El albañil

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Este texto fue escrito el viernes 29. Algunos detalles de apreciación pueden variar.

Todas las encuestadoras dieron los mismos resultados, desde meses atrás. Y comenzó el embeleso del canto de la sirena, para unos, y los desesperados gritos para otros.

                Nuño aseguraba –enfermo, confundido pero muy bien pagado y planchado- que “hablar de fraude es señal de nerviosismo y no es ser demócrata. En México tenemos un historial de elecciones limpias, donde gana quien más votos tiene”.Estos pulcros efebos, estudiados en las Universidades gringas y escuelas particulares están huecos, vacíos ante un país que se desgarra en violencias.

                El desesperado cambio de relevos de la estulticia de un Enrique Ochoa a la disciplina de un René Juárez, fue inequívoca muestra de angustias partidistas. Los veo como Maradona al perder su Argentina, comiendo mocos, uñas y lágrimas y esperando el triunfo para levantarnos el dedo mayor, cordial o corazón, que así se llama, y regodearse otros seis años sobre las ruinas del país.

Llegaron tarde a todo, a los enfrentamientos, a la propaganda, a la detección de ese arrastre popular que se necesita y que Meade no tiene ni tendrá. Y por supuesto, tarde entendieron que tenían al candidato equivocado.Ni siquiera mentía bien, “no soy del PRI”, rogaba.

                El PRI, en su debacle –y necesaria reconfiguración- , en su artritis orgánica, en su desprecio y saqueo a la Nación no detectó que los vientos soplaban en otros lados. No sé si su refundación le haga caminar en los senderos de la incipiente democracia a la mexicana o se vuelva una caricatura y quede a la sombra del mal nacido Verde, cual rémora.

                A tres días de las elecciones, las mañas y artimañas del PRI ya asentaban a su candidato en el segundo lugar y al panista en un cerrado tercer sitio, según el diario El Universal. Y todos los otros medios, seguían teniendo al PAN en segundo.

                Esta lucha por el segundo y tercer lugares se debe a la conformación de las Cámaras, según piensan los asesores de ambos. Ahí quieren su pedacito de golosinas y poder.

                El voto miedoso cambió de destinatario aún a pesar de que Meade no supo o no entendió que sí se trataba de representar al PRI, aunque lo negara entre vergonzantes dientes, y de no saber interpretar las emociones e intereses de la ciudadanía. No conoce México.

                Y el pueblo, sabio, no quiere a otro Videgaray que de puesto en puesto, vaya aprendiendo.

                Un técnico frio que atrajo los duros intereses del pragmático empresariado y que confió en la representatividad del 100% en las casillas de votación. Como dice el viejo refrán de los regímenes priistas “en el conteo está el gane”.

                En el conteo y en la cavernícola compra masiva de votos, en el desvío de recursos para tal fin, en los carruseles con boletas previamente arregladas, en el robo de boletas en diversos puntos de la República, en el sucio mapacheo y en la terrible matanza de candidatos del partido puntero.

                En otro puesto de este mercado, Anaya resquebrajó a su partido, traicionó a panistas de pura cepa que lo podrían haber ayudado, su desmedida ambición le atrajo enemigos y, asediado por evidentes nexos ilícitos,  radicalizó acciones, tornó retórica trilingüe sus discursos, aseguró a sus huestes y le puso más focos a las falsas marquesinas que lo anunciaron como el verdadero Mesías, el Redentor nato, el Sol naciente.

                Dechado de egos y megalomanías, magnánimo, gritó lo que –según él- el pueblo estaba ansioso de escuchar, “venganza y encarcelamiento a Peña”. Fijó buena parte de su estrategia en esa perorata esperando su lanzamiento meteórico hacia la Gran Silla.

                Se equivocó. Un gran sector moderado que no desea ver linchamientos ni cacería de brujas por temor al aumento de violencias innecesarias, lo comenzó a ver como un muchacho berrinchudo, peligroso y de baja estatura moral para hacerse cargo de la Nación.

                A López Obrador es más difícil definirlo. En su carrera de largos alientos le favorece su actuación moderada y conciliatoria al frente del entonces Distrito Federal; ha ido a lugares del país que los otros contrincantes ni siquiera conocen de nombre; se ha entrevistado en aquellos lugares con los habitantes de esos caseríos; conoce México mejor que los otros dos.

                Como Jefe de Gobierno fue opaco, eficiente, disciplinado, modesto

                Entre conveniencia o convicción, politólogos y comentaristas especializados han variado su percepción acerca de él. Esos que llenaron sus bolsillos de las prebendas del sistema y los que no, han suavizado su discurso.Ahora, el mayor peligro es la continuidad, lo saben.

                Y escuchan su hablar atemperado, necesitamos “una simple moralidad”, después de que el Poder –esa Mafia- le arrebató dos veces el triunfo que merecía.

                “Es el político más raro y más talentoso que ha conocido México en muchas décadas” dice Jesús Silva Herzog. Y muchos intuyen que es el albañil que necesita México para reconstruirse.

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