El legítimo autoritarismo de la democracia mexicana

El legítimo autoritarismo de la democracia mexicana

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Signos.

La democracia liberal es una especie de mercado donde los electores eligen los productos de consumo para su bienestar según su albedrío. (Claro: cual producto de mercado, el albedrío con que el consumidor-elector decide está condicionado por los intereses y las tendencias de quienes más influyen y más ganan en el mercado.) Pero en la democracia mexicana, ese mercado electoral es un mercado negro, bastante negro e intermediado y especulativo, donde los electores escogen menos a sus candidatos y a sus representantes políticos en el Estado que en las épocas más significativas del autoritarismo.

Porque antes la demagogia no engañaba a nadie; cualquiera sabía que era parte de la mascaradaideológica de los tiempos. Hoy tampoco engaña a nadie, sólo que ya no se sabe si después del festín del oportunismo pluralista indiscriminado en el río revuelto de la turbiedad doctrinaria y la falta de compromisos militantes y principios políticos, viene alguna otra etapa generacional de refundación nacional que aliente de nueva cuenta el entusiasmo ciudadano en las alternativas de bienestar siempre prometidas por los promotores de la modernización democrática de los procesos representativos.

Porque reformas constitucionales van y vienen, y astronómicos financiamientos de la institucionalidad electoral y de los partidos y los candidatos dan vuelta a la rueda gigantesca de la maquinaria ‘ciudadanizada’ de la garantía de transparencia de los comicios como parte de la cultura y la evolución civilizatoria, y, sin embargo, tanto las prácticas monopolizadoras de las decisiones para nominar candidatos que sólo responden a la inercia de los negocios de poder de quienes los postulan, como los comicios ganados con financiamientos prohibidos de los Gobiernos y los grupos de poder –cual losmás recientes y ejemplares del Estado de México-, siguen su curso con cada vez más antidemocrático desenfado y cinismo que nunca.

Y el divisionismo partidista irrumpe con sus coros falaces de respeto a los derechos originarios de las militancias que dicen pugnar por la legitimidad de los verdaderos paradigmas de la causa del cambio, contra los mercenarios infiltrados y los advenedizos de temporada que mercadean su sobrevaluado capital político para seguir vigentes en su trayectoria de lucro y rentabilidad a partir de sus vendidos núcleos de seguidores que arrastran consigo de un partido a otro. Y así, en el Movimiento de Reconstrucción Nacional, el Morena de López Obrador, se desentierran las hachas de la guerra interna entre el bando de los de la pureza militante que sólo esperan que el alto y deífico dedo elector les conceda la gracia de una candidatura en merecido premio a su pétrea fidelidad, y el de los llegados alegremente desde las trincheras enemigas ofreciendo activismos clientelares y experimentadas dinámicas y logísticas de operación electoral de las más rancias tradiciones priistas, y cuya necesidad de incorporación a lomo de una candidatura se justifica en el coyuntural y prioritario apremio de las demandas organizacionales delmomento para no dejar ir una vez más una victoria presidencial que está más cerca que nunca, y que podría perderse en la zona cero del control y el conteo, voto por voto, de las urnas.

Y así, también, se arman las trincheras en las impúdicas entrañas del panismo, donde la cúpula que manda ahora quema las naves y las banderas del tradicionalismo vindicativo de la transparencia y la equidad en las designaciones de los liderazgos más meritorios para las candidaturas en juego, y el jefemayor de ese bando -el queretano Ricardo Anaya-, a contracorriente de las caudalosas evidencias de corrupción que lo señalan e identifican sus negocios familiares, seguido por el grupo dirigente decide por cuenta propia y de manera unilateral formar una sociedad tripartita de intereses –el denominado Frente Ciudadanopor México- con lo que queda del Partido de la Revolución Democrática –asimismo dividido y acusada su dirección nacional, por su propia militancia enemiga, de seudoizquierdista, facciosa y desleal con los principios sociales del perredismo- y con el partido Movimiento Ciudadano –que no es más que una franquicia privada del peor oportunismo electorero, dependiente del control patriarcal de su dueño indiscutible, el ex-priista y ex-convicto veracruzano, Dante Delgado-, con la intención por delante de postularse como el candidato presidencial de dicha alianza ‘opositora’.

