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EE UU delira con otro ‘presidente encargado’ en Cuba: “el objetivo no es Caracas sino La Habana”, porque los ‘castristas’ rechazaron un ‘Trump Tower’

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El primer mandatario estadounidense, Donald Trump, no olvida ni perdona a los ‘revolucionarios’ que no le dejaran construir un hotel en la capital de la isla de Cuba en los convulsos años 90 del pasado siglo, apostando por el hotelero español, Gabriel Escarrer Juliá. El caprichoso y vengativo inquilino de la Casa Blanca ha reunido en su Despacho Oval y ‘resucitado’ a viejos halcones de la Guerra Fría junto a congresistas y políticos cubanoamericanos como Marco Rubio y Mauricio Claver-Carone, delegándoles la responsabilidad de implementar en la región su lema de “Hacer América grande otra vez”.En tiempos de la Perestroika, la desaparición de la Unión Soviética y la primera Ley de Inversión Extranjera,edité en Cuba tres revistas, Mar Caribe (turismo y medio ambiente), Récord (deporte) y Habanera (cultura), tras firmar una de las primeras empresas mixtas con el Gobierno de la isla. Durante más de una década viví el ‘Período Especial’, la salida de los balseros de 1994 hacia Miami, la misa oficiada por el papa Juan Pablo II en la Plaza de La Revolución con los iconos del Sagrado Corazón de Jesús y el comandante Ernesto Che Guevara, y el ‘boom’ del turismo en el ‘Gran Caimán’ del Caribe… El Comandante Fidel Castro Ruz, y Gabriel Escarrer Juliá, empresario multimillonario, fundador y presidente de Meliá Hotels International, pactaron las bases para la construcción de miles de cuartos en complejos hoteleros distribuidos en La Habana, Varadero, Santiago de Cuba, los Cayos.

En aquellos tiempos, otro rico norteamericano, promotor inmobiliario en Nueva York, en Manhattan, intentó, en vano, cerrar un acuerdo con los ‘comunistas’ para tener un hotel en la capital cubana. Sus asesores no entendieron las consignas de la primera Ley de Inversiones: “No queremos capital especulativo, nos interesan aportaciones de nuevas tecnologías, y llegada de turistas internacionales. Además, antes de que construya en la capital o en Varadero, tendría que hacerlo en otros lugares del país, donde queremos que las inversiones turísticas sirvan para mejorar las condiciones de vida de la población”. Hay quien justifica todavía, en estos tiempos perturbadores en nuestra América, a Donald Trump. “Nunca perdonará a los ‘comunistas’ el desaire sufrido. Desairar es ignorar lo que hace o dice una persona, derivándose de ello un desprecio o humillación para ésta…”, me comentaba Luis, un viejo amigo del Boulevard San Rafael, en la frontera entre La Habana Vieja y Centro Habana. En los primeros días de este mes de febrero visité y recorrí las calles de la capital cubana, llevándome agradables sorpresas, que nada tienen que ver con las crónicas periodísticas donde sus autores confunden sus deseos con la realidad. Son las ‘fakenews’ tan de moda hoy.

Periodista y escritor español, Mauricio Vicent, hijo del columnista más veterano de El País, Manuel Vicent, viajó a Cuba para trabajar como corresponsal extranjero del diario español, labor que desarrolló a lo largo de más de veinte años. En ese tiempo, Vicent también trabajó para otros medios, como la Cadena SER o Radio France. En 2011, el Gobierno cubano le retiró su credencial de prensa, poniendo fin a su cometido en la isla. El ‘aggiornamento’ que se vive en el seno de la sociedad cubana, utilizando el término del movimiento de renovación y modernización de algunas de las posturas de la Iglesia católica después del Concilio Vaticano II (1962-1965), es descrito por Mauricio Vicent estos días… “Cuba se enfrenta de nuevo a un momento crucial 60 años después del triunfo de la revolución de Fidel Castro. La crisis en Venezuela y la ofensiva desbocada de EE UU para acabar con el Gobierno de Nicolás Maduro han puesto a La Habana en guardia otra vez. ‘Primero Venezuela, después Cuba’ es el mantra que late hoy…”.

Santiago J. Santamaría Gurtubay

Que a Donald Trump le gustaría hacer negocios en Cuba, preferiblemente abrir un hotel, no es novedad. El propio candidato republicano lo ha dicho. Eso sí, precisó hace solo unos meses, “en el momento adecuado”. “Cuando esté permitido hacerlo”, añadió. Pero la revista Newsweek reveló en septiembre de 2016 que Trump, que estaba cortejando el voto más conservador de Florida con amenazas de revertir la normalización de relaciones con La Habana iniciada por el presidente Barack Obama, ya intentó hacer negocios en la isla a finales de los años noventa, cuando estaba estrictamente prohibido. En esa época, Fidel Castro estaba todavía en el poder y hacer ese tipo de negocios suponía una clara violación del embargo a la isla que Trump decía entonces, y también ahora, defender. La revelación de Newsweek podría alienar a ese electorado cubanoamericano más conservador de Florida que Trump intenta atraer en un intento de asegurarse ese Estado clave en las elecciones de noviembre. El senador republicano por Florida Marco Rubio, su antiguo rival en las primarias y crítico con la normalización de relaciones con Cuba, ya ha pedido una aclaración de Trump. “El artículo hace acusaciones muy graves y preocupantes. Voy a reservarme mi juicio hasta que conozcamos todos los hechos y se le haya dado a Donald la oportunidad de responder”, comentaba el entonces crítico Rubio. Pese a su derrota en las primarias, el senador, que aspiraba a renovar su escaño en noviembre, era una influyente voz en el electorado cubanoamericano más conservador.

Según la publicación, en 1998 la empresa de Trump, que entonces se llamaba TrumpHotels& Casino Resorts, encargó a una empresa consultora, SevenArrowsInvestment, que realizara un viaje a Cuba para explorar posibilidades de negocio. El embargo contra Cuba, vigente desde la presidencia de John F. Kennedy, se había endurecido dos años antes, con la ley Helms-Burton. Newsweek, que ha revisado documentos de la época y cita a un antiguo ejecutivo de la empresa de Trump, afirma que la compañía del magnate devenido en político “vio una oportunidad” de posicionarse en Cuba para el caso de que se aliviara el embargo, después de que el entonces presidente, Bill Clinton, diera ese año algunos pasos conciliatorios, como permitir de nuevo los vuelos chárter a la isla. Por ello, la empresa consignó a la consultoría, “con conocimiento de Trump”, la exploración de posibles negocios. Los consultores “se reunieron con funcionarios del Gobierno cubano, banqueros y otros líderes empresariales para explorar posibles oportunidades para la empresa de casinos”.

