El catalanismo y la paloma de Kant

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Los independentistas creen que las regiones pobres lastran a las ricas, cuando es al revés en España…

El catalanismo y la paloma de Kant

Esta semana son las elecciones autonómicas más esperadas en la democracia de España tras la muerte de Francisco Franco en 1975; se les conoce ya como las del ‘21D’.La encuesta final de Metroscopia anticipa un vuelco en Cataluña. Tres son las noticias: los catalanes votarían masivamente, Ciudadanos podría ser primera fuerza y el bloque independentista podría perder su mayoría. Metroscopia no prevé un buen resultado de Junts per Catalunya y eso aleja al bloque independentista de los 68 diputados. La clave del Gobierno recaería entonces en los comunes, que recibirían un regalo envenenado. Su opción preferida es proponer un Gobierno de izquierda con ERC y el PSC, pero ese acuerdo -además de complicado políticamente- probablemente no sumará suficientes escaños. Según Metroscopia se quedan en 64. Entonces los comunes tendrían que apoyar un Gobierno independentista o uno constitucionalista.

La estimación de Metroscopia sintetiza tres claves de sus datos. Las dos primeras vienen de analizar las transferencias de votantes desde 2015. Ciudadanos se coloca primero porque recoge votos de otros partidos y en especial del PP. El 42% de los votantes del PP en 2015 y el 17% de los socialistas votarán ahora por C’s. El partido, además, es el preferido de quienes no votaron en 2015 y ahora dicen que sí lo harán. La matriz de transferencias de Metroscopia también explica el resultado discreto de JxCat. Los votantes de Juntspel Sí en 2015 se decantan por ERC, que además consigue atraer a antiguos votantes de la CUP (23%) y de Podemos (7%). La lista que lidera Carles Puigdemont, en cambio, no resta tantos votos a estas fuerzas de izquierda. La tercera clave del sondeo es la misma que decidirá estas elecciones: la participación.

El profesor de Filosofía, Pedro Insúa, autor de “Guerra y paz en el Quijote”, habla del espejismo que sufre el independentismo al creer que las regiones pobres lastran a las ricas, cuando es al revés…El catalanismo como movimiento político independentista surge en España en la segunda mitad del siglo XIX, y lo hace en buena medida como reacción segregadora de la población nativa catalana respecto a la población procedente de otras partes de España -murcianos, andaluces, extremeños…- que llegó a Cataluña durante ese período atraída por su prosperidad industrial,una industria que se desarrolló, precisamente, bajo el marco jurídico político de la legislación española -el famoso proteccionismo arancelario en favor de la industria textil catalana, tan admirablemente estudiado por Jesús Laínz en su último libro “El privilegio catalán”, Editorial Encuentro 2017-, y que en ningún momento supuso un menoscabo para la población nativa en cuanto que, como catalanes, jamás sus derechos se vieron mermados, socavados o disminuidos (la idea de una de ‘Cataluña oprimida’ es completamente fantástica en este sentido). Al contrario, se produjo más bien un empobrecimiento del resto de la población española -sufrió particularmente la industria gallega del lino, que desapareció en favor del algodón- para que la industria catalana pudiera colocar sus productos en un mercado español protegido por el arancel.

Y es que opera aquí una suerte de espejismo -el catalanismo es un espejismo- que se parece al espejismo que sufre la famosa paloma de Immanuel Kant (en el prólogo de la “Crítica de la razón pura”) que cree que el aire, por la resistencia que ofrece, es un obstáculo para poder volar, cuando es el medio sin el cual el vuelo para ella sería inviable (metáfora, a su vez, que le sirve a Kant para hablar de las relaciones entre la facultad de la sensibilidad y el entendimiento). De la misma manera que el aire para la paloma, el ámbito nacional español es el medio a través del cual ha prosperado Cataluña como región, viendo el catalanismo en ello, sin embargo, un obstáculo, cuando sin ese medio, sin esa legislación que permitió el proteccionismo arancelario, no hubiera podido Cataluña prosperar como, en efecto, lo ha hecho, a costa del empobrecimiento de otras partes de España.

