Ante la imposibilidad de bajar el precio de las gasolinas en el...

Ante la imposibilidad de bajar el precio de las gasolinas en el corto plazo sin provocar un boquete en el presupuesto federal, el Gobierno de Andrés Manuel apuesta por hacer una ‘limpia’ en Pemex e incrementar la producción de petróleo, con el fin de alcanzar la autosuficiencia

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Una de las promesas que Andrés Manuel López Obrador realizó como candidato a la Presidencia de la República fue devolverle a México su lugar como uno de los productores de petróleo más importantes del mundo, luego de décadas en que malas decisiones, la falta de actualización, la corrupción, el saqueo fiscal y otros factores ocasionaron que la paraestatal Pemex disminuyera su capacidad de producción y se tuviera que incrementar la importación del crudo. Para cumplirla, presentó el pasado día 9 dediciembre, ya como presidente en funciones, el Plan Nacional de Refinación, que implica una inversión de 75 mil millones de pesos para rescatar la industria con la rehabilitación de las seis refinerías existentes, así como construir una más en Dos Bocas, Tabasco. El mandatario explicó que mejorando la extracción, la refinación y la producción del petróleo, se conseguirá alcanzar la autosuficiencia, es decir: dejar de depender tanto de la importación del energético, para que dentro de tres años –tiempo en el que estimó se habrá alcanzado la meta- se puedan bajar los precios de los combustibles. Se trata de la opción más viable para disminuir el alto costo de las gasolinas, luego de que Peña Nieto asegurara que con su reforma energética de 2013 se crearía un mercado abierto a la competencia, donde los precios se determinarían de acuerdo con las condiciones del mercado y por lo tanto se reducirían los costos de las gasolinas y de los energéticos en general, aunque finalmente el precio del litro de la Magna pasó de costar 10.8 pesos al inicio de su administración a casi 20 pesos. El brutal encarecimiento de las gasolinas -y por ende de productos y servicios en todo el país, pero más en las entidades alejadas del centro-, golpeó la economía de millones de mexicanos, quienes finalmente demostraron su enojo sacando al PRI de Los Pinos en julio pasado. Hoy Andrés Manuel planea realizar una ‘limpia’ en Pemex para poder hacer de ella nuevamente una empresa del primer mundo, sin necesidad de eliminar o modificar la reforma de Peña Nieto, pero supliendo los beneficios de sus aliados oligárquicos mediante la revisión escrupulosa de la legalidad de los contratos, por una apertura a la inversión privada de mayor servicio al interés público, y mediante el saneamiento intensivo y total de la administración, el destierro de las complicidades y los negocios privados de los funcionarios de Pemex y de todo el sector energético, y la garantía de que todos los procesos de la industria elevarán su productividad en la medida en que se reduce la corrupción.Y así, se espera que se termine la mina de oro de los líderes sindicales encabezados por Carlos Romero Deschamps, consolidada como un patrimonio clientelar del PRI y de sus Gobiernos, y que supone una deuda de más de 100 mil millones de dólares de la paraestatal, el equivalente al 20 por ciento del Producto Interno Bruto. Para llevar a cabo su plan, el presidente contará con el apoyo del director de Pemex, su amigo de confianza Octavio Romero Oropeza, y de la secretaria de Energía, Rocío Nahle, quien anunció que este próximo 15 de diciembre informará sobre la estrategia de explotación y exploración petroleras.

Javier Ramírez

Durante décadas, Petróleos Mexicanos (Pemex) se consolidó como uno de los más grandes productores y exportadores de petróleo en el mundo. En sus mejores tiempos, la paraestatal llegó a aportar hasta 29 por ciento de los ingresos a la Federación. Sin embargo, la caída de los precios internacionales del crudo, la falta de inversión tecnológica y de investigación, así como la decisión de importar gasolina en lugar de producirla con nuevas refinerías, terminó por matar a la gallina de los huevos de oro.

En 1990, México importaba sólo 36 mil barriles diarios de gasolina para satisfacer la demanda. Hoy, esa cifra alcanza los 880 mil barriles diarios, debido a que la capacidad de producción de las refinerías disminuyó por debajo del 50 por ciento -en el caso de la de Ciudad Madero ésta fue de apenas 13 por ciento- este año.

El comienzo de los ‘gasolinazos’

Con el inicio de la era de la democracia y la alternancia presidencial, los precios internacionales del crudo se fueron a las nubes como nunca en la historia, pero los presidentes panistas que enterraron el autoritarismo tricolor derrocharon los enormes y nunca vistos excedentes petroleros subsidiando el consumo y comprando gasolinas caras en lugar de producirlas, además de corrompiendo a los gobernadores priistas para que influyeran en sus legisladores federales –cuando ya no tenían patriarca presidencial a quien obedecer- con la finalidad de que les aprobaran sus presupuestos, más destinados a los gastos de administración que a los de inversión y obra pública.

