Con el resultado ya casi resuelto de la elección presidencial, el PRI...

Con el resultado ya casi resuelto de la elección presidencial, el PRI y el PAN sólo apuestan por el segundo lugar y por hacer mayoría en el Congreso de la Unión, de modo que las decisiones de austeridad y anticorrupción no los dejen en la calle de los presupuestos y los privilegios, aunque el tren morenista parece pitar una madriza

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A unas semanas de las elecciones de este 1 de julio, el ganador de la Presidencia de la República está prácticamente definido. Tendría que ocurrir un suceso de proporciones catastróficas para que quien se alce ganador de la contienda no sea otro que Andrés Manuel López Obrador, quien llevó la actual campaña como mero trámite. Y es que si desde hace año o año y medio, Andrés Manuel ya lucía como el favorito en las encuestas -mucho de eso gracias al descrédito y la globalizada imagen de corrupto e inepto de Enrique Peña Nieto y su Gobierno, a la pulverización del PAN obrada por su ahora candidato presidencial y sus negocios criminales para enriquecerse, y a la sensación generalizada de que todo está perdido y el país naufraga en el caos, la descomposición institucional y la violencia irremediable-, la definición de quienes serían sus rivales en el PRI, PAN y sus partidos ‘satélites’  no hizo más que incrementar su popularidad. Ni las reformas que el Revolucionario Institucional tuvo que hacer para colocar a José Antonio Meade en la candidatura–el más preparado y menos involucrado en escándalos de corrupciónde los perfiles candidateables posibles de Peña Nieto-, ni la cínica autoimposición patriarcal de Ricardo Anayaen Acción Nacional, pudieron mermar la enorme ventaja que el tabasqueño tenía y que no hizo más que aumentar conforme el calendario avanzaba y los obuses en su contra arreciaban y se convertían en el mejor combustible de su impulso –en la virtud de que si quien los genera tiene más cola que le pisen, más se le devolverán sus tiros-. El tercer y último debate llevado a cabo en la ciudad de Mérida, Yucatán, representaba la última oportunidad de Meade y Anaya para poder acercarse al candidato puntero, pero nada de eso pasó. Anaya mostró su desesperación e intentó golpear a López Obrador exhibiendo presuntos contratos de éste con el empresario José María Rioboó durante el tiempo que fungió como jefe de Gobierno de la Ciudad de México, pero no tuvo mayor trascendencia, pues fue completamente ignorado por el del Morena y los medios no le dieron mayor importancia. Meade, por su parte, se vio más agresivo y seguro. Si acaso, él fue el único que pudo aumentar un poco en las preferencias y podría rebasar a Anaya como segundo lugar a la hora del voto, puesto que todo lo que usa Anaya para defenderse se torna un lastre de indefendible causa. Entonces, sí: es un hecho que Andrés Manuel se alzará con la victoria, pero las demás coaliciones están lejos de aflojar el paso, pues sabedoras de que tienen la batalla perdida han comenzado a enfocar sus estrategias en el no menos importante Poder Legislativo, donde, como se comprobó en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, el PRI y sus paleros verdes mantuvieron la mayoría y por lo tanto la capacidad de ‘rebotar’ muchas de las propuestas que el Ejecutivo panista en turno envió al Congreso de la Unión. Y tampoco quieren perder la capital del país,donde la candidata del Morena-PT-PES, Claudia Sheinbaum, es la rival a vencer –dentro de la órbita del contagio de liderazgo más aclamado por un pueblo en gran medida milagrero, que antes que razones suscribe devociones-, y donde algunas Delegaciones son, por su importancia económica y política, igual de significativas que una gubernatura, como es el caso de la Álvaro Obregón, donde la aspirante de dicha coalición es la campechana Layda Sansores, a quien, de la nada, Televisa exhibió por el presunto derroche de recursos cuando fue senadora. Es probable que en los próximos días salgan a la luz más ‘trapos sucios’ de los candidatos con trayectorias menos edificantes, de la mano de esa y otras televisoras y medios cuyos grupos de interés deben acomodar sus conveniencias y, acaso, poner sus barbas a remojar. Por lo pronto, los teóricos y los célebres voceros y defensores de los equilibrios democráticos –los más conspicuos de ellos, por cierto, privilegiados y enriquecidos por la Presidencia priista de Carlos Salinas, a la que llegó ese mandatario federal por la vía de uno de los fraudes electorales más aberrantes y vulgares de la historia moderna del país y sólo a repartir las empresas más rentables del Estado a las familias de la oligarquía más beneficiadas por ese periodo plutocrático al que, con el mayor cinismo retórico, calificó de ‘liberalismo social’, lo que pareció muy novedoso a los intelectuales fanáticos de la doctrina del liberalismo y de las tradiciones y la renovación democrática nacional: la misma simulación de siempre, donde una cosa es de dientes para afuera y la contraria es la que cuenta- advierten lo malo que sería para el país que, además de la primera magistratura, López Obrador arrasara con la mayoría absoluta en el Congreso federal. ¿Y qué es lo que en realidad les preocupa en esta democracia mexicana de pacotilla, donde, con equilibrios y sin ellos, las cúpulas partidistas y ‘sus’ representantes populares han hecho siempre los más nefastos negocios del poder legislando en función sólo de sus particulares grupos de interés, y reformando la Constitución con una incompetencia y una irresponsabilidad que no se necesita ser perito parlamentario para censurar? La ley electoral es un ejemplo de lo más ilustrativo: No se puede usar la imagen de un candidato presidencial más que en el entorno de la coalición de partidos de la que forma parte en determinado sitio, y no cuando algún partido de la coalición se ha desprendido de la misma, aunque no sea el partido de ese candidato local que usa la imagen de su líder y candidato nacional. ¿Qué tienen qué ver esas especificidades leguleyas con los valores en competencia? Nada: puros formalismos imbéciles y ociosos para ser usados como zancadillas y querellas mezquinas de los perdedores. A menudo los equilibrios parlamentarios sólo significan negaciones y confrontaciones y parálisis debidos a posicionamientos politiqueros irreconciliables que nada tienen qué ver con el interés público, y que sólo sirven para boicotear iniciativas necesarias pero que también suponen beneficios políticos para sus promotores, a los que las oposiciones perversas ven la ocasión de torpedear. No: en la incivilidad y el canibalismo y la mala leche, el debate parlamentario de las fuerzas políticas en equilibrio suele tornarse en una pelea de perros entre lo peor de las representaciones legislativas. Durante el autoritarismo mexicano se hicieron muchas mejores cosas que en la era de la vagancia democrática pluralista. ¿Cuándo?, cuando el voluntarismo presidencialista tomó decisiones consecuentes y de servicio para el Estado nacional. Y, en la democracia, ¿cuándo es que se ha visto unidad entre las fuerzas partidistas encontradas y confluyentes en un sentido de compromiso y generosidad constructiva? No: los equilibrios parlamentarios mexicanos en estos tiempos pueden ser más involutivos que progresistas. Hay mucha basura retórica y simuladora en el ambiente. Es preferible un autoritarismo sesentero de buena fe, que un equilibrio carroñero pensado por los resentidos como una disputa de las mayorías a las patadas. Los partidos ganadores de siempre lo que tienen es temor de perder privilegios a partir de decisiones presidenciales que supongan angosturas presupuestarias y fin de negociaciones turbias y fondeos para el dispendio personal. En el fondo del debate sobre la equidad parlamentaria está eso. Porque la democracia pluralista en México sólo ha sido la reclasificación partidista del reparto cupular de beneficios del Estado y la oportunidad del arrebato. Lo demás, como lo de Krauze, es un discurso de herencia salinista, más vano que barato.

