Brasil en la era de la crisis

Brasil en la era de la crisis

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AHORA QUIERE SER EL GIGANTE EMERGENTE DEL TURISMO

Con la mira puesta en la Copa Mundial de Fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos de Río en 2016, Brasil espera convertirse en el principal destino turístico del mundo. Sin embargo, le falta sortear varios obstáculos: mejorar la infraestructura urbana de sus principales ciudades y acabar con la percepción internacional de que en el gigante sudamericano continúan siendo altos los índices de criminalidad. Pero el Gobierno federal brasileño, encabezado por la presidenta Dilma Rousseff, está destinando una inversión sin precedentes para paliar estos defectos. Aprovechando la bonanza económica por la que atraviesa la nación, los funcionarios miembros del gabinete de “La dama de hierro” se han dedicado a trabajar, mientras que aquellos que son acusados de corrupción, como el exministro de Deporte de Brasil, Orlando Silva, son inmediatamente cesados de su cargo.

Con todos sus carnavales, sus garotas, su alegría, su ritmo, su Amazonas, Río, Lula, las leyendas del fut y sus diversas inmensidades, el gigante latinoamericano no es una potencia turística y ha decidido ser la mayor de todas. Si en unos cuantos años se ha convertido en un campeón de la democracia y la economía, y cuando el mundo occidental se hunde él florece, ¿qué le cuesta conquistar otra corona cuando tiene todo el poder de la cultura, la naturaleza y el liderazgo político para hacerlo? Una de las grandes objeciones ha sido la inseguridad, avituallada por la pobreza. Pero la pobreza está cediendo ante las políticas de inversión social del Gobierno, del mismo modo que lo hace la corrupción y el narcotráfico ante la depuración y la fuerza creciente de las instituciones del sistema de Justicia. He aquí un recetario para ser una potencia turística de primer mundo en la hora eterna de la depresión global.

De acuerdo con la Organización Mundial de Turismo de las Naciones Unidas, en 2010 un total de 5.2 millones de turistas visitaron Brasil, el gigante sudamericano. Sin embargo, con estos números, el país ni siquiera figura en la lista de los 10 países con mayor afluencia de viajeros, donde el primer lugar lo ocupa Francia con 76.8 millones seguido por Estados Unidos con 60 millones.

Existen muchas razones para explicar porqué Brasil aún permanece fuera del mapa de posibles destinos vacacionales, pero quizá las dos mayores causas son la gran distancia geográfica que lo separa de Europa y Estados Unidos y la percepción que existe sobre un alto nivel de criminalidad.

Pero Flavio Dino, presidente de Embratur, la cámara brasileña de turismo, expresó en conferencia nacional el 29 de noviembre que un resultado exitoso en la organización de la Copa Mundial de Fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos de Río en 2016, ayudará a que se duplique el número de visitantes para 2020.

Además, y ayudado por la bonanza económica que vive hoy día viendo el naufragio sin término de la crisis de Occidente, Brasil está empleando gran cantidad de recursos para mejorar su infraestructura urbana de cara al año 2014. De acuerdo con información oficial reciente, el Gobierno brasileño de Dilma Rouseff, ha dispuesto 3 mil 400 millones de dólares para mejorar los aeropuertos de las 12 ciudades anfitrionas del Mundial de Fútbol, y unos 8 mil 500 millones para todo lo que tiene que ver con mejorar el transporte público y la red vial, para la creación y renovación de hoteles, y para el entrenamiento del personal turístico.

Según Dino, éste es dinero muy bien invertido. “La inversión en infraestructura y turismo son un legado que sólo podremos comenzar a medir una vez que Brasil se establezca como uno de los grandes destinos turísticos en los años por venir”.

Brasil espera que esta presentación del país sea exitosa y logre que los visitantes de Europa y Estados Unidos tengan más conciencia del país como destino turístico, al igual que sucedió con Sudáfrica después del Mundial de 2010 y Sydney tras los Juegos Olímpicos del año 2000.