“Trump participó en las discusiones sobre el viaje de Cuba y sabía que se realizó”, afirma la publicación citando al exempleado del magnate, cuyo nombre no revela. La factura que la consultoría devolvió al consorcio Trump con los gastos efectuados en la isla por un viaje, que aparentemente no contaba con ninguna autorización oficial, ascendió a 68,000 dólares. En un intento de desmentir a la revista, la jefa de campaña de Trump, KellyanneConway, pareció confirmar sin embargo que hubo algún tipo de pago. El reportaje “empieza con un titular chillón de que Trumphizo negocios en Cuba. Pero resulta que decidió no invertir ahí. Pagaron dinero, entiendo, en 1998”, dijo en la cadena ABC. Unos meses después del viaje secreto a Cuba, Trump lanzó su primera carrera a la Casa Blanca. En noviembre de 1999, anunció la creación de un “comité exploratorio” para presentarse como candidato del Partido Reformista del millonario Ross Perot. El lugar que eligió para su primer discurso fue Miami, en la sede de la entonces influyente organización de cubanos en el exilio Fundación Nacional Cubano Americana.

“Invertir en Cuba ahora no va a los bolsillos de los cubanos, sino a los de Fidel Castro, que es un asesino y el embargo tiene que permanecer”

“Recientemente he tenido muchas ofertas para ir a Cuba para hacer negocios inmobiliarios y los he rechazado en la base de que iré allí cuando Cuba sea libre”, aseguró Trump. “Invertir en Cuba ahora no va a los bolsillos de los cubanos, sino a los de Fidel Castro, que es un asesino, un tipo malo en todos los aspectos y el embargo contra Cuba tiene que permanecer si no es por otra razón de que si permanece, Fidel Castro caerá”, agregó. Más allá de las posibles implicaciones legales de la revelación de que la empresa de Trump pudo haber violado el embargo, las consecuencias del artículo sobre el pasado secreto del magnate, tan opuesto a su discurso político de la época y actual, podrían tener un efecto ensu carrera presidencial, cosa que no ocurrió.

Su rival, la demócrata Hillary Clinton, no dejó pasar esta oportunidad de atacar a Trump por sus “contradicciones” y sus “mentiras”. “Los negocios de Trump con Cuba parecen haber violado la ley e incumplido la política exterior estadounidense y contradicen sus declaraciones públicas”, afirmó el asesor político de Clinton, Jack Sullivan. Las revelaciones de la revista “demuestran una vez más que Trump siempre antepondrá sus intereses económicos al interés nacional, y que no le importa mentir sobre ello”, sostuvo. Trump no podría llegar a la Casa Blanca si no ganara las elecciones en Florida. En un intento de asegurarse el voto cubanoamericano más conservador, el candidato republicano endureció su posición sobre Cuba, una de las claves del voto floridano. Trump se distanciaba de sus rivales en las primarias republicanas, entre los que figuraban los senadores de origen cubano y firmes anticastristas Rubio y Ted Cruz, al respaldar la normalización de relaciones iniciada por Obama, argumentando que “50 años es suficiente”. Y en marzo todavía mantenía su deseo de poder abrir un día un hotel en la isla. En sus últimas visitas a Florida, ha regresado a un discurso parecido al que sostuviera dos décadas atrás, afirmando que está dispuesto a revocar la normalización de relaciones diplomáticas con La Habana si esta no cumple con las “demandas de libertad religiosa y política para todos los cubanos”.

Para Madeleine Russak, directora de comunicaciones de Engage Cuba, una organización paraguas de empresas y organizaciones que presionan para el levantamiento del embargo, las revelaciones demuestran que “Trump, un hombre de negocios, hace tiempo que reconoció los beneficios económicos de interactuar con Cuba”. “Resulta desafortunado que el nominado presidencial haya cambiado el tono respecto a Cuba, aparentemente para cortejar una percepción obsoleta del sentimiento cubanoamericano en Florida”, agregó, recordando que el 63% de los cubanos en Miami apoyan el levantamiento del embargo.

“Sesenta años después del triunfo de la Revolución, Cuba ha demostrado que tiene un máster en supervivencia, pero la situación es inédita”

Cuba ya no es el ‘eje del mal’ de Bush, es la ‘troika de la tiranía’, según la definió el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca John Bolton, para añadir que ‘cada esquina de ella, Caracas, La Habana y Managua, debe caer’. La advertencia está ahí. Pero el Gobierno cubano tiene seis décadas de experiencia en resistir. No hay que olvidarlo: Cuba salía de la pesadilla del ‘Periodo Especial’ cuando, en febrero de 1999, Hugo Chávez llegó a la presidencia de Venezuela. Y se hizo la luz. Entre 1991 y 1994, luego de la desintegración de la Unión Soviética, el PIB cubano había caído un 35%. Con Moscú la isla realizaba el 70% de sus intercambios comerciales y de allí procedía, subvencionado, todo el petróleo. A Cuba -literalmente- se le hizo de noche. Y EE UU aumentó la presión. Para desincentivar las inversiones extranjeras, Washington aprobó las leyes Torricelli (1992) y Helms-Burton (1996), y grupos del exilio violento pusieron bombas en hoteles de La Habana para espantar a los turistas. Cuba emprendió un controlado proceso de reformas para sobrevivir: legalizó el dólar, inició una apertura al sector privado y apostó por el turismo y las empresas mixtas, y, aunque por el camino se quebró la sociedad igualitarista que había sido bandera de la revolución, las medidas ayudaron a superar el colapso y a que mejorasen las cifras macroeconómicas. Pero la situación no se consolidó hasta la llegada de la revolución bolivariana”.

“Poco antes de la muerte de Chávez (2013), Venezuela llegó a concentrar el 44% del volumen total del comercio externo de la isla. Caracas compraba anualmente servicios profesionales cubanos -de médicos, enfermeras, maestros- por más de 5,000 millones de dólares, 40,000 colaboradores trabajaban en el país sudamericano y la isla recibía 105,000 barriles diarios, que cubrían el 60% de sus necesidades de petróleo, a precios preferenciales. Con Maduro las relaciones privilegiadas se mantuvieron, pero los suministros y los intercambios fueron menguando debido a la crisis interna venezolana. Hoy a La Habana llegan unos 50,000 barriles diarios de petróleo y el número de médicos y colaboradores cubanos en Venezuela ronda los 20,000. Aun así, Caracas sigue siendo el primer socio económico de La Habana, con un intercambio comercial superior a los 2,000 millones de dólares, cerca del 12% del PIB de la isla, pero lejos del 20% que llegó a representar años atrás. Obviamente, lo que sucede en Venezuela se vive en Cuba en carne propia: el golpe de Estado a Chávez en 2002, los comicios que ganó la oposición a Maduro en 2015; momentos críticos ha habido muchos, pero para Cuba quizá ninguno como este. No se trata solo de las repercusiones que un cambio en Venezuela puedan tener en la isla. En caso de suspenderse abruptamente los intercambios, la caída del PIB cubano podría ser del 10%, según cálculos de economistas como Carmelo Mesa-Lago y Pavel Vidal”.

