El inútil y multimillonario ‘libramiento’ de Felipe Carrillo Puerto, otro ‘socavón’ de...

El inútil y multimillonario ‘libramiento’ de Felipe Carrillo Puerto, otro ‘socavón’ de Aldesa y su sociedad presidencial, por donde se siguen yendo muchos millones de pesos

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Signos

‘Socavones’ y ‘libramientos’

La corrupción mexicana no tiene límites ni similares entre las democracias del mundo, ni siquiera entre las más fallidas e incivilizadas, y ya ni siquiera el mínimo interés para disimular.

Se exhibe como un modo de ser único e incomparable sobre la Tierra.

Los ejemplos de esa corrupción y de la impunidad que a diario la eleva en espiral, son masivos; la destrucción de recursos públicos es infinita, como incontenible es el empobrecimiento económico y moral del país.

El de la obra pública es uno de los ámbitos más a modo para delinquir de gobernantes y funcionarios.

Se concesionan proyectos mayores y menores por miles y miles de millones de pesos, se operan a conveniencia convocatorias y concursos de participación en ellos, se elevan las facturaciones hasta el absurdo y se abaratan los costos y los valores reales de esos proyectos hasta la bagatela, y a final de cuentas las obras terminan siendo las más caras e inservibles del mundo, las ganancias privadas de contratistas y funcionarios se alzan del mismo modo sin contrastes, no hay sanciones para ninguno de los delincuentes del poder político y sus cómplices, y México se sigue hundiendo en socavones y derrumbes fatales, en accidentes y pérdidas de vidas justificadas por la autoridad en declaraciones cínicas y embusteras sobre lo irrevocable del destino, en medio de masivas burocracias anticorrupción autónomas y ‘ciudadanizadas’ que sólo sirven para cobrar, y en un pantano de turbiedad y lucro sin orillas, donde las explicaciones se hacen humo merced a un control mediático que es también de los más devastadores de la opinión pública en el mundo entero.

Tal es el contexto de obras muy caras y muy mal hechas por sociedades tan corrosivas como la del que fuera llamado “presidente del cambio”, Vicente Fox, y su contratista favorito, Cosme Mares, que se ocupó de la carretera Chetumal-Carrillo Puerto –y que, como casi todas, se ‘repara’ día y noche con nada más que chapopote, porque ése es uno de los grandes complementos del negocio de dichas tramas de corrupción-; o como la sociedad del presidente Peña con Juan Armando Hinojosa y su Grupo Higa, constructores de la ‘casa blanca’ de la primera dama de la nación y de otras fincas de lujo para amigos y colaboradores presidenciales del primer círculo, además de muchos otros vastos proyectos de obra estatales y federales, desde los días en que el jefe del Estado mexicano era gobernador mexiquense y hasta ahora, que gobierna a todo el país; o como la sociedad de intereses de ese mismo presidente mexicano con el español Grupo Aldesa, constructor de la autopista Paso Exprés, cuyo hundimiento en Cuernavaca, Morelos, mató a dos personas, y constructor final, también, del tramo de cruzamientos carreteros en las inmediaciones de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, cuyos presupuestos iniciales se cuadruplicaron mediante la evidentemente innecesaria, además de peligrosa, ampliación del proyecto –concebido y empezado en la Presidencia de Felipe Calderón, inaugurado, y luego cerrado y dejado enmontar durante años para reprogramarse, reconcesionarse, repararse y represupuestarse- con la incorporación de casetas de cobro en unos tramos de autopista que no usa nadie, pero por lo que Aldesa recibe del Gobierno federal, de manera tramposa, medio centenar de millones de pesos anuales para mantenerlo.

En este pueblo de pecadores y fanáticos, parece que la mayoría de los dueños del poder político no creen que haya Dios ni que haya infierno. Los cuentos de la dignidad y de la salvación eterna les valen absolutamente madre. Si hay que ganar, que para eso es el poder, concesiónensele hasta Ias iglesias a los ejecutivos enviados por el diablo. Faltaría más.

