El caos urbano, ambiental y turístico, producido por la incompetencia y la...

El caos urbano, ambiental y turístico, producido por la incompetencia y la corrupción de las autoridades de Quintana Roo durante décadas de lucro y frivolidad políticas y administrativas, están contaminando en gran escala y destruyendo de manera irreversible las grandes reservas de agua dulce contenidas en los cenotes y ríos subterráneos más grandes del mundo entero

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El libertinaje en la inversión y el mercado turístico, el caos urbano, la incompetencia en la planeación del crecimiento inmobiliario y poblacional, la corrupción y el tráfico de intereses en el ordenamiento de densidades y usos de suelo, la descontrolada y masiva marginalidad, la violación de las condiciones mínimas de asentamiento en las zonas ecológica y ambientalmente más vulnerables, y la irresponsabilidad gubernamental para equilibrar los recursos fiscales con las necesidades de infraestructura sanitaria en los territorios con suelos más porosos y permeables,amenazan las principales reservas de agua dulce del Estado: los cenotes y ríos subterráneos, que son los más grandes del mundo, en la virtud de que, la peninsular, es la superficie del planeta más reciente que emergió del mar, y de que en el subsuelo todo se conecta y es susceptible de contaminarse. Cada vez son más cuerpos de agua de este tipo que son explotados (o rellenados, si estorban para la construcción de fraccionamientos, hoteles y campos de golf) sin ningún tipo de regulación, principalmente en los Municipios del norte de la entidad. Sólo en Tulum y Solidaridad ‘han intentado’ trabajar en un reglamento al respecto, como existe en el vecino Estado de Yucatán, pero no han tenido éxito porque las intenciones son mínimas y las capacidades políticas y técnicas son nulas.El tema es uno más, entre los fundamentales para la protección del medio contra las fuerzas de la depredación, que no interesa en absoluto a una autoridad corrompida y dedicada a lucrar con el crecimiento y con el poder público que lo convierte en negocio. Tampoco le importa a la gente, que en su necesidad de tener un lugar en donde vivir, por ejemplo, no le interesa si compra o construye una casa en un área que meses atrás estuvo en plena selva y que tiene algún cenote debajo que pueda provocar su colapso. No le importa a nadie, a menos hasta que no es demasiado tarde.

Javier Ramírez

El libertinaje turístico y la colonización expansiva y sin ley de las ciudades, han provocado que el 25 por ciento de los cenotes y ríos subterráneos de Quintana Roo presenten muy altos niveles de contaminación de aguas negras y todo tipo de desechos tóxicos cada vez más abundantes y peligrosos, al grado de que el vital recurso que contiene padece ya un periodo muy breve de caducidad

Y a pesar de que estos sistemas representan casi el 70 por ciento de las reservas de agua dulce del Estado, ninguna autoridad municipal, estatal ni federal ha trabajado en alguna regulación para las actividades y el uso que se les da.

Sólo los Municipios de Tulum y Solidaridad tienen algún antecedente relativo a la creación de un reglamento al respecto, aunque nunca se ha pasado del intento.Se requieren políticas y decisiones institucionales integrales y urgentes, y ni a pírricos reglamentos reguladores se llega.

Expertos como Laura Hernández Terrones (investigadora del Centro de Investigación Científica de Yucatán y presidenta nacional del Consejo de Cuenca, de la Conagua, del 2012 al 2016), han afirmado en varias ocasiones la necesidad de una legislación al respecto, como la del vecino Estado yucateco.

“Es urgente que Quintana Roo tenga una política a nivel estatal, que especifique cuáles son las actividades que se pueden desarrollar (en los cenotes y los ríos subterráneos), y qué condiciones mínimas deben cumplirse -si son turísticas- para no afectar el agua, así como tener un censo de la ubicación de cada cuerpo de agua subterráneo para evitar construir infraestructura en las cercanías”, dice, “y además contar con un monitoreo continuo que ayude a conocer el daño, a fin de establecer las medidas para contrarrestarlo. Lamentablemente hay mucha ignorancia sobre el cuidado que debe tener un cenote, por la conectividad que posee con otros sistemas de agua, y si no se atendiese va a ocasionar un daño irremediable”.

Sin interés en el tema

No existe un dato confiable sobre el número total de cenotes o ríos subterráneos que se encuentran en Quintana Roo. De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua, en el Estado existen aproximadamente 600 de estos cuerpos de agua, de los cuales el 2 por ciento se encuentran en propiedades privadas o están siendo explotados con actividades turísticas.

La organización Paamul Grotto, de la National Speleogical Society, afirma que sus miembros han localizado al menos mil 800, la mayoría en el norte de la entidad. Amigos de Sian Ka’an aumenta la cantidad hasta los 2 mil 300.

