 120 personas mueren y decenas resultan heridas en varios ataques terroristas lanzados a la vez en París. Varios atacantes con fusiles de asalto y explosivos protagonizan cinco tiroteos en la capital, además de provocar varias detonaciones cerca del Estadio de Francia. El ataque más grave se produce en la conocida sala de conciertos Bataclan.

13 de junio de 2016: Ataque en Magnanville. Un hombre, identificado como LarossiAbballa, de 25 años, ataca a un comandante de policía, de 42 años, a las puertas de su casa con un arma blanca y degolla a su mujer. Abballa había jurado tres semanas antes fidelidad al jefe del ISIS Abu Bakr al Bagdadi.

14 de julio de 2016: Ataque en Niza. Un conductor francés de origen tunecino, Mohamed Lahouaiej-Bouhlel, atropella a gran velocidad y a lo largo de casi dos kilómetros la gente congregada para ver los fuegos artificiales en la noche con ocasión del Día Nacional de Francia. El ataque deja 86 muertos y más de 400 heridos.

26 de julio de 2016: Ataque en Saint-EtienneduRouvray. El padre Jacques Hamel, un sacerdote jubilado de 86 años, es degollado por dos yihadistas, AbdelMalikPetitjean y AdelKermiche, cuando oficiaba una misa.

20 de abril de 2017: Ataque a policías en París. Un hombre, identificado como Karim Cheurfi, de 39 años, dispara y mata al policía Xavier Jugelé en los Campos Elíseos de París e hiere gravemente a otros dos agentes.

1 de octubre 2017: Ataque en Marsella. Un hombre tunecino de 29 años ataca con un cuchillo a dos mujeres frente a la estación de trenes Saint-Charles en Marsella. El agresor degüella a una de las víctimas y apuñala en el estómago a la otra.

23 marzo 2018: Ataques en Carcasona y Trèbes. Un francés de origen marroquí de 26 años procedente de Carcasona, donde comenzó sus ataques, mata a tres personas. Las autoridades aseguran que no estaba radicalizado.

13 de mayo 2018: Ataque con cuchillo en París. Una persona muere y otras cuatro resultan heridas, dos de ellas graves, durante un ataque perpetrado en el centro de París por un hombre armado con un cuchillo que fue rápidamente abatido por la Policía.

“No me subyugaba tanto un libro como el que escribió PhilippeLançon tras el atentado de Charlie Hebdo”, escribe Antonio Muñoz Molina

Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 10 de enero de 1956) es un escritor español, académico de número de la Real Academia Española (1996). En 2013 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. En su obra abundan referencias a la cultura popular, que es una de las principales fuentes de inspiración del autor. Su primera novela, “BeatusIlle”, apareció en 1986, aunque se gestó durante varios años. ‘El invierno en Lisboa’ y El jinete polaco’ son dos de sus obras más destacadas. Semanas atrás leí una de sus columnas, donde hacía mención al atentado contra el semanario satírico parisino ‘Charlie Hebdo’…

“Es así como uno debiera encontrarse con un libro: por sorpresa, sin aviso ninguno, sin conocimiento previo, sin la hojarasca y el ruido de los comentarios, las simpatías, los prejuicios, sin saber nada de su autor, y ni siquiera del tema. Así es como la lectura será un acto pleno y soberano: un encuentro a cuerpo limpio y a solas entre el lector y el libro. Fue así como encontré, hace un par de semanas, ‘Le lambeau’, de PhilippeLançon, en la librería de un aeropuerto francés, mientras hacía tiempo para ir hacia la sala de embarque. Yo no sabía quién era PhilippeLançon, y ni siquiera estaba seguro del sentido del título. No había un resumen en la contraportada. No había más que dos líneas de información sobre el autor. Los libros de Gallimard son de una austeridad extrema. Ni siquiera sé por qué me fijé en éste. Lo abrí por curiosidad y leí algunas frases sueltas hojeando al azar. No llegué a saber de qué trataba. Solo me atrajo la música, el tono de una narración en primera persona. Estaba empezando el embarque cuando una voz avisó de que habría un retraso. No me importó nada. Sentado en mi silla de plástico apenas alcé la cabeza del libro. Lo había empezado y ya no podía dejarlo. Leí tan ensimismado durante el vuelo como durante la espera. Quinientas páginas más tarde tengo la sensación de haber atravesado una prueba que me ha angustiado y me ha fortalecido. Hacía tiempo que no me subyugaba tanto una voz escuchada en la tipología silenciosa de un libro. Lo termino una noche, a las tres de la madrugada, en un estado que tiene algo de fiebre, la imaginación invadida por la experiencia límite de otro ser humano. Apago la luz y en la oscuridad del dormitorio imagino las habitaciones de hospital en las que PhilippeLançon pasó los ocho primeros meses de 2015. Su historia está en este libro, pero él es una persona real que vive y respira y recuerda ahora mismo: quiero imaginar también cómo es su vida en este momento, la existencia nueva en la que se encontró de golpe el 7 de enero de hace tres años…”.

