Cancún: infierno en el Paraíso

Cancún: infierno en el Paraíso

43
0
Compartir

Desde hace tres años, Quintana Roo se destaca por tener dos de las ciudades más inseguras no sólo del sureste sino de todo el país, con colonias y fraccionamientos que rebasan por tres veces la tasa de delitos cometidos a nivel nacional. La delincuencia ha sobrepasado totalmente a las autoridades de los tres niveles de Gobierno, y quienes sufren las consecuencias son los ciudadanos, principalmente los que habitan en el fraccionamiento cancunense Villas Otoch Paraíso, donde las balaceras y ejecuciones son cosa de todos los días debido a la guerra entre grupos delictivos que buscan controlar la compra-venta de estupefacientes, cuyo consumo se ha incrementado entre los vecinos del lugar, principalmente jóvenes, debido a la pobreza, hacinamiento y la falta de oportunidades ya no sólo para trabajar, sino para continuar los estudios. Este aumento en el número de crímenes se trata, al final de cuentas, del resultado de pésimas administraciones municipales que han optado por enriquecerse de forma cínica, olvidándose de establecer un desarrollo sustentable que cuide tanto a sus habitantes como sus recursos naturales.

Armando Galera

En los últimos meses, las ciudades de Playa del Carmen y Cancún se han convertido en las ciudades más inseguras del sureste del país, con fraccionamientos y colonias que lideran los índices de violencia, asesinatos y robos, sin que autoridad alguna pueda hacer algo para contrarrestarlo.

De acuerdo con el Índice Sobre la Percepción de la Violencia, realizado por la Secretaría Nacional de Seguridad Pública, la tasa promedio nacional de delitos por fraccionamiento/colonia es de cuatro al día. En Villas Otoch Paraíso, de Cancún, se cometen diariamente 14 delitos, de los cuales al menos el 60 por ciento son de alto impacto, como ejecuciones, violaciones, secuestros y demás relacionados con el narcotráfico.

Por su parte, en Playa del Carmen, las colonias Colosio y Villas del Sol son donde más hechos ilícitos se cometen, con 12 y nueve al día, respectivamente, sobre todo cobros por derecho de piso, asaltos y homicidios.

Tan sólo en esos tres asentamientos, 133 personas han sido ejecutadas en lo que va del año, sin que hasta el momento se haya encontrado a algún culpable o sospechoso.

El índice de delitos rebasa tanto a las autoridades municipal y estatal, que desde hace dos años prácticamente se han dado “por vencidas”, disminuyendo incluso el patrullaje preventivo en esos lugares, lo que ha permitido que la delincuencia continúe creciendo y expandiéndose a lo largo de esas ciudades.

Infierno en Villas Otoch Paraíso

Graciela Chuc llegó junto con su esposo a Cancún hace cinco años desde Tabasco. Ambos habían estudiado la licenciatura en Administración de Empresas en su tierra natal, así que pensaron que sería fácil encontrar empleo en alguno de los hoteles de Quintana Roo. Eran jóvenes, sin hijos, por lo que decidieron rentar una casa en Villas Otoch Paraíso por 2 mil 500 mensuales, en lo que mejoraba su situación.

“Desgraciadamente no logramos conseguir el empleo que soñábamos, y nuestros hijos llegaron más pronto de lo que esperábamos, por lo que se hizo difícil mudarnos a un mejor lugar. Mientras tanto, ya nos entraron a robar a la casa cinco veces; a mi esposo lo lastimaron hace un año cuando lo asaltaron al regresar del trabajo, y prácticamente estamos encerrados sin poder salir, pues por esta zona (cerca de Arco Norte) está un grupo de narcomenudistas que siempre andan peleando”, dice Graciela.

“Escuchar disparos ya se volvió algo común. Sin embargo, uno nunca puede acostumbrarse a eso. Si los hijos o mi esposo están afuera, siempre pienso que ellos pudieron quedar en el fuego cruzado. Queremos cambiarnos de lugar, pero el dinero no alcanza y otros lugares ya están ocupados. Por supuesto que estamos siempre al pendiente para que a la primera oportunidad podamos salir de este infierno. El problema es que ya casi todo Cancún está siendo alcanzado por la violencia, y no hay muchos lugares dónde estar a salvo”, puntualiza.

Sus temores no son infundados. De acuerdo con las estadísticas oficiales, desde hace  diez años la ola de delincuencia crece a un ritmo de 22 por ciento anual en ese fraccionamiento.

Claro que esto no sorprende si se toma en cuenta la descomposición social que impera en la zona: de entrada, el 42 por ciento de los jóvenes que viven en Villas Otoch no estudian ni trabajan, siete de cada 10 rebasan la media de consumo de alcohol, dos de cada cinco se drogan, y tres de cada 12 han cometido algún delito o falta administrativa.

Además, siete de cada 10 viviendas en Villas Otoch está “sobrepoblada”, con más de cinco miembros viviendo en ellas, cuando el espacio apenas puede acomodar a tres sin presentar problemas de hacinamiento.

También presenta el nivel de estudios más bajo de la ciudad: el 80 por ciento de su población activa apenas tiene la secundaria terminada, y el ingreso familiar es de apenas cinco mil pesos mensuales en promedio.

Imperio de la droga

Hasta hace cinco años, los robos a comercios, transeúntes y casas-habitación eran las faltas administrativas más frecuentes en dicho fraccionamiento. Sin embargo, desde 2013 se detectó un repunte de actividades relacionadas con el narcotráfico, desde narcomenudeo, cobros de derecho de piso, ejecuciones por ajustes de cuentas entre grupos de la delincuencia organizada y trata de blancas auspiciados por estas bandas criminales.

En 2014 los homicidios por “ajustes de cuentas” llegaron a 14. En 2015 se registraron 22. Al siguiente año fueron 45. El año pasado se reportaron 56 y en lo que va de este 2018 la cuenta ya llegó a 62.

Y el narco no le teme ni a la Policía Municipal, ni a la Estatal o a las Fuerzas Federales. En dos ocasiones éstos dos últimos han intentado imponer orden en Villas Otoch sin conseguirlo, por lo que desde hace un par de años su gente prácticamente fue abandonada a su suerte.

El último contingente de elementos de la Policía Federal que realizó un extenso operativo de revisión en el Fraccionamiento Villas Otoch Paraíso sucedió en marzo pasado.

La movilización de más de 15 patrullas de la corporación federal fue bastante notoria. Incluso, los policías utilizaron un perro entrenado para detectar drogas en las revisiones a los vehículos, así como verificaron la documentación de los conductores de motocicletas, medio de transporte que es utilizado recurrentemente en los ataques a balazos que se han registrado en la ciudad.

Sin embargo el operativo terminó sin que hubiera algún detenido.

El mapa geodelictivo demuestra que esta estrategia no sólo es fallida, sino extremadamente perjudicial para la que es considerada la joya turística del país, pues los delitos del fuero federal que se concentraban en Villas Otoch comienzan a expandirse hacia las colonias aledañas, al mismo tiempo que se incrementa la fuerza y el poderío de las bandas criminales.

You are not authorized to see this part
Please, insert a valid App IDotherwise your plugin won't work.

No hay comentarios

Dejar una respuesta