Donald Trump declara la ‘Guerra del béisbol’ a La Habana y prohíbe...

Donald Trump declara la ‘Guerra del béisbol’ a La Habana y prohíbe fichar cubanos

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La Habana y Washington negociaron un acuerdo durante tres años, firmándoloendiciembre de 2018. El Gobierno republicano lo revirtió porque “supone una vía de ingresos para el régimen”. La Casa Blanca decidió el pasado 8 de abril de 2019 frenar un acuerdo entre la liga profesional de béisbol de Estados Unidos (MLB) y la Federación Cubana de Béisbol por el cual los equipos estadounidenses podían fichar jugadores cubanos. El acuerdo, calificado en su día de histórico, había sido iniciado por el Gobierno de Barack Obama y, después de tres años de negociación, se había firmado el pasado diciembre. Varias de las mayores estrellas del béisbol en Estados Unidos, como Yasiel Puig, Yoenis Céspedes o José Dariel Abreu, son cubanos que huyeron de Cuba. Con las relaciones diplomáticas rotas hasta 2015, la deserción era la única forma que tenían de jugar en la liga más importante del mundo. Una de las consecuencias del acercamiento diplomático a Cuba por parte del entonces presidente Barack Obama fue buscar una fórmula para dar cauce legal al interés de los equipos norteamericanos por las estrellas cubanas.

En un cambio de criterio radical, el Departamento del Tesoro ha decidido que la Federación de Béisbol forma parte del Gobierno cubano, y por tanto es ilegal hacer negocios con ella, explicó un cargo anónimo de ese departamento a Reuters. Según el acuerdo, los jugadores pueden ser fichados directamente desde Cuba, sin pasar por un tercer país, a cambio de una comisión para la Federación Cubana. Cuba tiene un acuerdo parecido con la liga japonesa. La semana pasada, Cuba hizo pública la primera lista de jugadores que tenían permiso para fichar por la MLB. Eran 34 jugadores de entre 17 y 25 años. La temporada de la MLB de este año comenzó el pasado 20 de marzo, y algunos de esos jugadores iban a ser fichados para la misma. La Federación Cubana de Béisbol reaccionó con un mensaje en Twitter en el que dijo que el acuerdo solo busca “frenar el tráfico de seres humanos, fomentar la cooperación y elevar el nivel del béisbol”. Tanto la liga como las autoridades cubanas han insistido durante estos años en que el principal objetivo del acuerdo era evitar el tráfico de jugadores. “Los ataques con motivación política”, dice la Federación, “perjudican a los atletas, sus familias y a la afición”. Por su parte, el asesor de Seguridad Nacional de EE UU, John Bolton, tuiteó que “Cuba quiere usar a los jugadores de béisbol como peones económicos, vendiendo sus derechos” a la MLB. “El pasatiempo nacional de América no debería favorecer el apoyo del régimen cubano a Maduro en Venezuela”. Bolton es el arquitecto de la nueva política de Estados Unidos que considera a Cuba, Venezuela y Nicaragua una “troika de la tiranía”.

“Béisbol, diplomacia y tragedia”, era el título de una columna periodística del escritor cubano Leonardo Padura, escrita en marzo de 2016, días después de que Barack Obama y Raúl Castro, máximos mandatarios estadounidense y cubano, respectivamente, presenciaran un partido de béisbol con deportistas de sus respectivos países.Sin el béisbol —esa forma compartida de ser y estar en el mundo— no se podría contar la historia de Cuba ni la de EE UU. La presencia de Obama en su viaje iniciado un Domingo de Ramos, consideramos que era clave para normalizar la relación tan visceral entre los dos países. La Casa Blanca descartó una reunión entre el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, y el presidente Barack Obama, quien cumplía una visita de tres días en La Habana. Obama y Fidel no se vieron las caras. Los rumores sobre un posible encuentro entre ambos se reavivaron luego de una entrevista de Obama en la que no excluyó entrevistarse con el “comandante” en algún momento. “Si está bien de salud como para reunirse conmigo, me sentiría feliz de verlo”. El mandatario norteamericano explicó que una reunión de ambos “sería un símbolo del fin de la Guerra Fría”. Posteriormente, Ben Rhodes, asesor de Obama, aseguró que el presidente hablaba “de manera general”. “No contemplamos una reunión con Fidel Castro en este viaje”, aclaró Rhodes, al agregar que ni Washington ni La Habana habían asomado tal posibilidad en la preparación de esta visita histórica, la primera en 88 años de un presidente estadounidense a ‘la isla comunista’.“Se puede explicar Cuba sin escritores ni pintores, pero no sin jugadores de béisbol”, refería Padura.

Santiago J. Santamaría Gurtubay

Los dos primeros países del mundo donde se jugó béisbol fueron Estados Unidos y Cuba y, desde el siglo XIX, el deporte que los cubanos llaman‘el juego de pelota’ forma parte intrincada de la espiritualidad e imaginarios de ambos países. Sin el béisbol no se podría contar la historia de ninguna de las dos naciones, porque el béisbol está en el alma y la identidad de estos países tan próximos y en ocasiones tan distantes. En Cuba, por ejemplo, se dice que, según esté su pelota, está el país… Tras el anuncio de la visita del entonces presidente Barack Obama a Cuba como parte del proceso de fortalecimiento de las retomadas relaciones diplomáticas bilaterales, todas las informaciones coincidían en asegurar que durante su estancia en La Habana participaría del juego de exhibición de los equipos de béisbol de los Rays de Tampa y la selección nacional cubana. Obama, dicen, tendría el honor de lanzar la primera bola de ese evento deportivo, que alcanzaría, de inmediato, proporciones históricas y alto valor simbólico dentro de la nueva diplomacia. Porque, definitivamente, el juego de pelota es algo muy serio para los que nacieron a uno y otro lado del Estrecho de La Florida. Y porque el béisbol ha sido una de las muchas manzanas discordantes en las relaciones entre los dos países en las últimas seis décadas. Durante mi estancia en La Habana, a finales del pasado siglo editamos la revista ‘Récord’ con el Inder y Cubadeportes. ‘La Pelota’ era un tema muy sensible pero era el que acaparaba siempre el máximo espacio en nuestra publicación.

La última vez —luego de una pausa de cuarenta años— que un equipo del circuito profesional de las Grandes Ligas norteamericanas visitó Cuba fue en 1999. En aquella ocasión, como en muchas otras a lo largo de estos años de tensión, los partidos celebrados se vivieron por los directivos y jugadores cubanos como batallas de una guerra. Porque todavía en ese momento la rivalidad política entre los sistemas se expresaba incluso a través de los conceptos de la práctica deportiva, encarnada en la existencia o no de profesionalismo y de mercado. A una victoria por bando se cerró aquella exhibición y para el sistema deportivo cubano el juego ganado fue una demostración de la estatura y competitividad de la fórmula socialista. Y es que desde la década de 1960, cuando el Gobierno cubano decretó la eliminación del profesionalismo deportivo, cada desafío sostenido por los amateurs cubanos y los también amateurs norteamericanos, devenía una manifestación de rivalidad deportiva e ideológica. Los éxitos cubanos en campeonatos panamericanos, mundiales e incluso Juegos Olímpicos (Barcelona 92 y Atlanta 96), servían para reafirmar el éxito de un concepto deportivo, económico y social.

