Chetumal, Cancún y Playa del Carmen, en el ‘top ten’ de los...

Chetumal, Cancún y Playa del Carmen, en el ‘top ten’ de los peores lugares para vivir en México por culpa de la incompetencia y la corrupción políticas y administrativas

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Chetumal, Playa del Carmen y Cancún ya no son buenos lugares para vivir; también está dejando de serlo Tulum, que crece del mismo anárquico e ingobernable modo que esas urbes, y, peor: de modo más rápido y peligroso. Es más: se recomienda ‘huir’ de estas ciudades debido a los altos índices de delincuencia y corrupción, así como la cada vez más baja calidad de vida de sus habitantes, pese a que alguna vez fueron consideradas -sobre todo las del norte del Estado- ciudades seguras que proveían de empleos bien pagados gracias a su actividad turística. Y es que desde 2005 las administraciones municipales y estatales, todas ellas emanadas del Partido Revolucionario Institucional o en alianza con el depredador Partido Verde, se dedicaron a drenar los saldos magníficos de la ‘gallina de los huevos de oro’, y hoy casi han dejado en ruinas a la entidad. La alguna vez próspera capital del Estado perdió su principal actividad económica a finales de los años 80 cuando dejó de ser zona de libre comercio y terminó por depender de la estructura de los tres niveles de Gobierno para emplear a su gente y dar ingresos a los pocos prestadores de servicios. Hoy está llena de jóvenes desempleados o que laboran como taxistas debido a que el Gobierno ya no da para más y porque la siempre prometida actividad industrial y la diversificación económica regional y sectorial de Quintana Roo nunca llegó o no prosperó a causa de la falta de mercados, de altísimos impuestos y de una mano de obra impreparada, sin calificación ni opciones de especialización ni escalafonarias ni de ingresos. Alcaldes priistas como Andrés Ruiz, Mario Villanueva y Eduardo Espinosa, y el expriista y neopanista Luis Torres, terminaron por poner los últimos clavos en el ataúd de Chetumal. Toda esta situación ha provocado que la capital del Estado pierda su calidad de ciudad segura, pues al no existir alternativas laborales casi de ninguna especie y multiplicarse, en cambio, la demanda de servicios y los rezagos sociales a partir de la creciente colonización precarista y el déficit fiscal, cada vez más individuos se dedican a robar viviendas y comercios, asaltar personas, vender drogas y otros modos de vivir en la ilegalidad y la mala vida. Playa del Carmen y Cancún, destinos netamente turísticos, disfrutaron durante décadas del dinero traído por los visitantes, con cientos de cuartos de hotel construidos cada año, lo que provocó la llegada de miles y miles de nuevos colonos –hasta 10 familias por cuarto de hotel construido- procedentes de otras ciudades y entidades, que terminaron por crear colonias irregulares y arrabales invivibles donde el hacinamiento, la pobreza y la violencia son el pan de cada día. Y si bien la tasa de desempleo se mantiene como una de las más bajas del país, con la entrada de las ‘outsorcings’ los trabajadores perdieron prestaciones laborales esenciales y bajaron su calidad de vida. Y la inmigración indigente y peligrosa no cesa. Y la creación de empleos precarios para inmigrantes y la solución para las entidades expulsoras de pobres, tampoco.Ahora el tráfico de drogas y las ejecuciones son el paisaje cotidiano de la vida urbana, ante la incapacidad y la corrupción de cuerpos policiacos y autoridades políticas que se han constituido en el cáncer más irremediable por combatir, si se aspira a que la democracia sirva de algo y la vida civilizada y el desarrollo social verdadero se puedan salvar.

Chetumal, Cancún y Playa del Carmen, en el ‘top ten’ de los peores lugares para vivir en México por culpa de la incompetencia y la corrupción políticas y administrativas

Javier Ramírez

Por quinta vez consecutiva, tres de las principales ciudades de Quintana Roo (Playa del Carmen, Chetumal y Cancún) aparecen en la lista de los 10 primeros“peores lugares de México para vivir en familia”, diagnóstico elaborado por el Gabinete de Comunicación Estratégica y datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI).

Lo cierto es que el país en general atraviesa una situación alarmante: el aumento en el precio de los combustibles ha incrementado la inflación en casi todas las ciudades, encareciendo la vida. Sin embargo, otros indicadores como el de inseguridad, empleo, oportunidades de desarrollo, vivienda y servicios, revelan que es mejor huir de ciertos lugares.

Chetumal es uno de ellos. Hasta 2005 era considerada una buena ciudad para vivir, con una calificación de 82.45 de promedio del Índice de Calidad de Vida y de Servicios, realizado por el INEGI. La seguridad era uno de sus fuertes, y en general la población le otorgaba calificaciones aprobatorias a sus Gobiernos municipales.