Sin embargo, desde el catalanismo se entiende que esa filtración migratoria procedente del resto de España representó, y sigue representando, una amenaza para la conservación y prosperidad de la nación catalana, entendida esta como una sustancia cultural -en el sentido “superorgánico” de Leo Frobenius o de OswaldSpengler-, como un romántico Volkgeist, con sus señas propias de identidad -como son la lengua catalana, el folklore, incluso la raza…, y que requiere de un Estado propio -“derecho de autodeterminación”- para que tal sustancia cultural catalana no se termine perdiendo o disolviendo -degenerando- en la cultura española (es el “Estado de cultura” que arrastró a Alemania, por cierto, directamente al Holocausto). El Espíritu del Pueblo (en alemán, Volksgeist) o Espíritu Nacional es un concepto propio del nacionalismo romántico, que consiste en atribuir a cada nación unos rasgos comunes e inmutables a lo largo de la historia.

Shoá es un término hebreo que remite al perturbador Holocausto de Adolf  Hitler, catalanes arios, españoles, semitas

Y es que está claro que el Estatuto de Autonomía en vigor (del año 2006), marco legal por el que se rige Cataluña en tanto comunidad autónoma española, no es suficiente para los líderes del catalanismo actual, con el expresidente de la Generalidad Carles Puigdemont a la cabeza, puesto que ellos siguen reclamando un régimen institucional que tenga el carácter de Estado de pleno derecho, que es lo que quieren ahora ver, y así lo ponen de manifiesto en la campaña electoral del 21-D, en esa “República de Catalunya” recién declarada. Ni la aplicación del artículo 155, ni, menos aún, las grandes manifestaciones de Sociedad Civil Catalana de octubre, aunque puedan representar un duro golpe para el catalanismo, lo van a hacer desaparecer, ni tampoco su capacidad de movilización social, de la noche a la mañana.

Así pues, aun basándose en una visión completamente trastocada de la realidad histórica, para el catalanismo España representa una lacra, un peso muerto para el mantenimiento y prosperidad catalanas -“España ens roba” es el lema que ya todos conocemos- siendo así que no van a parar hasta lograr la segregación de todo lo que de español (o, más bien, lo que se tiene por tal) haya en la sociedad catalana, considerando además, por petición de principio, a lo catalán y a lo español como si fueran conjuntos disyuntos, sin puntos de unión entre sí. Una segregación, por cierto -y en esta línea hay que poner las palabras de Núria de Gispert dirigidas a Inés Arrimadas, sugiriéndole que volviera a Cádiz si estaba en contra del Procés-, que en su origen tenía un componente supremacista racial antisemita evidente (y que tras la experiencia de la Shoá se ha ocultado, pero que sigue ahí transmutado en forma de supremacismo cultural, lingüístico…), haciendo de los catalanes literalmente una grey superior, por su ascendencia aria, al resto de españoles, a los que se les suponía mezclados con la despreciable raza semita. Shoá es un término hebreo que remite al perturbador Holocausto de Adolf  Hitler.

La opinión catalana y la opinión castellana o española; la primera, positiva y realista, la otra,fantasista y charlatanesca

Así Enric Prat de la Riba, padre del catalanismo actual, con monumentos y calles dedicadas en toda Cataluña, decía literalmente que existen “dos maneras de ver diametralmente opuestas: la opinión catalana y la opinión castellana o española; la una positiva y realista, la otra fantasista y charlatanesca; la primera llena de previsión, la otra el colmo de la imprevisión; la primera ligada a la corriente industrial de los pueblos modernos, la otra nutrida de prejuicios de hidalgo cargado de deudas e inflado de orgullo. Estos son los rasgos distintivos propios de los dos pueblos que son la antítesis uno del otro por la raza, el temperamento y el carácter; por el estado social y la vida económica. Los castellanos, que los extranjeros designan en general con la denominación de españoles, son un pueblo en el que el carácter semítico es predominante; la sangre árabe y africana que las frecuentes invasiones de los pueblos del sur le han inoculado se revela en su manera de ser, de pensar, de sentir y en todas las manifestaciones de su vida pública y privada” (“La question catalana, 1898”). Otros miembros de la Lliga, como el conocido doctor Bartomeu Robert, que fue alcalde de Barcelona, utilizaba ya directamente la craneometría frenológica para justificar la supuesta “superioridad” catalana (en el libro de Francisco Caja, “La Raza catalana”, Editorial Encuentro, se pueden leer muchas más perlas racialistas soltadas desde el catalanismo político).