No es solo que ese día cambiara su vida: es que el hombre que él era dejó de existir, y en su lugar fue naciendo otro, haciéndose lenta y muy dolorosamente, como se iba rehaciendo a base de operaciones quirúrgicas su cuerpo roto por los disparos a quemarropa de un fusil de asalto. Aquel Lançon que ya no existe acudió en bicicleta, en la mañana del 7 de enero, a la reunión semanal de los redactores de ‘Charlie Hebdo’, la revista en la que escribía crónicas culturales. También colaboraba en ‘Libération’: esa mañana había estado a punto de ir a ‘Libération’ y no a ‘Charlie Hebdo’. Ese hecho tan probable y tan simple habría cambiado su vida. De decisiones y azares así está hecho lo que con tanta solemnidad se llama el destino. Lançon es un periodista aficionado a las artes y empapado de literatura, lector de Proust, de Thomas Mann, de Racine, de Kafka, devoto de Bach y de Bill Evans. Esa mañana, al final de la reunión en ‘Charlie Hebdo’, estaba enseñándole a un colega un libro de fotos de músicos de jazz: justo en ese momento la realidad se quebró y lo que había sido una reunión cordial y algo desalentada -el desaliento del oficio en declive del periodismo- se convirtió en un horror más indescifrable que cualquier pesadilla.

“Le lambeau” de PhilippeLançon trata de la rapidez homicida de lo inesperado y lo súbito y de la lentitud en los hospitales y en los quirófanos

“Cuando no se la espera, ¿cuánto tiempo se tarda en saber que la muerte ha llegado?”, dice Lançon. Pero ni siquiera se está seguro de que sea la muerte lo que llega: es algo, un vendaval, un trastorno sin nombre, una suspensión del tiempo, una repentina lentitud, una sucesión de petardeos que cuesta identificar porque los disparos de la realidad suenan con un ruido menos enfático que los de las películas, con una sequedad que luego ya no olvida el que los ha escuchado. Lançon revive con lucidez retrospectiva la extrañeza de estar viviendo el puro espanto: “La irrupción de la violencia me aísla del mundo y de quienes también la sufren”. Cae al suelo, se tumba más bien, casi con cuidado, cerrando los ojos, como un niño que cree que solo con cerrarlos se vuelve invisible para quienes lo persiguen en el juego. No sabe si vive o si está muerto. Después de cada disparo oye un grito repetido:“¡AllahuAkbar!”. Uno de los verdugos se acerca a donde él está. Posiblemente va a rematarlo. Tiene la cara inundada de sangre y no sabe que es la suya. Todavía no sabe que los disparos le han destrozado la mandíbula inferior. De repente se hace el silencio. Lançon abre los ojos y ve cerca de él la cabeza de un amigo con el que hablaba unos segundos antes. Del interior de su cráneo roto brota la masa cerebral.

‘Le lambeau’ trata de la rapidez homicida de lo inesperado y lo súbito y de la lentitud del tiempo en los hospitales y en los quirófanos. Durante varios meses, su mundo se restringe al sufrimiento y la paciencia de la recuperación y al espacio de las habitaciones de hospital, protector y a la vez sofocante, alejado del mundo exterior en el que viven su normalidad las personas que para PhilippeLançon ya no son sus semejantes. Ahora él pertenece a otra humanidad: la de los enfermos, los que tienen las caras destrozadas por accidentes o por la mordedura del cáncer, los cirujanos, los enfermeros, los padres mayores junto a los que ahora, con 50 años, se siente regresado a la vulnerabilidad de la infancia, el hermano, la mujer que no acaba de reconocerlo porque sigue buscando al otro que fue y ya no existe. Con el peroné de su pierna derecha los cirujanos le hacen a Lançon una nueva mandíbula. Un día prueba de nuevo por primera vez la maravilla de un sorbo de zumo.

“Para preservar su humanidad y su cordura el malherido, el superviviente, busca el consuelo del amor, de la amistad, la compasión, la música, la literatura. Solo lo muy valioso resiste la prueba de la exigencia máxima: Bach, Kafka, La montaña mágica, pasajes de Proust, ­Bill Evans. Una exigencia idéntica es la que impone el relato de lo que se ha vivido en la noche oscura del terror y de los hospitales. He sabido que el libro lo publicará pronto en español Anagrama. Será imposible no leerlo…”, recalcaba Antonio Muñoz Molina.

Aquella mañana de invierno de 2015 PhilippeLançon, que había publicado tres novelas y era uno de los periodistas y críticos culturales de más peso en Francia, recibió dos tiros de Kaláshnikov-357 Magnum en el rostro. Fue en la sala de redacción del periódico satírico ‘Charlie Hebdo’, en la calle Nicolas-Appert del distrito XI de París. Varios de sus mejores amigos -los dibujantes y columnistas Cabu, Wolinski, Charb y Bernard Maris, entre otros- murieron en el atentado perpetrado por los hermanos Kouachi al grito de “¡Allahuakbar!” (“¡Alá es grande!”). Él sobrevivió al ataque yihadista pero se quedó sin cara del labio superior para abajo. Estuvo ingresado nueve meses en los hospitales de la Salpêtrière y los Inválidos. Va por la cirugía facial número 18. Los médicos trasladaron su peroné al lugar que antes había ocupado su mandíbula. El calvario fue prolongado. La morfina y Bach aplacaban el espanto. Se marchó de París. Y publicó “Le lambeau”, un libro, un exorcismo. Lambeau es un colgajo, un jirón,un pingajo, un pedazo, una triza… en español.

