Amenazas y caricias

Amenazas y caricias

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Desde siempre se nos ha dicho que los gringos son los enemigos de los mexicanos.

Nos han invadido varias veces, nos han quitado más de la mitad de un supuesto territorio mexicano –que sin ganarlo, lo heredamos-, nos han quitado soberanía al meterse sin ambages en la designación del presidente en turno y otras desgracias.

Hechos históricos que han quedado guardados y en ciertos momentos, incluso, olvidados. Pero que hoy surgen como hiedras venenosas que enrarecen las relaciones ‘amigables’ entre los dos países, pero también el juego de poder en México.

Las constantes amenazas han generado como reacción un sentimiento ‘patriotero’ porque, por desgracia, hemos olvidado aquel amor de raíz por nuestra patria, aquel respeto manifiesto a este suelo y a los mexicanos. Estamos auto devaluados y la vida no vale nada.

Diversas administraciones estadounidenses, a través de la historia,  se han mostrado más o menos amigables con México, otras no nos han visto o nos han determinado en una escala menor dentro de sus intereses como la de Obama, y otras más han sido reguladamente hostiles.

Y justo en el momento en que comenzamos a entender que un mexicano es el peor enemigo de otro mexicano, nos ‘bullean’ desde el norte a punta de tuits y con amenazas serias y concretas. Y no se trata de “fuego amigo”. Hay mucho de psicopatología de por medio.

La táctica del presidente gringo y sus asesores ha enfocado a nuestro país como uno de sus graves problemas. No solamente la balanza comercial nos ha favorecido durante muchos años en ciertos sectores sensibles de la economía, también ha estado presente el ancestral desprecio de las mentes esclavistas que siguen abundando en Estados Unidos. Hoy, a flor de piel.

La actual coyuntura nos deja ver una relación bilateral única, inédita y en la que nadie sabe muy bien cómo se va a delinear el futuro inmediato de las relaciones y en qué va a desembocar.

La construcción del muro, los miles de soldados cuidando la frontera, el endurecimiento de las relaciones comerciales del TLCAN, el hostigamiento a miles de jóvenes mexicanos residentes en Estados Unidos y su posible deportación son claros ejemplos del debilitamiento del Imperio.

Los sectores de extrema derecha del Partido Republicano han detectado grandes fallas en el sistema económico. Tiene una enorme deuda pública de 19 trillones de dólares (al 19 hay que agregar 12 ceros), según el muy influyente Instituto Internacional de Finanzas que, podemos decir, representa la “mano visible” de los mercados financieros.

Han sido arduos los diálogos para continuar la mesa de negociaciones del Tratado de Libre Comercio. Si Estados Unidos se retira podría traer graves consecuencias a las economías de los tres países y se tomaría como un rechazo, otro más, a México, a la mexicanidad, lo que complicaría las relaciones que ya se encuentran muy deterioradas.

El ejemplo de la Fordes significativo. A principios del año pasado suspendió sus planes para construir una planta armadora del modelo Focus en nuestro país, medida que aplaudió Trump.Sin embargo, en junio del mismo año anunció que construiría esa misma fábrica, pero en China.

Entre rabietas y tuits del presidente gringo, la realidad enseña lecciones adversas. El Tratado permitió el desarrollo de una intrincada red para poder transportar sin problemas materias primas y refacciones a través de las fronteras, varias veces de ida y vuelta pues el ensamblaje se comparte en ambos lados.

Sería sumamente complicado y carísimo desbaratar ese andamiaje creado desde finales de los 90 del siglo pasado. Y, aunque los aranceles fueran bajos, cualquier otro sistema de fabricación redundaría en costos muy elevados, según análisis del Centro para la Innovación y Gobernanza Internacional, con sede en Canadá.

Después del ‘bulleo’ gringo a nuestro país, se flexibilizan las exigencias y hay esperanzas.

Esa parece ser la política que La Casa Blanca está utilizando para tratar con México: te amenazo, te pego, te hablo bonito y me suavizo, y otra vez va de nueva cuenta. No se sabe a ciencia cierta si es una táctica meditada o son palos de ciego y trastabilleos.

Lo cierto es que el presidente gringo es sumamente ignorante pero con harta iniciativa y no hay duda de que mete en aprietos a su equipo negociador. No se aplicaron los aranceles al acero y aluminio mexicanos a pesar de la amenaza de Trump: “no habrá aranceles, a menos que se negocie un Tratado bueno para Estados Unidos”.

Siguen las rondas de negociación, sigue la relación entre amenazas y caricias, pero con la diferencia de que los candidatos a la presidencia mexicana ya se están pronunciando en favor de la defensa de México.

Si es pura retórica de los candidatos, malo. Y si se actúa de manera abrupta y sin meditar, en la defensa “heroica” de México,  también malo.

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