Si en las décadas de 1960 a 1980 la fuga de talentos prácticamente no existió, a finales del pasado siglo comenzó un goteo de jugadores

Sin embargo, con los cambios políticos globales que se suceden tras la caída del Muro de Berlín, también en el deporte cayeron murallas, como las que separaban a amateurs y profesionales en casi todas las disciplinas competitivas. Entonces a los cubanos les tocó enfrentar a jugadores de un nivel más alto que el confrontado hasta entonces… Y las habituales victorias comenzaron a ser más difíciles y, en los últimos años, incluso raras. Pero, casi al mismo tiempo, había comenzado un proceso interno en Cuba que hoy ha alcanzado proporciones de crisis: la salida de peloteros en busca de contratos en ligas profesionales. Si en las décadas de 1960 a 1980 la fuga de talentos prácticamente no existió, a finales del pasado siglo comenzó un goteo de jugadores, para llegar a convertirse en los tres últimos años en un torrente. Se calcula que en este lapso han sido más de doscientos beisbolistas de la isla los que han salido de Cuba por los medios más disímiles en busca de oportunidades en el béisbol profesional. Esta situación, que ha permitido a varios atletas cubanos alcanzar éxito deportivo y económico en el beisbol más competitivo del mundo, a su vez ha entrañado diversas tragedias.

La esencia problemática de la relación de los jugadores de la isla con la mayoría de los circuitos regidos por el sistema de las Grandes Ligas ha estado en la imposibilidad de pretender un contrato en calidad de ciudadanos cubanos, vetados por la Ley del Embargo. Así, para que un cubano pueda aspirar a competir en el beisbol rentado norteamericano resulta indispensable que salga del país y adopte la residencia de una tercera nación. Para conseguir esta posibilidad los peloteros han agotado todos los caminos, desde la deserción durante alguna competencia en el extranjero (considerada en Cuba una traición política) hasta la salida clandestina. Ambas soluciones, como es previsible, entrañan mil peligros y ambas han propiciado en más de una ocasión que los talentos cubanos hayan tenido que pactar con traficantes de personas, relacionados con traficantes de contratos, personajes que en ocasiones han llegado a poner en peligro hasta la integridad física de los atletas. No obstante esos riesgos y la condena política interna que conlleva, los jugadores cubanos siguen optando por la búsqueda de una mejor suerte deportiva y económica. La diferencia entre ganar cincuenta dólares mensuales por jugar en Cuba y cientos de miles o millones cada año en los circuitos profesionales es demasiado poderosa y escapa al poder de los discursos políticos.

El partido de pelota del 22 de marzo de 2016 con la intervención honorífica de Obama se quedó solo como un gesto diplomático

En las últimas semanas previstas a la presencia de Barack Obama en la capital cubana quizás el suceso que más conmovió a Cuba fue la deserción durante un torneo desarrollado en República Dominicana de dos peloteros, por demás hermanos: uno de ellos considerado el mejor jugador que permanecía en la isla y el otro uno de los más cotizados prospectos del país. Esta fuga fue la guinda en un pastel que ya estaba horneado: la crisis del béisbol que se juega en Cuba ha tocado una profundidad en la que no estuvo ni cuando se abolió el profesionalismo y centenares de jugadores perdieron la posibilidad de competir en el país. Mientras se producía este descenso, varios peloteros triunfaban en diversas ligas, demostrando la calidad del jugador cubano. Y, ante las tragedias que antecedían o rodeaban esos éxitos, la estructura de las Grandes Ligas y la Federación Cubana de Béisbol comenzaron unas complejas conversaciones en busca de la única solución posible: la licencia especial del Departamento del Tesoro norteamericano que permita la contratación directa de los jugadores de la isla. Ese paso, al que las autoridades cubanas se avinieron, sería el primer y gran escollo a superar, aunque luego habría que orientar sus resultados: o bien mediante contrataciones individuales o por medio de la Federación cubana, del modo en que ya se practica con la liga japonesa. Solo así sería posible conseguir unos tratos para los beisbolistas cubanos que los libren de los peligros reales de las deserciones y fugas con las que quedan legalmente desprotegidos.

“Quizás el partido del 22 de marzo con la intervención honorífica del presidente Obama no quede solo como un gesto diplomático, sino que también ayude a lograr una normalidad en esa relación tan visceral y activa que por más de un siglo y medio han sostenido Cuba y Estados Unidos a través de un juego que constituye una forma compartida de ser y estar en el mundo…”, era el deseo de los columnistas. Porque si algo debía cambiar en las relaciones entre los dos países, ese cambio tenía que incluir algo tan trascendente como es el beisbol.

En el último lustro, diciembre ha sido un mes complaciente, pero en 2018, una noticia se convirtió en una de las más importantes del siglo

César Prieto era uno de los nombres que resalta en la lista dada a conocer por las autoridades del béisbol cubano. Transcurrido un tiempo desde el acuerdo entre la MLB y la Federación Cubana de Béisbol (FCB), en un auténtico secreto de Estado se convirtió la súper aclamada lista de peloteros cubanos amateurs en condiciones de firmar con organizaciones de las Mayores. Un mutis total desde Cuba en ese sentido, pero desde Estados Unidos tampoco llegaban noticias alentadoras. Higino Vélez, presidente de la FCB, había adelantado que en marzo serían públicos los nombres, pero los 31 días de ese mes pasaron y el suspenso continuaba en ebullición. Aficionados, peloteros, especialistas y periodistas tenían las manos cruzadas y la impotencia de no conocer algo tan importante para el béisbol cubano consumía a todos. El 2 de abril de 2019, sería un día tan importante como aquel 19 de diciembre. La espera había concluido. La FCB y la MLB habían consensuado acabar con el misterio.La nota de prensa señalaba que “los beisbolistas amateurs son aquellos que no han cumplido los 25 años de edad y/o no acumulan seis temporadas de actuación en ligas reconocidas por la MLB”. “Es habitual en las ligas profesionales, sobre todo de Asia, no liberar a los atletas hasta la edad y experiencia límites, con el fin de proteger la calidad de las mismas y proveer a los talentos mejores contratos en el momento en que ya están aptos en todos los órdenes del juego”. Allí estaban los nombres de los peloteros cubanos, pertenecientes a la Serie Nacional, disponibles para optar por una firma con alguna de las 30 organizaciones de la Gran Carpa.Un agente desde Estados Unidos declaraba que “es un paso muy esperado por todos. Acaban de dar el listado de jugadores considerados amateurs, menores de 25 años y con menos de seis Series Nacionales. Estos atletas pueden firmar con las organizaciones de MLB, pero están sujetos a restricciones. Pueden firmar sólo por un máximo de 5 millones y algo, ahora no recuerdo exactamente la cifra, esa es la cantidad de dinero que tienen las organizaciones para invertir en todo un año en el draft amateur internacional”.