“Regreso poco a poco, con distancia, a una vida que ya no es la misma porque yo no soy el mismo.‘Contigo en la distancia’ es un bolero cubano”

En sus 500 páginas, este hombre valiente que llama a las cosas por su nombre y que no conoce el adorno relató un compendio de azares, desgracias, sufrimientos, consecuencias, reflexiones y aprendizajes que dejan al lector en estado de shock. Escribió en Roma gran parte del libro. Que fue, primero, un tímido regreso de la muerte Y después, una vuelta a la vida, una vuelta a medias. Basta con escucharle. “Regreso poco a poco, con distancia, a una vida que ya no es la misma porque yo no soy el mismo”, explica en un perfecto español el escritor y periodista francés. “Hay un bolero cubano que dice ‘Contigo en la distancia’ y yo estoy un poco así. Por un lado estoy con aquel que fui, y por el otro con el que soy, hoy y aquí, en Roma. Hay varios ‘yo’: el que fui antes del atentado, el que fui en el año que siguió al atentado; el de la convalecencia, que arrancó un año después del atentado; el escritor, que es, como decía Proust, el producto de otro ‘yo’. Y por fin está el hombre que estoy volviendo a ser ahora, y que es una persona que todavía no conozco bien”.El último capítulo del libro se titula precisamente así, ‘Los regresos’. En él se entrecruzan el inventario de lo ocurrido y el diagnóstico de lo que vendrá. Y no solo afecta a la víctima. “Es raro. A poca gente le toca renacer a los 50, que es lo que he hecho yo de verdad… y no creo que sea una construcción psicológica. La idiosincrasia del atentado es una irrupción violenta y totalmente imprevista que destruye la continuidad de la vida, a veces hasta la muerte, a veces solo hasta la herida, sea física o psicológica. Y renaces. Porque hay algo que quedó destruido, y aquí no hablo de lo físico sino de lo existencial. Un atentado produce una herida existencial. Es una herida individual pero también colectiva”, cuenta con voz tenue el escritor, que en sus páginas alude a “una violación colectiva”. “Porque está hecho precisamente para eso, y en ese sentido es una acción muy bien diseñada”.

¿Ha intentado entender a los terroristas que quisieron matarle y que mataron a sus amigos? “La verdad es que no me interesan mucho, ni por el bien ni por el mal. Pienso que quienes nos atacaron eran pobre gente, sin mente”.

¿Qué puede ocurrir ahí, en una mente, para hacer algo así? ¿Lo ha pensado? “Creo que en el vacío de sus cabezas entraron monstruos, fantasmas del estilo de los que pintaba Goya pero activados por personas concretas, esas sí, conscientes de lo que hacen, de servir al Estado Islámico y todo eso”.

Y ya nada fue igual… “Cambiaron mi existencia, me cambiaron. Se acabó el otro PhilippeLançon. Fue muy duro. No siento odio por los hermanos Kouachi, sé que son un producto de este mundo, pero sencillamente, no acierto a explicármelos”.

Su vida dejó de ser aquella vida. Murieron algunos de sus mejores amigos. Y el dolor físico… ¿Pensó en el suicidio? “Jamás”.

¿Es usted un titán? “Nada de eso. El carácter se desarrolla con las circunstancias”.

“La mandíbula fue completamente reconstruida utilizando el hueso del peroné y los implantes no se agarran tan bien como en una normal”

PhilippeLançon lleva 17 operaciones. Si todo va bien, la curación total -siempre que ese concepto exista en un caso como el suyo- llegará en cosa de un año. “Todavía me tienen que poner una nueva prótesis y en mi caso eso es complicado. La mandíbula fue completamente reconstruida utilizando el hueso del peroné y los implantes no se agarran tan bien como en una mandíbula normal. Y si no tienes implantes, no tienes prótesis”. Entre su oficio, el de escribir, y el de sus cirujanos salvadores, el de recomponer, subyace, asegura, un común denominador que habla de procesos tortuosos. “Escribir es un camino muy largo y repararse la mandíbula también. En ambos hay que ser paciente; ahora los médicos me dicen que estoy ya en la recta final, y esto es un poco como afrontar la recta final de un libro. Corriges y corriges, quitas y pones cosas… aciertas y fallas… para mí hay un paralelismo muy evidente y muy íntimo entre la cirugía y la escritura”.