SM

estosdias@gmail.com

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En 2014, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes pagó más de 443 millones de pesos para construir el libramiento carretero de Felipe Carrillo Puerto con el objetivo de ahorrar a los automovilistas 15 minutos de viaje, lo que a juicio de la dependencia federal sería un factor determinante para impulsar el desarrollo de la región centro-sur del Estado. Pero un año después de que fuera puesta en operación, sólo 60 vehículos utilizan el tramo de autopista de cuota al día, y ni siquiera existe el tal ahorro de los 15 minutos previstos; el engaño y el timo fueron redondos. Y por si el fraude y la burla no bastaran, la SCT otorga, además, 48 millones de pesos al año, por concepto de mantenimiento de carreteras y puentes federales, al Grupo Aldesa, que tiene la concesión del cobro del peaje, aunque casi nadie utilice la llamada vía rápida o alterna de paga del libramiento carrilloportense -que para lo único que sirve es para cobrar de manera indebida un mantenimiento donde el aforo vehicular libre de menos de un kilómetro se registra cual si fuera de cuota-; una vía, además de todo, mal proyectada y peligrosa. Aldesa, la gran favorita del Gobierno de Enrique Peña Nieto (Grupo Higa fue un desastre cuyas montañosas evidencias de conflictos presidenciales de interés precipitaron el colosal socavón en el que no cesa de hundirse sin remedio el régimen, el partido y la imagen de Peña Nieto), tan sólo en 2016 reportó ingresos por mil 300 millones de pesos procedentes de los 21 caminos que tiene concesionados en el país, incluidos los del mortífero hundimiento de tierra de Cuernavaca y el mamarracho de los 15 minutos menos de Carrillo Puerto.

El inútil y multimillonario ‘libramiento’ de Felipe Carrillo Puerto, otro ‘socavón’ de Aldesa y su sociedad presidencial, por donde se siguen yendo muchos millones de pesos

Armando Galera

A un año de su apertura al público, el tramo de cuota del Libramiento de Felipe Carrillo Puerto no es utilizado ni por el dos por ciento de los vehículos que refiriera en la víspera la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, aunque eso no impide que el Gobierno federal pague, por concepto de mantenimiento, alrededor de 50 millones de pesos anuales al Grupo Aldesa, el consorcio que construyó y tiene la concesión del cobro de peaje en esta vía (donde el aforo sobre 800 metros de uso libre justifican el pago de mantenimiento de 14 kilómetros de cuota por donde no transita casi nadie).

Se trata de un negocio redondo del sexenio de Enrique Peña Nieto, oculto bajo su programa de “Modernización de las vías carreteras de México 2012-2018”, mediante el cual la SCT otorga la mayoría de las concesiones de construcción y administración de carreteras a la constructora española Grupo Aldesa.

Si es o no útil la vía, no es importante (aunque el Libramiento de Felipe Carrillo Puerto ha demostrado no serlo y lo que ha probado, en cambio, es ser peligroso), pues el negocio ha consistido en inflar el costo de las obras hasta en 400 por ciento, otorgar la concesión del cobro de peaje por 30 años a la empresa española, así como proporcionar ‘incentivos’ de varias decenas de millones de pesos del erario federal destinados al mantenimiento de las carreteras, un financiamiento que, en este caso, es ilegal.

El pasado 7 de julio, el secretario federal de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, llegó a Quintana Roo para inaugurar de manera oficial el Libramiento de Felipe Carrillo Puerto. Lo presumió como una obra magna del Gobierno de Enrique Peña Nieto, que permite ahorrar hasta 20 minutos, dijo, a los conductores que transitan por el centro del Estado, lo cual es probadamente falso, como falso es que el socavón del Paso Exprés de Cuernavaca que mató a dos personas haya sido obra de la mala suerte, como sostuvo el funcionario, y no de la corrupción sobre la que fue concesionada la vía y que forma parte, ésa sí, de la verdadera tragedia del destino nacional.

Entrevistado por este semanario, Ruiz Esparza aseguró que, en su primer año de operaciones, más de 3 millones y medio de automovilistas han utilizado este camino ‘alterno’ –es decir, los mismos que usaban el camino de antes, porque no hay otro modo de cruzar la ciudad-.

Lo que no especificó, pues dijo “no tener el dato”, es cuántos conductores de vehículos usan de manera total –con pago de peaje- el libramiento, en la virtud de que las últimas adecuaciones a esta desviación ‘obligan’ a los conductores que transitan por el lado Cancún-Chetumal de la Carretera 307, a utilizar 800 metros, de los 14 kilómetros del libramiento, para evitar accidentes en las intersecciones; sucesos que ya habían sido más de 80 en los seis meses que se abrió por primera vez al público hace tres años, luego de ser inaugurado una primera vez, y antes de ser abandonado y abrazado por la maleza selvática del entorno, mientras se programaba el negocio de ampliarlo, cambiar al concesionario, y multiplicar su facturación.

