El falso evangelio de Ivonne Ortega (final)

El falso evangelio de Ivonne Ortega (final)

8
0
Compartir

3 marzo de 2013. “El 1 de diciembre del 2012, el Presidente de la República, el licenciado Enrique Peña Nieto, hizo un llamado a todos los mexicanos para que juntos alcancemos un objetivo histórico y trascendental…”: “convertir a México en una potencia emergente; en el país dinámico, justo y próspero que ya nos merecemos. Y los primeros que tenemos la obligación de responder a ese llamado somos los militantes del PRI, los que si tenemos un compromiso de lealtad con él, porque convertir a México en una potencia emergente va a exigir profundas transformaciones económicas, políticas y sociales”.

7 de septiembre de 2013. “Hoy quiero decirles que el PRI tiene un reto importante; el PRI tiene que darle todo su respaldo y apoyo a nuestro líder moral, a nuestro presidente de la República, al licenciado Enrique Peña Nieto… la reforma energética, una reforma valiente… necesita de priistas valientes que salgamos a defender esa reforma, que permita que junto con el presidente podamos transformar a México, podamos cambiar la vida de las personas, podamos darles la oportunidad a los niños y a los jóvenes de escribirse una nueva historia en la vida. Hoy, como secretaria General del PRI… les digo: es el momento de cerrar filas, es el momento de que el PRI unido salga a defender a su presidente y a sus reformas, para que juntos podamos escribir una nueva historia para México”.

8 de septiembre de 2013. “Nuestros héroes nacionales no fueron conservadores, fueron reformadores, como nuestro presidente”.

16 de enero de 2017: “He pedido licencia para separarme del cargo como legisladora federal. Lo hice como un acto de congruencia, pues mi visión de país me pide estar del lado del pueblo para defender sus derechos… Juntos iniciamos un movimiento nacional para la protección del bolsillo de los mexicanos. Empecemos por bajar los impuestos a la gasolina y al diesel, y así bajar su costo. La única manera de hacer realidad esta propuesta es a través de un movimiento respaldado por los ciudadanos… No es justo que… tengan que cargar con el precio de la liberación de la gasolina…”.

¿Es ahora una voz crítica de Peña o la misma marioneta a su servicio mal disfrazada de conciencia contestataria de su partido y de alternativa electoral posible ante el panorama priista de pesadilla de la sucesión presidencial que viene? Porque, ¿cómo es que tan así como así anda denunciando a diestra y siniestra por el país entero las atrocidades cometidas por Peña contra los mexicanos, y por otros líderes priistas, como los exgobernadores presos o prófugos, de todos los cuales –presidente, exgobernadores y demás pandilla de delincuentes- ella se desmarca ahora como la excepción de integridad que quiere vender cual la otra cara del PRI -el verdadero ‘nuevo PRI’-; y cómo es que anda en esa campaña itinerante contra el presidente y de autopromoción anticipada por la candidatura de su partido nada menos que para sucederlo a él, y nadie menos que ella, que tan vasalla y tan obediente de las decisiones de su partido y de su jefe máximo se ha declarado siempre; y cómo es que puede hacerlo sin que nadie en el PRI la llame a cuentas ni cuestione sus gastos proselitistas –con Peña como el objeto esencial de sus ataques- ni la denuncie ante la autoridad por posibles delitos electorales, y sobre todo viendo cómo algunos correligionarios suyos caídos en desgracia han sido dejados de la mano presidencial cuando ella puede tener un expediente de ilegalidades similar al de aquéllos y por el que también pudiera ser perseguida, y aun con más causa que la alzada contra aquéllos, puesto que aquéllos nunca levantaron la mano contra el presidente y jefe político suyo (de hecho abusaron de su poder hasta la locura gracias al ejemplo y al amparo de ese liderazgo que creyeron todopoderoso y confiaron los haría inmunes)? ¿Cómo es que ella puede hacer su propaganda antipresidencial sin censura alguna de su partido y de su jefe máximo, y sin que nadie cuestione el financiamiento de su campaña anticipada? ¿Anda en verdad por la libre, la exgobernadora, o es una lombarda organizada contra López Obrador –lo cual sería un perfecto despropósito, dado el perfil tan poco edificante de la yucateca- y un proyecto publicitario de aparente renovación interna y apertura democrática a la militancia –lo cual también sería un redondo y contraproducente disparate, exhibiendo como ejemplo de autocrítica nada menos que a la representante por excelencia de las prácticas y la retórica más viciadas, anacrónicas y despreciables del populismo tricolor- para intentar armar un frente propagandístico de alguna credibilidad?