El catalanismo ve como necesario su desligamiento político -la célebre desconexión- respecto del resto para su propia supervivencia como pueblo

Sea como fuera, partiendo pues de la premisa, producida por el espejismo del privilegio catalán, de que España representa una ruina -cultural, económica, incluso racial- para Cataluña, el catalanismo ve como necesario su desligamiento político -la célebre desconexión- respecto del resto para su propia supervivencia como pueblo: así han pensado, y siguen pensando, desde muchas instituciones ligadas a los órganos de administración autonómicos de Cataluña, pero también desde muchas instituciones (culturales, sociales) al servicio del nacionalismo fragmentario.

Ahora bien, lo paradójico de esta concepción viene dado por la misma constatación de que Cataluña, bajo el yugo español que supuestamente la oprime, se va a transformar, a lo largo del XIX y hasta bien entrado el siglo XX, en la región más rica de España, convirtiéndose a su vez Barcelona, en el contexto de la jerarquía urbana española, en la ciudad más habitada (así hasta la Guerra Civil) y expansiva de España (no hay más que ver sus edificios, sus plazas, sus avenidas, su urbanismo con el maravilloso Ensanche a la cabeza), y con uno de los puertos más activos del Mediterráneo (desplazando a Valencia en este sentido, más vigoroso en siglos anteriores). Y esto ocurre precisamente, el auge de la prosperidad catalana, cuando España, a partir de la Constitución de Cádiz (1812), se convierte en Nación política en el sentido contemporáneo, y Cataluña en una de sus partes más destacadas.

No es, pues, Cataluña una “nación oprimida” por España, como quiere el catalanismo, sino más bien al contrario, una región privilegiada

Dicho de otro modo, es la constitución nacional de España base, y no lastre, de esa prosperidad catalana, de tal manera que es su identidad como parte de España lo que termina caracterizando a la sociedad actual catalana: no es, pues, Cataluña una “nación oprimida” por España, como quiere el catalanismo, sino más bien al contrario, una región privilegiada de España. Naturalmente el enriquecimiento de Cataluña implica, necesariamente, el enriquecimiento de España, al ser Cataluña parte suya -al fin y al cabo la decisión del mantenimiento del régimen proteccionista arancelario se toma, claro, en Madrid-, pero al producirse el proceso de industrialización de un modo tan desigual, muy localizado regionalmente -Cataluña, País Vasco…-, ello facilita que se produzca ese espejismo por el que pareciera que las regiones más ricas, mejor dotadas, se ven lastradas por las más pobres, peor dotadas -y aquí aparece la ideología supremacista, de nefastas consecuencias-, cuando ello es el resultado, no de la mejor o peor dotación de cada región -genio de la raza regional, ni cosas por el estilo-, sino, insisto, de una política nacional común.Una política nacional, la que produjo el privilegio catalán, que, en todo caso, ni siquiera comenzó en Madrid ni en Barcelona, sino, justamente, en Cádiz, a donde, en efecto, sería bueno volver como punto de partida nacional doceañista frente al nacionalismo fragmentario segregacionista.

Santiago Ramón y Cajal contra “la superioridad del cráneo catalán”; el premio Nobel combatió las teorías pseudocientíficas del separatismo

Era su primer día como alcalde de Barcelona. El médico Bartolomé Robert se dirigía a pronunciar su primera conferencia pública, ante un Ateneo Barcelonés abarrotado y expectante. El título de su intervención era llamativo: “La raza catalana”. Corría el 14 de marzo de 1899. Rodeado de grandes dibujos de cráneos, Robert comenzó a exponer la “sólida prueba del índice cefálico de las distintas razas, siguiéndolas en su camino a través de España”, según relató al día siguiente el periódico La Vanguardia.