Saber quitar. Desbrozar. Minimizar. Ir recto a la esencia. Eso es escribir según PhilippeLançon. También lo era para algunos de los grandes genios que ama, Kafka por encima de todos. Empezó el libro y tuvo que parar. “No me salía ser sencillo, estaba haciendo estilo, estaba haciendo literatura, y no era eso lo que quería”, explica. ¿Y hoy? “Me gustaría escribir cada vez más simple, quitar cada vez más cosas, a menudo uno no tiene tantas cosas que decir, ¿sabes? O callarme. Cuando uno se da cuenta de que realmente no tiene tanto que decir, se calla. Quitar también es escribir. Tendemos a escribir más de la cuenta. Quién sabe, a lo mejor también en este libro escribí demasiado…”. “El paciente es un vampiro”, escribe PhilippeLançon en “Le lambeau”, refiriéndose a la exhaustiva e intensa gama de actitudes egoístas -en un sentido literal del término- que toda persona sufriente en una habitación de hospital observa con respecto a personal sanitario, familiares, amigos… seguramente el egoísmo más justificado y comprensible que quepa imaginar. Entonces cabe plantearle otro paralelismo…

¿Y el escritor? ¿No es también un vampiro, lo mismo que ese paciente hospitalario del que habla? “Claro que lo es, pero no en tiempo real. Hay una diferencia. El paciente intenta nutrirse de todo lo que puede, y de todos, y en todo momento. Por supuesto, el escritor lo chupa todo, pero se lo guarda para más tarde. Yo no estaba en esa situación, yo vivía el momento, yo estaba luchando por sobrevivir. El escritor chupa la vida porque su misión es restituirla bajo una forma literaria. ¿Si no la chupa cómo la va a escupir? La creación es eso”.

“La ausencia de solidaridad con ‘Charlie Hebdo’ no fue solo una vergüenza profesional y moral. También contribuyó a hacer de Charlie, al aislarla y al señalarla, un objetivo parta los islamistas”. Llegados a este punto, PhilippeLançon acude al título de una obra teatral de Sartre, ‘La puta respetuosa’ (La putainerespectueuse), para dirigirse a los habituales “profesionales de la moral y el respeto o mejor, las prostitutas del respeto” que, tanto en el caso de los autores daneses de las caricaturas de Mahoma y de ‘Charlie Hebdo’, solo tuvieron un objetivo: “Hacernos creer que, para vivir tranquilos y sin problemas, lo mejor es no dibujar a cierto profeta”. Y ahí no hubo, sostiene, distinción de color político: “Tuve la ocasión de comprobar, una vez más, hasta qué punto el mundo de la extrema izquierda está dotado para el desprecio, el furor, la mala fe, la ausencia de matices y la invectiva degradante. En eso, al menos, no tiene nada que envidiar a la extrema derecha”.

Con el ‘Estado Islámico’, ISIS, no salen las cuentas meses después de proclamar la derrota del grupo y la muerte de casi todos sus milicianos

Con el Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés) todo es exagerado. Abdulkarim Omar es una suerte de portavoz político en la franja kurda del norte y noreste sirio. El 6 de octubre lanzó en un tuit una llamada a las cancillerías extranjeras que quieran escuchar. “El número de combatientes del ISIS, mujeres y niños bajo nuestra custodia”, señaló en el mensaje, “es grande”. Las cifras: 900 milicianos, entre 400 y 500 mujeres y más de un millar de niños de hasta 44 nacionalidades. Más de 2,000 personas de un plumazo. Y más detenidos hay en el sur del país y, sin duda, al otro lado de la frontera con Irak. Los números con el ISIS son siempre abultados. En el último informe hecho por la Administración norteamericana para presentarlo ante el Congreso y difundido en agosto se cifraba en alrededor de 30,000 los yihadistas del ISIS entre Siria e Irak. Pero nueve meses antes, la coalición que lidera Estados Unidos reducía a un millar los militantes aún en armas. ¿Cómo puede haber semejante diferencia en las cifras?El escritor sirio Hassan Hassan, autor junto a Michael Weiss de ‘ISIS: dentro del Ejército del Terror’, es uno de los mayores expertos en este fenómeno terrorista. Para él, la cifra más “realista” de yihadistas todavía en pie a ambos lados del Éufrates estaría en torno a los 6,000 o 7,000. “Los números de militantes del ISIS han sido siempre exagerados por Estados Unidos y otros países, especialmente los de combatientes extranjeros”, dice Hassan en un intercambio de mails. “Las autoridades iraquíes han inflado además los muertos en el campo de batalla”.

Los márgenes en el recuento de barbudos en las filas del ISIS son espectaculares. Aquel informe estadounidense difundido en agosto hablaba de entre 15,500 y 17,100 solo en Irak, dependiendo de las fuentes consultadas. En Siria, con menos seguridad, el reporte planteaba unos 14,000. Muchos de todos estos andarían a la fuga o agazapados en modo insurgencia entre los desiertos de DeirEzzor (Siria) y Al Anbar (Irak). Esa suma llevaría la guerra contra el grupo liderado por Abubaker al Bagdadi a la casilla de salida: en septiembre de 2014, dos meses después de declarado el califato desde Mosul, fuentes de la CIA informaban a la cadena CNN de que el ISIS contaba ya con entre 20,000 y 31,500 miembros. Y con esa cifra nos quedamos. No era una estimación muy fina, pero era el gran momento del grupo yihadista, con entradas a través de la porosa frontera turco-siria de hasta 2,000 fieles al mes.