“Sesenta años después del triunfo de la Revolución, Cuba ha demostrado que tiene un máster en supervivencia, pero la situación es inédita”

“Pero más allá del mazazo económico, La Habana contempla con inquietud el escenario en el que esta desestabilización se produce: con una abierta derechización en el continente y una administración de Trump en manos de viejos halcones y de anticastristas furibundos como Rubio y Claver-Carone. ‘Que nadie se equivoque, el verdadero objetivo de esta gente somos nosotros’, admiten en Cuba.La estrategia de Washington con Venezuela está clara. Con Cuba en vísperas de celebrar un referéndum -previsto el domingo 24 de febrero- para aprobar una reforma constitucional que ha provocado una discusión inédita y con la economía en estado de extrema tensión, empieza a esbozarse una idea: que la isla quede incluida de nuevo en la lista de países patrocinadores del terrorismo -de la que la había sacado Obama en 2015- y activar el título III de la ley Helms-Burton, que permitiría a los cubanoamericanos demandar a individuos y compañías extranjeras por propiedades confiscadas por el Gobierno de Cuba. Una vuelta de tuerca más a la presión y al miedo, para propiciar el aislamiento.

El embajador español en La Habana, Juan Fernández Trigo, declaraba que ni España ni Europa aceptarían medidas extraterritoriales. Ese mismo día Trump anunciaba que tenía un plan B, C, D, E y F para Venezuela, y el jueves el canciller cubano, Bruno Rodríguez, advertía de movimientos de tropas norteamericanas en la región como preludio de una invasión. ‘Los tiempos de la Guerra Fría han vuelto’. Lo decía un importante socio extranjero de La Habana, tras señalar que hoy la economía cubana está más preparada que antes para asumir el impacto de un cambio abrupto en Venezuela, aunque el golpe sería muy duro. ‘Sesenta años después del triunfo de la Revolución, Cuba ha demostrado que tiene un máster en supervivencia, pero la situación es inédita’. Es cierto. Ya no está Chávez. Ni Fidel. Ni Obama. Y la sociedad cubana está cambiando. Y habrá que ver ahora qué llama alumbra…”.

Cuando Fidel Castro Ruz firmó con Gabriel Escarrer Julián aquel pacto estratégico, sabía que conseguía blindar a la isla ante Estados Unidos

Son muy esclarecedoras las declaraciones del embajador español en Cuba, Juan Fernández Trigo, advirtiendo a Estados Unidos que la Unión Europea rechazará “medidas extraterritoriales”. Cuando Fidel Castro Ruz firmó con Gabriel Escarrer Julián aquel pacto estratégico, respetado por ambas partes, a principios de los años noventa, el líder revolucionario sabía que conseguía blindar a la isla ante una nueva amenaza de Estados Unidos, protagonizada por Donald Trump, cara nada amable del ‘establishment’ de Estados Unidos. España va a defender con sus socios europeos los intereses de los grupos hoteleros de Mallorca, promovidos por los descendientes históricos de los fabricantes de calzado de Constancia de Inca, quienes diversificaron e invirtieron sus ganancias en un nuevo sector industrial como es el turístico. Gabriel Escarrer: “El Turismo en el Caribe tiene un gran futuro”. De esta manera titulábamos la entrevista y tema central del primer número de la revista Mar Caribe, en diciembre de 1993. El presidente del Grupo Sol en aquel tiempo, con hoteles en Brasil, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Estados Unidos, Venezuela, Cuba y México consideraba que las bellezas naturales, las garantías del clima y los precio de los vuelos de larga distancia cada vez más asequibles, son los factores que han motivado el ‘boom’ turístico caribeño. En la larga entrevista concedida a Mar Caribe, Gabriel Escarrer Juliá nos mostró en más de una ocasión su cariño por Cuba, destacando la atracción especial que ha tenido este país para los españoles.

“Natural de Porreras, un pequeño pueblo agrícola del interior de Mallorca, Gabriel Escarrer Juliá es el fundador y presidente de Grupo Sol. En posesión de numerosas distinciones nacionales e internacionales y Doctor Honoris Causa por la Universidad de las Islas Baleares, su vinculación con el sector turístico se remonta al inicio de la década d los cincuenta, cuando compagina sus estudios de Comercio con el trabajo en la agencia de viajes WagonsList Cook. El año 1956 será una fecha clave en  su vida. De regreso a Mallorca tras una etapa de perfeccionamiento profesional en Londres, asume la dirección de un pequeño hotel en Palma de Mallorca, explotándolo en régimen familiar. Será en esa época, al amparo del desarrollo turístico español, cuando se forjan el estilo y cualidades de que lo que hoy es la primera compañía hotelera de España, lo que en sus propias palabras se resumen en “el esfuerzo cotidiano, la entrega absoluta y la devoción por el trabajo”, a lo que hay que añadir la confianza en los equipos colaboradores.

Inversión constante de los beneficios, desarrollo de una política comercial agresiva y constante, buscar la óptima relación calidad-precio y fijarse metas, como de la alcanzar en 1996 los doscientos establecimientos, conforman otras de las características con la impronta personal de Gabriel Escarrer Juliá. Casado, con seis hijos, entre sus preferencias destacan el golf y la navegación.

“En España muchas familias recuerdan a sus antepasados emigrados a Cuba y el español siempre ha podido sentirse muy querido en la isla”

La empresa que usted representa tiene una presencia importante en Cuba y e otras áreas del Caribe y Latinoamérica. ¿Cómo calificaría el momento que vive el sector turístico en esta zona del mundo? “Desde hace unos años es muy importante el desarrollo del sector turístico en el área del Caribe y es de esperar que en el futuro tendrá más auge todavía”

¿Podríamos corroborar con algunas cifras ese buen momento que está viviendo el turismo en Cuba y cuáles son las perspectivas de futuro hasta el año 2000? “El mercado cubano es un mercado en expansión que se está abriendo desde hace poco tiempo. En 1985 llegaron a Cuba 235,000 turistas, mientras que en 1991 llegaron 424,000, lo que representa un aumento del 80%. Las perspectivas de futuro son inmensas siempre que el desarrollo que se está llevando a cabo se haga de una manera programada, con instalaciones y servicios complementarios adecuados y acordes con las necesidades del turismo. El turismo no podrá desarrollarse de una forma progresiva y equilibrada si no se cuenta con una infraestructura que posibilite dicho crecimiento: comunicaciones aéreas, marítimas y terrestres (aeropuertos, puertos, carreteras), instalaciones y servicios hoteleros, al mismo tiempo que las instalaciones y servicios complementarios a la oferta hotelera (restaurantes, bares, etcétera).