“Este proceso se extenderá desde el venidero 2 de julio de 2019 hasta el 30 junio de 2020. En países como República Dominicana o Venezuela estos jugadores internacionales amateurs son elegibles desde los 16 años de edad, son contratados por las organizaciones de MLB y están en sus granjas por un período de entre cuatro y siete años, hasta que estén listos para subir a la Gran Carpa, mientras tanto transitan por todos los niveles: Rookie, Rookie fuerte, A, A avanzada, AA, AAA, hasta llegar a MLB”. “Sin esa lista está parado el trabajo de toda una organización, o sea, los equipos de la MLB si no tienen nombres, no pueden trabajar. Las agencias, por el mismo estilo, y la prensa especializada también sin nada que escribir, aparte de la desinformación al pueblo y a los mismos jugadores, que ninguno sabe quién está y quién no”.

En el último lustro, diciembre había sido un mes complaciente para Cuba y Estados Unidos. Primero llegó el 17 de diciembre de 2014, cuando ambos países inauguraron una nueva era con el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas, tras 54 largos años de ruptura. Dos días después, pero en 2018, una noticia se convirtió, seguramente, en una de las tres más importantes para el deporte cubano en el actual siglo.La Federación Cubana de Béisbol (FCB) y las Grandes Ligas de Béisbol (MLB, según sus siglas en inglés) de Estados Unidos, con el consentimiento de la Asociación de Jugadores de la MLB (MLBPA), firmaron un trascendental acuerdo que arobaba que los peloteros cubanos afiliados a la FCB, que intervengan en la Serie Nacional y en el resto del sistema competitivo de la pelota en la Isla, podían ser fichados por cualquiera de los 30 conjuntos que componen las Mayores sin necesidad de romper vínculos de ningún tipo con su país. Cada día se descontaba para que llegara el 2 de julio, una de las fechas más importantes en el calendario del béisbol estadounidense, pues representa el inicio de las firmas de prospectos internacionales y Cuba podría tener en esa jornada un crucial punto de inflexión.

“El mercado cubano es muy rico, cuenta con una cantidad impresionante de talentos…”, declara el agente estadounidense Sean Thomas

Referente a diferentes temáticas que se deprendían del acuerdo del 19 de diciembre pasado, Sean Thomas, agente estadounidense con experiencia en la representación de peloteros que han acordado con franquicias de la Gran Carpa, se mostraba hace apenas unos días atrás, hasta la declaración de la ‘Guerra del Béisbol’ por parte de Donald Trump, se mostraba optimista por la presencia de los peloteros cubanos… Thomas apostaba porque los directivos del deporte en Cuba fueran concienzudos sobre lo que está en juego y que a él y a sus similares les permitieran pronto trabajaren la Isla sin complicaciones. “Fue una noticia muy importante, sobre todo para los jugadores cubanos que tienen el sueño de llegar a Grandes Ligas y muchas veces tenían que pasar situaciones muy tensas como ser parte del tráfico de personas y abandonar país, familia y prácticamente todo. Con este acuerdo esas dificultades deben desaparecer, es una gran oportunidad para los peloteros cubanos y la MLB”. “El cumplimiento del convenio era esperado por muchísimas personas, pero la realidad lo complejizaba bastante. Sin embargo, ya es un hecho y ahora solo queda ponerlo en marcha, aunque trabajar allá —en Cuba— resulta un poco difícil porque se piden muchos requisitos y hay que pasar no pocos trámites. El acuerdo está bien claro cuando dice que es un acuerdo no gubernamental entre la MLB y la Federación Cubana de béisbol y las agencias son corporaciones asociadas a las Grandes Ligas que pueden realizar su trabajo en Cuba tranquilamente, considero yo”, afirmó. Desde que se anunció la aprobación del convenio se ha hablado muy poco de la real importancia que tiene en este asunto deportivo el papel del agente. “Si un jugador no está asociado a una agencia será muy difícil el trabajo para conseguir una firma. Las agencias son las autorizadas para realizar las contrataciones y negociar con la MLB es muy diferente a hacerlo con las ligas a las que Cuba está acostumbrada desde que se implementó la política de contratación, con el INDER como principal intermediario. En el caso del béisbol estadounidense hay agencias creadas para negociar con la MLB porque existen numerosas leyes, todas de respetar y todas naturales de aquí, de Estados Unidos”,

“Una de las funciones principales de la Federación Cubana es ofrecer el listado de jugadores que sean de interés para los scouts y luego liberarlos para que ellos escojan a sus agentes y puedan iniciar el camino profesional. Repito, este proceso que todavía no ha empezado sería difícil de viabilizar sin la presencia de agentes. Si existieran trabas en el trabajo de las agencias, podrían suceder demandas grandes que perjudicarían el convenio”. Esta puerta que se está abriendo le podría dar la oportunidad de relacionarse directamente con el mercado cubano, muy valioso y codiciado como todos conocemos. “El mercado cubano es muy rico, cuenta con una cantidad impresionante de talentos. Por eso, si nos dejan trabajar en colaboración con la Federación Cubana, las cosas pueden ser muy cómodas, tanto para el organismo como para nosotros. Además, facilitaría con mayor rapidez la llegada de estos muchachos a las organizaciones estadounidenses”.

“Me llaman la atención Raidel Martínez, Oscar Luis Colás, César Prieto, Javier Mirabal, Yoelkis Céspedes, Yosimar Cousín…”

“Como todo lo que empieza, existen o existirán piedras en el camino…”, intuía Sean Thomas, aunque se equivocó, minusvaloró una decisión como la adoptada por el equipo de Donald Trump. “Quizás la mayor sea el bajo nivel de información que tengan los principales responsables del béisbol en Cuba sobre cómo funciona el béisbol de Grandes Ligas y sus circuitos inferiores”.“Hemos hecho un scouteo de cuáles son los jugadores que las organizaciones desean o pueden desear y la cifra es bastante grande, fundamentalmente compuesta por peloteros menores de 25 años o amateurs, que son los que más interesan porque pueden ser introducidos en las granjas y trabajar seriamente con ellos en los distintos niveles de Ligas Menores, donde enfatizan las principales deficiencias. Los atletas con más de 25 años están más formados y solucionar sus dificultades técnicas resulta más complejo, porque todos no son Yuliesky Gurriel, que con más de 30 años puede llegar a ser estrella en la MLB. Con ello no quiero decir que la MLB desestime a los jugadores con 30 años o más, simplemente que sus mayores intereses no estarán en ellos. Puede que firmen a uno, dos, tal vez tres, pero no creo que quieran invertir mucho dinero en peloteros de esa edad. Lo que más se busca en Grandes Ligas son lanzadores y receptores, porque son las posiciones más propensas a las lesiones, pero en realidad lo que persiguen las organizaciones es el talento puro de un jugador, aunque no sea cátcher o pitcher; siempre y cuando tenga las herramientas que ellos evalúan, son de interés”.