Fue en 2006 cuando el entonces presidente Felipe Calderón ‘desmanteló’ el esquema de subsidios que implementó su antecesor, Vicente Fox,luego de que los ingresos petroleros del Gobierno mexicano comenzaron a inflarse debido al ascenso del precio del hidrocarburo, que se elevó de los 18.69 dólares por barril en el 2001, a 53.24 dólares en 2006. La intención de Calderón fue eliminar el subsidio para acercar el precio de la gasolina a sus similares internacionales sin fondearlo con recursos fiscales. De esta manera comenzó el primero de los ‘gasolinazos’ que se registraron durante 2006-2012.

Sabiendo que era necesario elevar la producción, en 2009 Calderón anunció que se construiría una refinería en las cercanías de la comunidad de Atitalaquia, en el Estado de Hidalgo, mediante una inversión de 9 mil millones de dólares. Los trabajos de construcción durarían seis años y ofrecería empleo a los habitantes de la zona.

Pero pasaron los años y el proyecto nunca se concretó a pesar de que la Cámara de Diputados autorizaba cada año un presupuesto para realizar planes, estudios y nivelar el terreno. Y así, cuando la obra fue oficialmente cancelada en 2014, el Gobierno había invertido más de 9 mil millones de pesos.

La administración de Peña Nieto informó ese año que la decisión de cancelar el llamado ‘Proyecto Bicentenario’ obedeció a que el plan de negocios de Pemex se iba a orientar a modernizar las refinerías existentes. Así, finalmente se perdieron miles de millones de pesos en la construcción de una simple barda, mientras que los campesinos que vendieron sus tierras y compraron maquinaria para poder participar en la obra, se quedaron poco a poco con las manos vacías.

Los precios del petróleo en el sexenio de Calderón aumentaron mucho más rápido de lo que se incrementaban los precios de las gasolinas en México, por lo que la brecha entre los precios internacionales y los nacionales continuó ampliándose y el Gobierno siguió pasando la diferencia. Como consecuencia, el Impuesto Especial para Productos y Servicios (IEPS) de gasolina y diesel durante ese sexenio fue de más 620 millones de pesos. El sexenio de Felipe Calderón finalizó con un precio de 10.81 pesos por litro en las gasolinas, un incremento del 55.5 por ciento con respecto al sexenio de Fox.

La reforma energética de Peña

Tras asumir la Presidencia en 2012, Enrique Peña Nieto anunció con bombo y platillo, como parte de su paquete de reformas constitucionales, la llamada reforma energética. Con ella se liberarían los precios de las gasolinas para crear un mercado abierto a la competencia. Y entonces, aseguró, los precios se determinarían de acuerdo con las condiciones del mercado y se reducirían los costos de las gasolinas y de los energéticos en general.

Sin embargo, en 2014 los precios del crudo se desplomaron a nivel internacional como consecuencia de que Arabia Saudita decidió no recortar su producción para poder hundir el negocio petrolero del fracking en Estados Unidos. Y se inició un imparable descenso de los precios por el exceso de oferta que había en los mercados. En abril de ese año alcanzó un máximo de 115 dólares el barril, pero cuando terminó diciembre su precio fue de sólo 57 dólares.

En 2015, el precio de los combustibles en México aumentó conforme a la inflación. El 1 de enero de ese año subió tres por ciento, por lo que la gasolina Magna se fijó en 13.57 pesos, la Premium en 14.38 y el diesel en 14.20 pesos.

De acuerdo con la Ley de Hidrocarburos, sería hasta 2018 cuando los precios de las gasolinas se fijarían conforme a las condiciones del mercado. Sin embargo, en agosto de 2016 la Secretaría de Hacienda y Crédito Público plantó al Congreso la liberación de los precios en el Paquete Económico de 2017 para asegurar los ingresos por el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a las gasolinas de manera completa. Con ello el Gobierno de Peña también pretendía evitar dar más motivos para que la gente respondiera de manera negativa en pleno proceso electoral presidencial, aunque para entonces ya era demasiado tarde.

Ante la ola de inconformidades por el precio cada vez más elevado de las gasolinas, y con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador prácticamente asegurado, el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, aseguró el año pasado que la reforma energética tenía asegurado su futuro, porque su implementación y los contratos ya firmados no podrían revertirse. Y advirtió que el Gobierno que entrara en 2018 debería respetar los contratos adjudicados en las diferentes rondas de licitación y subastas, pues cualquier arbitrariedad podría derivar en conflictos en tribunales internacionales.

Para cuando Peña dejó la Presidencia, el litro de Magna ya había alcanzado los 19.2 pesos.

El plan de Andrés Manuel

Mucho antes de iniciar oficialmente su campaña presidencial, Andrés Manuel López Obrador prometió que devolvería a Pemex su estatus como generador de riqueza para el país, en lugar del de directivos, funcionarios federales, contratistas preferidos de los presidentes de la República en turno, y de los líderes sindicales multimillonarios e impunes que viven como jeques o salieron beneficiados incluso con cargos en el Congreso, como sucedió con Carlos Romero Deschamps, quien este año dejó la senaduría.