Ante un mapa de España coloreado, el médico proclamó que los habitantes de Valencia tenían el cráneo más oval, mientras que en Asturias y Galicia predominaba un cráneo redondo, similar al de los “primitivos habitantes” llegados a la península ibérica desde el norte de África. En Cataluña, sentenció Robert, el tipo dominante era un cráneo intermedio, “siendo notable bajo estos conceptos el que sea en Aragón, de España, donde aparece más distintamente marcada la diferencia antropológica a ambos lados de la frontera”, según la crónica. “Dejó el doctor Robert para otra conferencia el ocuparse de los caracteres diferentes de la raza catalana bajo el punto de vista mental”, culminaba el periodista.

El alcalde de Barcelona en 1899, Bartolomé Robert, defendió la existencia de una “raza catalana”, con diferente índice cefálico

Pero jamás llegó a producirse aquella segunda conferencia. La polémica de los cráneos se extendió enseguida por los estamentos intelectuales de España. El doctor Robert había sido compañero del neurocientífico Santiago Ramón y Cajal, profesor de la Facultad de Medicina de Barcelona durante cinco años. En sus memorias, tituladas Recuerdos de mi vida (1917), Ramón y Cajal todavía recordaba los “lazos de afecto sincero” que le ligaban a Robert: “Clínico eminente, luchador de palabra precisa e intencionada que, andando el tiempo, debía sorprendernos a todos dirigiendo el nacionalismo catalán y proclamando urbi et orbi, un poco a la ligera (no era antropólogo), la tesis de la superioridad del cráneo catalán sobre el castellano”.

Con su habitual humor, el premio Nobel español señalaba que la opinión de Robert era “desinteresada, pues además de gozar de un cráneo exiguo, aunque bien amueblado, había nacido en México y ostentaba un apellido francés”. Robert, efectivamente, había nacido en Tampico, hijo de una madre vasca y de un padre mexicano de origen catalán. Siete meses después de su polémica charla, el 12 de octubre de 1899, Robert presentó su dimisión, tras intentar luchar contra el caciquismo en Barcelona. Tres años después, murió.

Ramón y Cajal fue durante toda su vida un enamorado de Cataluña y un látigo del separatismo. En su libro “El mundo visto a los 80 años”, publicado en 1934, pocos días después de su fallecimiento, lamentaba las tensiones independentistas que surgían entonces en algunos sectores de Euskadi y Cataluña. “A pesar de todo lo dicho, esperamos que en las regiones favorecidas por los Estatutos prevalezca el buen sentido, sin llegar a situaciones de violencia y a desmembraciones fatales para todos. Estamos convencidos de la sensatez catalana, aunque no se nos oculta que, en los pueblos envenenados sistemáticamente durante treinta y cuatro años por la pasión o fascinados por prejuicios seculares, son difíciles las actitudes ecuánimes y serenas”, reflexionaba.

Ramón y Cajal, un aragonés nacido en 1852, tenía un segundo hogar en Cataluña. Su padre había estudiado Medicina en Barcelona. Y allí mismo, entre 1887 y 1892, el neurocientífico llevó a cabo los principales descubrimientos -sobre las neuronas, las “mariposas del alma”- con los que ganó el premio Nobel. También en Barcelona nacieron varios de sus hijos y murió trágicamente, por una meningitis, su pequeña hija Enriqueta.Unos años antes, en 1873, el joven Ramón y Cajal había cumplido el servicio militar obligatorio en Lleida, enfrentado a las tropas carlistas. “Durante estas andanzas militares tuve ocasión de conocer de cerca el carácter catalán. De las gentes que traté guardo grato e imborrable recuerdo”, rememora en Recuerdos de mi vida.

“En los pueblos envenenados sistemáticamente son difíciles las actitudes ecuánimes y serenas”, escribió Ramón y Cajal

“En las casas donde se celebraban reuniones, y hasta en las familias más modestas, las señoritas tenían a gala hablar castellano, y se desvivían por hacer agradable nuestra estancia. Consideraban el catalán cual dialecto casero, adecuado no más a la expresión de los afectos y emociones del hogar”, asegura el neurocientífico. El sentimiento de “cariño a España” surgía “espontáneamente en todas las provincias catalanas”. En sus textos, Ramón y Cajal sugiere que una parte de la ciudadanía catalana fue más tarde “envenenada” por caciques con mentiras pseudocientíficas. “El auge del catalanismo político también tuvo su reflejo en la tentativa de fundamentar la especificidad catalana en lo somático [un cuerpo humano diferente]”, confirma el libro “Historia de la antropología en Cataluña”, publicado en 1997 por el investigador Lluís Calvo.