“Me llaman mucho la atención peloteros jóvenes como Raidel Martínez, Oscar Luis Colás, César Prieto, Javier Mirabal, Yoelkis Céspedes, Yosimar Cousín. Me encanta el lanzador camagüeyano Yariel Rodríguez. Todos esos nombres serán calientes en el draft internacional del 2 de julio, pues se trata de jugadores que, a pesar de su juventud, acumulan varias temporadas en Series Nacionales, han representado a Cuba en diferentes eventos internacionales y durante su paso por las categorías inferiores fueron puntales. Es decir, que el talento existe, solo hace falta que nos dejen trabajar en Cuba para que se vean los resultados y tener muy definido que lo prioritario es el bienestar del atleta”.

“Si los peloteros cubanos quieren jugar en grandes ligas que huyan de Cuba”, han manifestado el asesor John Bolton y el senador Marco Rubio

¿Por qué Trump rompe acuerdo beisbolero con Cuba?, se preguntaba Oscar Sánchez Serra, subdirector del periódico cubano Granma, en un artículo en la portada. “No es noticia que la administración de Donald Trump haya cancelado el acuerdo entre la MLB y la Federación Cubana de Béisbol, alcanzado el pasado 19 de diciembre después de tres años de arduo trabajo entre ambas partes. Y no lo es porque lo acordado buscaba frenar la flagelación de la condición humana del deportista de la Mayor de las Antillas. En enero de este año, no Cuba, sino la propia MLB envió una carta al Gobierno de Estados Unidos, en el que detallaba sus planes y sus intenciones con este nuevo trato, ya que principalmente se trataba ‘de evitar el tráfico de personas que usualmente los cubanos sufren al salir de Cuba y las duras condiciones que tienen que pasar para poder contratarse en Grandes Ligas’, incluyendo los ejemplos de Yasiel Puig, Yoan Moncada, José Abreu y Yoenis Céspedes, entre otros. Entiéndase por duras condiciones el altísimo riesgo de perder su vida ante mercaderes del deporte en contubernio con personas inescrupulosas que se dedican al tráfico ilegal de individuos, como le pasó a Puig, quien fue trasladado fuera de Cuba por traficantes vinculados con un cártel mexicano de las drogas, de acuerdo con testimonios expuestos ante una corte”.

“Esos mismos jugadores, que hoy llenan los estadios de la llamada gran carpa estadounidense por su calidad, nacida y tejida en su país –añade el periodista del Granma-, celebraron el acuerdo, justamente para que sus coterráneos no se sometieran a lo que ellos sufrieron. Cuando se firmó el acuerdo, José Dariel Abreu, ‘Pito’, como lo conocemos los amantes de la pelota en Cuba, dijo: ‘Las palabras no pueden expresar plenamente mi sincera alegría y entusiasmo al saber que el comisionado Rob Manfred y Tony Clark han llegado a un acuerdo con la Federación Cubana de Béisbol. Saber que la próxima generación de jugadores de béisbol cubanos no soportará el inimaginable destino de los jugadores cubanos anteriores es la realización de un sueño imposible para todos nosotros. Tratar con la explotación de contrabandistas y agencias sin escrúpulos finalmente llegará a su fin para el jugador de béisbol cubano. A esta fecha, todavía estoy acosado. La próxima generación de jugadores de béisbol cubanos podrá firmar un contrato de Grandes Ligas, mientras que en Cuba podrán conservar sus ganancias como cualquier otro jugador del mundo, podrán regresar a Cuba, podrán compartir con sus familias, y podrán practicar el deporte que aman contra los mejores jugadores del mundo sin miedo ni temor’…”.

Ante esos sentimientos se opone el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, quien momentos antes de que The Washington Post comunicara la decisión del amo imperial, tomada el pasado viernes, había declarado que “si los peloteros cubanos quieren jugar en grandes ligas que se escapen de Cuba”. “Él y el senador Marco Rubio, los mismos que han fabricado en los pasillos de la Casa Blanca, bajo el bate enfermizo de Donald Trump, un Juan Guaidó en Venezuela y un viraje de la Revolución Sandinista, afincados en sus monroístas concepciones para América Latina, torpedearon un acuerdo, celebrado por todos los amantes de este arte que es el béisbol en el mundo. La decisión de Trump pone a la pelota cubana en la misma situación de febrero de 2015, cuando el Departamento del Tesoro y la MLB emitieron el acta de residencia fuera de Cuba, la cual tenía que suscribir mediante declaración jurada cualquier pelotero cubano para jugar en el béisbol estadounidense, y la que exigía que ‘los beisbolistas deberán asegurar que no son miembros del Gobierno cubano, ni del Partido Comunista y que no volverán a su país’. El argumento de Trump es que el acuerdo de diciembre viola las leyes del bloqueo, porque la FCB es una entidad de Gobierno. Miente, como lo ha hecho con su exuberante récord de noticias falsas. La FCB está reconocida como una Federación por todos los organismos deportivos internacionales, no como una representante del Gobierno. El imperio ataca el deporte porque ataca a la Revolución, porque lo sabe una de sus principales conquistas, y no cesará”, se lee en el Granma.

“Mi generación creció en medio de la revolución, participó en ella, pero a principios de los años noventa, vio cómo caía la Unión Soviética…”

El escritor cubano Leonardo Padura calcula que da unas 250 entrevistas al año. En todas ellas, más tarde o más temprano, el entrevistador le pregunta: “¿Por qué, durante todos estos años, no ha salido usted del país?”. Y el autor de la saga policíaca de Mario Conde, de éxitos internacionales como ‘El hombre que amaba a los perros’ (2009) o ‘Herejes’ (2013), cambia el gesto y responde como puede. Hoy, en un hotel de la zona más cara de São Paulo, resume, por accidente o no, casi toda su carrera literaria al hacerlo al periodista André de Oliveira: “Me interesan mucho los conflictos de los cubanos a lo largo de la historia, pero sobre todo en el presente. La conexión con Cuba es importante para mí”. Tras participar en la adaptación a serie de Netflix de su tetralogía ‘Las cuatro estaciones’, Padura se prepara para dar muchas entrevistas y dar a conocer su nueva novela, ‘La transparencia del tiempo’, con la editorial Tusquets. La novela supone el regreso de Mario Conde, que empezó con 30 años y hoy tiene los mismos 63 años de Padura, sorprendido como siempre con el presente cubano. “Mi generación creció en medio de la revolución, participó en ella, pero cuando alcanzó su momento de madurez, de recoger los frutos, a principios de los años noventa, vio cómo caía la Unión Soviética y todo se desmoronaba. A ese proceso también se le sumó el acceso a una información que no teníamos antes”, se explica Padura. “Todo eso generó una conmoción que he podido trasladar a mis novelas, pero siempre partiendo de los personajes”.Esta vez, el autor asegura haberse embarcado en una nueva fase, más ambiciosa, más volcada en lo histórico (ya en ‘Herejes’ el personaje de Mario Conde pasaba a explorar el pasado de los judíos en la isla). “Voy al pasado como forma de entender el presente”, anuncia.