Javier Ramírez

El pasado 12 de junio se llevó a cabo en el Museo del Mundo Maya, en la ciudad de Mérida, el último debate entre los cuatro candidatos a la Presidencia de la República, con un formato diferente al de los anteriores. En esta ocasión el Instituto Nacional Electoral optó por uno más apegado al de una mesa de opinión para tratar temas que permitieron a los aspirantes echar mano de algunas propuestas populistas y explayarse un poco más en sus respuestas. Horas antes, el presidente del INE, Lorenzo Córdova, invitó a la ciudadanía a presenciar el debate, en el que, dijo, se harían a los candidatos preguntas hechas por los usuarios de las redes sociales.

El evento contó con la moderación de los periodistas Gabriela Warkentin, Leonardo Curzio y Carlos Puig, quienes se encargaron de hacer las preguntas ‘del público’ y de interrogar a los candidatos sobre algunas de sus propuestas para mejorar el crecimiento económico y  las áreas de salud y educación.

Ricardo Anaya

Apenas tuvo la palabra, el panista aseguró que ha sido blanco de una campaña “brutal” deataques por decir que creará una fiscalía autónoma que investigará al presidente Enrique Peña Nieto, así como revisará las acciones desde el más alto nivel y todos los casos que han surgido de impunidad y corrupción durante el presente sexenio. Indicó que para cumplir sus propuestas de campaña sin aumentar los impuestos revisará el gasto que realiza el Gobierno porque “hoy gasta muy mal y hay una enorme corrupción”. Además, se comprometió a bajar el precio de la gasolina, que consideró “injustamente alto”. Para ello, planteó reducir el Impuesto sobre Producción y Servicios que abarca seis de los casi 19 ó 20 pesos que cuesta un litro de gasolina.

Al ser cuestionado sobre los programas sociales, refirió que “la mejor política social que existe es el empleo y el trabajo bien pagado”;sin embargo, minutos después se comprometió a que en su sexenio todos los mexicanos contarán con tabletas y teléfonos celulares.

Al preguntársele si tiene un plan concreto para mejorar la calidad de la educación, apuntó que tiene dos retos: el de cobertura y el de la calidad educativa. En cuanto a la reforma educativa, comentó que “el problema es que se ha implementado muy mal”, pero que su solución no es derogarla, sino hacer una revisión para no permitir la venta de plazas, entre otras actividades irregulares.

Propuso impulsar las energías renovables a través de aerogeneradores, para tener energías limpias y utilizar aquéllas que no contaminan, y dijo estar en contra de aumentar la energía nuclear. Además, aseguró que impulsará un programa nacional para que se instalen paneles solares en las casas para reducir los gastos de los hogares mexicanos.

José Antonio Meade

El candidato de la coalición Todos por México inició su participación recordando que cuando fue titular de la Secretaría de Desarrollo Social “salieron dos millones de personas de la pobreza tanto moderada como extrema. Lo que quiere decir que el enfoque que se usó en ese entonces es el que debemos seguir usando”. Citó que en México hay 48 millones de jóvenes que no terminaron la preparatoria y es ahí donde está el principal problema, “ya que mientras no corrijamos el tema educativo nos va a costar mucho trabajo que un empleo resuelva el entorno de oportunidades que necesitamos”.

Cuestionado sobre la educación, dijo que parte de sus propuestas radican en incentivar a los profesores, por lo que planteó mejores plazas para quienes dan clases en zonas de alta y muy alta marginación en el país. Además, dijo, es necesario crear más escuelas de tiempo completo que incluyan comida y clases de inglés. “Con escuelas de tiempo completo, los estudios ayudan a que se tenga más éxito en prepa y educación superior”, refirió.

En materia de salud, indicó que la burocracia debe ser un tema urgente de Gobierno. Añadió que parte de su propuesta es que los hospitales estén 100 por ciento equipados, con 100 por ciento de medicinas, y que todos funcionen las 24 horas, incluso los fines de semana.

Respecto a la energía nuclear, afirmó que actualmente México tiene dos plantas nucleares y que se debe evaluar si este tipo de energía es lo que más le conviene al país. Expresó que sus propuestas van desde impulsar la generación de energías limpias, hasta promover el manejo sustentable de los recursos naturales, los destinos turísticos sustentables y la promoción de la separación de los desechos.

Andrés Manuel

De entrada, el candidato puntero afirmó que no aumentará impuestos, ni la deuda, además que tampoco habrá gasolinazos. Sostuvo que la corrupción “es el mayor cáncer que está destruyendo al país” y que cortará los privilegios que hay actualmente en el Gobierno, recordando que los funcionarios “se dan la gran vida”. Aseguró que con su plan de austeridad republicana alcanzaría una bolsa de 800 mil millones que serán destinados para el bienestar de la gente.

 Interrogado sobre mantener la vigencia del TLCAN, dijo que está a favor del mismo, pero también de fortalecer el mercado interno y no apostar todo a la política exterior, recordando que el campo es la fábrica más importante del país y está abandonado debido a que la política económica en México ha sido un fracaso desde hace 30 años.

Al hablar de la educación, dijo que utilizará sus facultades como presidente para cancelar la reforma educativa, pues lo que se aprobó tiene más que ver con una reforma laboral, y agregó que se mantendrá la evaluación a los maestros, ya que los profesores no se oponen a ello, sino a que se utilice la evaluación para reprimirlos y humillarlos. “Vamos a elaborar un plan educativo nuevo sin afectar los derechos laborales de los maestros”, adelantó.

Asimismo, propuso fortalecer las becas para científicos y fortalecer el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), mencionando que María Elena Álvarez, Premio Nacional de Ciencia, será la próxima directora del mismo. Para la zona sur del país, propuso plantar un millón de hectáreas de árboles frutales y maderables.