La seguridad, principal factor para atraer más turistas

Pero de acuerdo con la presidenta Rouseff, el principal obstáculo a vencer es la percepción en el extranjero de que los índices de criminalidad en Brasil son los más altos de la región. De acuerdo con la mandataria, aunque estadísticas exactas no son fáciles de obtener, la mayoría de los brasileños coinciden en que los índices de delincuencia han bajado considerablemente.

“Hemos modernizado nuestro sistema de Justicia y Penitenciario. El día de hoy contamos con policías, jueces y ministerios públicos menos corruptos y más eficientes. Las cárceles se han convertido en verdaderos centros de rehabilitación, y los programas sociales de fomento al empleo y combate a la pobreza han disminuido el número de delincuentes y, con ello, la población en los centros de reclusión, hasta un 35 por ciento”, declaró Dilma Rousseff en conferencia de prensa el 28 de noviembre.

Pero para el Gobierno federal esto no es suficiente. Y para mejorar la imagen del país frente al extranjero, las autoridades brasileñas han incrementado dramáticamente este año sus esfuerzos para controlar o pacificar los barrios marginales o “favelas” repartidos por todo Río.

Con el respaldo de infantes de marina e incluso tanques, la Policía armada se ha dedicado al control de las favelas y, por primera vez, han establecido una presencia permanente en esas áreas, desalojando de ellas a los cárteles de la droga.

“En la mente de muchos brasileños, pero sobre todo en la prensa europea, están todavía frescas las imágenes del 25 de octubre pasado cuando cerca de 200 narcotraficantes armados se escaparon de la Rocinha, la mayor favela carioca, luego de ser rodeada por las fuerzas de seguridad. Los criminales huyeron al vecino Complexo do Alemão, que fue ocupado por la Policía tres días después. Fue una de las operaciones emblemáticas de la incursión policial en las favelas, ya que los agentes entraron en dos de las principales zonas del narcotráfico de Brasil”, expresó al diario O´Globo de Brasil el gobernador de Río de Janeiro, Sérgio Cabral, el 25 de noviembre.

De acuerdo con el funcionario, ahora el reto es detonar el potencial económico de esas favelas, aprovechando su numerosa población y la llegada de las grandes industrias que ocupan una gran cantidad de mano de obra poco calificada.

Y es que además de que la Rocinha tiene una vocación clara como centro comercial y de servicios (está al lado de las zonas más pudientes y turísticas de Río de Janeiro), los complejos de Penha y Alemão, ubicados en la zona norte de la ciudad, se sitúan en un área que fue un fuerte polo industrial en los años 1950 y 1960, pero que en las décadas siguientes sufrió un gran proceso de desindustrialización que se aceleró por el tráfico de drogas.

“Lo que falta es revitalizar el área con un trabajo conjunto de la inversión privada y la gubernamental. Y para ello el próximo año se tienen etiquetados más de mil 500 millones de dólares para la construcción de viviendas dignas, instalación de servicios públicos y apoyo a las empresas. Si bien es cierto que se trata de una cantidad exorbitante, vale la pena la inversión si se obtiene seguridad y una mejora en la calidad de vida. Así ganamos todos”, puntualizó Cabral.

El analista en turismo, Mike Bugsgang, de la compañía Bugsgang & Associates, consultora especializada en materia turística, con sede en Londres, está de acuerdo con Sérgio Cabral.

“La cobertura que se ha hecho de los índices de inseguridad en Brasil puede haber alejado a los turistas europeos en el pasado, pero ellos se están sintiendo más seguros por los recientes trabajos para pacificar las favelas de Río”, dijo en entrevista concedida a la BBC de Londres el pasado 27 de noviembre.

Priorizar el desarrollo sustentable y el turismo interno

Analistas de la industria del turismo concuerdan en que Brasil está haciendo grandes avances con la vista puesta en 2014 y 2016. Alison Rice, editorialista de la prestigiosa revista europea Travelling,  dice que para los vacacionistas de Europa en particular, Brasil siempre ha sido visto como un lugar un tanto desconocido.