Para poner en marcha su plan para salvar el sector energético, presentó a Manuel Bartlett Díaz, férreo defensor de la industria, como el nuevo director de la Comisión Federal de Electricidad; a Rocío Nahle, ingeniera química experta en petroquímica, como secretaria de Energía; y a uno de sus mejores hombres de confianza, Octavio Romero Peza, en Pemex.

El entonces propuesto como secretario de Hacienda de Andrés Manuel, Carlos Urzúa, explicó que el plan del candidato no pondría fin a las subastas de petróleo y gas iniciadas bajo el Gobierno de Peña, pero reconoció que los principales inversionistas financieros con lo que se había reunido estaban preocupados por la reforma energética.

Y es que meses antes de que se celebraran los comicios, el candidato del Morena aseguró que de ganar la Presidencia modificaría esta reforma si encontraba que no era buena para los mexicanos. Incluso amagó con poner en marcha recursos legales para darle marcha atrás, sin importar que le llevara “todo el sexenio”.

Sin embargo, Urzúa se reunió con los inversionistas y les informó que el exjefe de Gobierno de la Ciudad de México se centraría principalmente en acabar con la corrupción y el derroche dentro de Pemex para poder destinarlo a la modernización de hidroeléctricas, la refinería y la exploración.

Finalmente, nueve días después de asumir la Presidencia, Andrés Manuel presentó, en su natal Tabasco, el Plan Nacional de Refinación, destacando que se cambiará la política petrolera del país para conseguir mejores resultados, firmando contratos integrados que faciliten la extracción del petróleo, tanto en tierra como en aguas someras.

Indicó que la actividad petrolera se financiará con el plan de austeridad republicana y se aumentará en 75 mil millones de pesos la inversión en Pemex para el siguiente año, con respecto al actual presupuesto de esa empresa.

Para cumplir con el plan, que tiene como sus principales objetivos extraer y refinar el petróleo y producir energía eléctrica, se rehabilitarán las seis refinerías que actualmente funcionan en el país y se iniciará la construcción de otra en Dos Bocas, Tabasco.

El presidente recordó que hizo el compromiso de conseguir en tres años la autosuficiencia en gasolinas, y que una vez lograda se podrá bajar el precio de las mismas. Indicó que, siendo realistas, se espera que en 2024 se produzcan dos millones 400 mil barriles al año, los suficientes para satisfacer el consumo interno.

Asimismo, negó que la decisión de construir la refinería en Dos Bocas se trate de un asunto político, sino que se acordó que sea ahí debido a que es la terminal más importante del país y no había mejor lugar para llevarla a cabo.

A los trabajadores de Pemex les aseguró que se terminará con los problemas en el sindicato, ya que habrá democracia y no habrá gremios respaldados por el Gobierno federal, sino que ahora los líderes serán nombrados en elecciones democráticas por los trabajadores.

En el evento, Romero Oropeza recordó que hace casi 20 años se inició un ciclo de inversiones públicas en la refinería de Ciudad Madero, y las erogaciones presupuestales se ejercieron a lo largo de 10 años con casi dos mil millones de dólares, pero su capacidad de operación se redujo del 77 por ciento al 13 por ciento en 2018. Un resultado similar se dio en la de Cadereyta, donde la capacidad pasó de 75 por ciento a 43 por ciento. Por ello se pronunció por no realizar más inversiones, privatizaciones ni desmantelamientos que lejos de incrementar reduzcan la producción del crudo.

Por su parte, la secretaria de Energía, Rocío Nahle, indicó que tres de las refinerías están subutilizadas. Explicó que al recibirlas se descubrió que no hay dinero para el mantenimiento, los almacenes están vacíos, y se hizo una práctica de contratismo“terrible”, por lo que se tomó la decisión de reconfigurarlas, es decir: hacer un cambio en la ingeniería de procesos. De esta manera se espera que en año y medio las seis estén rehabilitadas.

La reforma, intacta

Días después de la presentación del plan de refinamiento, el presidente aclaró que su Gobierno no promoverá la derogación de la reforma energética, para demostrar que “no actuamos de manera autoritaria; no somos dictadores ni caciques”.

Sin embargo, insistió en que la modificación constitucional fue un desastre. “Decían que para estos días íbamos a estar produciendo tres millones de barriles diarios y se están extrayendo un millón 760,000 barriles diarios, como 42% menos de lo estimado”, apuntó, y aseveró: “todavía estoy esperando a los defensores de esta reforma. Los estoy esperando para que hagan un ofrecimiento de disculpa al pueblo de México, porque ¿se acuerdan cómo bombardearon con opiniones de que iba a ser la salvación de México, la reforma energética?, y fue un rotundo fracaso. Con datos. Esto no es un asunto ideológico”.

Este sábado 15 de diciembre presentará el plan para aumentar la producción petrolera, y la próxima semana el proyecto para la extracción de crudo y para aumentar la capacidad eléctrica del país.

 

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