El G-7 y el desvarío Trumpiano

El G-7 y el desvarío Trumpiano

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“El presidente norteamericano tal vez no se ha dado cuenta de que está aislado, pero a ninguno de nosotros nos importaría firmar un acuerdo de 6 países, si es necesario”.

                Esto dijo el presidente francés Emmanuel Macron en un áspero tweet el jueves pasado, con respecto a la reunión del G-7, el grupo de países más poderoso del mundo.

                Y siguió, “Porque estos 6 países representan valores, representan un mercado económico que tiene el peso de la historia detrás y el cual es ahora una fuerza internacional”.

                El canadiense Justin Trudeau, en conferencia de prensa junto a Macron, respaldó esta postura de los 6 al señalar que “nosotros vamos a defender nuestras industrias y nuestros trabajadores, y le vamos a mostrar al presidente de Estados Unidos que sus acciones inaceptables están hiriendo a sus ciudadanos”.

                Y mientras el Donald se metía en una polémica guerra de palabras sobre el comercio con los otros países –que sólo demostraron su aislamiento y lejanía de los demás líderes- la Casa Blanca anunciaba que el presidente no asistiría al segundo y último día de conversaciones.

                 Hartos de sus desplantes, los líderes del G-7 y otros menos poderosos como el caso de nuestro presidente, toman medidas para protegerse y contraatacar. El mundo ha sido su víctima y al tiempo juega a hacerse la víctima. Perversidades dignas de estudios psicológicos.

                Ese es el @realDonaldTrump, pega, fanfarronea, bullea, tira la piedra y esconde la mano.

                Sarah Huckabee Sanders, secretaria de prensa de la Casa Blanca, afirmó que su presidente abandonaría Canadá a las 10:30 de la mañana del sábado, justo antes de que comiencen las sesiones programadas sobre el cambio climático, energías limpias y océanos.

            El jueves pasado, la NOAA, Administración Nacional Atmosférica y Oceánica, ha declarado al mes de mayo como el más caliente del que se tenga registro. Ese mismo día, el Comité Científico de la Casa Blanca, en voz de su presidente Lamar Smith, atacó al Acuerdo de París calificándolo de “El club de resentidos de los combustibles fósiles”.

                Ese jueves, los presidentes Macron y Trudeau atacaron al Donald por imponer impuestos a sus industrias de acero y aluminio y le llamaron “un ilegal asalto económico” a sus países y al que se oponen de manera unánime los otros países del G-7.

                 El Donald respondió pocas horas después, con aspereza, que no tiene intenciones de ceder en sus agresivas demandas comerciales y que le importan muy poco las finuras diplomáticas que usualmente obligan los desacuerdos entre los líderes de las naciones amigas.

                Antes de cualquier reunión de este nivel, se acostumbra un rato de camaradería cuando los líderes se reúnen para charlar animadamente y tomarse “la foto en familia”, que captura las sonrisas y el buen humor que deben imperar para decirle al mundo que está en buenas manos.

                Ninguno de los fotógrafos acreditados apostaba por esto.

                Sin embargo, algo bueno podría desprenderse del acoso de Estados Unidos a las naciones europeas, ya que estas tienen en común un profundo desagrado, incluso personal, por el presidente gringo. Esta animadversión debe servir como elemento aglutinador para consolidar las relaciones europeas internas.

                Le importa poco el deterioro de las relaciones económicas multilaterales o de la garantía de la defensa atlántica, la amenaza del cambio climático o el retroceso en la desnuclearización de Irán. No valora que el sistema multilateral de instituciones y reglas que tuvieron que imponerse después de la II Guerra Mundial.

                Lo que está detrás de él, lo que en realidad lo mueve es su base electoral, el voto de ese gringo medio que cree en la rudeza del cowboy. Sobre todo, ahora que están en puerta las elecciones intermedias en Estados Unidos.

                Su narrativa es simple. Volver a hacer grande a ‘América’.

                Los países europeos que tienen cuatro asientos en el G-7, Inglaterra, Alemania, Francia e Italia, no siempre están de acuerdo, no siempre tienen una única voz y sólo de vez en cuando defienden intereses comunes.

                La reunión, que terminó el sábado, deberá servir para que se unan esas voces discordantes, junto con las de Canadá y Japón, para salvaguardar las buenas relaciones comerciales entre las naciones.

                Es posible que Estados Unidos deje de ser el líder de las naciones que quieren unirse en mercados abiertos y mejores oportunidades para todos. La lógica indica que Alemania y Francia deben sustituirla y tomar ese liderazgo.

                Sin olvidar, por supuesto, que el dragón chino está a la espera de mejores tiempos.

                Y sin olvidar tampoco, que México debe tener una actitud firme en la búsqueda de otros mercados. Esa es nuestra defensa y la respuesta que merece el Donald.

 

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