El grave y viejo problema de la basura en Chetumal empeora y...

El grave y viejo problema de la basura en Chetumal empeora y avanza hacia una crisis ambiental y de salud pública, entre un litigio ganado al Ayuntamiento por una empresa que no cumplió con el contrato que le revocaron por no cumplirlo, y una autoridad sin poder para que lo cumpla de nuevo, y quebrada y sin recursos para hacerse cargo de los servicios públicos básicos, como ése

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En 2010, el entonces presidente municipal de Othón P. Blanco, Andrés Ruiz Morcillo, le otorgó a la empresa Intrasiso la concesión de la recoja y manejo de las 350 toneladas de basura que a diario se generan en el Municipio. Sin embargo, la particular nunca cumplió con su parte, por lo que le fue revocado el contrato hace casi cuatro años. Intrasiso peleó desde entonces en los tribunales,y en abril pasado ganó el litigio que le permitió recuperar el negocio de la basura. Sin embargo, de nueva cuenta incumple con los acuerdos para operar, en tanto rebasó en dos meses el plazo para construir un nuevo relleno sanitario a las afueras de Chetumal. Mientras tanto, los cerros de basura se han desbordado de las paredes que la contenían en el vetusto basurero municipal, y los desechos comienzan a devorar a la ciudad. Y así, entre empresarios, alcaldes y funcionarios de mala ley, la capital del Estado enferma con esa peste y se pudre literalmente entre sus desechos. Durante la administración gubernamental del ahora preso Roberto Borge se inventaron un proyecto de relleno sanitario en el peor lugar elegible para hacerlo, debido a su lejanía y a que habría de provocar peores problemas ambientales en el nuevo sitio que los que se decía querer resolver en el actual. Y ahora, amparada en tribunales que avalaron sus atropellos, una empresa beneficiada por la concesión que recibió de un alcalde –que, como casi todos, se dedicó a hacer negocios nocivos y lucrativos como ése durante su gestión, cual el de las luminarias más caras y menos útiles del mundo- y ahora recupera dicha concesión después de que se la impugnaron porque no cumplió con sus términos y condiciones, se convierte ella misma en un factor de deterioro ambiental de los más peligrosos –porque si bien recupera dicho contrato, sigue sin cumplirlo ni atender sus nuevas obligaciones con la Comuna-, por si no bastaran los del vertiginoso y caótico crecimiento de la población, la miseria urbana y la demanda de servicios básicos, y los del endeudamiento, la insolvencia fiscal, la incompetencia absoluta y el vacío de autoridad en el Ayuntamiento de la capital del Estado más turístico de México.

Javier Ramírez

Después del incendio que consumió por varios días el basurero municipal de Othón P. Blanco, se esperaba contar con más espacio para depositar las casi 350 toneladas de desechos que a diario genera la población.

Sin embargo, al mismo tiempo que el Ayuntamiento lidiaba con las llamas, también lo hacía con la empresa Intrasiso, a la que se le había revocado la concesión de la recoja y manejo de la basura durante el segundo trienio de Eduardo Espinosa Abuxapqui por no haber cumplido con el acondicionamiento del relleno sanitario, pero que gracias a una demanda que ganó en los tribunales volvió para operar los 22 años que le quedan de contrato.

Y desde entonces nadie se hizo responsable de los desechos del Municipio capitalino: La autoridad municipal alegó que ahora era problema de la empresa que regresaba para reclamar su negocio; los representantes de Intransiso, por su parte, afirmaron que primero necesitaban hacer un análisis de la situación luego de casi cinco años de no operar el relleno sanitario; y la Secretaría estatal de Ecología y Medio Ambiente, mientras tanto, amenaza con multar al Ayuntamiento por no utilizar un basurero que se le construyó a 120 kilómetros de la capital (aunque demostró ser inviable y más peligroso para el medio natural de su ubicación, que remedio para el problema urbano y ambiental que pretendería resolver en la capital del Estado).

Y mientras todos ‘se tiran la bolita’, la basura se desbordó de los límites del basurero municipal, y hoy día las montañas de desechos están a punto de llegar a la mancha urbana, con las afectaciones a la salud de la población y al medio ambiente que eso significa, y con el agravante de la porosidad del suelo y la contaminación inevitable de unos mantos freáticos casi superficiales.

Rebosa la basura

Sólo se recicla menos del cinco por ciento de la basura que llega al tiradero municipal de Othón P. Blanco, ubicado a escasos 100 metros al norte de la ciudad de Chetumal, lo que significa que, a diario, casi 325 toneladas de basura son amontonadas en montañas de pestilencia, sin ningún tipo de tratamiento especial que evite la contaminación del subsuelo y atente contra la salud en el entorno.

Quienes más sufren son las casi 5 mil familias que viven en los fraccionamientos ubicados a tres kilómetros a la redonda: todos los días tienen que padecer los fétidos olores que emanan del basurero, y la invasión de toda clase de bichos y moscas con los que tienen que compartir su vida cotidiana.

De acuerdo con la Secretaría de Salud, los habitantes de ese lugar sufren cinco veces más enfermedades infecciosas (diarrea, vómitos, etcétera) que aquellos que viven en cualquier otra colonia.

Sin embargo, la situación se ha complicado en los últimos tres meses. El Ayuntamiento se desentendió de la recoja y manejo de la basura, argumentando que eso le corresponde a la empresa que ganó el litigio para ello, Intrasiso, ahora única alternativa frente al problema, porque la Comuna no tiene fondos para asumirlo por cuenta propia.

Desde entonces –hace tres meses- los desechos ni siquiera son arrojados en el basurero municipal: los camiones recolectores comenzaron a amontonarlos en el camino hacia el tiradero, por lo que no tardó mucho para que las montañas de desperdicios se adueñaran del paisaje. Y no hay autoridad que meta las manos y sea capaz de resolver tan caliente y poderoso conflicto.