Ivonne Ortega no es ni más ni menos que de la misma estatura espiritual que la de los dos Duarte –el de Chihuahua y el de Veracruz, el primero prófugo de la Justicia y el segundo preso-, que los quintanarroenses González Canto y Beto Borge, y que los mexiquenses Peña, Ávila, Del Mazo y compinches y grupos de poder que los acompañan; ni más ni menos que de la estatura espiritual del gran patriarca político venerado por todos ellos e invitado principal a los informes anuales de Gobierno de algunos de ellos –a los que se dignaba asistir cuando la apretada agenda de sus negocios globales se lo permitía, como los informes del ahora exgobernador presidiario, Beto Borge, y la ahora exgobernadora y diputada federal con licencia y en campaña por la candidatura presidencial, Ivonne Ortega-, es decir: el expresidente Carlos Salinas de Gortari.

La diferencia entre los exgobernadores bajo proceso penal o que pueden estarlo, e Ivonne Ortega, es, como dice Hugo Trejo, la única y gran diferencia de que la yucateca ganó las elecciones para su personal candidato a sucederla en el Gobierno de su Estado y que los otros no pudieron hacerlo para los suyos. De otro modo, Beto Borge, Félix González, los Duarte y sus bandas de saqueadores seguirían la fiesta de sus desmesurados atracos contra las entidades que la desgracia institucional de la democracia electorera y el voto comprado con exorbitantes partidas del erario a millones de votantes de la miseria material y moral, pusieron en sus manos; y por esa pendiente del endeudamiento y la bancarrota absolutas seguirían rodando cuesta abajo sus Estados, porque la vasta riqueza y la gran rentabilidad fiscal de los mismos seguiría siendo drenada en una sangría incontenible hacia los patrimonios particulares de dichas familias del poder presas de una voracidad y de una cleptomanía insaciables e incurables.

Pero Ivonne Ortega ha sido socia de negocios del poder de los líderes políticos más irresponsables, demoledores y criminales de Quintana Roo. Y del mismo modo que Félix González como gobernador de este Estado contribuyó a financiar la campaña del sucesor de Ortega en Yucatán, ésta contribuyó con la del sucesor de González Canto en Quintana Roo.

De modo que en una historia política con final feliz, patrocinada con enormes cantidades de recursos del erario de ambas entidades –‘inadvertidos’ para los burócratas de las instituciones, las fiscalías y los tribunales electorales, y de los organismos para la transparencia y contra la corrupción, todos autónomos y ciudadanizados-, los representantes predilectos y más incondicionales de los intereses del ahora senador quintanarroense y la ahora diputada federal yucateca con licencia y aspirante en campaña a la candidatura presidencial priista, ganaron las elecciones, se hicieron gobernadores, cargaron con la factura de los dispendios de sus tutores y predecesores, mantuvieron sus privilegios y la protección de sus vastos bienes adquiridos mediante el abuso delictivo del poder –aunque legitimado por la inercia pasiva y la complacencia de la institucionalidad anticorrupción-, incrementaron el también vasto endeudamiento y el déficit público que les legaron como impagable hipoteca de las administraciones estatales durante décadas, e hicieron sus propias y desmedidas fortunas personales.

Sólo que mientras Borge paga con cárcel sus incontenibles y maniáticas maneras de robarse los patrimonios que debía administrar –aunque su encarcelamiento no se deba a la funcionalidad y la eficacia justiciera de las leyes y los mecanismos de transparencia, rendición de cuentas y anticorrupción, sino a denuncias civiles, conveniencias políticas eventuales del jefe del Ejecutivo federal (que pueden costarle caro si los presidiarios sueltan la lengua y hablan de las contribuciones de sus Gobiernos para la campaña presidencial de aquél), y propósitos de cumplir con las promesas electorales y las obligaciones legales del actual gobernador, a quien Borge convirtiera en su mayor enemigo y contra quien empleara incontables recursos presupuestarios, jurídicos y políticos para impedir su ascenso al poder estatal, lo que sería el peor de sus errores de arrogancia y cretinismo-, el yucateco Zapata Bello, bajo el ejemplo y la ayuda de su tutora y jefa política, Ivonne Ortega, espera preservar su legado y darle continuidad mediante un sucesor de su misma familia política, o de menos salvar la cárcel con alguien a modo o un correligionario más o menos ‘tolerante’, comprensivo, negociador y no enemistado con el actual grupo en el Gobierno.

En su sociedad de negocios de poder con Félix González, Ortega, entonces secretaria general del PRI, apostó con el senador por la candidatura del exalcalde de Solidaridad y exsecretario de Hacienda de González, Mauricio Góngora Escalante, para la sucesión gubernamental de Beto Borge, en contra de las pretensiones del ahora presidiario, quien perdería esa guerra por partida doble merced a sus desplantes y sus fatuidades, en tanto no pudo imponer al candidato personal que se había inventado con ese fin, el actual diputado federal y exíntimo amigo suyo, José Luis Toledo; y el peor de los enemigos que se forjó con esa sorda altanería tan suya le ganó al candidato de la sociedad de su predecesor y la exgobernadora yucateca, pero le ganó a pesar –o quizá por eso, más bien, y por el desprecio general en contra del entonces gobernador- del manantial de dinero prohibido y de recursos ilícitos destinados de la manera más grotesca y por tanto más improductiva y autodestructiva, por sus efectos de boomerang, a insultar y difamar de manera personal al ahora gobernador como estrategia para desprestigiarlo, lo que procediendo de alguien tan desacreditado por su zafiedad y su vulgaridad, no podía sino redituarle beneficios de imagen y sufragios a su destinatario.