La ignorancia fue el caldo de cultivo para el nacimiento de estas teorías, según Calvo, director de la Institución Milà i Fontanals del CSIC, en Barcelona. “El casi nulo desarrollo de las investigaciones de carácter antropobiológico en la Cataluña decimonónica, así como la escasa articulación de los trabajos en Prehistoria o en Arqueología, hicieron que, en ciertos círculos políticos catalanistas, se buscasen argumentaciones de carácter somático para justificar la referida especificidad”, argumenta en su libro. “El auge del catalanismo político también tuvo su reflejo en la tentativa de fundamentar la especificidad catalana en lo somático [un cuerpo humano diferente]”, explica el antropólogo Lluís Calvo.

Calvo también recuerda el caso del historiador José Pella y Forgas, que en sus Estudios de Etnología Catalana (1889) defendía la diferente conformación física de los catalanes. “Nuestra nacionalidad subsiste y no se confundió en la hegemonía castellana o francesa, porque tiene una base étnica propia y fundamental (revelada, entre otras cosas, por el cráneo sardo, el más numeroso en Cataluña y aún en Valencia y Mallorca)”, sostenía Pella y Forgas. Algunos investigadores actuales quitan peso a esta componente racista del separatismo histórico. En su tesis sobre el doctor Robert, el historiador Santiago Izquierdo, de la Universidad de Barcelona, apunta que “en aquel momento el estudio de las razas humanas no tenía las connotaciones, sobre todo políticas, que tiene en la actualidad”. El propio Robert, subraya, aseguró en 1900 que él no hablaba de “cráneos privilegiados”, aunque seguía insistiendo en los diferentes índices cefálicos observables en las distintas regiones de España.

“En realidad, el doctor Robert, en su conferencia, se limitó a hacer un estudio rigurosamente científico. Si en el nordeste de la península predomina un tipo craneano diferenciado, los catalanes no vamos a deformarnos el cráneo en aras de la unidad española”, escribió Antoni Rovira i Virgili, político de Esquerra Republicana de Catalunya, en su libro “El nacionalismo catalán”, de 1917. “¿No se nos tolerará a nosotros que hablemos de raza catalana, y se celebrará mientras tanto en las tierras de lengua castellana esa reciente, artificial y envarada Fiesta de la Raza?”, se preguntaba en referencia a la recién instaurada celebración del 12 de octubre, en conmemoración del descubrimiento de América.

“Aquí en Cataluña no se habla casi nunca de Ramón y Cajal. Y yo creo que es porque criticaba mucho el separatismo”, opina su sobrino bisnieto

La discusión sobre “la raza catalana” parece un delirio propio de otro siglo, pero ha tenido ecos recientes. El historiador Oriol Junqueras, presidente de Esquerra Republicana de Catalunya hoy en prisión preventiva, comentaba en 2008 en el diario Avui un estudio científico sobre el mapa genético de Europa: “Hay tres Estados (¡sólo tres!), donde ha sido imposible agrupar a toda la población en un único grupo genético. En Italia, en Alemania […] y en España, entre españoles y catalanes”. Junqueras veía una frontera genética que no aparecía en los datos. Lo que en realidad decía aquel estudio es que las diferencias genéticas eran mínimas en todo el continente e iban variando gradualmente con la distancia geográfica. Si se toman muestras de sólo dos poblaciones, como se hizo en España, se aprecian esas mínimas diferencias. “Si hubiésemos analizado más, se vería el cambio gradual. No hay fronteras ni delimitaciones genéticas”, confirma uno de los autores del trabajo, el biólogo Jaume Bertranpetit, de la Universidad PompeuFabra, en Barcelona. “Europa es, genéticamente, muy aburrida”.

Un sobrino bisnieto del neurocientífico, también llamado Santiago Ramón y Cajal, es hoy un prestigioso patólogo en el Hospital Universitario Valld’Hebron, en Barcelona. Y cree que allí, por razones políticas, “se ha ignorado” al hombre que ganó el premio Nobel gracias a sus investigaciones en un laboratorio barcelonés. “Aquí en Cataluña no se habla casi nunca de Ramón y Cajal. Y yo creo que es porque criticaba mucho el separatismo. Era muy antiindependentista”.