¿Y con qué ojos mira la historia? “El novelista es un contador de mentiras que tiene que convencer a su lector de que cuenta la verdad. Para ello, tengo que buscar elementos que den vida a la historia y, a veces, estos son pequeñísimos, cosas sin importancia para un historiador. A un biógrafo del poeta José Heredia, personaje de ‘La novela de mi vida’, por ejemplo, poco le importa si le gustaba el guiso de quimbombó pero, para mí, descubrir ese detalle en una carta que Heredia le escribió a su madre fue algo fundamental.

En ‘Herejes’ logró hasta explicar cómo están conectados Rembrandt y el Estado brasileño de Pernambuco. “Por lo que parece, una de las características de Rembrandt era la mala leche y, por eso, trataba a sus discípulos con mucha rudeza. Me puse a pensar en cuál sería el origen de su mal humor y llegué al dolor de muelas. Una persona con dolor de muelas siempre tiene el peor humor del mundo. Todo eso, al final, está relacionado, nada más y nada menos, con la colonización de América. La causa del dolor de muelas de Rembrandt, y de su consecuente mal humor, se debía a los dulces de caramelo que salían del azúcar que se producía en Pernambuco y que estaban de moda en Holanda. Esos pequeños detalles no tienen nada que ver con la obra de Rembrandt o de Heredia, pero son fundamentales para un novelista”.

“La liga profesional cubana admitió a los primeros negros en 1900, en Estados Unidos los negros sólo entraron en las grandes ligas en 1948”

Cuando Padura sonríe, sus ojos se contraen y, por un momento, parece un monje chino de piel oscura. Pero en cuanto se le habla de política, la sonrisa se le desvanece. En una entrevista reciente de la televisión brasileña, se mostró irritado cuando se le preguntó por la situación social cubana. “Es verdad que en Cuba hay pobreza, no puedo negarlo, pero nadie se muere de hambre. Hay más gente durmiendo en la calle en una manzana de São Paulo que en toda Cuba”, gruñó.

¿No le gusta hablar de política? “No es que no me guste hablar de política. Un cubano está obligado a hablar de política, porque en Cuba todas las discusiones tienen origen político, es como el oxígeno para nosotros. Pero no soy especialista en el asunto y, por eso, voy a dar respuestas que cualquier otro podría dar. Sin embargo, si hablo de literatura, voy a dar respuestas que solo yo puedo dar. Lo más importante es que, cuando respondo sobre literatura, todas mis respuestas pueden tener lecturas políticas.

De manera general, es bastante crítico con la prensa. ¿Tiene que ver con la cuestión política de las entrevistas? “No es eso. En el periodismo, sufro cuando voy a escribir una colaboración y me dicen que tengo 3.000 caracteres para mi artículo. ¿Cómo puedo explicar un fenómeno cubano en ese espacio, porque se supone que el lector no lee más que eso? Creo que todo se ha deformado en los últimos años: el análisis del periodismo, del mundo editorial, de la lectura. Claro que si leemos en la pantalla del celular queremos que la cosa termine rápido. Supongo que debo de sonar muy retrógrado, soy un dinosaurio del siglo XX andando por el siglo XXI, pero echo de menos el tipo de periodismo que se hacía en el papel. A pesar de todo, todavía hay lectores para ese estilo que tiene espacio para narrar”.

¿Cree que es posible hacer periodismo sin amar la literatura? “Sí, se puede hacer, pero seguramente será malo”.

En 2012, Padura publicó una crónica llamada ‘Yo quisiera ser Paul Auster’, en la que se maravillaba de que el autor estadounidense fuera capaz de pasarse una entrevista entera hablando solo de cine, literatura y béisbol, asuntos predilectos del propio Padura. “Si yo fuera Paul Auster y estuviera a favor o en contra de Obama o de Bush o de Palin, mi posición política apenas sería un elemento anecdótico. Porque, sobre todo, podría hablar de asuntos amables, agradables, capaces de hacerme parecer inteligente, cosas de las que creo sé bastante: de béisbol, por ejemplo”, bromeaba.

¿Y por qué nunca ha escrito una novela sobre béisbol? “Porque todavía no he descubierto cómo hacerlo, pero me gustaría mucho. Creo que Cuba puede contar su historia sin hablar de sus escritores, de sus pintores o de su gastronomía, pero no puede hacerlo sin hablar de sus músicos o de sus jugadores de béisbol”.

¿Qué tiene el béisbol del alma cubana? “El béisbol llegó muy temprano a Cuba a través de Estados Unidos, todavía en el siglo XIX. Y en seguida se reveló como una manera de que la juventud cubana ilustrada, y después la población en general, se distinguiera de los españoles colonialistas. Y también era algo que venía del país modelo de aquella época: independiente, democrático y desarrollado. Rápidamente, dejó de ser solo un deporte y se convirtió en una representación de la vida cubana. Al finalizar los partidos, se tocaba música cubana. Primero, los jugadores eran todos blancos y los músicos eran todos negros. Pero hubo un momento en que el deporte fue creciendo y ya no había suficientes jugadores blancos: el resultado fue una aproximación étnica que creó un espacio de convivencia, de representación nacional y cultural, muy importante. La liga profesional cubana admitió a los primeros negros en 1900, mientras que en los Estados Unidos los negros solo entraron en las grandes ligas en 1948”.

Trump era partidario del deshielo con Cuba, pero para batir a Hillary Clinton derivo en la intransigencia, buscando el apoyo de Miami

Donald Trump ha decidido llevar el frío a Cuba. Treinta meses después de que Barack Obama iniciase el histórico deshielo con La Habana, el presidente de EE UU ha dado marcha atrás en el proceso de apertura. Estamos en el 2017, en Miami. Limita los viajes a la isla, prohíbe el flujo comercial con el conglomerado militar (60% de la economía) y retoma la retórica del látigo. “Ha nacido una nueva política. Doy por cancelado el acuerdo de Obama. No apoyaremos al monopolio militar que oprime a los cubanos”, clamó Trump en un triunfo parcial de la línea dura auspiciada por el anticastrismo. Trump es imprevisible en todo, salvo en demoler el legado de Obama. En ese terreno, el presidente camina en línea recta y siempre que puede golpea. Lo hizo con el Obamacare y ahora lo intenta con Cuba. El resultado, como es habitual en él, resulta irregular. Ni ha podido desmontar toda la reforma sanitaria ni cerrar ahora por completo las puertas a Cuba. En ese sentido, pese a la grandilocuencia de su discurso, la marcha atrás no es total. Algunas medidas permanecen. No se cierra la Embajada de La Habana, no se prohíben los vuelos comerciales ni los cruceros y tampoco se restituye la política de pies secos, pies mojados que permitía a los cubanos entrar sin visa en EE UU. Pero el golpe no deja de ser duro. Los días de la gran diplomacia americana han terminado. El delicado juego de equilibrios que desplegó Obama, los contactos secretos con el Vaticano, el saludo mismo del presidente de Estados Unidos y Raúl Castro en Panamá son desde hoy parte del pasado.

