Casas ARA, negocio emblemático del fraude inmobiliario impune en el Caribe mexicano,...

Casas ARA, negocio emblemático del fraude inmobiliario impune en el Caribe mexicano, travestido en el discurso de inversión para el desarrollo social

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La corrupción inversora ha sido una constante en el Caribe mexicano en el curso de su historia turística y de su expansión urbana. Gobiernos y gobernantes de todos los niveles, pero sobre todo municipales y estatales, han sido parte de esa industria del crecimiento económico cifrado en la complicidad y el delito entre ‘servidores públicos’ y empresarios nacionales y extranjeros. Y en ese proceso de décadas y de administraciones de unos y otros signos políticos, la pérdida de sustentabilidad ambiental y urbana y el caos de la ingobernabilidad y la declinación de la convivencia humana y de la calidad de vida, han sido la normalidad del entorno regional. El ‘narco’ y la delincuencia común han ido desplazando la institucionalidad y la autoridad. El mercado de las drogas compite con la empresa turística. Se desacredita la calidad de la inversión -como factor de financiamiento fiscal del desarrollo- y la calidad del visitante vacacional, del mismo modo que la colonización incontrolable es cada día más pobre y demandante de espacios, ingresos y servicios. Las instituciones y los liderazgos políticos pierden legitimidad y competencia, y la magnitud de los problemas por resolver se eleva en una espiral imposible. La corrupción, la violencia y la ineficacia hacen la peor de las combinaciones de la catástrofe. Y así, desde hace más de una década, la inmobiliaria Casas ARA se ha dedicado a la construcción y venta de viviendas defectuosas y carentes de los más elementales servicios en Cancún, el polo turístico número uno del país. Los problemas van desde la falta de agua potable, hasta deficiencias que rayan en la burla, como baños que tienen regaderas y llaves de ‘adorno’, debido a que no cuentan con tuberías. Ninguno de los seis fraccionamientos que ha construido en Benito Juárez se salva de estas irregularidades, por las cuales enfrenta más de 2 mil 980 denuncias y nunca autoridad alguna le ha impedido seguir lucrando con ese crimen. La empresa ha ignorado todas las quejas y todo indica que continuará embaucando a más gente, pues las autoridades municipales que han despachado desde la Dirección General de Desarrollo Urbano no han estado interesadas en actuar a favor de los ciudadanos. Al contrario, han entregado permisos a diestra y siniestra para que esta empresa continúe construyendo casas defectuosas, a costa de cientos de familias que, cansadas de las exorbitantes rentas y esperanzadas en tener una vivienda propia y un patrimonio, terminan pagando hasta tres veces más del precio originario. Y con el historial de impunidad y corrupción del que han hecho gala los jefes de las administraciones municipales de uno y otro partidos, más preocupados en llenarse los bolsillos de dinero con la venta ilegal de terrenos que en lograr que los ciudadanos tengan una mejor calidad de vida, el fraude inmobiliario ha encontrado en Cancún una de sus mayores minas de oro.

Casas ARA, negocio emblemático del fraude inmobiliario impune en el Caribe mexicano, travestido en el discurso de inversión para el desarrollo social

Armando Galera

Luego de seis años de rentar departamento, Jorge M. y su esposa por fin lograron comprar la que creían era la casa de sus sueños: era de un tamaño considerablemente amplio, comparada con las micro-casas que se suelen vender en Cancún, y el agente de ventas que lo atendió aseguraba que la zona muy pronto contaría con plazas comerciales, lo que aumentaría su plusvalía.

Se trataba de una vivienda construida por el consorcio Casas ARA, en el Fraccionamiento Real Oasis de la Supermanzana 207, al noroeste de la ciudad de Cancún. Parecía una ganga: tres recámaras, sala-comedor, cocina, baño, patio de servicio y estacionamiento en 72 metros cuadrados de construcción por sólo 720 mil pesos.

Pero a la hora de firmar el contrato, las letras pequeñas y los exorbitados intereses inflaron su precio: por esa casa pagarían 7 mil 500 pesos mensuales durante 20 años, por lo que al final terminarían pagando un millón 800 mil pesos, mucho más del doble que su precio original.

Sin embargo, Jorge no le tomó tanta importancia. “Ya sabía que por una casa terminas pagando mucho más de lo que vale, pues son muchos años de crédito. Lo único que nos importaba era que por fin teníamos nuestra propia casa”, dice.