El ‘eslabón perdido’ se llamaba Laia y era catalana; descubren en un yacimiento de Barcelona el ancestro común de monos y hombres

El ‘eslabón perdido’, el último ancestro común entre monos y hombres, es catalán. O mejor dicho, catalana. Un nuevo registro fósil hallado en el yacimiento de Can Matas, en la localidad barcelonesa de Hostalets de Pierola, da un vuelco radical a lo asentado científicamente desde hace medio siglo respecto a la cadena evolutiva de hominoides (simios de pequeño tamaño como los gibones) y homínidos (grandes antropomorfos como orangutanes, gorilas y chimpances, y hombres). Hasta ahora, toda la evidencia científica apuntaba que los monos y los hombres descendían de un simio grande, de unos 40 kilos de peso, similar a un chimpancé. Laia, un primate de solo cinco kilos de peso y 11.6 millones de años de antigüedad, cuyos restos fósiles han sido descubiertos en la citada base arqueológica catalana, tira al traste esta teoría y demuestra que nuestro último antepasado fue un pequeño mono de tamaño similar al de un gibón. Salvador Moyà-Solà, director del Instituto Catalán de Paleontología (ICP) Miquel Crusafont, responsable del hallazgo, que se publica en la revista Science, destaca la importancia del mismo.

“Laia rompe con todo lo asentado desde hace 40 y 50 años, ya que todos los restos que componen el actual registro fósil indicaban que el antepasado común entre monos y humanos se parecía más a un chimpancé que a un gibón”, apunta el investigador. Aclara que Laia es un pliobatescataloniae. “Pliobates por la contracción de Pliopithecus y Hylobates y cataloniae por la referencia geográfica a la ubicación del yacimiento en el que ha sido descubierto”. Su nombre tampoco es gratuito, según apuntan sus descubridores. “Es un diminutivo de Eulàlia, la patrona de Barcelona, nombre que, literalmente significa que habla bien, que es elocuente y reveladora, como el nuevo conocimiento que aporta a la ciencia”, señalan.

“Este hallazgo lo trastoca todo”, destacan los ‘descubridores’ de los restos de Laia el de enero del 2011, pero aireado en plena campaña del ‘21D’

Los investigadores dieron con el primero de los cerca de 70 restos de Laia el 3 de enero de 2011. Un equipo de arqueólogos liderado por Josep Maria Robles, del citado Instituto, encontró una pequeña porción de cráneo haciendo una revisión rutinaria a las máquinas excavadoras. A partir de ahí, barrieron la zona durante semanas hasta dar con el resto. Entre los restos descubiertos en el vertedero de Can Mata destacan buena parte del cráneo y la dentición, y una parte del brazo izquierdo que incluye varios elementos de las articulaciones del codo y la muñeca. “Debemos agradecer al carroñero que se saciara ya con el brazo derecho”, comenta Moyà-Solà en tono jocoso.

Hasta la descripción de Pliobates, todos los simios fósiles de tamaño pequeño (entre 5 y 15 kg) que se habían encontrado tenían una estructura corporal demasiado primitiva para tener una relación de parentesco estrecha con los hominoideos actuales. “Este hallazgo lo trastoca todo”, asegura David Maria Alba, investigador principal del estudio.Aunque Pliobates retiene algunos caracteres primitivos, la anatomía del brazo y, en particular, la articulación entre el húmero y el radio, y los huesos de la muñeca, ya presentan el diseño básico de los hominoideos actuales. Sus huesos hablan por ella. Dicen, por ejemplo, que vivía en bosques cerrados y frondosos con fauna variopinta y muy variada (ardillas, castores, ciervos, lirones…) y le encantaba trepar por las copas de los árboles y saborear frutos blandos.

Las adaptaciones del esqueleto postcraneal de Pliobatescataloniae indican una locomoción que habría consistido principalmente en trepar de manera lenta y cautelosa por las copas de los árboles, con una gran flexibilidad de movimientos y cierta capacidad de colgarse de las ramas. Tenía un grado de encefalización parecido al de los monos y los gibones actuales, pero inferior al de los grandes antropomorfos. “El estudio de las marcas microscópicas dejadas por los alimentos en la superficie masticatoria de los dientes poco antes de la muerte indican una dieta esencialmente frugívora, es decir, basada principalmente en frutos maduros y blandos, como en los gibones actuales”, precisan los investigadores.