El ciudad español tiene ante sí cada días más ofertas turísticas de diferentes lugares del Caribe. ¿Por qué cree usted que Cuba es la preferida por esos miles de españoles que se trasladan hasta La Habana, Varadero, Santiago de Cuba…?

“Desde siempre Cuba ha tenido un atractivo especial para los españoles; no solo por la belleza del lugar y la amabilidad de sus habitantes, son también porque todavía en España muchas familias recuerdan a sus antepasados emigrados a Cuba y porque el español siempre ha podido sentirse muy querido en La Habana”.

Gabriel Escarrer Juliá, a pesar de las presiones de los Estados Unidos -llegaron a retirar los visados de entrada a buena parte de los ejecutivos del Grupo Sol-, hizo una apuesta clara por el turismo cubano, uno de las claves para superar el denominado ‘Período Especial’, tras la extinción de la Unión Soviética… “Iniciamos nuestras actividades en España, donde nos consolidamos, y  a partir de 1985 iniciamos nuestra expansión internacional. En estos momentos tenemos hoteles en Australia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Francia, Indonesia, Malasia, Portugal, República Dominicana, Singapur, Tailandia, Turquía, Estados Unidos, Venezuela, México y lógicamente en Cuba, donde estamos orgullosos de ser la primera empresa hotelera extranjera que creó un ‘jointventure’ con Cubanacán que gestiona el hotel Sol Palmeras y el hotel Meliá Varadero. Nuestra empresa apuesta por el futuro turístico de Cuba y en tal sentido tenemos previsto inaugurar el año próximo el hotel Melián Las Américas y vamos a gestionar también el mítico hotel Meliá Cohiba…”.

Las cadenas españolas gestionan hoy en Cuba el 71% de las habitaciones hoteleras, a pesar de la Ley Helms-Burton firmada por Bill Clinton

En la actualidad trabajan en Cuba 20 cadenas hoteleras internacionales, 10 de ellas españolas, mediante 88 contratos y 43,252 cuartos en toda la isla, lo que supone un 63.6 % del total de la planta hotelera isleña.En este ámbito, las cadenas españolas explotan el 71% de las habitaciones hoteleras, fundamentalmente Meliá, Iberostar, Barceló, Globalia, Sercotel, NH, Blau y Roc, un porcentaje que este año se va a ver incrementado, según el ministro de Turismo, Manuel Marrero Cruz, quien ha afirmado que las hoteleras españolas, entre ellas Meliá, Iberostar, Be Live y Barceló, jugarán un papel clave en esta expansión, con una inversión que superará los mil millones de euros.“Las inversiones son muy elevadas y los proyectos a realizar van a mejorar, aún más, la calidad de la oferta de alojamiento en la nación. La inversión se destinará a construcción, reformas y rehabilitaciones”, según ha ratificado Marrero Cruz, añadiendo que saben que “hay mucha demanda, de ahí el interés de algunas cadenas, en reconvertir edificios históricos en hoteles emblemáticos. Todo esto hará que a final de esteaño superemos los cinco millones de visitantes, frente a los 4.7 millones de 2017”.

Meliá Hotels International ha incorporado a su cartera en Cuba, que opera bajo la marca Meliá Cuba, cinco nuevos establecimientos durante el primer trimestre del año cumpliendo con sus previsiones, que suman en conjunto 409 habitaciones adicionales. Los hoteles se ubican en las ciudades de Cienfuegos (‘La Unión’, ‘Jagua’, y ‘Meliá San Carlos’), Camagüey (‘Hotel Colón’ y ‘Gran Hotel’) y representan un nuevo enfoque para Meliá en la isla, pues se trata de hospedajes “con historia”, todos ellos de pequeña o mediana dimensión, ubicados en enclaves declarados patrimonio de la humanidad y en edificios históricos de alto valor. Junto a estos cinco inmuebles, y bajo idénticos parámetros, Meliá abrirá una vez finalizadas las adaptaciones, el hotel ‘Innside Camagüey’, y para el año 2020, incorporará a su cartera otros tres hoteles en la ciudad patrimonial de Trinidad: el ‘Meliá Trinidad’, el ‘Meliá Punta Ancón’, y convertirá el actual hotel Ancón en el ‘Sol House Ancón’ de su marca más innovadora.A finales de 2018, abrió dos nuevos buques-insignia en Varadero y Cayo Santa María: el ‘Meliá Internacional’, con 934 habitaciones, y el ‘Paradisus Los Cayos’ con 802 habitaciones.Además, la cadena mallorquina apuesta por el segmento de circuitos en las ciudades patrimoniales en su estrategia de diversificación turística de la Antilla Mayor, que permitan fomentar las llegadas de viajeros y la duración de la estancia media. Con todo, la hotelera de la familia Escarrer tienen en estos momentos con 2.145 nuevas habitaciones en operación. Fue la primera firma española en llegar a la ínsula, hace más de un cuarto de siglo, cuyo desembarco no estuvo exento de dificultades por la ley Helms-Burton impuesta por los Estados Unidos. Meliá cuenta con 29 hoteles en Cuba, de ellos tres en La Habana, más otros tres en construcción. A estos se sumarán los ocho nuevos anunciados en las ciudades de Cienfuegos, Trinidad y Camagüey.

Intimidar por todos los medios posibles a los empresarios extranjeros para tratar de evitar las inversiones y el comercio internacional con Cuba

Ley Helms-Burtones una ley estadounidense que continúa y refuerza el embargo estadounidense a Cuba. Se ordenó su publicación el 3 de marzo de 1996. El 12 de marzo de ese año, el presidente de los Estados Unidos Bill Clinton firmó y puso en vigor la llamada Ley de la Libertad Cubana y Solidaridad Democrática, más conocida por los nombres de sus principales promotores, el senador por Carolina del Norte, Jesse Helms, y el representante por Illinois, Dan Burton. La ley se introdujo como consecuencia de un incidente sucedido un mes antes. El 24 de febrero de 1996, cuando un MiG-29 y un MiG-23,aviones de guerra del Gobierno cubano derribaron dos aviones privados operados por pilotos norteamericanos de origen cubano mientras volaban en espacio aéreo jurisdiccional de la República de Cuba. Esta organización de cubanos emigrados dice dedicarse a localizar a balseros cubanos para ayudarles a salvar la vida, aunque desde el Gobierno de La Habana ha sido acusada de dedicarse a acciones de espionaje, sabotaje y propaganda.

El título tercero de la ley establece que cualquier compañía no norteamericana que tiene tratos con Cuba puede ser sometida a represalias legales, y que los dirigentes de la compañía pueden ver prohibida su entrada en Estados Unidos. Implica el castigo de cualquier buque o aeronave que toque tierras cubanas Esto significaba que compañías internacionales debían elegir entre comerciar con Cuba o comerciar con los Estados Unidos, que son un mercado muchísimo mayor.Los detractores de esta ley aducen que desde el punto de vista político, pretende perpetuar el clima de hostilidad en la política de los Estados Unidos hacia Cuba, para forzar la destrucción de la Revolución Cubana, y, desde el punto de vista económico, intimidar por todos los medios posibles a los empresarios extranjeros para tratar de evitar las inversiones y el comercio internacional con Cuba.