Jaime Rodríguez

El candidato independiente se dijo a favor de que los recién egresados de universidades ganen 15 mil pesos mensuales, de incrementar el ingreso por persona a 350 pesos diarios, no cobrar el ISR a personas que ganen menos de 12 mil 500 pesos mensuales, bajar el IVA y el ISR, así como reducir la jornada laboral de la mujer.

Cuestionado sobre la pobreza que hay en el país, comentó: “Tenemos que sacar adelante al país cuando la gente tenga más dinero en la bolsa, y la única forma de que se logre eso es liberar el ingreso que tiene hoy. Y en el tema de bajar el IVA lo lograré sacando a todos los flojos del Gobierno, incluyendo a AMLO, Meade y Anaya”. Dijo estar en contra del asistencialismo, por lo que eliminaría los programas existentes, que generan una salida de recursos onerosa. “Mil millones de pesos son parte del asistencialismo, ellos viven de eso (refiriéndose a los otros candidatos) por eso no lo quieren quitar, por eso lo promueven”.

Leonardo Curzio habló de su polémica propuesta de “mochar” las manos a los ladrones, y al preguntarle quiénes serían los “amputadores nacionales” y en dónde se realizarían las cirugías extremas, el Bronco dijo que se llevarían a cabo en el Tribunal. “Ya presentamos una iniciativa; en el Tribunal se les mocharía la mano, no me importa que me demanden porque no se hizo asépticamente, prefiero eso para que no se siga desangrando el país”.

Si en algo destacó el gobernador con licencia de Nuevo León fue en ser la fuente de chistes y memes en redes sociales.

Las confrontaciones

Ricardo Anaya comenzó acusando al Gobierno federal de estar realizando una “guerra sucia” en su contra e intentó lanzar una bomba a Andrés Manuel acusándolo de que cuando fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México tuvo contratistas favoritos como el empresario José María Rioboó. Al mostrar una foto de éste con López Obrador, dijo: “Este señor participó para él hacer el proyecto de las pistas del nuevo aeropuerto, hay un contrato de mil millones de pesos y lo perdió; ya que lo perdió se presentó con López Obrador en las instalaciones del nuevo aeropuerto para echar pestes del proyecto y para proponer que mejor se hiciera en otro lugar”. Andrés Manuel le respondió: “Yo no soy corrupto como tú”. Anaya volvió a la carga asegurando que existe un pacto entre Andrés Manuel y Enrique Peña, pero ahí acabó el asunto. Al día siguiente pocos fueron los medios que retomaron el tema y algunos como Marcelo Ebrard, uno de los coordinadores de campaña de López Obrador, le recordaron a Anaya que el actual jefe de Gobierno capitalino e integrante del Frente, Miguel Ángel Mancera, también dio contratos al grupo de Rioboó.

Pero el candidato que más acusaciones lanzó extrañamente no fue Anaya, sino José Antonio Meade, quien atacó en varias ocasiones tanto al panista como al morenista, tachándolos de corruptos y populistas, respectivamente. Lo cierto es que Meade intentó proyectarse más seguro que en las anteriores ocasiones, desenvolviéndose en temas que domina luego de su paso por el Gobierno federal, al contrario de sus contrincantes, quienes no escatimaron en lanzar propuestas poco menos que irreales.

Resultado sin sorpresa

Sondeos presentados horas después, como el de MassiveCaller, arrojaron que López Obrador resultó vencedor del tercer debate, con el 44.3 por ciento de la preferencia de los encuestados, mientras Anaya Cortés quedó en segundo lugar con 36.9 por ciento, MeadeKuribreña en tercero con 15.9 por ciento, y Rodríguez Calderón con 2.9.

Sin embargo, para los especialistas, el candidato del PRI-PVEM-Panal fue quien mejor participación tuvo en el mismo al presentar las mejores propuestas y presentar un análisis real de la situación que vive el país, con datos y soluciones.

Pero cualquiera que fuera el resultado, las preferencias electorales no se movieron y las cosas se mantienen como al principio. Por lo tanto, a las coaliciones Todos por México, y Por México al Frente, no les queda de otra que ir pensando en pelear por el segundo lugar entre ellos y en conseguir el mayor número de curules en ambas Cámaras del Congreso, si quieren ser la oposición ante un proyecto de Gobierno que promete por primera vez un cambio en la manera de conducir y financiar al país.

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