Pau y Lluch en el yacimiento del Vertedero Can Mata, “uno de los más importantes del mundo para estudiar el origen de hominoideos actuales”

El hallazgo de Pliobates constata de nuevo que el complejo de yacimientos del Vertedero de Can Mata es “uno de los sitios más importantes del mundo para estudiar el origen de los hominoideos actuales”. El control paleontológico que se ha realizado de las obras de ampliación del vertedero durante los últimos 13 años, bajo la supervisión científica del ICP, ha permitido recuperar extraordinarios restos fósiles de primates de hace entre 12,5 y 11,5 millones de años. Destacan el esqueleto de Pierolapithecuscatalaunicus (conocido como Pau), encontrado en 2002 y descrito en 2004, así como el cráneo de Anoiapithecusbrevirostris (Lluc), descrito en 2009. “Pau fue importante porque dio mucha información sobre los homínidos, Laia nos da información un paso más hacia atrás”, resume Alba en declaraciones a ABC.

Catalanes: ¿Y si os espera la irrelevancia? Las palabras de Carles Puigdemont encajan cada vez mejor en espacios de humor mientras los que cuentan dan la espalda a Cataluña. Berna González Harbour escribió una interesante columna periodística este pasado fin de semana. Recalcaba que “cuando uno viaja de enviado especial a un conflicto, una de las fuentes más fiables de información es obviamente la cobertura en los buenos periódicos…”. Por eso la mayor sorpresa que vivió esta periodista al cubrir el proceso de paz en el Ulster fue chocar una y otra vez con la indiferencia de la prensa británica e irlandesa, que dedicaban a los avances y retrocesos pequeñas columnas escondidas o que consagraban a la enésima suspensión del autogobierno un triste faldón en página par. En esos días, líderes del Sinn Fein antes temidos como Gerry Adams o Martin Mc Guinness te recibían con los brazos abiertos y concedían entrevistas que les parecían suculentas a los periodistas que se acercaban a Stormont, el palacio del poder en Irlanda del Norte, como también los líderes unionista como aquel airado reverendo IanPaisley.

Las declaraciones del expresidente de Catalunya son tan cansinas que encajan mejor en los programas de humor que en los de información

Todos se alegraban de que alguien viniera a escucharles. Porque el eco que encontraban allí era, día tras día, más tendente a cero, en realidad. Y cuando esta periodista preguntaba a los colegas, a ciudadanos corrientes o a familiares de uno y otro bando el porqué de esa indiferencia ante algo tan extraordinario -más tarde mereció el Nobel de la Paz- la respuesta solía ser la misma: “Estamos hartos. Nos han hecho mucho daño”. Carles Puigdemont también da entrevistas a quien le ponga una alcachofa delante, especialmente a prensa extranjera y la catalana afín. Pero, salvando todas las distancias con el asunto irlandés, sus declaraciones son tan cansinas que cada vez encajan mejor en los programas de humor que en los de información.