El giro conservador en Latinoamérica obliga a las fuerzas progresistas, exitosas a principios de siglo, a buscar nuevas fórmulas

La orgía de poder de la izquierda latinoamericana en el arranque de siglo XXI se terminó. El rojo con el que se perfilaba el mapa del continente hasta hace poco ha cobrado una tonalidad azul. El último latigazo ha sido la victoria de Jair Bolsonaro hace unos meses en Brasil. El país más grande de América Latina está gobernado desde el 1 de enero por un político nostálgico de la dictadura militar, que una semana antes de su triunfo prometió “barrer del mapa a los rojos”, a los que ofreció dos salidas: la cárcel o el exilio… En menos de un año, Chile ha vuelto a virar a la derecha, e Iván Duque, en Colombia, logró frenar el ascenso de la izquierda. Solo la victoria de Andrés Manuel López Obrador en las últimas elecciones de México ofreció un atisbo de esperanza a la izquierda. Pero el nulo interés del nuevo presidente mexicano -que asumió el cargo en diciembre- por mirar más al sur de su país la ha socavado. Entretanto, la crisis de los gobiernos de izquierda en Venezuela y Nicaragua se agudiza. La izquierda que llegó a gobernar era diversa. El péndulo oscilaba desde el Frente Amplio de Uruguay hasta el extremo de Hugo Chávez en Venezuela. El octogenario expresidente uruguayo, gran referente de la izquierda latinoamericana, José Mujica, lanzó una suerte de SOS tras la victoria de Bolsonaro a quien le quisiera escuchar: “Hay que aprender de los errores cometidos y volver a empezar. Tampoco creer que cuando vencemos tocamos el cielo con la mano y hemos llegado a un mundo maravilloso. Apenas hemos subido un escalón. No hay derrota definitiva ni triunfo definitivo”.

El corresponsal y delegado de El País en México, Javier Lafuente, escribía semanas atrás que la izquierda que llegó a gobernar en casi toda la región de Latinoamérica, en la última década, era muy diversa. “El péndulo oscilaba desde el centro-izquierda de la Concertación chilena y el Frente Amplio de Uruguay hasta el militar Hugo Chávez en Venezuela, apoyado por la Cuba de Fidel Castro. Entremedias, Néstor y Cristina Kirchner reformularon el populismo de izquierda en Argentina, y Lula da Silva en Brasil y Evo Morales en Bolivia -ambos sindicalistas, provenientes de los movimientos sociales antineoliberales- desarrollaron, al menos en sus primeros mandatos, una política macroeconómica estable y una política exterior pragmática, sobre todo en el caso brasileño, y más difuminada en el caso del presidente boliviano”.A diferencia de los actuales Gobiernos conservadores, que no actúan como un bloque, aquella izquierda se aglutinó en organismos de integración como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) o la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (Alba), hoy todos en ruinas. “En la segunda mitad del siglo XX las élites y muchos votantes trasladaron durante años la imagen de que la izquierda no podía gobernar por ser violenta o revolucionaria, o que cuando lo hizo, como con Allende en Chile, había fracasado. Su reto en el siglo XXI era demostrar que podían gobernar, y en buena medida lo hicieron”, asegura Steven Levitsky, profesor de Harvard y coautor de ‘Cómo mueren las democracias’.

La caída del precio del petróleo frenó drásticamente el crecimiento, pero no parece ser el único motivo del colapso de la izquierda

La fortaleza de la izquierda en el continente fue alimentada -cuando no engordada- por la bonanza petrolera y los altos precios de las materias primas, que permitieron desarrollar ambiciosos proyectos de redistribución de la riqueza. Los Gobiernos redujeron la pobreza, la desigualdad. También -salvo en casos como los de Brasil, Uruguay o Chile- intensificaron el control sobre los medios de comunicación, y los dirigentes buscaban, siguiendo la estela del omnipresente Chávez, ser reelegidos o perpetuarse en el poder.La caída del precio del petróleo frenó drásticamente el crecimiento de muchos países, pero no parece ser el único motivo del colapso de la izquierda. “En el proceso de reconstrucción de las élites económicas, la corrupción se desató”, opina el historiador cubano Rafael Rojas, quien apunta a la trama de Odebrecht, el gigantesco caso de sobornos y adjudicación de obras públicas que estalló en Brasil y salpicó a la clase política de casi todo el continente, como paradigma regional.

De alguna manera, la izquierda no supo administrar el éxito, consolidarlo. El discurso ‘antiestablishment’ con el que se desmarcaban de las clases políticas tradicionales, que les sirvió para llegar al poder y de la oligarquía, se volteó. “Millones de personas que no necesariamente compartían una idea positiva de lo que hacía la izquierda en el Gobierno se han activado políticamente”, opina Sandra Borda, politóloga de la Universidad de los Andes en Colombia. “El gran error fue no construir instituciones sólidas. En muchos casos se lograron los objetivos que se plantearon, pero no cambiaron las formas, y las formas son importantísimas. La gente terminó por olvidar los fines, porque los medios parar alcanzarlos eran los mismos. Y la derecha sabía que eso se lo iban a cobrar más duro a la izquierda, y se encargaría de que lo pagaran”, añade.

El péndulo comenzaba a oscilar de nuevo al mismo tiempo que Venezuela, destacado exponente del socialismo del siglo XXI, agudizaba su deriva y con ello la crisis de la izquierda en América Latina. Caracas se sitúa como el epicentro de este colapso. Chávez desarrolló un trabajo político y dialéctico que lo colocó en el centro de todo. La máxima de que nadie podía ser de izquierdas sin querer a Chávez caló en el imaginario de millones de personas, no solo latinoamericanas. Pese a la heterogeneidad de los Gobiernos progresistas, la Venezuela petrolífera de Chávez, con el apoyo de la Cuba castrista, se convirtió en líder regional. Solo el carismático Lula logró erigirse en contrapeso del líder venezolano hasta finales de su segundo mandato. Pero para entonces, la subordinación a Caracas era mayoritaria.