Para entender la magnitud del crimen de impunidad que tiene lugar, es necesario entender que el tiradero ‘oficial’ ocupaba un espacio de 30 hectáreas. Hoy, los desechos se han extendido hasta un espacio de 20 hectáreas más, e incluso han comenzado a invadir terrenos privados.

De continuar esa situación, se estima que al terminar este año la zona ‘invadida’ por la basura rebase las 50 hectáreas, lo que significaría un problema no sólo ambiental, sino también económico, pues de acuerdo con la Secretaría estatal de Ecología y Medio Ambiente (SEMA), se necesitaban casi 18 millones de pesos para sanear y clausurar lo que era el basurero municipal. Sin embargo, al invadir los desechos nuevas zonas sin ningún tipo de control, el costo podría incrementarse casi el doble, 30 millones.

“Son labores muy complicadas: se tiene que recolectar la basura, reciclar lo que se pueda, poner tubos de venteo para evitar la contaminación del subsuelo, reparar las celdas y las cubiertas del fondo, comprimir y tapar los desechos, etcétera. Pero estamos hablando de trabajos diseñados para un relleno sanitario construido para contener la basura.

El problema del tiradero de Chetumal es que la basura ya se desbordó fuera de los límites, en zonas que no fueron designadas para contener los desechos. Es decir, que toda la contaminación de esas montañas de basura está filtrándose directo al subsuelo. Por eso es más caro sanear esa parte”, dijo en entrevista con este semanario Óscar Álvarez, subsecretario de Protección y Planeación Técnica de la SEMA, quien además añadió que no cuentan con recursos para estos trabajos, y que también les fue negado el acceso a recursos del Fondo Metropolitano para ello.

Un relleno ‘regalado’, pero inútil

De hecho, tanto el Ayuntamiento de Othón P. Blanco como el de Bacalarsí tienen un relleno sanitario disponible, construido durante el sexenio gubernamental de Roberto Borge y en el que fueron invertidos casi 45 millones de pesos.

El problema es que ese falso relleno sanitario es inviable y peligroso.Se encuentra a 120 kilómetros de Chetumal, a un costado de la carretera a Majahual. Y tal como lo ha señalado Estosdías en reportajes anteriores, su uso significaría un gasto en gasolina de casi 5 mil pesos por cada camión recolector de basura, tan sólo en un viaje de ida y vuelta para depositar los desechos, de casi cuatro horas de duración.

Por si fuera poco, dicho relleno terminó por convertirse en un ‘elefante blanco’, pues una visita por parte de las autoridades capitalinas en mayo pasado evidenció que las celdas o ‘lonas’ que cubrían el suelo (y que están diseñadas para evitar que la basura contamine el subsuelo) se reventaron sin contener un sólo gramo de basura y sólo con la presión de las últimas lluvias.

Intrasiso gana el juicio pero no trabaja

Sin recursos para construir un nuevo relleno sanitario para Othón P. Blanco, al Ayuntamiento sólo le queda la opción de que la empresa Intrasiso, la misma a la que le revocaron la concesión de la basura casi tres años atrás, se haga cargo de ello.

Como se recordará, durante la administración municipal de Andrés Ruiz Morcillo (2007-2010) le fue otorgada a Intrasiso el contrato para el manejo y disposición de los residuos sólidos de la capital del Estado durante un periodo de 30 años.

De acuerdo con las cláusulas del contrato, la empresa debió de poner en funcionamiento un relleno sanitario en Calderitas, con una inversión de 15 millones de pesos. Sin embargo, el contrato no se cumplió, por lo que, durante el Gobierno siguiente, de Eduardo Espinosa Abuxapqui, le fue revertida la concesión.

Intrasiso demandó al Ayuntamiento por incumplimiento de contrato y le ganó el litigio, por lo que a principios de este año le fue notificado a la administración actual que debía negociar con la empresa.

Pero con un servicio de recoja desbordado, y sin recursos para construir un nuevo relleno sanitario, a la actual administración no le cayó nada mal que una empresa privada se hiciera cargo del problema de la basura.

Según los acuerdos logrados en abril pasado entre ambas partes, Intrasiso se encargaría de encontrar un predio para la ubicación del nuevo basurero municipal, así como acondicionarlo para su uso, lo que significaría una inversión de 40 millones de pesos que sería cubierta por la empresa ante la quiebra y la falta de liquidez del Ayuntamiento, el cual se comprometería, por su parte, a abonar casi medio millón de pesos mensuales durante los próximos 40 meses.

Tres terrenos fueron opciones para el nuevo relleno sanitario, dos de los cuales se encuentran entre la carretera que va de Huay-Pix a Xul-Ha, además de la que lleva a Juan Sarabia.

Sin embargo nada se concretó. A finales de junio pasado vencía el plazo para tener el predio listo y comenzar la construcción del basurero, pero hoy, casi dos meses después, los representantes de Intrasiso no han dado alguna respuesta al respecto.

“La empresa peleó en los tribunales la concesión de la basura en la capital, pero hoy ni siquiera saben dónde estará el nuevo relleno. Ellos están incumpliendo, por lo que tenemos la posibilidad de actuar ahora nosotros en contrasi no nos ofrecen una pronta solución”, dice en entrevista el regidor Gabriel González Soto.

“El problema es que es la ciudadanía la más afectada con esta situación, pues al ganar el litigio no podemos actuar debido a que legalmente ellos tienen la concesión. Sin embargo, y al rebasar los 90 días de plazo que tenían para comenzar a construir el nuevo relleno, podemos demandar a la empresa, revocarle la concesión y otorgársela a otra que sí quiera trabajar”, puntualizó.

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