Luego de meses de papeleo, a él y cinco familias más les entregaron sus viviendas en agosto pasado.

No pasó mucho tiempo, sin embargo, para que la ilusión comenzara a desbaratarse: constantemente tenían fallas por la falta de presión del agua, mientras que algunas de las paredes comenzaron a presentar grietas y, a pesar de que supuestamente eran de concreto, se desbarataban con los primeros martillazos a los clavos.

“Pero el mayor problema llegó con las primeras lluvias: el agua se filtró por los techos y paredes, y las goteras se hicieron presente por todos lados. Notificamos a la constructora, pero no nos hizo caso. Dijeron que ya era nuestro problema, y que si no queríamos más goteras, que contratáramos a un albañil por nuestra cuenta”.

A otro de los recién llegados le dieron un número de celular, el 5517946140, para contactar a Miguel Morales, supuesto encargado de atención a clientes de la empresa. Pero hasta ahora, no ha contestado ninguna de las llamadas o mensajes de los usuarios.

Fraudes inmobiliarios, la gran estafa            

Los problemas con las empresas constructoras de vivienda son el pan de cada día en Cancún. Sin embargo, consorcio ARA parece llevarse las palmas: enfrenta 2 mil 980 denuncias -y contando- por defectos de construcción en los seis fraccionamientos que tiene en el Municipio, desde los ‘económicos’, como Vista Real, que ofrece casas desde 381 mil pesos, hasta los del tipo de Terrarium, donde los precios comienzan en un millón 50 mil pesos.

Casas ARA es una de las desarrolladoras de comunidades de vivienda más grandes del país, con más de 1.2 millones de unidades en la Ciudad de México, Baja California, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nayarit, Nuevo León, Puebla, Querétaro, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Veracruz y Quintana Roo.

Y en todos los Estados donde tiene presencia, enfrenta denuncias por negarse a devolver el depósito, no entregar el inmueble, incumplir con el plazo de entrega del departamento o casa, deficiencias en la construcción, falta de servicios, y hasta construir en terrenos ejidales sin contar con los títulos de propiedad.

En México lleva más de 35 años operando, mientras que en Cancún y Playa del Carmen más de 12. Con tantas quejas y procesos penales en su contra, sorprendería que continúe haciendo de las  suyas con tanta impunidad si el hecho no ocurriera en un país tan pervertido y agotado por la corrupción como México, donde el fraude inmobiliario, como tantos otros, es un negocio demasiado redituable tanto para las empresas como para la autoridad que les otorga los permisos.

En efecto, aún pesa en contra de Casas ARA un expediente por construir, en el Municipio de Ecatepec, Estado de México, más de 13 mil viviendas de interés social en un terreno contaminado con metales pesados, lo que ha derivado en problemas de salud para sus habitantes.

Esta denuncia, promovida desde el 2011 por casi la totalidad de los colonos de la unidad habitacional Las Américas bajo la averiguación previa 74/UEIDAPLE/DA/18/2011, se ha mantenido “encarpetada” por una sencilla razón: quien autorizó la construcción en el área fue el entonces gobernador Enrique Peña Nieto, hoy presidente de la República. La PGR incluso clasifica esta investigación como “confidencial”, y en el 2014 la declaró “reservada” durante un periodo de 12 años.

Un historia de irregularidades en Cancún

Casas ARA en Cancún no está exenta de quejas y controversias. En 2007 salió a la luz que uno de sus primeros desarrollos, Hacienda Real del Caribe, fue construido sobre cenotes y terreno peligroso, luego de que el suelo de las casas de toda una manzana comenzara a colapsar revelando las cavidades.

Además, la mayoría de las viviendas se inundaron con las primeras lluvias, en tanto no se planificó un sistema de desagüe. Bastaba una hora de precipitaciones para que el agua subiera casi 20 centímetros sobre el nivel de las viviendas. Hasta el día de hoy, la zona continúa presentando este problema.