“Cualquier construcción de un liderazgo de izquierda en América Latina pasa por el acto de desmarcarse de la Venezuela de Maduro”

“La crisis actual de la izquierda está directamente relacionada con la muerte de Hugo Chávez y de Fidel Castro y con el colapso de Venezuela. La mayor evidencia ha sido el giro abiertamente dictatorial que han dado en los últimos años Nicolás Maduro en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua”, opina en este sentido el historiador Rafael Rojas. No obstante, mientras la represión emprendida por el otrora esperanzador líder sandinista ha sido criticada, sin ápice de condescendencia, por la izquierda a nivel global, cierta ambigüedad sigue planeando sobre Venezuela. La crítica sin ambages es uno de los principales retos para la nueva generación de dirigentes. “Cualquier construcción de un liderazgo de izquierda en América Latina pasa por el acto de desmarcarse de la Venezuela de Maduro. Con él, el chavismo se ha visto reducido a una mera máquina para perpetuarse en el poder”, considera Humberto Beck, profesor del Colegio de México. “Esto no debe confundirse, sin embargo, con una condena categórica de todas las experiencias bolivarianas, muy diversas y complejas, incluyendo la propia historia, ya casi de dos décadas, del chavismo”, añade. En esta línea, Manuel Canelas, viceministro de Planificación de Bolivia, de 36 años, uno de los nuevos dirigentes con más proyección, opina que los que llegan ahora “no tienen por qué comprar el ciclo anterior por completo, pero lo que hay que evitar es que la derecha imponga que eres heredero del Gobierno de Maduro o de los últimos años de Cristina Fernández. Debes poder criticar y evitar que la derecha caracterice todo lo anterior. Y la primera oleada de dirigentes no tiene que exigir en ningún caso continuidad”, añade.

“El principal reto de la izquierda es reinventarse más allá de los dos modelos predominantes en las últimas décadas: el modelo bolivariano y el modelo socialdemócrata”, ahonda Beck. “Por diversos motivos, ambos modelos están agotados y se requiere algo más”. Con los Gobiernos conservadores los avances en la conquista de derechos individuales han sido bloqueados. Macri en Argentina rechazó apoyar la legalización del aborto; los líderes sociales caen como chinches en la Colombia posterior a la firma del acuerdo de paz; y la victoria de Bolsonaro ha alarmado a mujeres, negros y activistas LGTB, y ha puesto en evidencia el poder de la Iglesia evangélica y su agenda conservadora. Además, la xenofobia camina de la mano de los migrantes que siguen huyendo de Centroamérica y Venezuela. Porque la última contribución del chavismo a la crisis de la izquierda ha sido forzar un éxodo masivo de venezolanos que ha dado alas a los conservadores más recalcitrantes de la región.El rechazo a las minorías es, sin embargo, un fenómeno que no solo incumbe a América Latina. “Nadie esperaba este tipo de reacción ante el progresismo mundial. La aversión se ha internacionalizado más de lo que esperábamos”, admite el profesor de Harvard Steven Levitsky.

Con los Gobiernos conservadores en América Latina los avances en la conquista de derechos individuales han sido bloqueados

Otro de los retos que se plantean hoy es que ningún dirigente de izquierda puede asumir el liderazgo que en su día tuvo Chávez o, en menor medida, Lula. Gustavo Petro en Colombia, y Fernando Haddad en Brasil no lo lograron, en buena medida por el silencio de otros líderes progresistas que prefirieron no darles un apoyo explícito, a costa de que la derecha y la ultraderecha lograsen la victoria. El pasado julio de 2018, las elecciones en México dejaron un sabor agridulce para las fuerzas progresistas. La victoria de López Obrador aupó a la izquierda al poder por primera vez, no tanto quizá por su credo como por la de los equipos que lo rodean. Todos los líderes al sur de México consideraron su triunfo como una suerte de renacer de la izquierda, pero las declaraciones del presidente electo -“la mejor política exterior es una buena política interna”- auguran que no tiene la menor intención de aunar fuerzas.

La esperanza para la izquierda quizá resida en mujeres, como Verónika Mendoza en Perú, Beatriz Sánchez en Chile o Manuela D’Ávila (candidata a vicepresidenta con Haddad), a las que se les augura un larga carrera política. Y muchas miradas se centran en la gestión como alcaldesa de Claudia Sheinbaum en la capital de México, la ciudad de habla hispana más grande del mundo, como antesala de mayores aventuras.

La entrada de medicinas y alimentos, el 23 de febrero, aniversario del golpe de estado de Antonio Tejero, en la España democrática, en 1981

El impulso de Juan Guaidó se explica en buena medida por el respaldo de las principales instancias de la llamada comunidad internacional al Parlamento venezolano. Tras lanzar su desafío a Nicolás Maduro el pasado 23 de enero al jurar como jefe de Estado interino, el presidente de la Asamblea Nacional obtuvo el reconocimiento inmediato de Estados Unidos, al que se sumaron después la Unión Europea y la mayoría de los Gobiernos de la región. Pero el protagonismo de la administración de Donald Trump, decisivo para forzar la asfixia económica del chavismo a través de las sanciones a la petrolera estatal, PDVSA, corre el riesgo de opacar la iniciativa de la oposición, que lleva años preparando el terreno para una transición democrática. Guaidó y los dirigentes que le acompañan son conscientes de esa posibilidad y tratan de demostrar que el éxito de este proceso, que busca el cese de Maduro y la convocatoria de elecciones, está en manos de la sociedad. “El pueblo”; “nosotros”; “los venezolanos”. Todos los pasos de esta etapa tienen, según sus discursos, un solo motor. “Somos nosotros los únicos protagonistas de la historia que estamos escribiendo hoy”, proclamó hace días el diputado Miguel Pizarro, presidente de la comisión especial encargada del seguimiento de la ayuda humanitaria y miembro de Primero Justicia, que tradicionalmente ha aglutinado al electorado menos conservador de la oposición venezolana.

La entrada de cargamentos de medicinas y alimentos, prevista para el sábado 23 de febrero -aniversario del golpe de estado fallido del teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, en la España democrática, en 1981, secuestrando en el Congreso de Madrid al presidente y su Gobierno, senadores y diputados- a través de la frontera colombiana, es, sin embargo, precisamente el principal reflejo de ese delicado equilibrio. Los primeros envíos llegan de Estados Unidos. El senador Marco Rubio y el representante Mario Díaz-Balart, ambos republicanos de origen cubano, viajaron hasta la ciudad de Cúcuta para supervisar los preparativos. John Bolton, consejero de seguridad de Trump, amenazó a Maduro con encerrarlo en la prisión de Guantánamo, sugirió el envío de tropas a Colombia y recordó en Twitter las sanciones impuestas por Washington a varios cargos chavistas, entre ellos el jefe de las fuerzas especiales de la policía venezolana, conocidas como FAES. Al mismo tiempo, el propio Trump advirtió a los militares que, si siguen apoyando a Maduro, no tendrán su clemencia. “No encontraréis refugio, ni una salida fácil porque no habrá salida”, dijo en su intervención en Universidad Internacional de Florida. Los militares serán, en última instancia, quienes tendrán que decidir si permitir el ingreso de la ayuda humanitaria y en estos momentos todas las presiones, internas y externas, recaen sobre sus oficiales.