Los veteranos del desembarco de Bahía de Cochinos poblaban las primeras filas del teatro en el que habló Trump. Simbolizaban el regreso al estrado del anticastrismo histórico. “La decisión del presidente es resultado de la influencia que retiene el exilio duro”, afirma Sebastián Arcos, de la Universidad Internacional de Florida. “La comunidad cubanoamericana está balanceada. Hace dos años ganó con Obama la línea de los que quieren normalizar la relación con Cuba y ahora ganan los tradicionales”. En la decisión de Trump, la clave son las urnas. Cuatro de cada cinco electores de origen cubano que ejercen su derecho al voto son, según Arcos, “tradicionales”: los que llegaron a EE UU en las primeras tres décadas de Revolución cubana. Siguen siendo una masa de voto republicano fiel y el presidente selló su respaldo. Con Trump, Cuba vuelve a correr por el campo de tiro. Cualquier avance bilateral quedará supeditado a la aprobación ideológica de Washington. “Sabemos lo que pasa ahí y no lo olvidamos. Cuba debe legalizar los partidos, permitir elecciones supervisadas, liberar los presos y entregar a los fugitivos. Mientras no haya libertad, habrá restricciones”, dijo Trump en el simbólico Teatro Manuel Artime de la Pequeña Habana, nombrado en honor de uno de los líderes de la Brigada 2506 que desembarcó en Bahía de Cochinos para tratar de derrocar a Fidel.

“No toca, sin embargo, los viajes familiares de cubanoamericanos, básicos para las remesas y la subsistencia de negocios particulares en la isla”

Fue un discurso beligerante, destinado a inflamar a los anticastristas. Bajo continuas apariciones de víctimas de los Castro, el presidente lanzó todo su fuego contra el régimen. Le acusó de dar amparo a criminales y fugitivos, lo vinculó con Corea del Norte, con el terrorismo internacional y con el volcán venezolano, Trazó un aguafuerte en que hasta resucitó la crisis de los misiles. “En la Habana siguen gobernando aquellos que mataron a miles de sus ciudadanos”, remachó para justificar su “nueva política”. El punto nuclear del plan de Trump es desincentivar el flujo financiero con el régimen cubano y sus “elementos represivos”. Para ello se prohíbe, salvo alguna excepción aeroportuaria y marítima, toda transacción comercial con el conglomerado militar. El principal afectado es el Grupo de Administración Empresarial (Gaesa), “un paraguas bajo el que las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia controlan el 60% de la economía cubana”. “Infinidad de hilos de capital en la isla pasan por esta corporación. Hoteles, entidades de exportación e importación, supermercados, cadenas de ropa, recepción de remesas, restaurantes, marinas, transferencias bancarias, alquiler de inmuebles… Poner un candado al comercio con Gaesa afecta a toda la actividad económica del país, estatal y de pequeños empresarios, pues los tentáculos del conglomerado apenas dejan rincones sin tocar”.

El otro gran retroceso lo experimentarán los viajes a la isla. Aunque el turismo seguía prohibido con Obama, los desplazamientos se dispararon gracias a la creación de 12 categorías de viaje, que incluían desde visitas familiares a proyectos humanitarios y actividades culturales. La laxitud administrativa en su justificación, que básicamente dependía del viajero, ha permitido que casi cualquier estadounidense pudiese visitar Cuba. El resultado ha sido fulgurante. Sólo en los cinco primeros meses del 2017, 285 mil ciudadanos de EE UU viajaron a la isla, tantos como en todo 2016. Con el fin de congelar esta floreciente actividad, Trump va a exigir un mayor control administrativo de cada viaje y se dispone a estrangular una de las modalidades más extendidas, la denominada “persona a persona”, que permite desplazarse a Cuba fuera de grupos organizados alegando motivos educacionales. “No toca, sin embargo, los viajes familiares de cubanoamericanos, básicos para las remesas y la subsistencia de negocios particulares en la isla”, aunque en los próximos meses cuando entremos en la campaña para la reelección de Donald Trump, muchos cubanos temen que se limiten esos viajes familiares de cubanoamericanos…, tras la declaración de la ‘Guerra de Béisbol’.

Los detalles técnicos de las medidas de presión se irán plasmando legalmente en las próximas semanas y meses. Será un proceso gradual pero con una meta clara: dar marcha atrás a la apertura y volver a los tiempos del pulso permanente. “Cuando los cubanos den pasos concretos, estaremos listos para volver a negociar un acuerdo”, afirmó el presidente. El giro responde a un interés electoral de Trump. En sus albores, cuando era aspirante a las primarias, se declaró partidario del deshielo, pero a medida que fue necesitando fuerzas para batir a Hillary Clinton derivó hacia zonas más intransigentes, buscando el buscando el apoyo del anticastrismo y de senadores como Marco Rubio en Florida, un Estado que fue clave para su victoria en los comicios de noviembre. En pago, el presidente ofrece ahora no sólo un endurecimiento bilateral, sino la recuperación de una retórica agresiva y la beligerancia diplomática en la ONU. En su ofensiva contra la “dictadura cubana”, Washington, además, se plantea abrir una puerta que hasta ahora permanecía cerrada: que los ciudadanos estadounidenses puedan demandar a individuos y compañías extranjeras por propiedades confiscadas en su día por el Gobierno cubano. Esta medida se aplicaría permitiendo la entrada en vigor de la Ley Helms-Burton, aprobada en 1996 pero nunca efectiva, gracias a las continuas suspensiones aplicadas desde entonces por cada Gobierno estadounidense, demócrata o republicano, por temor al colapso judicial que se podría desatar (el Departamento de Estado calculó en el pasado que podrían surgir hasta 200,000 pleitos, según Reuters).Es la vuelta al frío.

‘La conjura contra América’ de Philip Roth y ‘1984’ de George Orwell han dejado de ser una novelas de política-ficción en este 2019

Hace unos años, Leonardo Padura mientras leía la novela de política-ficción ‘La conjura contra América’ (2004), del gran escritor norteamericano Philip Roth, “sentí de forma visceral el gran poder de la literatura: tocar y afectar lo más profundo del espíritu humano. Aquella historia, ubicada en los Estados Unidos de 1942, en la imaginaria coyuntura de un sorpresivo triunfo electoral del exaviador Charles Lindbergh sobre Franklin D. Roosevelt, desarrollaba su trama en una Norteamérica dirigida por una Administración cercana a los ideales nacionalsocialistas de Hitler en la que, junto al pregón de posturas nacionalistas, primero de manera sibilina, y luego de forma abierta, se culpaba de los males domésticos a un enemigo cada vez más concreto y cercano, en este caso la comunidad judía asentada en el país”. “La reacción que me fue provocando el sentimiento de encierro, desvalimiento, indefensión de unos individuos posibles ante la enorme maquinaria desbocada de un poder que los ha convertido en sus objetivos de represión y ataque solo por ser culpables de lo que son, me llegó a resultar agobiante, al punto de que por momentos debí detener mi lectura. Y es que Roth nos advertía en su magnífica y dolorosa novela, referida a un mundo tan imaginario y posible como el de George Orwell en ‘1984’, sobre la necesidad del poder de tener o de crear enemigos, reales o pretendidos, y su capacidad de devorar a los marcados por esa necesidad, a los reales o pretendidos disidentes. Y aquella historia me afectaba porque sus connotaciones son universales, los peligros de su existencia siempre están latentes y porque, partiendo de una conjetura histórica, Roth desbordaba la realidad factual y me mostraba de modo ejemplar cómo había sido siempre, cómo podía ser siempre, cuando desde las alturas políticas se exacerban el nacionalismo, el aislacionismo y el odio nacional, social, político, sexual o racial hacia el otro. Creo que, precisamente por su proyección universal y su cualidad de permanencia, a nadie le extrañará que ‘La conjura contra América’ haya vuelto por estos días a mi mente, revolviendo todos los avasallantes efectos estéticos y políticos que en su momento me provocó la novela”.