Tres años después, en 2010, habitantes del Fraccionamiento Vista Azul, de la Supermanzana 320 de Cancún, hartos de que la constructora no atendiera sus demandas por la falta de agua en el fraccionamiento, casas sin terminar o cuyas paredes ya comenzaban a derrumbarse, colocaron una manta en la entrada del mismo con la leyenda “FRAUDE, NO COMPRES PROBLEMAS CON ARA/RUALTA, TE BUSCAN PARA VENDER Y SE ESCONDEN PARA RESOLVER”, lo que ocasionó acciones intimidatorias por parte del personal de la empresa en contra de los colonos.

Tal como quedó asentado en denuncias ante el Ministerio Público, muchos recibieron amenazas de que si no quitaban las mantas les dejarían de prestar reparaciones y servicios. A otros incluso les enviaron falsos citatorios para presentarse ante el Ministerio Público por el delito de difamación. Ninguna de esas ‘órdenes ministeriales’ era real, como lo comprobaron los ‘denunciados’ al presentarse, aunque nadie siguió un procedimiento de contrademanda por los delitos relativos a la amenaza.

Hasta ahora continúan los problemas en ese fraccionamiento. Peor aún: cuando adquirieron sus casas estaban valuadas en 830 mil pesos, pero hoy cuestan sólo 550 mil, por lo que la promesa de plusvalía también resultó un engaño.

Pero mientras las lluvias provocan estragos en sus hogares, el del agua potable es un servicio escaso en la zona. Las familias han vivido todo este tiempo con dos pipas de agua a la semana que la empresa les envía. En marzo de 2016, la empresa Aguakan reveló que aún no ha recibido el dinero para hacer la conexión del servicio en la mayoría de las viviendas, cuyo costo –del servicio- asciende a 30 mil pesos en cada una.

Por su parte, las autoridades municipales que han desfilado desde ese entonces sólo han prometido que tomarán cartas en el asunto, sin que hasta ahora hayan actuado para sancionar a la constructora. Las denuncias que se han presentado ante la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), la instancia encargada de velar por los intereses de los clientes defraudados, tampoco han corrido con mejor suerte.

Comprando problemas

José Serrano contactó a este semanario para contar su desgracia al adquirir una vivienda en el desarrollo Terrarium Cancún, uno de los más caros que ofrece Casas ARA en la ciudad, en el Polígono Sur.

“La adquirimos porque estaba en un lugar tranquilo y en desarrollo comercial, por lo que supuestamente aumentará su plusvalía. La casa que te ofrecen es el ‘modelo Isla’, con tres recámaras, dos baños y medio, sala, comedor, cocina y patio; todo en 101 metros cuadrados de construcción y 102 metros cuadrados de área de terreno”, dice el entrevistado.

“La adquirimos en marzo. En junio nos la entregaron luego de meses de retraso. Apenas entramos a la casa nos llevamos una desagradable sorpresa: nunca se instalaron las áreas verdes que nos prometieron, todo el piso era de cemento, la cocina no se había terminado, los cables de la instalación eléctrica sobresalían por todos lados, algunas puertas estaban rotas y otras más no tenían cerradura.

Podrá sonar increíble, pero imagínate que ninguno de los dos baños tenía regadera. Estaban las llaves, pero ni siquiera estaba el hueco donde debía estar la ducha. Llamamos a un plomero para que revisara las tuberías y nos dijo sorprendido que sólo habían atornillado las llaves, pero no existía ningún sistema de tuberías detrás de la pared. Es decir, sólo estaban de ‘adorno’ ”.

Jorge cuenta que, además, al intentar colocar accesorios fijándolos con tornillos a la pared, descubrió que éstas no eran de concreto como le habían prometido, sino sólo de tablarroca o unicel recubierto con yeso, lo que provocaba filtraciones con las lluvias, empapando y deteriorando los muros. Por esa vivienda José pagará casi 12 mil 500 mensuales durante los próximos 30 años, o casi 4 millones 500 mil pesos, poco más de tres veces su valor original.

Problemas similares enfrenta Jorge M. y las cinco familias que hasta ahora habitan Real Oasis, pero también los inquilinos de Residencial Villamarino y de Nautilus.

Estosdías trató de comunicarse con la Dirección General de Desarrollo Urbano del Municipio para averiguar el por qué continúan otorgando permisos de construcción a consorcio Casas ARA, pero no se pudo concretar una cita.

Mientras tanto, el fraude inmobiliario continuará, en tanto más familias tengan la ilusión de adquirir su propia vivienda y empresas como ARA sigan operando amparadas en la impunidad y la complicidad gubernamental.

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