“Nos subestiman. Estamos llamados a cumplir nuestra tarea histórica: defender la patria”, declara el ministro de Defensa, Vladimir Padrino

Los discursos beligerantes de Trump han sido bien recibidos, en esta ocasión, por buena parte de la oposición venezolana -tradicionalmente la más conservadora y con hilos en Miami y Washington- que ha abrazado el posicionamiento del inquilino de la Casa Blanca, al considerar el impulso de Estados Unidos como la única manera de lograr la salida del poder de Maduro. La sobreactuación de Estados Unidos en la crisis venezolana es, además, el principal pretexto del oficialismo para agitar el fantasma de una intervención exterior. La Fuerza Armada Bolivariana (FANB) rechazó las declaraciones del mandatario estadounidense. “Pudimos observar un acto de extrema soberbia y terrible insensatez por parte del presidente de los Estados Unidos al referirse a nuestro país. El tono y el contenido de sus declaraciones permiten apreciar a simple vista la muy peligrosa actitud de quien lamentablemente dirige los destinos de una potencia militar”, recoge un comunicado del Ejército. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, aseguró que el Gobierno de Maduro no cederá ante la presión. “Nos subestiman. Estamos llamados a cumplir nuestra tarea histórica: defender la patria”.

Más medido ha sido, en cambio, el apoyo de la Unión Europea, que hasta decidió participar en un grupo de contacto y abrió la puerta a la posibilidad de facilitar una negociación, aunque sin éxito al menos por el momento. Guaidó se reunió con diplomáticos europeos, que en cualquier caso reiteraron el compromiso de sus países con el ingreso de la ayuda humanitaria. “Luego de nuestra reunión con embajadores europeos, anunciamos el aporte de más de 18 millones de dólares para la ayuda humanitaria por parte de Italia, España, Reino Unido, Alemania y Francia. Gracias por respaldar nuestra lucha por la vida de cientos de miles de venezolanos”, manifestó en Twitter el dirigente venezolano.

Nicolás Maduro reta a Juan Guaidó en una graduación de estudiantes de Medicina:“¡Convoque elecciones, señor autoproclamado, señor payaso!”

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha desafiado al autoproclamado “presidente encargado”, Juan Guaidó, a convocar elecciones para vencerlo durante un discurso en una graduación de estudiantes de Medicina. “Por ahí hay un payaso que dice ser presidente interino. Bueno, pues si usted es presidente interino lo que tiene que hacer o tenía que hacer es convocar elecciones”, ha señalado Maduro. “¿Por qué no convoca a elecciones para darle una revolcada con votos del pueblo?”, ha aseverado. “¡Convoque elecciones señor autoproclamado, señor payaso!”. Durante el acto, el mandatario ha destacado que él fue presidente encargado “legal y constitucionalmente” y que lo primero que hizo fue convocar elecciones. Guaidó ha sido reconocido como mandatario interino por medio centenar de países, entre ellos la mayoría de la Unión Europea (UE) y América que respaldan su ruta planteada que incluye un gobierno de transición y elecciones libres.

“Lo primero que hizo este hombre que está aquí llamado Nicolás Maduro como presidente encargado fue convocar en 30 días elecciones, como manda la Constitución”, ha subrayado. “¿Por qué no convoca elecciones para darle una revolcada con votos del pueblo?”, ha añadido.El presidente venezolano ha afirmado con ironía que el presidente estadounidense, Donald Trump, quiere “salvar” al pueblo venezolano y ha destacado que lo único que le interesa al mandatario de Estados Unidos es el petróleo de Venezuela. “El imperio no podrá con nosotros. Nunca jamás”, ha asegurado.Maduro ha indicado que Estados Unidos amenaza reiteradamente con una invasión militar y ha señalado que si eso sucede “los pueblos del mundo se alzarían y lucharían con Venezuela”.

El 23-F de Juan Guaidó en Venezuela, evocador del 23-F de Antonio Tejero en España, una ‘batalla musical’ de conciertos enfrentados

A escasos días de la fecha señalada para el ingreso de la ayuda humanitaria a Venezuela, el sábado23 de febrero, el 23-F de Juan Guaidó en Venezuela, evocador del 23-F de Antonio Tejero en España, el tenso pulso que sostiene el presidente de la Asamblea Nacional con el Gobierno de Nicolás Maduro se acerca a un terreno inesperado. La víspera del anticipado plazo para la entrada de toneladas de suministros que se almacenan en Cúcuta, en la frontera colombo-venezolana se producirá una batalla musical de conciertos enfrentados: el chavismo y la oposición estarán el viernes en orillas opuestas del río Táchira, que marca el límite entre ambos países.A primera vista, la desproporción entre los dos espectáculos se antoja descomunal. El Venezuela Aid Live, promovido por el empresario y filántropo británico Richard Branson -fundador del Grupo Virgin- se realizará en el lado colombiano del puente de Tienditas, uno de los tres cruces que comunica a Cúcuta con el Estado venezolano de Táchira, el mismo lugar que alberga las bodegas donde se almacenan toneladas de alimentos e insumos médicos, gestionados por la agencia de cooperación estadounidense (Usaid), a la espera de su ingreso a Venezuela. Su propósito es apoyar la asistencia solicitada por Guaidó, reconocido como “presidente encargado” y recaudar 100 millones de dólares en 60 días. Sin embargo, la cúpula del Ejército -fiel a Maduro- se niega a dejar pasar los víveres y medicinas.

El cartel de artistas internacionales que está inundando las redes sociales con sus mensajes de apoyo al pueblo venezolano incluye a los españoles Alejandro Sanz y Miguel Bosé, los colombianos Juanes y Carlos Vives, los venezolanos José Luis Rodríguez El Puma, Nacho, Chyno Miranda y Carlos Baute, la banda mexicana Maná o el puertorriqueño Luis Fonsi, entre muchos otros. La tarde del lunes 18 de febrero, ya se podían observar los primeros preparativos para la instalación de la tarima en la moderna infraestructura, sin estrenar, que permanece bloqueada por los militares del lado venezolano.

Como réplica al evento de Cúcuta, el Ejecutivo de Maduro sorprendió con el anuncio de otro concierto paralelo de dos días, el 22 y 23 de febrero, del lado venezolano, en el puente Simón Bolívar, el principal paso fronterizo entre Venezuela y Colombia. “Hemos acogido una propuesta de una gran cantidad de artistas venezolanos que solicitaron hacer un encuentro cultural, un gran concierto por la paz y por la vida”, señaló Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación, al anunciar el evento bajo el lema ‘Hands off Venezuela’ (Manos fuera de Venezuela) en una rueda de prensa. Aunque no llegó a precisar qué artistas participarán del lado venezolano, Rodríguez añadió que el chavismo enviará “más de 20,000 cajas Clap”, con alimentos subsidiados, así como médicos gratuitos para atender las necesidades de los cucuteños.