La realidad más acuciante es que los turistas empiezan a dar la espalda a Cataluña como antes lo han hecho las empresas y -no nos engañemos- ni unos ni otros estarán deseando volver. Los radares en el mundo global cambian muy fácilmente de orientación, los trenes pasan y lo que se pierde, como el sueño o el amor sin realizar, no se suele recuperar. Pronto emergen otros destinos como Cancún y Playa del Carmen, en Quintana Roo, México, terrenos más fértiles para hacer negocios o pasarlo bien y la fidelidad a esos niveles no existe. La atención habrá volado. Los independentistas prosiguen su lucha dialéctica por aparentar coherencia donde no la hay. O por encontrar un público. Puigdemont y su lista siguen defendiendo que el presidente es él aunque ERC no está muy de acuerdo. A ratos se alinea con la ultraderecha antieuropea y a ratos vuelve a recordar que Europa es su destino en lo universal, como lo decía Francisco Franco, quien carcajea estos días desde su infernal eternidad. Junqueras escribe pobrísimas cartas de amor que solo dan pena o vergüenza ajena y hasta Pilar Rahola decreta que “Europa es una mierda”. A veces las barbaridades ya no encuentran siquiera eco en la prensa. En estos momentos, alguien en sus filas debería aterrizar y caer en la cuenta de que el siguiente paso a esto es el silencio, la irrelevancia o la indiferencia nacional e internacional. Mientras en España siguen peleándose por las banderas -un vecino de Aragón fue asesinado por un okupa, nieto de un almirante del dictador chileno Augusto Pinochet, por llevar unos tirantes con la bandera de España- no se habla de las corrupciones que están siendo juzgadas, cuyos protagonistas son políticos y empresarios afines al independentismo en Cataluña y a los partidos constitucionalistas del PP del actual presidente Mariano Rajoy y José María Aznar y del PSOE de los Felipe González y los Alfonso Guerra quienes a base de millones de las arcas públicas del Estado pactaron el no abordar el tema de la división territorial de España más allá de los Estatutos de Autonomía que recoge la Carta Magna del 1978. Han pasado muchos años y estamos en unos momentos de auges de populismos y nacionalismos promovidos tanto desde Estados Unidos como de Rusia, por sus dirigentes Donald Trump y Vladímir Putin.

En España vivimos tiempos tragicómicos de la ‘Celtiberia Show’ del periodista y escritor barcelonés ya desaparecido Luis Carandell

No les gusta una Unión Europea fuerte y defensora de los principios democráticos emanados de la Revolución Francesa y de su Libertad, Igualdad y Fraternidad, en 1790. Los europeos pagaron una dura factura por los nacionalismos de moda en los siglos pasados, en el XX murieron más de 50 millones de ciudadanos. Décadas atrás vivimos la efervescencia nacionalista en la antigua Yugoeslavia y sus limpiezas étnicas, que pusieron un final dantesco a una interrelación racial y cultura. A los europeos sienten pavor ante estas fiebres nacionalistas en un continente donde hay infinidad de nacionalidades, vinos, quesos, champanes y cavas… Imagínense que a todos les dieran por ser ‘independientes’. En España vivimos tiempos tragicómicos de la ‘Celtiberia Show’ del periodista y escritor barcelonés ya desaparecido Luis Carandell.

La sección ‘Celtiberia show’ empezó a publicarse en el semanario Triunfo a mediados de 1968, y le sirvió al periodista Luis Carandell (1929- 2002) como lienzo donde retratar, con cierta ironía corrosiva, una parte de la vida cotidiana de la España no oficial. Lo conseguía recreándose con manifestaciones pintorescas publicadas en la prensa, sacando punta al lápiz con carteles sorprendentes, coplas populares, esquelas o fotografías bien curiosas: “Prohibido atropellar niños bajo multa de 50 pesetas” decía uno de esas menciones; “Se habla idiomas, por señas” mostraba una foto de una pizarra de un bar; “Se vende rebaño de cabras, con cabrero o sin él” contaba un anuncio; “No se admitirán ‘deboluciones’ de entradas a quien no teniendo 18 años la saque” o “Desearíamos comprar loro especie habladora (preferible hablando idiomas)” señalaban otras dispensas, sin olvidar expresiones ininteligibles, o al menos paranormales, como “Exfusilada por las hordas marxistas” que aparecían en algunos de estos escritos.

No eran tiempos, aquellos, en lo que los medios de comunicación pudieran satirizar a las altas instancias del país, por lo que este incisivo periodista -que llegó a ser considerado como el mejor cronista parlamentario del siglo XX- se dedicó durante años a recoger este anecdotario con el fin, tal vez, de descifrar un país que había vivido demasiados años encerrado en sí mismo. Las crónicas tuvieron tal éxito, que solo un par de años después, en 1970, el autor decidió recoger el material en un libro que acabó por disfrutar de diversas reediciones y actualizaciones, aunque sección y revista desaparecieran formalmente del quiosco en el año 1982. Era, sin duda, otra manera de explicar las contrariedades de una época, sin atacar las autoridades. Un país que empezaba a soñar con superar el “subdesarrollo” pero que psicológica y materialmente vivía aún marcado por una cruel guerra civil y una larga dictadura.

@BestiarioCancun

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