El miedo a los pobres

El miedo a los pobres

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¿Por qué antes de López Obrador no se notaba la polarización de la sociedad mexicana? Latente sin notarse, sin ser pública, la vivíamos sin que nos pasara delante de los ojos.

                La sociedad mexicana está dividida, y se alejan más los polos opuestos a partir del nuevo gobierno. La comentocracia habla todos los días de este fenómeno singular que aqueja a todos y que bien a bien nadie sabe hacia dónde va o qué resultados tendrá.

                Como cualquier grupo político, Morena trabaja para preservar el poder, para llevarlo más allá de este sexenio y aparentemente está fundamentado en cuadros sólidos que dan seguridad al grueso de la ciudadanía y que se estarán formando para suceder al actual presidente.

                Muchos comentaristas y gente que los sigue, apuestan a que el país pagará un enorme costo debido a que un ‘populista’  que rechaza el neoliberalismo como forma de gobierno, llevará al país al caos.

                Según una encuesta publicada la primera semana de este mes en El Financiero, sólo el 15% se muestra temeroso y pesimista con la administración actual, mientras que el 83% ve el futuro con optimismo.

                Más allá de la visión meramente política que se tenga y que puede generar desconfianza, lo que impera es el miedo, el temor histórico a aquellos que se ubican en el escalafón más bajo de la sociedad mexicana. Esos que pueden tener poder, que pueden ser gobierno.

                Es la masa, es el mexicano oscuro, el desclasado, el que no tiene educación, el peladito, el naco, el indio, el mismo que se ha movilizado de frente a la votación organizada y ha ganado espacios que alguna vez pertenecieron a los de arriba, a los escogidos. A los blancos.

                Dice el maestro Lorenzo Meyer que la Academia de la Lengua Española acaba de acuñar un término. Se trata de Aporofobia, del griego á-poros que significa pobre y fobéo, asustarse, lo que quiere decir temor a los pobres.

                El vocablo ya había salido a la luz con el libro Aporofobia. El Rechazo al Pobre. Un desafío para la Democracia, de la maestra Adela Cortina en 1995.

                La maestra Cortina entendió que la naturaleza del rechazo a los migrantes en Europa, que en la raíz de la xenofobia y el racismo imperantes se encuentra el rechazo y el miedo a los pobres.

                Así que debemos entender que en este México racista y de raíces profundamente clasistas, lo  que molesta y aterra del régimen actual no es la forma de gobernar, la poca rigidez en el hablar o la necedad de las propuestas económicas, sino la base social que apoya a López Obrador.

                Si bien es cierto que hay grandes sectores de la clase media ilustrada que apoyan al actual presidente, fueron las clases populares quienes lo siguierony apoyaron desde aquellas campañas por la democracia a lo largo y ancho del país.

Fueron los pobres quienes confiaron en sus anteriores intentos por ganar la presidencia y quienes se indignaron en contra del “espurio” Calderón por el despojo flagrante del 2006.

Fue el estruendoso júbilo de los pobres lo que abarrotó el Zócalo, como nunca antes,  en la toma de posesión del 1º de diciembre pasado, mientras las clases acomodadas a los placeres del neoliberalismo no podían creer lo que estaba sucediendo.

Lo que siempre se ha creído es que existe “un orden natural”, en el que los ricos dominan y deciden lo que se debe hacer, o mejor dicho, lo que están obligadas a hacer las clases inferiores. En ese supuesto orden pocos mandan y muchos obedecen. Y mandan los dueños del dinero.

Ese orden dado por dios –eso decían- fue quebrado por las muchedumbres en la guerra de Independencia, quienes arrebataron el país a españoles y criollos; en la Reforma desplazaron al Partido Conservador que quería preservar dicho orden y la Revolución Mexicana nos hizo ver a las clases populares, zapatistas y villistas, luchando por el poder hasta derrocar a Porfirio Díaz.

Entre estos tres procesos, las clases medias y altas volvían a tomar el poder con anuencia y apoyos de quienes gobernaban. Después de Cárdenas, el país regresó a los gobiernos de elite, que reprimieron a los movimientos populares con el beneplácito de la nueva sociedad clasemediera.

Al apartarlos, perseguirlos e invisibilizarlos, se terminó el miedo a los pobres.

Miedo que hoy renace y se puede volver violento.

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