Pero Estosdías consiguió el dato en las casetas de cobro de la desviación: sólo alrededor de 60 conductores de vehículos usan diariamente la vía alterna y rápida de manera total, la mayoría choferes de camiones de doble semi-remolque provenientes de otras entidades.

Aldesa, el negocio presidencial en grande

Aunque el Libramiento de cuota de Felipe Carrillo Puerto, como puede verse en las nimias cifras de recaudación de las casetas, tiene nula demanda, eso no significa que represente pérdidas para la empresa que se encargó de construir, administrar y cobrar el peaje de la vía.

La construcción de la carretera en sí fue un millonario negocio: De acuerdo con el documento “Proyecto general del Libramiento de Felipe Carrillo Puerto”, obtenido por Estosdías a través de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, en un principio la obra fue encargada, por la administración federal del panista Felipe Calderón, a la empresa Arquitectura y Vías Terrestres, S.A. de C.V., con un presupuesto de inversión de sólo 58 millones 165 mil pesos.

Al menos eso fue cuando se presentó el proyecto en el 2007. Sin embargo, la propuesta permaneció congelada durante cinco años, hasta 2012, cuando el recién electo presidente, Enrique Peña Nieto, decidió ‘reactivarla’ como parte de su “Programa de modernización de las vías carreteras”.

Y de nuevo la obra se sometió a concurso, ganándola Aloa Ingeniería S.A. de C.V., filial de la empresa española Aldesa. Se estimó que los trabajos para concluir los 14 kilómetros del libramiento durarían 12 meses, y se incrementó la inversión a 194.8 millones de pesos por la “actualización de los costos de los materiales”.

Pero pronto la constructora reportó problemas con la construcción de la vía, por las características no contempladas del subsuelo que podrían provocar hundimientos y socavones dada su naturaleza calcárea y minada. Se solicitó entonces un aumento de 50 millones de pesos más para terminarla, pero la SCT argumentó que no contaba con los recursos suficientes, dejando su conclusión al Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos (Banobras).

Era el año 2014. Y de pronto, sin explicación lógica alguna y sin reparar en las condiciones contractuales y legales del proceso, Aloa Ingeniería S.A. de C.V. decide ‘cederle’ la concesión de la obra a Grupo Aldesa, omitiendo que en los lineamientos de la primera licitación se estipulaba que si la empresa ganadora decidía retirarse antes de concluir el libramiento, la SCT debía someter nuevamente a concurso la concesión.

No sólo se infringió dicha cláusula, sino que sin justificación institucional de ninguna especie se ‘infló’ el costo del proyecto, de 194.8 millones a 443 millones 208 mil pesos.

Luego de dos años de trabajos y varios intentos de abrirla antes de que fuera concluida (lo que derivó en casi 70 accidentes en 2015), el 26 de julio de 2016, el Libramiento de Felipe Carrillo Puerto fue abierto al público.

Banobras decía estimar que 4 mil 500 vehículos utilizarían diariamente el camino, lo que se traduciría en una recaudación diaria de 160 mil pesos diarios o poco más de 60 millones de pesos al año de ingresos para Grupo Aldesa, quien tendría la concesión del cobro del peaje por 30 años.

Mentiras mal maquilladas

De acuerdo con el tarifario oficial, las motocicletas que usen de manera total el libramiento pagan 12 pesos de cuota, y cinco pesos para usarlo parcialmente.

El costo para los automovilistas es de 24 pesos por el uso total del libramiento. Por autobuses y camiones el precio es de 39 pesos; aunque en el caso de estos últimos, dependiendo del número de ejes excedentes, la tarifa puede alcanzar los 72 pesos.

Cuando se proyectó la obra de cuota, la SCT tenía previsto que poco más de 5 mil vehículos la utilizaran al día. Pero hoy, a un año de entrar en operación, se tienen los reportes señalados de que apenas 60 unidades pasan por las casetas diariamente, poco menos del 2 por ciento de lo proyectado, y que en ingresos se traduce en apenas 3 mil pesos diarios o poco más de un millón al año.