Al Qaeda e ISIS, aseguraban, a finales de verano, disponer entre 20,000 y 30,000 de milicianos a las órdenes de Al Bagdadi en Siria e Irak

Pero Washington no está solo en esa estimación. El comité que informa periódicamente ante el Consejo de Seguridad de la ONU de cómo evolucionan los dos gigantes del terrorismo yihadista, Al Qaeda e ISIS, cifraba a finales de verano en entre 20,000 y 30,000 los milicianos a las órdenes de Al Bagdadi en Siria e Irak. Sus fuentes son básicamente los Estados miembros de la ONU. “Las verdaderas cifras probablemente estén solo disponibles en documentos del ISIS, ahora desperdigados o destruidos”, comenta en otro correo Richard Barrett, exagente de Inteligencia británico y estudioso del pelotón de combatientes extranjeros del ISIS. “Nunca sabremos cuántos foráneos hubo, cuántos murieron o viajaron a otro teatro de la yihad”, continúa el analista, “todas las cifras, incluso las oficiales no son más que estimaciones o conjeturas con información. Precisamente Barrett, en el trabajo ‘Más allá del califato: combatientes extranjeros y la amenaza de retorno’, se aproxima a abordar el volumen de acólitos que pudo mover el ISIS en un momento dado. Y para ello recoge el registro de aspirantes -algunos no llegaron a entrar en Siria- elaborado por Turquía en junio de 2017: 53,781 personas, de 146 países.

Hay pocos registros probados de yihadistas en el seno del ISIS. En marzo de 2016, un desertor del grupo filtró 22,000 hojas de entrada en Siria bajo el sello del órgano fronterizo del grupo terrorista. Los servicios de inteligencia alemanes se hicieron con la filtración. Algunos de estos documentos fueron difundidos por el diario sirio Zaman al Wasl. Los que pudo ver este periodista mostraban historias reales de aspirantes españoles de camino al califato.Como decía Hassan Hassan, las cifras de vivos y muertos se han hinchado. El recuento de los yihadistas abatidos hecho por el Mando Central estadounidense lía aún más las cosas. El teniente general Sean MacFarland informó en agosto de 2016 de que la coalición había matado ya, en una evaluación “conservadora”, a 45,000 combatientes. Se cumplían dos años de bombardeos. En julio del pasado año, llegando al tercer aniversario, los muertos rondaban los 60,000-70,000, según el general norteamericano Raymond Tony Thomas -en esa cuenta habría que meter a los más de 3.000 que la aviación británica ha alcanzado, según información de Londres-. El general Thomas daba además por “desmantelada la red” establecida por el ISIS.

No parece tan claro que así sea. Como prueba, un parte del mando norteamericano de este mes. También con muchas cifras nada pequeñas. Entre el 1 y el 6 de octubre, la coalición contraria al ISIS lanzó 70 ataques. Los bombardeos destruyeron, entre otras cosas, 57 unidades de combate -se desconoce si con o sin personal yihadista asociado-, 17 rutas de abastecimiento, siete edificios…¿Alguien se beneficia de las grandes cifras? Hassan no cree que se trate de una invención “deliberada”, pero sí que “un número elevado [de combatientes en el terreno] casa con la nueva estrategia de EE UU de permanecer en Siria”. Por ahí van también los tiros del analista de Crisis Group en Líbano Samuel Heller: “Si el ISIS fuera totalmente y oficialmente derrotado”, afirma, “no tendrían ya base legal para [justificar] su presencia en Siria”. Dicho esto, Heller no cree que eso explique una estimación tan alta de milicianos aún en la trinchera.

Los tambores suenan no obstante en torno a cierto resurgimiento del grupo terrorista, ya lejos del añorado califato. RafaelloPantucci, del británico Real Instituto de Estudios de Seguridad y Defensa (RUSI) así lo cree: “El grupo, como estructura en Levante, aún existe, y los fuegos de ira que subyacen y que alimentó no se han apagado aún. Esto quiere decir que si no se maneja correctamente, el grupo podría alzarse de nuevo”. Y si pasa, las cifras volverán a dispararse.

