Debates municipales que asustan

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Debates municipales que asustan 

Ya no es la decepción, la desesperanza y la conciencia del fracaso. La soledad crítica vislumbra el horizonte del miedo, a medida que los peligros aumentan porque la toma de decisiones necesaria desaparece.

La avalancha retumba, y en la galería de espaldas parlotea la comunidad de sordos y ausentes frente a las noticias del fin del mundo.

Es la decadencia de la cultura y las instituciones que se expresa en la atrofia del discurso, dijéramos maltratando la sabia interpretación de Horkheimer acerca de la devastación del espíritu civilizatorio y el lenguaje.

Los candidatos a jefes municipales debaten, por ejemplo, y la realidad de sus entornos escapa de sus palabras y de sus imposturas como la verdad de los infieles.

Si con sus mejores propuestas se gobernara, el mundo de sus gobiernos seguiría el mismo curso del desastre.

No hay liderazgo. Y tampoco hay responsabilidad y valor moral ningunos para renunciar a la oportunidad de un poder político que en manos de cualquiera de ellos sería no sólo una estafa, sino la peor de las amenazas.

Algunas preguntas sin hacerse y, mucho menos, responderse:

¿Cómo contener la migración indigente y la colonización irregular y precarista que son las madres de todos los males en las urbes de mayor crecimiento poblacional de Quintana Roo, que son también del país entero y de buena parte del mundo?

¿Cómo establecer verdaderos planes de desarrollo urbano sustentable y de largo plazo en ciudades gobernadas durante décadas por el caos, la incompetencia y la corrupción, como Cancún, Playa del Carmen, Tulum y Chetumal, donde ni siquiera puede cumplirse, en todas ellas, con la nomenclatura de las calles más allá del primer cuadro?

¿Cómo ha de conseguirse el equilibrio y el financiamiento fiscales necesarios para responder a una demanda y un rezagos sociales incontenibles por la presión de la demografía de la miseria, cuando el empuje inmigrante es inversamente proporcional -en términos contributivos, porque el masivo lumpen que llega no paga impuestos- a los ingresos necesarios para dotar de las infraestructuras y los servicios básicos que impone ese crecimiento demográfico cuyo principio de regulación esencial estriba en contenerlo y ordenarlo, y cuyos problemas mayores son el hacinamiento, las patologías humanas asociadas a él, la reproducción de la mala calidad de vida, el desempleo, el vicio y la violencia resultante, y la contaminación ambiental en un ámbito natural muy vulnerable, entre otros?

¿Cómo establecer linderos a la desmesura y la marginalidad urbanas, cuando se propone seguir estimulando la industria inmobiliaria y la inversión turística en áreas por demás sobredensificadas;cuando la Zona Hotelera de Cancún, por ejemplo, tiene más de ocho mil cuartos por encima de lo razonable, y se multiplican los fraccionamientos fraudulentos, no municipalizados e invadidos?

¿Cuáles van a ser los presupuestos ‘suficientes’ en materia de patrullas de seguridad pública, personal, estrategias y tecnologías de vigilancia de última generación, cuando la colonización irregular y el poblamiento inagotables se siguen desdoblando sin límites ni atajos gracias a la invisibilidad de un poder político que sólo existe para el lucro y el ultraje?

Los candidatos hablan de cualquier cantidad de nimiedades burocráticas y necedades retóricas -casi todas escritas por manos que no son las propias (“ciudadanizar”, “transparentar”, “digitalizar”, etcétera)-, pero no abordan uno solo de los males estructurales que tienen a las principales ciudades del Estado en la encrucijada del colapso, merced a ese tipo de ‘gobiernos’ y a esos discursos estériles cuya prioridad es el negocio, no la solución definitiva de los problemas más graves y apremiantes.

SM

estisdias@gmail.com

 

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