Pero el caso es que Ivonne Ortega se convirtió en residente virtual de Playa del Carmen, cabecera de Solidaridad, para promover la candidatura de Góngora, y que esa sociedad de intereses abrió además una oficina en la capital de la República con el mismo fin. Y fueron ella y González Canto quienes mintieron a su dirigencia partidista nacional, presidida entonces por Manlio Fabio Beltrones, y a su líder máximo, Peña Nieto, a quienes pronosticaron y garantizaron con absoluta certeza el éxito electoral de Góngora, un personaje de ese círculo perverso de depredadores del poder público, quien había acumulado también una importante reserva de mala imagen y sobradas acusaciones de corrupción e incompetencia tras haber sido uno de los dos gestores operacionales –el otro fue Fredy Marrufo, actual delegado federal de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, y exmunícipe de Cozumel, territorio perdido electoralmente por ese grupo de la ‘nueva generación’ y el ‘nuevo PRI’ peñistas- del mayor endeudamiento hasta entonces de una entidad sin problema alguno de financiamiento, de deuda y de déficit, y de haber puesto también al Municipio turístico más rentable y con mayor capacidad porcentual de ingresos del país en condiciones extremas de debilidad, de insolvencia fiscal, de bancarrota.

Ahora debiera López Obrador enderezar algunas advertencias y debiera el electorado de bien estar atento a la movilidad política de gente tan sin escrúpulos y con tanta experiencia en la perfidia política, en los usos y costumbres más insanos del clientelismo y la permeabilidad de la propaganda populachera del peor priismo de todos los tiempos, y en la oferta representativa de esos liderazgos tricolores trasnochados y nostálgicos de la prehistoria cavernícola presentados a sí mismos ante la opinión pública y frente a los restos desperdigados de su militancia, como Peña en su momento, como los redentores del viejo orgullo tricolor y defensores de las glorias, dicen, del partido más grande de la historia de México.

En la estrategia de Ortega se ha instalado ahora la idea de enfrentar a López Obrador para ejemplificarlo como lo más censurable del pasado autoritario priista y de echar sobre la desmedrada imagen de Peña y su mandadero en el PRI, Enrique Ochoa Reza, todos los males de su partido y del país, para erigirse ella misma como la otra cara de la moneda de ese partido y la salvadora providencial y definitiva del México nuevo emergido del fondo de la verdadera Revolución institucionalizada.

“La gente está cansada de la corrupción dentro de los Gobiernos. Queremos más transparencia”, dijo en otro de sus ‘novedosos’ videos el pasado 2 de julio.

El infernal destino de sujetos como Borge, del PRI y del país en la era de Peña, ha sido cosa de la miseria moral de esos sujetos de la calaña de los Borge, de los actuales dirigentes del partido y del presidente del país.

¿Y ella?; pues ella ya se ha desmarcado pero sin renunciar al PRI, sino como el alma vanguardista de su, ahora sí, verdadero renacimiento democrático.

Ella no puso al frente del Gobierno de su Estado a un títere (que por cierto ahora anda también envuelto en acusaciones mediáticas de vínculos con el hampa organizada y protección a delincuentes del entorno borgista) ni ayudó a su amigo Félix González a poner al suyo y luego a intentar poner, ahora de manera infructuosa, a otro más de su cuadra, ya desperdigada y en fuga.

Debiera, pues, López Obrador, llevar agua a su propio molino de campaña rezándole una que otra admonitoria filípica a la pretendida conversa yucateca en el sentido, por ejemplo, de que ella tiene más cola que le pisen que él, y que acaso un próximo mandato presidencial menos percudido que los que se proponen desde el panismo y el priismo, como pudiera ser el suyo, bien podría encargarse de poner en su lugar –acaso en chirona al propio Peña, por ejemplo- a unos cuantos delincuentes vividores del saqueo y culpables muchos de ellos de la violencia, la inseguridad y las mortandades del país; y que acaso también ella, la vociferante exgobernadora yucateca, pudiera estar en esa lista de depredadores perseguidos por la justicia venidera de los tribunales penales o, de menos, los mediáticos –si los delitos prescriben, en este reformismo penal tan a modo de los peores delincuentes-; y que no está ella para andar dando lecciones de probidad política ni de democracia ni, por supuesto, de moral; y que, por favor, sería más aconsejable que estimara la posibilidad de poner sus barbas –vaya, es como dice el refranero- a remojar.

SM

Estosdiasqgmail.com

 

You are not authorized to see this part
Please, insert a valid App IDotherwise your plugin won't work.

No hay comentarios

Dejar una respuesta