Algas: el destino que nos alcanzó

Algas: el destino que nos alcanzó

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Nicolás Durán de la Sierra

Si bien es cierto que hasta ahora el Gobierno estatal ha sabido reducir el problema del arribazón de grandes manchas de sargazo a nuestros litorales, y que ello permitió que la plataforma hotelera continuara boyante, esto no implica que en el corto plazo no pueda darse una contingencia ambiental mayor que ésta y que, ésa sí, afecte con severidad a la industria turística no sólo local, sino la de toda la cuenca norte del Caribe.

La posibilidad es real y en tal coinciden científicos de la UNAM y especialistas cubanos y de otros países de las Antillas, pues de lo único que se tiene certeza es de que el fenómeno se dio por el alza de la temperatura del mar y que sus secuelas aún son impredecibles, ya que el aumento de manchas de algas y su desplazamiento dañan a otros sistemas y –sabemos- Natura es una gran red y, si se afecta a un nudo, se afecta al tejido entero.

Cierto es, asimismo, que la “percepción pública”, ese ente de difícil definición cabal, tiende a exagerar las cosas en pos de notoriedad o con mercantiles afanes, sobre todo en las sobrevaluadas “redes sociales”, pero la amenaza es real, evidente, y no mera entelequia ni un mentís a la posición oficial. No hay un desastre por las algas, cierto es, pero el problema salta a la vista y, lo más grave aún, es que bien a bien no conocemos su tamaño.

Este escenario puede servir como base para la dotación de amplios fondos no solamente para atender crisis ambientales tanto en lo estatal como en lo federal, sino a la vez para financiar de modo continuo a un panel de expertos que, en lo posible, prevengan los problemas. No está de más señalar que es un hecho que los habrá. En paráfrasis a la famosa cinta “Cuando el destino nos alcance”, podemos decir que el destino ya nos alcanzó.

 

 

 

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