El crecimiento enano

El crecimiento enano

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A menudo el crecimiento económico es asociado a la gestión administrativa y el éxito político, y se da por hecho como factor de prosperidad social: ingreso popular, servicios públicos, etcétera. Es evidente que es una condición del desarrollo cuando el crecimiento procede de la calidad de la gestión, y la calidad de la gestión obra también los beneficios distributivos del crecimiento. Pero el crecimiento como efecto de la inercia desregulada y al garete de una fuente natural de riquezas, suele ser todo lo contrario que sustentabilidad ambiental y bienestar social.

Con absoluta inconsciencia suele decirse que hay qué aplaudir la lógica del crecimiento histórico sostenido y al nivel de China, de entidades como Aguascalientes, Querétaro o Quintana Roo, gracias a la gestión industrial o turística de sus Gobiernos.

Pero en Quintana Roo hay una lógica de degradación de muchos años de letales administraciones, sobre todo municipales, en sus zonas de desarrollo turístico, que son las de mayor y más sostenido deterioro social.

¿De qué sirve crecer, si se crece con incurables malformaciones y traumas congénitos como los de Quintana Roo?; ¿si crecer es multiplicar la indigencia y la desigualdad al ritmo de una de las inmigraciones de pobres más altas del mundo?; ¿si crecer es hacerlo en un solo perímetro geográfico y en un solo sector económico: sólo en el norte y sólo en el turismo, y sólo, además, para beneficio exclusivo de los dueños del mercado?; ¿si crecer es multiplicar la marginalidad, la destrucción ambiental, y la descomposición social, cultural y humana?

¿Para qué crecer si es hacerlo sin regulaciones de ninguna especie, sin equilibrio, sin orden, en el caos absoluto? ¿Para qué, si lo que más ha de crecer es la corrupción; si los planes de desarrollo urbano a largo plazo de las ciudades que más crecen, se deshacen y rehacen al gusto de intereses inversores y sociedades criminales suyas con las autoridades de cada período de Gobierno? ¿Para qué crecer si el desorden administrativo, financiero y fiscal, y la irresponsabilidad y la frivolidad políticas e institucionales, lo que más producen es caos, violencia, inseguridad y entropía?

¿Para qué el Nuevo Cancún en la Zona Continental de Isla Mujeres, y todos esos nuevos capitales turísticos que se anuncian y se cultivan en la Riviera Maya, si todos son depredadores, ruinosos y letales para una de las áreas de la biodiversidad más frágiles del planeta, más susceptibles de contaminación, y más vulnerables a las presiones demográficas, a la carencia de infraestructuras urbanas y de saneamiento, y a las debilidades fiscales y la corrupción pública que impiden promover esas infraestructuras contra el deterioro?

¿Para qué crecer si se sobredensifica, si se atasca la movilidad, si se atrofia la vialidad, si se degrada el transporte?… ¿Para qué, si la masa drogadicta del turismo es la que más se expande en las zonas hoteleras, y el negocio de los sicarios crece al mismo ritmo que ella y que el número de jóvenes delincuentes y viciosos de los hacinamientos de las barriadas que quieren ser sicarios porque no tienen una mejor oferta de trabajo? ¿Para qué, si se suceden las generaciones perdidas, el maltrato familiar, la delincuencia juvenil, el suicidio y la catástrofe de las expectativas de mejoramiento y bienestar?

Hay formas de crecer. Es cierto, como aseguran los análisis de cifras económicas que no advierten los daños colaterales del crecimiento: se puede crecer en porcentajes similares a los de los chinos, como ocurre en algunos Estados de México, entre ellos Quintana Roo, pero también con los peores defectos de ese crecimiento y con otros, si no se complementa con los bienes del desarrollo, con un incremento educativo vertiginoso y de primer mundo como el de los chinos, con una competitividad consecuente que mejore la productividad y el ingreso y la distribución de la riqueza, y con una diversidad de las alternativas cognitivas, humanísticas y culturales que eleven el espíritu, la conciencia crítica, y la calidad de las instituciones democráticas.

Crecer, sólo crecer, en una sola región, en un solo sector económico y en un solo grupo social, es enanismo.

Cuando se festina el crecimiento turístico o exportador a secas, sin revisarse los daños colaterales; cuando sólo se advierten los oasis glamorosos y la bonanza de los parajes de la buena vida, es que no se ha leído “Cien años de soledad” ni advertido ‘la hojarasca’ y ‘el diluvio’ alrededor del éxito de la United Fruit en un pueblo bananero como Macondo.

SM

estosdias@gmail.com

 

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