A pesar de la nula demanda de este camino, en junio pasado la SCT entregó 48 millones de pesos a Grupo Aldesa por concepto de “Mantenimiento de Caminos y Puentes Federales”, de acuerdo con información participada a este semanario por la Delegación en Quintana Roo de la dependencia federal.

De acuerdo con los datos recabados, la Secretaría de Comunicaciones y Transporte otorga recursos a las empresas que tengan concesionados caminos y puentes federales que acaparen el 60 por ciento del tránsito vehicular de su respectiva región.

En el caso, el Libramiento de Felipe Carrillo Puerto registra oficialmente una afluencia de cuota del 75 por ciento de los vehículos que transitan por el centro del Estado, lo que representa casi 10 mil vehículos diarios.

La pregunta es, ¿cómo puede reportar esa cantidad, si las casetas apenas registran 60 vehículos al día?

Aquí es donde radica el engaño y el núcleo del negocio privado entre la empresa y los representantes del Gobierno que le otorgaron la concesión: las últimas modificaciones realizadas al Libramiento de Felipe Carrillo Puerto ‘obligan’ a los conductores que transitan de norte a sur por la Carretera 307, así como a los que llegan desde Valladolid y José María Morelos, a utilizar 800 metros de los 14 kilómetros del libramiento.

La justificación para este malabar fue simple: se registraron más de 80 accidentes en el periodo de prueba de seis meses en que fue abierta la desviación, en 2015, ya que la mala planeación de los puntos de intersección de los entronques afectaba la visibilidad de los vehículos que ingresaban a la misma, por lo que la empresa optó por forzar el tránsito en un carril de la carretera hacia una desviación de 800 metros para darle una salida ‘libre’ a las unidades que se incorporan desde el libramiento.

Esta decisión terminó por favorecer a la empresa constructora, pues aunque los conductores sólo utilicen los 800 metros de la desviación ‘obligatoria’ y no los 14 kilómetros completos del libramiento, para la SCT todos están transitando por la vía y, por tanto, Grupo Aldesa se hace merecedor al incentivo otorgado por el Gobierno federal.

Tan sólo por este rubro, la empresa española reportó ingresos de mil 300 millones de pesos en el 2016 por los 21 caminos que tiene concesionados.

Aldesa presume en su portal web que está consolidada como una de las principales empresas de caminos en México, alcanzando un nivel de contratación el año pasado de 16 mil 900 millones de pesos, cuando grandes compañías de construcción nacionales logran facturar, en un buen año, alrededor de 400 millones.

La inútil y costosa obra

“La construcción del libramiento de la ciudad de Felipe Carrillo Puerto en el Estado de Quintana Roo, tiene como objetivo principal ofrecer una vía más ágil y segura que permita el ahorro de tiempo y energía en la transportación de bienes, servicios y personas. El diseño del trazo permite la continuidad de la carretera federal No. 307, Cancún–Chetumal, sin atravesar por zonas urbanas y el entronque con las carreteras federales 295 a Valladolid y la 184 a Mérida”, dijo el pasado 7 de julio, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, durante la ceremonia para inaugurar esa infraestructura vial.

“Se pretende que Felipe Carrillo Puerto forme parte como centro distribuidor entre la Zona Maya y Chetumal, razón por la que requiere de vialidades eficientes que distribuyan la circulación vehicular de manera adecuada, permitiendo que aquellos que no tienen como destino final la ciudad de Felipe Carrillo Puerto, puedan evitar el ingreso al centro de población y con ello mantener una velocidad constante y fluida, y que quienes visiten, vivan y/o trabajen en él, puedan hacerlo con facilidad y mayor seguridad”, dijo.

El funcionario federal presumió que con ‘sólo’ 403 millones de pesos se logró concretar toda una infraestructura de transporte que permite ‘ahorrar’ a los conductores 15 minutos de viaje.

Claro que omitió decir que esta vía tiene uno de los costos de peaje más caros del país: 3.5 pesos por kilómetro, siendo que el promedio nacional es de 2.

Tampoco dijo que de continuar los incentivos de mantenimiento a la empresa que tiene la concesión, se le entregarán mil 440 millones de pesos en los próximos 30 años.

A ésos se les puede llamar negocios de verdadero nivel presidencial.

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