El discurso presidencial de Donald J. Trump aquel 20 de enero de 2017 es, sencillamente, uno de los documentos más alarmantes que se han lanzado al mundo en las últimas décadas, por venir de quien viene y por salir de donde sale. La exacerbación flagrante de los sentimientos patrióticos mediante el levantamiento de su peor manifestación, el nacionalismo, aparece tan en el centro de sus palabras que opacan la capacidad o necesidad de anotar sus inexactitudes, sus medias verdades (o medias mentiras) y su comportamiento antiético respecto a sus predecesores políticos, especialmente el saliente presidente, Barack Obama.

La máquina del nacionalismo excluyente ha sido puesta en movimiento en Norteamérica, reclamando derechos que les han arrebatado

“A partir de este día, una nueva visión gobernará nuestra tierra. A partir de este día, solo Estados Unidos será la prioridad. Estados Unidos primero”, afirmó Trump, mesiánico, casi revolucionario. La atmósfera creada por estas posturas que se empeñan en señalar a algún culpable y pretenden convertirse en política de Estado del país más poderoso del mundo, de seguro calará en la mente de millones de personas que viven en Estados Unidos y, al escucharlas, se sienten más patriotas, más insatisfechos y ofendidos, incluso humillados pero, sobre todo, al fin capaces de denar sus temores. Y sus respuestas, estoy convencido, no se harán esperar: el enemigo ha sido señalado y se les ha pedido, a ellos, los buenos, actuar. El enemigo es el otro, el extranjero, el que está más allá de las fronteras (el que provoca miedo y nos roba) y las víctimas han sido los que debían haber sido beneficiados y han sido perjudicados por esos otros. Como bien se sabe, pocos discursos gustan más a las masas que los de este estilo, muy cercano al practicado por los totalitarismos que sufrimos en el siglo XX y hasta el día de hoy: el que hace posible culpar al otro de nuestros problemas, el que nos hace vernos como objetivos de una malévola conjura y con derecho a defendernos con todas las armas.

Trump no dice cómo hará para que los grandes capitales industriales renuncien a sus ganancias y abran fábricas en Estados Unidos y paguen 25 dólares la hora al obrero que, fuera de sus fronteras, por igual o más trabajo, empleado por esos mismos capitales u otros similares, solo recibe cinco, o menos. Tampoco cómo mejorará la educación y la salud, el gran tema todavía pendiente en el país poderoso y que a su juicio reclaman una refundación. Pero afirma que se construirán más carreteras y, con vehemencia, que si se les da a los norteamericanos lo que les corresponde, todo irá a mejor para ellos. El espíritu de un país ha sido convocado a reclamar derechos que les pertenecen y que, les dicen, les han sido arrebatados. Cómo gestionará Trump su política de rescate de la (según él) perdida grandeza norteamericana puede ser objeto de muchos análisis y conjeturas. Pero lo que ya ha ocurrido es que las semillas de su alarmante pensamiento político han sido lanzadas al viento y muchas de ellas van a caer en tierra fértil donde brotarán, diría que inevitablemente, los retoños del odio, la xenofobia, la megalomanía de los grandes sectores de un país que votó por estos discursos populistas de Trump que tanto recuerdan otras exaltadas elocuciones de similar especie que de vez en cuando la historia evoca con pavor para que algunos nos preguntemos cómo fue posible que aquello ocurriera.

Por suerte también sabemos que no todos los estadounidenses votaron por Trump y que muchos de ellos observan con pavor el ambiente creado antes y con el ascenso del mandatario. Merryl Streep lanzó su grito de alarma, el mismo que han dado otros muchos norteamericanos, demócratas y republicanos, que han decidido levantar banderas mucho más nobles y coherentes y han comenzado el movimiento civil de oposición. Pero lo cierto y terrible es que la máquina del nacionalismo excluyente ha sido puesta en movimiento y que el futuro se ha convertido en una interrogadora amenaza para muchos norteamericanos pero, también, para nosotros, “los otros”, pues su alcance será lamentablemente universal.

Después del viaje histórico de Barack Obama a La Habana, el Comandante Fidel Castro, escribió una ‘reflexión’ profética

El Comandante, Fidel Castro, fue el gran ausente del histórico viaje de Barack Obama a La Habana. Sin embargo, no tardó en pronunciarse utilizando una de sus ‘reflexiones’. Es, sin duda, un texto profético, tras la ruptura por parte estadounidense de unos acuerdos suscritos al máximo nivel entre Barack Obama y Raúl Castro, donde se defendía la normalización de relaciones entre ambos vecinos, como ocurriera en otros escenarios de guerra cmo es el caso de Vietnam. ‘El hermano Obama’ era el título de la ‘reflexión’ de Fidel Castro del 28 de marzo de 2016, quien subtitulaba: “No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta”.

“Los reyes de España nos trajeron a los conquistadores y dueños, cuyas huellas quedaron en los hatos circulares de tierra asignados a los buscadores de oro en las arenas de los ríos, una forma abusiva y bochornosa de explotación cuyos vestigios se pueden divisar desde el aire en muchos lugares del país. El turismo hoy, en gran parte, consiste en mostrar las delicias de los paisajes y saborear las exquisiteces alimentarias de nuestros mares, y siempre que se comparta con el capital privado de las grandes corporaciones extranjeras, cuyas ganancias si no alcanzan los miles de millones de dólares per cápita no son dignas de atención alguna.Ya que me vi obligado a mencionar el tema, debo añadir, principalmente para los jóvenes, que pocas personas se percatan de la importancia de tal condición en este momento singular de la historia humana. No diré que el tiempo se ha perdido, pero no vacilo en afirmar que no estamos suficientemente informados, ni ustedes ni nosotros, de los conocimientos y las conciencias que debiéramos tener para enfrentar las realidades que nos desafían. Lo primero a tomar en cuenta es que nuestras vidas son una fracción histórica de segundo, que hay que compartir además con las necesidades vitales de todo ser humano. Una de las características de este es la tendencia a la sobrevaloración de su papel, lo cual contrasta por otro lado con el número extraordinario de personas que encarnan los sueños más elevados.