“Fue considerado muy exótico y muy lejano, lo que alejó a mucha gente de ir. Pero viajar por el mundo ya no es tan complicado y la gente está preparada para recorrer mayores distancias. No hay razones, por ejemplo, para que Brasil, no pueda ser tan popular como lo es Tailandia”, indicó en la edición de la tercera semana de noviembre de Travelling.

Pero los analistas consultados el 28 de noviembre por el periódico español El País coincidieron en que Brasil todavía está muy por debajo de su potencial turístico por culpa de la falta de infraestructuras.

“No hemos conseguido un crecimiento significativo. Estamos recibiendo unos 5 millones de turistas por año cuando deberíamos estar en el entorno de los 8 ó 9 millones”, opinó Leonel Rossi, director de Relaciones Internacionales de la Asociación Brasileña de Agencias de Viajes (ABAV).

“Rio está en un turning point en que tiene que decidir lo que quiere ser en el turismo: ¿quiere seguir como un destino mundial medio o quiere convertirse en un destino grande, consolidado, capaz de recibir grandes eventos económicos?”, cuestionó.

“En un lugar como Rio, donde el turismo se mezcla con la vida cotidiana, la ciudad será buena para los turistas cuando lo sea para los ciudadanos. El desafío es primero mejorar la ciudad”, dice el especialista en urbanismo Mario Ossorio, profesor de Economía de la Universidad Federal de Rio de Janeiro.

La lista de medidas urgentes de Ossorio empieza con la descontaminación de la bahía de Guanabara, soluciones de saneamiento para el área metropolitana, avances en la lucha contra la violencia y la elaboración de un calendario de eventos que permita un flujo permanente de turistas.

“Se debe cambiar la manera de planificar las ciudades, en particular aquellas turísticas que detonarán en los próximos 20 años. El cuidado del entorno ambiental y la búsqueda perpetua de la mejora de calidad de vida del ciudadano deben ser prioritarios en los proyectos de desarrollo urbano. Por eso es aplaudible el interés del Congreso de actualizar los reglamentos urbanísticos para así evitar que la corrupción y la ambición desmedida desvirtúen el crecimiento de las ciudades”, citó Ossorio.

Sus comentarios se refieren a las nuevas disposiciones aprobadas el pasado 12 de septiembre por los legisladores brasileños para que todo proyecto de desarrollo urbano sea elaborado exclusivamente por institutos especializados, además de que éstos deben ser sometidos a referéndum ciudadano antes de ser aprobados por las autoridades correspondientes.

Además, explicó que se deben crear campañas publicitarias con la misión de resaltar el gran número de atracciones que tiene Brasil, como las Cataratas de Iguazú en el Estado de Paraná, al sur del país, el ecoturismo en el Amazonas, la histórica ciudad de Salvador de Bahía y Brasilia, la capital, una ciudad planificada con un valor único en arquitectura moderna.

Sin embargo, Alfredo Lopes, presidente de la Asociación Brasileña de la Industria Hotelera en Rio asegura que el factor a impulsar en los próximos cinco años no es el turismo extranjero, sino el nacional.

“Los brasileños disponen de capacidad para viajar y comienzan a tener una cultura de viaje más trabajada”, señaló, y aclaró que de acuerdo con los datos de 2011 de la Organización Internacional del Turismo, en términos de gastos en el exterior, quienes más gastan son los brasileños, los rusos y los chinos, en ese orden.

“Son 30 millones de brasileños los que dejaron de ser pobres, y son 40 millones más los que ascendieron a un nivel de clase media alta. Tenemos que enfocarnos en ellos. No podemos dedicar nuestros esfuerzos sólo a los visitantes de afuera, porque perderíamos el mercado interno”, dijo en entrevista con O´Globo el 29 de noviembre pasado.

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