El PAN se desfigura y se desgaja en un aventurerismo desbocado y sedicioso, y con su cómplice mayor –el perredismo financiado desde las arcas del Gobierno de la Ciudad de México, cuyo mandatario, Miguel Mancera, se disputa con Anaya la postulación presidencial de ésa acaso no tan ambigua empresa de conveniencia donde la verdad de la suma ideológica, igual a cero, es lo primero que se advierte- apunta hacia un destino común muchísimo menos de éxito electoral y, por supuesto, muchísimo menos de redención democrática nacional, cuanto de degradación terminal de dos las tres fuerzas políticas más influyentes y decisivas, para bien o para mal, en la historia moderna del país.

Más que sumar, la suma del Frente Ciudadano opositor parece restar posibilidades y viabilidad futura a sus dos grandes partidos, y abonar, sobre todo, en favor de su verdadera oposición, la del partido de Andrés Manuel López Obrador, el Morena –que lidera las encuestas de intención de voto para la Presidencia de la República-, y, luego, de quien más pareciera ser un aliado de hecho que un adversario, el PRI, más que nada si su candidato –que sería también el del Partido Verde, la empresa personal de Emilio González Martínez, su socio-, como parece, es José Antonio Meade, un personaje de alto perfil ético y más que probadas competencias profesionales en el servicio público, que precisamente por eso y en contra de la pésima popularidad del Gobierno priista del que forma parte, incrementa sus bonos como posible candidato de la alianza tricolor.

López Obrador capitalizaría el voto de los perredistas radicales, y Meade –ex-colaborador, también con saldos destacados, del que fuera presidente panista, Felipe Calderón- el de los panistas inconformes: los seguidores del ex-gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, si pierde la candidatura del Frente con Anaya, y los que no advierten en una posible candidatura presidencial independiente –si es que la consiguiera, porque no le va nada bien con la recaudación de las firmas necesarias- de la ex-primera dama, ex-panista y esposa de Calderón, Margarita Zavala, ninguna posibilidad de éxito.

Para no ir más lejos, algunos de los grupos que lideran ex-calderonistas como el ex-secretario de Hacienda, ex-precandidato presidencial y senador panista, Ernesto Cordero –amigo y compañero de Meade durante la Presidencia de Calderón-, forman ya entre los seguidores del aspirante presidencial del PRI,auspiciado por el presidente Peña y por su mejor amigo y colaborador, el canciller Luis Videgaray, como el más fuerte de los candidatos. Y la elevación a los niveles de esa posible candidatura de un personaje cercano al panismo, no priista y calificado por los priistas ‘institucionales’ o tradicionales o profesionales de la política, como un tecnócrata, además de ser identificado dentro del círculo preferido del presidente priista de la República con las peores calificaciones de popularidad –por más que a Meade no se le observe ni como amigo personal de Peña ni se le asocie con ninguno de los casos de corrupción y de ineptitud que han desprestigiado tanto su mandato-, también ha generado un sisma y un clima de inconformidades y animadversiones dentro del partido en el poder, aunque en este partido la escuela de la institucionalidad o la genética del alineamiento a las decisiones presidenciales tricolores atempera la manifestación de los disensos, si no, acaso, el castigo de la abstención a la hora de votar.

El caso es que López Obrador y su grupo han decidido en el Morena su candidatura presidencial y deciden el perfil de las demás candidaturas que les convienen, que Ricardo Anaya y el suyo hacen lo propio en el PAN, como Mancera y Alejandra Barrales –la presidenta nacional- en el PRD deciden con ellos y con Dante Delgado –dueño del MC- las candidaturas comunes del llamado Frente Ciudadano por México, y Enrique Peña resuelve la postulación de su partido a la Presidencia de la República.

Ése es el caso: en la democracia, el viejo autoritarismo sólo se divide en otros de distinto signo político, y los descomunales financiamientos de la institucionalidad electoral tan autónoma y ‘ciudadanizada’ sólo sirven para legitimar ese modeloy garantizar que los grupos de poder más fuertes sean avalados en las urnas con todas las de la ley, como nunca antes.

SM

estosdias@gmail.com

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