Los conciertos al aire libre en la frontera colombo-venezolana tienen un claro antecedente. De hecho, varios de los artistas que estarán en el Aid Live de Cúcuta ya se habían presentado en 2008 en el evento ‘Paz sin fronteras’, un espectáculo multitudinario en el puente Simón Bolívar, promovido por Juanes, al que asistieron más de 100,000 personas vestidas de blanco. En aquel entonces, los músicos buscaban sellar el cese de los tambores de guerra tras una crisis diplomática que involucró a Caracas, Bogotá y Quito, con Hugo Chávez, Álvaro Uribe y Rafael Correa en el poder. Venezuela y Ecuador llegaron a anunciar movimientos de tropas hacia sus fronteras en ese momento, después de que el ejército colombiano abatiera en una incursión en territorio ecuatoriano a Raúl Reyes, el número dos de la antigua guerrilla de las FARC -hoy desarmada y convertida en partido político-. Sin embargo, los organizadores de aquel concierto intentaron desmarcarse de los políticos, mantener algún grado de neutralidad, y a petición del propio Juanes el expresidente Álvaro Uribe no asistió. El próximo viernes, en un evidente contraste, el presidente Iván Duque -pupilo de Uribe- ha prometido estar presente, e incluso su colega chileno Sebastián Piñera anunció que visitará Cúcuta este viernes para apoyar el ingreso de la ayuda humanitaria.

‘Cubanos go home’ es el titular de una columna de Joaquín Villalobos quien fuera guerrillero salvadoreño y hoy consultor para la resolución de conflictos internacionales. Integra la portada del periódico español El País estos días. Toda una muestra de la histeria que se vive en una región conformada por el mar Caribe, sus islas y las costas que rodean a este mar y que se localiza al sureste de América del Norte, al este de América Central y al norte de América del Sur. La histeria es una enfermedad nerviosa que se caracteriza por frecuentes cambios psíquicos y alteraciones emocionales que pueden ir acompañados de convulsiones, parálisis y sofocaciones. Estado de intensa excitación nerviosa, provocado por una circunstancia o una situación anómala, en el que se producen reacciones exageradas y que hace que la persona que lo padece muestre sus actitudes afectivas llorando o gritando. Sigmund Freud estudió también la histeria.

“El colonialismo básicamente consiste en control político, militar y cultural, gobierno títere y una economía extractiva. Los británicos dominaron durante casi un siglo con unos miles de ingleses a India, que tenía 300 millones de habitantes y más de tres millones de kilómetros cuadrados. Fidel Castro, instrumentando a Chávez, logró conquistar Venezuela. Definió el modelo de gobierno; alineó al país ideológicamente con el socialismo del siglo XXI; reorganizó, entrenó y definió la doctrina de las Fuerzas Armadas; asumió el control de los organismos de inteligencia y seguridad; envió cientos de miles de militares, maestros y médicos para consolidar su dominio político; estableció la Alianza Bolivariana de los pueblos de América (Alba) para la defensa geopolítica de su colonia; escogió a Maduro como el títere sucesor de Chávez y estableció una economía extractiva que le permitía obtener hasta 100.000 barriles de petróleo al día para sostener su régimen. En los últimos 15 años Cuba ha recibido más de 35.000 millones de dólares. En la actualidad Maduro entrega el 80% del petróleo destinado a la cooperación a Cuba y el 15% a Nicaragua. Cualquier necesidad del régimen cubano tiene prioridad sobre la emergencia humanitaria que padecen los venezolanos…”, proclama convulso el exguerrillero Joaquín Villalobos.

“En Venezuela -deja paralizada a la opinión pública internacional Villalobos- se juega la vida la religión revolucionaria izquierdista que tiene a Cuba como su Vaticano. La transición de Cuba a la democracia y a la economía de mercado es para Latinoamérica un cambio gigantesco, comparable con lo que representó la caída del muro de Berlín para Europa. Cuando el derrumbe de la Unión Soviética era evidentemente ineludible, la aspiración de sus envejecidos dirigentes era morir en la cama, tal como lo logró Fidel Castro en Cuba. Los intereses políticos, económicos, ideológicos y sobre todo personales de miles de dirigentes y burócratas cubanos son el obstáculo principal en esta crisis… Cuba, el país que se consideraba líder en la lucha contra el colonialismo, acabó convertido en colonizador. Sus líderes están arrastrando a toda la izquierda a un precipicio moral que podría dejar una larga hegemonía conservadora. Salvar al inservible e insalvable fracasado modelo cubano implica ahora defender matanzas, torturas y una corrupción descomunal. No hace sentido defender a Maduro por una intervención hipotética de Estados Unidos cuando Venezuela es un país intervenido por Cuba. Le guste o no a la ‘izquierda’ en Venezuela, hay una lucha de liberación nacional y el dilema no es escoger entre Nicolás Maduro o Donald Trump, sino entre dictadura o democracia. Frente a esta realidad, no alinearse con la democracia es alinearse con la dictadura”.

“Es imposible prever si puede o no haber una intervención militar en Venezuela”, termina sofocado Joaquín Villalobos. “Estados Unidos hará sus propios cálculos frente a la absurda resistencia de Maduro. Es comprensible el rechazo reactivo a una intervención, pero más allá de los deseos, lo principal es considerar pragmáticamente lo que puede pasar si ocurriera. En Venezuela nunca hubo una revolución de verdad, al chavismo no lo cohesionaba la mística revolucionaria, sino el clientelismo y la ambición monetaria. Venezuela no puede convertirse en un Vietnam y tampoco puede haber una guerra civil. Los venezolanos han rechazado persistentemente a la violencia desde Chávez, que se rindió dos veces, hasta la oposición que se ha resistido durante 18 años a tomar las armas. Dada la extrema impopularidad de Maduro, la profunda división en las fuerzas armadas y unas milicias decorativas a las que los militares no se atreven armar de forma permanente; el escenario más probable frente una intervención sería el de Panamá en 1989 o el de Serbia en 1999, pero con tecnología 20 años más avanzada. En Panamá quedaron abandonados miles de fusiles nuevos destinados a milicianos que nunca existieron. En Venezuela llevan años hablando de una fábrica de fusiles que seguramente nunca ha existido porque alguien se robó el dinero. En conclusión una intervención sería contundente, rápida, exitosa y ampliamente celebrada por millones de venezolanos y latinoamericanos. Decir esto no es apoyar una salida militar, sino prever una realidad política. Por lo tanto, si se quiere evitar una intervención y resolver la crisis políticamente, lo correcto no es enfrentar a Donald Trump, sino exigir que Cuba saque sus manos de Venezuela”. Sigmund Freud, hoy, estudiaría también la histeria de Joaquín Villalobos. Convulsiones, parálisis y sofocaciones caribeñas. ¿Por quién doblan las campanas? El escritor estadounidense y Premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway y su amigo el cubano Comandante Fidel Castro Ruz, carcajean desde la eternidad…

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