Los asistentes a un partido de baloncesto homenajean a las víctimas de Estrasburgo con ‘La Marsellesa’, no es la primera vez

Los espectadores del partido de baloncesto entre el SIG Strasbourg y el OlimpijaLjubljana quedaron confinados en el pabellón Rhenus Sport durante el tiroteo en el centro de Estrasburgo, que causó al menos tres muertos y 13 heridos durante la noche del martes. Según se puede ver en un vídeo publicado en Twitter por el equipo de la ciudad, los espectadores recluidos cantaron ‘La Marsellesa’ en homenaje a las víctimas. No es la primera vez que el himno de Francia se usa como símbolo de resistencia tras un atentado terrorista. Lo cantaron los asistentes al Stade du France mientras salían del recinto, como pudimos ver en el vídeo que publicó Karl Olive, alcalde de Poissy. Fue durante la noche del 13 de noviembre de 2015, cuando murieron asesinadas más de 120 personas en una cadena de atentados en París. También se interpretó la noche siguiente en el Metropolitan de Nueva York, antes de que comenzara la ópera Tosca, de Puccini.

Los principales periódicos de mundo se han hecho eco de lo ocurrido en el mercado de Navidad de Estrasburgo. Se ven en las calles no solamente de Francia sino de otros países de la Unión Europea, más policía en la calle e incluso saltan falsas alarmas… Guillermo Fouce es doctor en Psicología y autor de ‘Psicología del miedo’. “Es normal sentir miedo en esta situación -añade-, pero también es infundado. Es el efecto que busca el terrorismo”. Cuando ocurre un evento de este tipo, “estamos en un estado de shock todos: las víctimas directas e indirectas, y también la sociedad. Nos ponemos en su lugar y pensamos que nos podría haber pasado a nosotros”.¿Por qué sentimos miedo? Como escribe Giovanni Frazzetto, el miedo “es una respuesta a una amenaza o peligro inminente”. Desde el punto de vista evolutivo, “es una cualidad útil, protectora de nuestra supervivencia. Agudiza nuestros sentidos y prepara a nuestro organismo para afrontar peligros inesperados”. Si nuestros antepasados no hubieran sentido miedo, probablemente no estaríamos aquí: habrían fallecido por jugar con una serpiente venenosa o por no alejarse a tiempo de un depredador. “El problema es cuando el miedo se generaliza, se basa en rumores y provoca reacciones irracionales”, explica Fouce. Estas reacciones no son fáciles de superar: Frazzetto pone como ejemplo su experiencia tras los atentados de Londres en julio de 2005. El neurocientífico, que vivía en la ciudad, prescindió del transporte público durante semanas y cuando lo volvió a usar, lo hacía con temor. “Con el tiempo aprendí a evaluar el riesgo de un ataque terrorista y reconocí que no tenía sentido permitir que la angustia que me causaba me impidiera llevar una vida normal”.

La necesidad de analizar el riesgo es clave. Los eventos muy improbables son o bien ignorados, o bien sobrestimados. Es más fácil morir de un derrame cerebral o de diabetes que en un accidente de tráfico, aunque nuestra percepción es la contraria. En gran medida, esto se debe a la cobertura de los medios, que dedican una atención desproporcionada a eventos poco usuales, que “en consecuencia se perciben como más habituales de lo que son”. Lo vemos después de que se estrella un avión. La notoriedad de estos sucesos nos hizo olvidar un dato revelador: el número de fallecidos en accidentes de aviación lleva décadas en descenso.También ocurre que nuestros cerebros están hechos para recordar historias: las narraciones son más atractivas que los datos. Nos podemos identificar con el relato de un superviviente o con la historia de una víctima. En cambio, la probabilidad de morir en un accidente de avión es simplemente un número. Y eso hace que nos resulte más difícil darle un significado personal: el miedo a volar no se supera solo con estadísticas.

El miedo también nos hace más manipulables, recuerda Fouce. “Es nuestra parte más animal y primaria. Es un arma muy poderosa”. El peligro es que esta manipulación es muy difícil de canalizar “y puede llevar a respuestas descontroladas”, además de a actitudes irracionales, como “el miedo a lo diferente y las generalizaciones”. En el caso del terrorismo islámico, las generalizaciones son además constantes: el “enemigo” pasa a ser “alguien de fuera”, explica Joanna Burke: “un fundamentalista siniestro y con barba”. La historiadora recuerda que ya en los años 80 y 90 del siglo pasado, “el terrorismo recibió una atención desproporcionada en los medios de comunicación”, con metáforas que infundían aún más miedo, como en el caso de la expresión “el cáncer del terrorismo”. Tras el 11-S, para mucha gente este miedo “casi alcanzó el nivel de una fobia”, y se usó por gobiernos y políticos “para justificar operaciones militares rápidas y potencialmente contraproducentes”.

Para evitar caer en esta trampa, Fouce propone dos vías: “Preguntarse quién se beneficia del miedo, es decir, quién lo maneja y por qué, y mirarlo a los ojos”. Esto puede hacerse, por ejemplo, pasando por la misma situación que nos provoca ansiedad (pensemos en los parisinos saliendo a las terrazas) o reduciendo la amenaza al absurdo: ¿no vamos a salir jamás de casa por temor a un posible atentado? También hemos de publicar (y compartir en redes) solo información que sea fiable, evitando los rumores infundados. A pesar de todos estos riesgos, el miedo también tiene sus ventajas. “No hay nada inherentemente malo en el miedo. En muchas circunstancias, es una emoción apropiada que invitar”, dice Burke, que pone por ejemplo la necesidad de los padres de inculcar en sus hijos el temor a cruzar la calle y a tocar los enchufes.

