Can Pech

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“Así al caer de la tarde/en la feria del color/escuchan los campechanos/este regional pregón:/bríen, bríen, pámpano fresco”.

                Estribillo de la famosa pieza musical El Pregonero Campechano y que podemos ver grabada a los pies de la estatua de hierro forjado que celebra al pescador, ubicada en el muro de la Calle 8 cercana a la Puerta del Mar.

                Cada rincón, cada calle de la Ciudadela de la Villa de San Francisco de Campeche nos habla de una profunda historia. Ciudad naval como ninguna otra de la Península Yucateca, se erigió al fragor de guerras que se gestaban entre las potencias europeas durante los siglos XVI, XVII y XVIII.

                Hoy, sus habitantes siguen luchando para que Campeche sea mejor, siga haciendo historia, tenga más ofertas de trabajo, mejor educación y servicios de salud.

                “No hay liquidez, faltan industrias”, nos comenta Don Edgar Loría Pérez, de 65 años, dueño y gerente general de Talleres Gráficos Atalaya, negocio que iniciara su padre en 1949.

                “La prensa fue traída desde Mérida por tren”, nos dice con calma Don Edgar, y para meterla al cuarto de trabajo –en donde hoy sigue- “se necesitaron de 20 personas, polines, poleas y mucho músculo. No había grúas”.

                La historia de la Península es una historia de migraciones constantes e ininterrumpidas.

                Los primeros poblamientos de que se tiene registro sucedieron al final del Período Preclásico (2,500 a 250 AC), momento en el que se dieron diversos movimientos migratorios de sur a norte, motivados por el crecimiento demográfico y nuevas tierras para el cultivo.

                Evidencias de ello se encuentran en sitios arqueológicos importantes como Becán o Edzná, lugar donde se lleva a cabo durante las vacaciones un extraordinario espectáculo de ‘mapping’ sobre una de las pirámides principales.

Esta expansión y los nuevos asentamientos condujeron a lo que conocemos como Período Clásico (250 a 1000 DC) en el que la sociedad maya alcanza su máximo esplendor en las ciencias, las artes y el desarrollo urbano.

                Después, a la llegada de los europeos, los mayas de Campeche estaban concentrados en la costa.La Península se dividía en 16 cuchcabal,mencionadas como provincias por los europeos,.

                De estas entidades 4 estaban en el Estado: Ah Canul, Can Pech, Chakanpotón y Acalán.

                Los habitantes originarios vivieron la brutalidad y esclavitud que impusieron los españoles durante los 300 años de la colonia, como ya sabemos. Y este fue el motivo de nuevas migraciones de europeos hacia nuestras tierras.

                Durante gran parte del Siglo XIX, Campeche vivió de la exportación del Palo de Tinte, muy codiciado en Europa. Mientras el país se desangraba en guerras intestinas entre conservadores y liberales, Campeche no era la excepción.

                Se continuó la aplicación de la ley agraria que legitimaba la esclavitud de los peones y sus familiares, que los retenía en las fincas del campo hasta bien entrado el Siglo XX.

                La venta de Palo de Tinte campechano se incrementó año tras año, hasta llegar a cien mil toneladas exportadas durante 1896; pero a partir de ese momento, la actividad fue perdiendo importancia y, para 1915, sólo se exportaron al extranjero diecisiete mil toneladas.

                Otra importante migración fue la de los coreanos que llegaron justo en el momento del proceso de acumulación de tierras en pocas manos, 14 familias acumularon 147 haciendas henequeneras que representaban la quinta parte del Estado.

                En 1905 el carguero Ilford llegó al Puerto de Progreso con 1,033 coreanos a bordo. Llegaron con la promesa de trabajo bien pagado en las haciendas de “lechuga” y la posterior posibilidad de viajar a Estados Unidos.

                Venían huyendo de la invasión japonesa y acá, la Guerra de Castas, había diezmado la mano de obra en pleno auge del henequén. Pronto se percataron de que las condiciones eran totalmente adversas. Trabajo forzado, esclavitud y pobreza.

                Al correr de los años, llegaron más migraciones y muchos de ellos se dedicaron a diversos oficios como carpinteros, herreros, comerciantes o pescadores. Aprendieron a hablar maya antes que el español, se casaron con mayas y se asimilaron a las costumbres de la península.

                Manuel Lee Chang, 80 años, nacido en la ciudad de Campeche y de ascendencia coreana, nos dijo lo mismo que otras personas “hace falta liquidez”.

                La ciudad de Campeche y sus historias de vida se opacan entre el acelerado desarrollo económico del Estado de Quintana Roo y su voraz industria turística, en donde todo es rapidez y eficiencia que nos ha cegado de ese otro turismo sosegado, provinciano, en el que las personas y su cultura cuentan.

                Hoy, Campeche y su Ciudadela siguen conservando el rico sabor de ese México de antaño.

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