Sin embargo, desde ese año su Índice Promedio comenzó a caer estrepitosamente. La más reciente estimación, revelada en días pasados, es de 56.23, luego de que las estadísticas demostraran que Chetumal se ha convertido en un lugar donde la vida es demasiado cara y tampoco hay mucho qué hacer en el plano económico para poder vivir dignamente.

Por su parte, Playa del Carmen y Cancún bien pueden llegar a ofrecer la más alta oferta laboral del Estado, pero la mayoría de los empleos son pagados con entre dos y cuatro salarios mínimos, además de que sus niveles de colonización precarista, de marginalidad y de ocupación irregular se elevan muy por encima de los valores de rentabilidad fiscal de las inversiones que se operan en sus inmediaciones, lo que ocasiona un incremento progresivo en la demanda de servicios básicos y graves crisis en materia de rezagos sociales.

Es decir: existe mucho trabajo, pero mal pagado, temporal y sin prestaciones, pues el 76 por ciento de los empleos son contratados de manera informal o a través de empresas outsoursing, que impiden que el trabajador goce de derechos constitucionalesindispensables como seguro de vida o fondos de ahorro para su retiro.

Además, el 93.2 por ciento de la población de esas urbes considera que su ciudad es insegura, y casi el 70 por ciento de los ciudadanos estarían dispuestos a irse a vivir a otro lado si contaran con los recursos.

Así, mientras que sólo 2 de cada 10 personas de Mérida, Yucatán (considerada una de las ciudades más seguras del país), manifestaron tener miedo a ser asaltadas en la calle, 8 de cada 10 cancunenses teme perder la vida al encontrarse en medio de una balacera en los centros comerciales locales.

Chetumal, en ruinas

En el 2005, el Índice de Satisfacción de Servicios arrojaba que en la capital del Estado un 78 por ciento de la población aprobaba el desempeño de sus gobernantes en cuanto a los servicios de recolección de basura, pavimentación, atención a vialidades, alumbrado público, parques, atención a fugas de agua, apertura de negocios, generación de empleo, seguridad, servicios de salud, entre otros.

Sin embargo, a partir de la administración municipal de Cora Amalia Castilla Madrid, la población comenzó a demostrar descontento hacia la forma en que actuaban sus gobernantes. Ella y los cuatro siguientes alcaldes (los priistas Andrés Ruiz Morcillo, Carlos Mario Villanueva Tenorio, Eduardo Espinosa Abuxapqui y el panista Luis Alfonso Torres Llanes)obtuvieron calificaciones reprobatorias en el Índice de Desempeño de Alcaldes realizado por el Gabinete de Comunicación Estratégica y datos del INEGI.

Dos fueron las principales razones de este descontento: por una parte, aumentaba la percepción de que el Ayuntamiento era un nido de corrupción, donde las autoridades desviaban los recursos, mientras que por otro lado se percibía que las administraciones cada vez invertían menos en obras y servicios públicos.

De hecho, Andrés Ruiz Morcillo(2008-2011) es señalado como el principal culpable del desastre financiero del Municipio chetumaleño. Aún no se olvida el fraude operado en el otorgamiento a la empresa Avances Lumínicos de la concesión a 15 años por los servicios de instalación, mantenimiento y sustitución de las luminarias para el alumbrado pública, con un costo para el Ayuntamiento de aproximadamente 900 millones de pesos durante el tiempo que dure el contrato.

Por su parte, el ahora diputado local Carlos Mario Villanueva (2011-2013) fue acusado en su momento de la malversación de más de 260 millones de pesos en obras públicas que no fueron completadas o nunca se llevaron a cabo, además de un préstamo por 310 millones de pesos cuyo destino nunca fue esclarecido.

Ninguno de los anteriores personajes enfrentó la Justicia por sus actos, ya que las irregularidades en sus cuentas públicas eran maquilladas por sus sucesores para evitar algún conflicto o eran salvadas por la Auditoría Superior del Estado con una venia gubernamental tan o más turbia que la de los alcaldes y exalcaldes. Al menos así sucedió hasta Eduardo Espinosa Abuxapqui (2013-1016), quien hoy enfrenta 22 denuncias penales por un supuesto desvío de más de 200 millones de pesos.

Asimismo, las leyes de Egresos del Municipio capitalino del 2005 al 2016 también demostraron una reducción en el Ramo 6000, destinado a la inversión en Obra Pública, de un 3 por ciento anual: en el 2005, una quinta parte del presupuesto se gastaba en este segmento presupuestario (es decir: casi 290 millones de pesos), pero ya en 2015 sólo se destinaba un 7 por ciento del presupuesto para obra pública (menos de 80 millones de pesos).

Por su parte, los ramos 1000 y 9000, correspondientes a Servicios Personales y Deuda Pública, respectivamente, se han incrementado en un 5 y un 4 por ciento de manera paulatina, al pasar de 183 millones y 11 millones 890 mil pesos en 2005, a 343 millones y 45 millones en 2016.