Nadie, sin embargo, es bueno o es malo por sí mismo. Ninguno de nosotros está diseñado para el papel que debe asumir en la sociedad revolucionaria. En parte, los cubanos tuvimos el privilegio de contar con el ejemplo de José Martí. Me pregunto incluso si tenía que caer o no en Dos Ríos, cuando dijo “para mí es hora”, y cargó contra las fuerzas españolas atrincheradas en una sólida línea de fuego. No quería regresar a Estados Unidos y no había quién lo hiciera regresar. Alguien arrancó algunas hojas de su diario. ¿Quién cargó con esa pérfida culpa, que fue sin duda obra de algún intriganteinescrupuloso? Se conocen diferencias entre los Jefes, pero jamás indisciplinas. “Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”, declaró el glorioso líder negro Antonio Maceo. Se reconoce igualmente en Máximo Gómez, el jefe militar más disciplinado y discreto de nuestra historia.

Mirándolo desde otro ángulo, cómo no admirarse de la indignación de Bonifacio Byrne cuando, desde la distante embarcación que lo traía de regreso a Cuba, al divisar otra bandera junto a la de la estrella solitaria, declaró: ‘Mi bandera es aquella que no ha sido jamás mercenaria…’, para añadir de inmediato una de las más bellas frases que escuché nunca: ‘Si deshecha en menudos pedazos llega a ser mi bandera algún día… ¡nuestros muertos alzando los brazos la sabrán defender todavía!…’. Tampoco olvidaré las encendidas palabras de Camilo Cienfuegos aquella noche, cuando a varias decenas de metros bazucas y ametralladoras de origen norteamericano, en manos contrarrevolucionarias, apuntaban hacia la terraza donde estábamos parados. Obama había nacido en agosto de 1961, como él mismo explicó. Más de medio siglo transcurriría desde aquel momento.

“Un día llegó a mis manos una copia del libro en que se narra parte de la vida de Mandela y ¡oh, sorpresa!: estaba prologado por Barack Obama”

Veamos sin embargo cómo piensa hoy nuestro ilustre visitante: ‘Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las Américas. Vine aquí extendiendo la mano de amistad al pueblo cubano’. De inmediato un diluvio de conceptos, enteramente novedosos para la mayoría de nosotros: ‘Ambos vivimos en un nuevo mundo colonizado por europeos’. Prosiguió el presidente norteamericano. ‘Cuba, al igual que Estados Unidos, fue constituida por esclavos traídos de África; al igual que Estados Unidos, el pueblo cubano tiene herencias en esclavos y esclavistas’. Las poblaciones nativas no existen para nada en la mente de Obama. Tampoco dice que la discriminación racial fue barrida por la Revolución; que el retiro y el salario de todos los cubanos fueron decretados por esta antes de que el señor Barack Obama cumpliera 10 años. La odiosa costumbre burguesa y racista de contratar esbirros para que los ciudadanos negros fuesen expulsados de centros de recreación fue barrida por la Revolución Cubana. Esta pasaría a la historia por la batalla que libró en Angola contra el apartheid, poniendo fin a la presencia de armas nucleares en un continente de más de mil millones de habitantes. No era ese el objetivo de nuestra solidaridad, sino ayudar a los pueblos de Angola, Mozambique, Guinea Bissau y otros del dominio colonial fascista de Portugal.

En 1961, apenas dos años y tres meses después del Triunfo de la Revolución, una fuerza mercenaria con cañones e infantería blindada, equipada con aviones, fue entrenada y acompañada por buques de guerra y portaviones de Estados Unidos, atacando por sorpresa a nuestro país. Nada podrá justificar aquel alevoso ataque que costó a nuestro país cientos de bajas entre muertos y heridos. De la brigada de asalto proyanki, en ninguna parte consta que se hubiese podido evacuar un solo mercenario. Aviones yankis de combate fueron presentados ante Naciones Unidas como equipos cubanos sublevados. Es de sobra conocida la experiencia militar y el poderío de ese país. En África creyeron igualmente que la Cuba revolucionaria sería puesta fácilmente fuera de combate. El ataque por el Sur de Angola por parte de las brigadas motorizadas de Sudáfrica racista los lleva hasta las proximidades de Luanda, la capital de este país. Ahí se inicia una lucha que se prolongó no menos de 15 años. No hablaría siquiera de esto, a menos que tuviera el deber elemental de responder al discurso de Obama en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

No intentaré tampoco dar detalles, solo enfatizar que allí se escribió una página honrosa de la lucha por la liberación del ser humano. De cierta forma yo deseaba que la conducta de Obama fuese correcta. Su origen humilde y su inteligencia natural eran evidentes. Mandela estaba preso de por vida y se había convertido en un gigante de la lucha por la dignidad humana. Un día llegó a mis manos una copia del libro en que se narra parte de la vida de Mandela y ¡oh, sorpresa!: estaba prologado por Barack Obama. Lo ojeé rápidamente. Era increíble el tamaño de la minúscula letra de Mandela precisando datos. Vale la pena haber conocido hombres como aquel. Sobre el episodio de Sudáfrica debo señalar otra experiencia. Yo estaba realmente interesado en conocer más detalles sobre la forma en que los sudafricanos habían adquirido las armas nucleares. Solo tenía la información muy precisa de que no pasaban de 10 o 12 bombas. Una fuente segura sería el profesor e investigador Piero Gleijeses, quien había redactado el texto de ‘Misiones en conflicto: La Habana, Washington y África 1959-1976’; un trabajo excelente. Yo sabía que él era la fuente más segura de lo ocurrido y así se lo comuniqué; me respondió que él no había hablado más del asunto, porque en el texto había respondido a las preguntas del compañero Jorge Risquet, quien había sido embajador o colaborador cubano en Angola, muy amigo suyo. Localicé a Risquet; ya en otras importantes ocupaciones estaba terminando un curso del que le faltaban varias semanas. Esa tarea coincidió con un viaje bastante reciente de Piero a nuestro país; le había advertido a este que Risquet tenía ya algunos años y su salud no era óptima. A los pocos días ocurrió lo que yo temía. Risquet empeoró y falleció. Cuando Piero llegó no había nada que hacer excepto promesas, pero ya yo había logrado información sobre lo que se relacionaba con esa arma y la ayuda que Sudáfrica racista había recibido de Reagan e Israel. No sé qué tendrá que decir ahora Obama sobre esta historia. Ignoro qué sabía o no, aunque es muy dudoso que no supiera absolutamente nada. Mi modesta sugerencia es que reflexione y no trate ahora de elaborar teorías sobre la política cubana.

Hay una cuestión importante: Obama pronunció un discurso en el que utiliza las palabras más almibaradas para expresar: ‘Es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado, miremos el futuro, mirémoslo juntos, un futuro de esperanza. Y no va a ser fácil, va a haber retos, y a esos vamos a darle tiempo; pero mi estadía aquí me da más esperanzas de lo que podemos hacer juntos como amigos, como familia, como vecinos, juntos’. Se supone que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del Presidente de Estados Unidos. Tras un bloqueo despiadado que ha durado ya casi 60 años, ¿y los que han muerto en los ataques mercenarios a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias, múltiples actos de violencia y de fuerza? Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura. Advierto además que somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo. No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta”.

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