Democracias vemos…

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Signos

Las potencias democráticas occidentales están haciéndose a la derecha, y más que a la derecha, a la extrema derecha: al fascismo, pues.

Las izquierdas liberales y las centroderechas están cediendo al empuje de los radicales ultraconservadores y xenófobos.

Las minorías segregacionistas están sumando y se están haciendo mayorías populares, o las mayorías populares se están radicalizando hacia la exclusión nacionalista, antítesis del pluralismo y la tolerancia, factores esenciales del discurso democrático.

¿Pero puede haber mayorías antidemocráticas dentro de sistemas y Estados de Derecho y de libre elección?,¿no es contradictorio?, ¿o el discurso de la democracia occidental está evidenciando la naturaleza simuladora de la herencia originaria imperial del liberalismo-económico, ideológico, político y cultural-, y las viejas y refinadas sociedades colonialistas, como las europeas,prefieren asumir su egoísmo ancestral y exhibir sus falsedades idiosincráticas ante el pavor de las inmigraciones masivas procedentes de sus pecados históricos de dominación y sometimiento de sus periferias de conquista, que hacen peligrar sus privilegios como supremacías civilizatorias globales?

¿Qué no eran democráticos los fascismos de esas potencias democráticas en los díasde Hitler o Mussolini? ¿No eran devastadoras y delirantes mayorías las que entronizaron esos totalitarismos invasores, como mayorías democráticas son las que autorizan la democratización sangrienta estadounidense y europea en los territorios inciviles y quemados del mundo musulmán?¿No tenía base social de sobra el Holocausto ni lo tienen las masacres judías contra sectores palestinos indefensos, o los ataques musulmanes contra judíos también indefensos, o la condición de inferioridad de los negros y las minorías raciales antes de Luther King y su causa triunfante por los derechos civiles en la Unión Americana de los sesenta, o la dominación francesa en el Magreb y la belga en El Congo y la británica en medio mundo y el napalm sobre Vietnam y otras atrocidades de aval nacionalista mayoritario?

¿La democracia liberal es buena sólo porque las mayorías populares pueden elegir mediante su voto libre y secreto, y entonces es enteramente justo que los neofascismos defiendan a sus naciones de los inmigrantes llegados de los territorios que esas democracias explotaron como imperios y que los humillen y los segreguen y abusen de sus derechos humanos, siempre tan defendidos en el discurso occidental contra las dictaduras comunistas y las musulmanas no aliadas?

No: las democracias y las dictaduras no son buenas o malas en sí mismas sino en el valor de su condición moral.

Las democracias occidentales profascistas pueden ser peores que los avales populares a liderazgos tan absolutos como el de Putin en Rusia o los del comunismo vietnamita.

Hoy día las profecías ideológicas, partidistas y democratizadoras son fanatismos huecos e inútiles.

Sirven los liderazgos y los sistemas al mismo tiempo más populares y justos, los más resistentes a la dictadura del imperio bursátil y al condicionamiento colonialista del signo que sea. Los que garanticen soberanía, bienestar, equidad social y justicia. Los que no impongan una doble moral y un interés político a la defensa de las garantías humanas básicas. Los que opten por Estados de Derecho auténticos y democráticos, en el sentido del poder de las mayorías pero sin exclusiones raciales, ultranacionalistas y xenófobas. Los que no sean sectarios. Ni corruptos. Ni demagogos.

¿Es mala entonces la reelección democrática de Evo –posible ahora- en Bolivia tras el continuado crecimiento económico de su país y los altos niveles de bienestar social alcanzados y reconocidos por los principales organismos globales, la inmejorable distribución de la riqueza, las innegables virtudes de la inversión estatal y el fomento educativo y la salud, el exitoso combate contra el desempleo y la desigualdad del ingreso y de los derechos ciudadanos, y las conquistas generales del Estado nacional alcanzadas mediante un sostenido combate contra la corrupción pública donde el liderazgo presidencial es el mejor de los ejemplos de la austeridad institucional y la dignidad humana?

Acaso no…

SM

estosdias@gmail.com

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