Además, el temor “puede estimular la atención, agudizar el juicio y proporcionar energía”. También promueve comportamientos más civilizados: “Las campañas en contra del tabaco o de beber y conducir usaron el miedo a la muerte para desalentar comportamientos antisociales o autodestructivos”. Gran parte de la creatividad surge también del miedo, según Burke: “Miedo a la muerte, al rechazo y a la soledad”. Y recuerda los datos de un estudio publicado en el British Medical Journal sobre el miedo antes de someterse a cirugía: “Los pacientes que estaban demasiado animados o apáticos antes de una operación se recuperaron peor que aquellos que habían tenido tiempo a asimilar la situación y desarrollar una ansiedad apropiada”.

Según Burke, el miedo nos estimula y nos hace ser conscientes de que no podemos controlarlo todo. “Un mundo sin miedo sería un mundo aburrido. Es aleccionador pensar en un mundo en el que los padres no sienten temor por sus hijos o en el que la muerte es tan insignificante como almorzar”. Se trata de una de las fuerzas motivadoras de la historia, que nos ha llevado “a reflexionar de forma profunda y nos motiva para actuar”. La ansiedad es, como decía Kierkegaard, “el mareo de la libertad”.

Estrasburgo, ciudad resignada al terror, vecinos de la localidad francesa coinciden en que era cuestión de tiempo que ocurriera un ataque

Estrasburgo, la ciudad de la unidad europea y de los derechos humanos, se despertó el miércoles como la última víctima de un mortal ataque inexplicable. De luto por las al menos tres personas fallecidas por los disparos de un hombre que también hirió a otra docena de víctimas antes de emprender una huida que aún no había terminado cuando la ciudad volvía a activarse tras una noche de insomnio. Rodeada de fuerzas policiales que seguían buscando frenéticamente al agresor. Y resignada porque, coincidían muchos vecinos, un ataque como el sufrido en las cercanías del mercadillo de Navidad, en pleno corazón de la urbe, no era más que una cuestión de tiempo.Para Trinidad Noguera, asistente parlamentaria del eurodiputado socialista Ramón Jáuregui, la del martes 11-D era una noche típica de cuando el Parlamento Europeo sesiona en Estrasburgo. Mientras la última sesión continuaba en la sede europea, ella y un becario salieron al centro poco antes de las 20:00 de la noche, “a buscar el paraguas que se había olvidado” la víspera en un local antes de juntarse con otros compañeros para “una cena de despedida de becarios”.

Nunca se llegó a celebrar. “Pasábamos por la Rue des Grandes Arcades (en el casco histórico) cuando vimos en una callejuela a una persona tumbada en el suelo, en un charco de lo que luego vimos era sangre”, contaba el miércoles, día 12, ya de vuelta en su despacho, con tono sereno. Como vieron que el hombre, “un señor de aspecto europeo, de unos 50 años”, estaba siendo atendido, y temiendo en esos momentos que se tratara de una reyerta, decidieron salir de la zona, pero no lograron ir muy lejos antes de ser sorprendidos por “un vocerío, luego supimos que eran policías y militares”. Asustados, en ese momento dieron media vuelta y acabaron refugiados en Le Glacier Franchi, una popular heladería y tetería de Estrasburgo. “Era lo primero que vimos abierto”, reconoce. Poco después, también fue trasladado al local el herido. Aunque ellos todavía lo vieron consciente, acabaría siendo una de las dos víctimas mortales -una tercera está en estado de muerte cerebral, según la fiscalía- del agresor que se había liado a tiros, por motivos aún no del todo claros, en las inmediaciones del popular mercadillo de Navidad.

La Policía instó a la veintena de personas que acabaron refugiadas en la heladería a subir al primer piso, “un almacén” más resguardado que el local con amplias cristaleras donde estuvieron sentados en el suelo, con las luces apagadas, esperando durante un tiempo que Noguera no sabe precisar -“bastante rato, puede que más de una hora”- antes de que los agentes regresaran para tomarles declaración. “Nos dejaron salir finalmente a las 12 de la noche”, agregó Noguera, que precisó que estuvieron en todo momento “muy bien atendidos” por los agentes que les mantuvieron informados de lo que iba sucediendo y ofrecieron asistencia psicológica a quienes la precisaran.  Como tantos en Estrasburgo, Noguera decidió volver a su despacho en el Parlamento Europeo y continuar su trabajo. Las sesiones en Estrasburgo continúan hasta el jueves. “Ahora estamos bien. No hay que hacerse la víctima, no nos ha pasado nada. Ya se nos pasará con tiempo el susto que cada uno tenga. Lo importante ahora es que cojan al tipo”. “Nos esperábamos algo así en cualquier momento”. Gabrielle, una jubilada vecina de la zona del casco histórico sitiado durante buena parte de la noche, decidió, pese a todo, salir a primera hora de la mañana a hacer sus compras. Apenas durmió, contaba, por el ruido de los helicópteros que sobrevolaron su barrio toda la madrugada, y por el movimiento constante de los agentes de seguridad movilizados “con chalecos antibalas, cascos” y armados hasta los dientes, recordó. “Pero la vida continúa y tenemos que demostrar que no tenemos miedo”, agregó mientras continuaba su camino.