Y no existen políticas públicas estatales o municipales en esta materia que valgan la pena como tales. Estosdías intentó contactar con autoridades de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) en Quintana Roo; con el director general de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado (CAPA), Gerardo Mora Vallejo; y con el titular de la Secretaría Estatal del Medio Ambiente (SEMA), Alfredo Arellano, para conocer más sobre este tema, peroninguno tuvo tiempo para la entrevista argumentando “cuestiones de agenda”.

Son las organizaciones civiles e investigadores los que más interés y preocupación demuestran, sobre todo por cuanto a las complejidades de la conectividad que poseen los cenotes y los ríos subterráneos. Porque si se contamina un cuerpo de agua, se contaminan prácticamente todos.

“Hace 20 años, cuando se comenzaban a dar los primeros permisos ambientales para construir todo tipo de infraestructura, se desconocía la relevancia de su conectividad y de lo que provocaría su contaminación”, dice Eugenio Aceves Núñez, director del Museo de la Prehistoria, de Mérida, y experto en el tema.

“Hasta ahora se han descubierto más de mil 500 kilómetros de cuevas y ríos subterráneos conectadas entre sí. Robert Schmittner, jefe de exploración del Gran Acuífero Maya, dio a conocer en 2012 una conexión entre los sistemas de Sac Actun y Dos Ojos (en el Municipio de Solidaridad), que convirtió al conjunto en la cueva inundada más grande del mundo”.

“Con esas exploraciones, entendemos porqué un cenote presenta altos niveles de contaminación, si se encuentra alejado de todo asentamiento urbano”, afirma el especialista en entrevista con este semanario.

Eugenio Aceves cita el estudio realizado en 2015 por un grupo de investigadores yucatecos sobre la contaminación fecal en cenotes de interés turístico y recreacional en Quintana Roo.

Se tomaron muestras de 67 cenotes, de los cuales 24 eran de tipo turístico, 18 recreacional y 27 de tipo reserva ecológica (sin uso). Todas revelaron la presencia de materia fecal, cloro y otros químicos, a pesar de que 15 se encontraban a más de 40 kilómetros de cualquier asentamiento urbano, lo que “nos demuestra que estamos afectando todas nuestras reservas de agua dulce, y, de continuar este ritmo, en unos años van a ser irrecuperables”.

La presión turística

El problema no sólo es la falta de regulación, sino la tendencia a explotar turísticamente los cenotes, opción que se ofrece a los turistas que buscan algo diferente a las playas, o que huyen del sargazo que en ciertas temporadas del año azota las costas quintanarroenses.

En 2005, la llamada ‘Ruta de los cenotes’ (en la carretera Tulum-Playa del Carmen) recibía a mil turistas a la semana, durante la llamada ‘temporada alta’. Hoy llegan más de 15 mil visitantes semanalmente.

Tan sólo por señalar un ejemplo: el ejido que administra el cenote de la Laguna de Kaan Luum afirma que hace diez años recibía entre 40 y 100 personas durante los fines de semana, principalmente locales.Actualmente, de 300 a 500 lo visitan diariamente, incrementando hasta cuatro veces el número los sábados y domingos.

La voraz mancha urbana

Pero, además, se estima que un siete por ciento de los cenotes o ríos subterráneos se encuentran dentro de las principales ciudades del Estado, como Playa del Carmen y Cancún.

En Cancún, en 2017 la Dirección de Ecología Municipal realizó un censo sobre estos cuerpos de agua, encontrándose 97 cenotes, la mayoría debajo de fraccionamientos o en áreas verdes de las regiones 220, 225 a 235 y 510. Se recogieron 40 mil kilos de basura. Desde entonces no se ha realizado limpieza alguna.

En septiembre pasado, Mario Zavaleta Franco, integrante del Círculo Espeleológico del Mayab, advirtió que el 30 por ciento de los cenotes y ríos subterráneos que se encuentran en la zona urbana de Playa del Carmen fueron rellenados para la construcción de hoteles, fraccionamientos y avenidas, lo que no sólo trajo como consecuencia su contaminación, sino también el hundimiento de esas zonas, generando condiciones que pueden terminar en tragedia; “sobre todo porque no existe un registro de dónde se encuentran estos cenotes. Es decir: ahora puede estar construida una casa de un piso sobre esa zona. Pero en cinco años construyen tres pisos más, lo que puede ocasionar su derrumbe. Recordemos que dos hoteles que estaban construidos sobre fondos cavernosos ya sufrieron ese destino”.

Además, deben tomarse en cuenta las aguas residuales que son descargadas sobre estos mantos acuíferos, y cuyo daño hasta ahora es incuantificable.

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