Ante el mar de impunidad, el crimen hace su imperio en el...

Ante el mar de impunidad, el crimen hace su imperio en el Caribe Mexicano…

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El económico y financiero sigue siendo uno de los principales problemas del Gobierno estatal que encabeza el gobernador Carlos Joaquín González, no obstante la restructuración de la deuda pública de la entidad que se realizó en los primeros meses de gestión. El político es otro, dadas las circunstancias en que quedó la entidad luego de la elección del pasado 1 de julio, con un Gobierno panista que seguirá siendo opositor al Gobierno federal que ganó el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) con Andrés López Obrador como futuro presidente de la República; con los 4 diputados federales y los dos senadores de mayoría de ese mismo partido y con la renovación en puerta de un Congreso estatal que no ganó en sus mejores momentos hace dos años, pero que pudo controlar hasta ahora.

Sin embargo, el problema más grave y preocupante para su administración es el relativo a la creciente ola de violencia que se viene registrando sin pausa en las principales ciudades quintanarroenses, generando una percepción social de falta de seguridad pública y de incapacidad de las autoridades para hacerle frente a los delincuentes que la generan.

         La ejecución de los integrantes del portal informativo Playa News, José Guadalupe Chan Dzib, hace un mes, y Rubén Pat Cahuich, hace apenas una semana, puso de relieve en los medios nacionales y en la propia representación de la Organización de Naciones Unidas (ONU) el estado de violencia que se vive en las principales ciudades turísticas de Quintana Roo desde hace ya más de dos años sin que las autoridades muestren hasta ahora la mínima capacidad de respuesta a los constantes crímenes que han costado la vida de cientos de personas, incluidas varias autoridades policiacas estatales y municipales.

         A la ola de sangrientas ejecuciones, que comenzaron de manera altisonante con el asesinato de quien fuera el director de Gobernación y hombre de confianza del exgobernador Roberto Borge Angulo, Isaías Capelline Lizarraga el 14 de julio de 2016, le ha seguido un mar de impunidad con el que se alienta desde entonces la comisión de delitos de alto impacto que no son resueltos ni dilucidados por las autoridades.

         Como el crimen cometido contra Capelline Lizárraga y su acompañante Angel Castilla hace más de dos años en Cancún, hay cientos sobre los que la autoridad encargada de investigarlos y de llevar a los tribunales de justicia a quienes los cometieron ha venido exhibiendo una incapacidad que para la sociedad resulta más brutal que los mismos crímenes cometidos, porque la deja en la indefensión y sin esperanza alguna de que la problemática que padece en materia de criminalidad aminore un poco.

         Es muy difícil entender para los ciudadanos, que crímenes como el cometido contra Capelline Lizárraga; como el atentado a la discoteca Blue Parrot ocurrido en enero de 2017; el ataque a tiros contra la misma Vicefiscalía General del Estado en Cancún; como el de la bomba que estalló en uno de los embarcaciones de Barcos Caribe en febrero de 2018, las ejecuciones de varios policías municipales en Cancún y Playa del Carmen, el asesinato de un policía ministerial junto con el de su esposa y su pequeño hijo en una plaza comercial de Cancún, no hayan sido esclarecidos hasta ahora y mucho menos castigados los criminales que los perpetraron.

         Con todo ese rezago de crímenes de escándalo público sin resolver, la percepción que se tiene de la autoridad encargada de procurar justicia en la entidad, es más que negativa.

         ¿Qué confianza puede generar en los ciudadanos quintanarroenses una autoridad que no es capaz siquiera de resolver los atentados que se cometen contra la propia institución que representa?

         ¿Cómo inhibir a los criminales que un día sí y otro también recorren las calles de las principales ciudades de la entidad dejando su estela de muerte, si la autoridad no puede siquiera responder con la inteligencia y la fuerza suficiente para descubrir y encarcelar a quienes asesinan a sus propios policías?

         Y si la impunidad es más que elocuente en nuestro estado, en todos los crímenes que se cometen de manera común a diario y en los de alto impacto, la sociedad además de estar inerme ante la delincuencia común y la organizada que día con día manifiesta su presencia en las calles, está desolada, sin esperanza ni confianza alguna en una autoridad a la que percibe no sólo con falta de voluntad y capacidad para ejercer su función, sino aliada y temerosa de los criminales a los que debería combatir…

 

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