Turistas ansiosos por visitar el mercadillo de Navidad, el más antiguo de Francia y uno de los primeros también de toda Europa

Aunque las autoridades decidieron finalmente mantener abiertas las escuelas e institutos, en un signo de normalidad, los tranvías volvían a circular y bastantes comercios se animaban a abrir, el centro histórico de la ciudad seguía siendo una zona fantasma a una hora en que, sobre todo en estas fechas, la ciudad anda a rebosar de turistas ansiosos por visitar el mercadillo de Navidad, el más antiguo de Francia y uno de los primeros también de toda Europa.La presencia policial era intensa en las calles de esta ciudad fronteriza con Alemania, donde también se busca activamente al agresor fugitivo. Solo en la zona francesa, casi mil policías y gendarmes han sido designados al operativo de búsqueda, apoyados por dos helicópteros y equipos de las fuerzas especiales y de la operación Centinela, según la prefectura. El ministro del Interior, ChristopheCastaner, que se encuentra en la ciudad alsaciana, ha decretado el nivel de “urgencia terrorista” del plan Vigipirata, el dispositivo gubernamental de vigilancia ante la amenaza terrorista. Se trata del nivel máximo de este sistema, que implica, entre otros, un refuerzo de las fronteras y, también, de “todos los mercadillos de Navidad de Francia por riesgo de mimetismo”, explicó Castaner. Las patrullas de la operación Centinela, el dispositivo de vigilancia militar lanzado tras los atentados de 2015 y que sigue movilizando a 10,000 efectivos, también han sido reforzadas en toda Francia. El alcalde, RolandRies, decretó el cierre durante toda la jornada siguiente al 11-N del mercadillo de Navidad, así como la suspensión de todas las actividades culturales previstas. También están prohibidas “hasta nueva orden” todas las manifestaciones o reuniones, recordó la prefectura de la región del Gran Este y Bajo Rin. Las banderas -pocas- en los sitios oficiales debían ondear a media asta.

Un grupo de turistas chinos paseaba despistado entre las patrullas militares y policiales desplegadas en plazas y puntos estratégicos de la ciudad, como los puentes de acceso a la isla donde se extiende el casco histórico donde se produjo el tiroteo, y por los que solo se accedía tras un registro de bolsos y mochilas. “No teníamos ni idea”, dijo uno, sorprendido, uno ante la plaza de la catedral, rodeado de puestos navideños de madera que permanecían firmemente cerrados. Mercy, una turista filipina, sí que sabía lo que había pasado en ese mismo lugar unas horas antes. “Lo seguí desde el hotel”, explicó. Pero como está solo unos días de visita en Europa, decidió “aprovechar el tiempo” y pasear pese a que había poco que ver esta jornada en la ciudad alsaciana.

“Ya han desbaratado algunos intentos. Vivir con el terrorismo es algo que, por desgracia, se ha convertido en la nueva norma”

Porque pese a la decisión de muchos residentes de seguir la máxima de “la vida continúa”, como repetían de manera coincidente, poco o nada era, de hecho, normal en Estrasburgo tras un ataque que el Gobierno no quiere aún calificar como terrorista, pero que ha hecho revivir a muchos franceses unos tiempos de temor de atentados que muchos creían, o esperaban, haber dejado atrás. Aunque la amenaza siempre siguió presente, como recordó también el ataque del pasado marzo en Trèbes, en el sur del país. “Desde el Bataclan (la sala de conciertos parisina atacada por un comando terrorista el 13 de noviembre de 2015), estamos más habituados”, explicaba Laurent Jean. Aunque es uno de los vecinos que no pegó ojo durante la noche de tensión máxima en la ciudad, este responsable de una tienda de souvenirs a un costado de la catedral acudió a primera hora de la mañana dispuesto a abrir el comercio, aunque acabó bajando las persianas poco después por “recomendación” de las autoridades. También él era consciente de que Estrasburgo podía ser víctima de algún tipo de ataque terrorista en cualquier momento. “Ya han desbaratado algunos intentos”, recordó. Vivir con el terrorismo es algo que, “por desgracia”, se ha convertido en la nueva norma.

Su hijo de ocho años, contaba, hace simulacros en el colegio para prepararse ante un eventual ataque. ¿Miedo? No, respondió. Al fin y al cabo, según Jean, Estrasburgo es una ciudad con un alto nivel de seguridad. Pesaroso por el día de negocio perdido en una época tan importante para comercios como el suyo, abarrotado de decoraciones navideñas, se encogió de hombros, resignado, mientras sus empleados recogían la tienda. “Hoy cerramos, pero mañana será otro día. Espero que sigan viniendo turistas”.

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