Es decir:cada vez los Gobiernos municipales gastan menos en obra pública y más en pago de nómina y deudas. Y esto se ha visto reflejado en un hartazgo de la ciudadanía.

En lo que al Índice de Calidad de Vida (Incav) se refiere, Chetumal se situaba con calificación promedio de 82.45 en 2005; pero trece años después la calificación bajó hasta 56.23 o 12.89 puntos debajo del promedio.

En este tema se consideran aspectos como movilidad, escuelas, museos y espacios históricos, belleza natural, seguridad y oferta laboral.

En lo relativo a movilidad, la carencia de un transporte público de autobús desde 2012 limita las opciones de transporte de los chetumaleños, que hoy tienen que desembolsar mil 700 pesos en promedio al mes para transportarse, siendo que el promedio nacional, de acuerdo con el INEGI, es de mil 280 pesos.

Y si bien la cobertura educativa ha mejorado en los últimos cinco años (alcanzando al 92 por ciento de la población, mientras que la oferta de universidades aumentó en seis veces en el último lustro), de casi nada sirve: además de los pésimos niveles de calidad escolar, sólo dos de cada 20 jóvenes egresados de nivel superior trabajan en algún campo relacionado con lo que estudiaron, mientras que el sueldo promedio es de 6 mil pesos mensuales que, es decir: tres mil 500 pesos menos que el promedio nacional.

La situación tampoco es ventajosa para los emprendedores y comerciantes: sólo una décima parte de los nuevos negocios logran sobrevivir un año entero, pues las deudas, falta de clientes, costos operativos e impuestos los obligan a bajar las cortinas.

Tan sólo en 2017, la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) perdió al 40 por ciento de sus agremiados, y hasta negocios con más de 40 años de trayectoria terminaron por cerrar.

Se agotó el paraíso

Cancún y Playa del Carmen, las consideradas ‘joyas turísticas’ de México, tampoco se encuentran en una mejor situación. Esas joyas urbanas están siendo estranguladas por la masiva colonización indigente, el consumo de drogas y el dominio de las mafias del ‘narco’ y la extorsión, para no hablar del deterioro ecológico, la masividad vehicular y la degradación urbana y cultural.

De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) más reciente, realizada por el INEGI, durante el primer trimestre del año, ambas ciudades se encontraban entre las siete más peligrosas e inseguras para vivir.

Cancún, por ejemplo, llevaba40 ejecutados y contando sólo en abril, mientras que Playa del Carmen registraba20.

Pero la inseguridad no sólo se refleja en las ejecuciones (comúnmente relegadas a ajustes de cuenta entre bandas criminales) y las extorsiones(seis de cada 10 negocios paga ‘derecho de piso’ en el primer cuadro de Cancún y cuatro de cada 10 en Playa del Carmen. El crimen común –ataques sexuales, homicidios circunstanciales, vandalismo, etcétera- es también de campeonato mundial en dichas urbes, como lo es el suicidio, en tanto que hecho social, en toda la entidad caribe.

En 2017, 39 negocios (principalmente restaurantes) tuvieron que cerrar sus puertas ante los embates del delincuente común y del mafioso.

Los asaltos y robos a viviendas también se incrementaron en un 170 por ciento de 2010 a la fecha en Cancún, y un 90 por ciento en Playa del Carmen, según revelan las más recientes estadísticas del Secretariado Nacional de Seguridad Pública.

Antes, ambas ciudades eran consideradas una opción de oportunidades laborales, lo que alentó la llegada de más de 40 mil migrantes al año. Y si bien la tasa de desempleo se mantiene como una de las más bajas del país (3.4 por ciento, contra el 4.9 por ciento del promedio nacional), lo cierto es que estos trabajos no son bien pagados, pues son en su mayoría de carácter informal para el ramo turístico o de la construcción. Hablar de crecimiento y éxito económico a partir de ese tipo de cifras es mero eufemismo. En realidad, la actividad inversora ocasiona más problemas que beneficios; atrae más pobres, soluciona problemas a las entidades que los expulsan, e incrementa la demanda de servicios básicos y el rezago social, ampliando la brecha entre los ingresos y los egresos, o el déficit fiscal, lo que redunda en más pobreza, inseguridad, y deterioro ambiental y social.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval)explica que el promedio de sueldos en ambas urbes es de siete mil 800 pesos mensuales; sin embargo, si se coteja con el costo de la vivienda, el transporte y la educación, se descubre que dicho sueldo apenas cubre el 60 por ciento de las necesidades básicas de una familia promedio, sin contar que ocho de cada 10 trabajadores carecen de un seguro de vida y no tienen beneficios, como prestaciones laborales.

Quintana Roo ya no sólo no es el paraíso de antes. Se está convirtiendo en una sucursal del inframundo donde más que la autoridad gobierna el hampa, la que tiene licencia y la que no la tiene.

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