El Morena y el Caballo de Troya

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El Morena y el Caballo de Troya

La coalición Juntos Haremos Historia se está ha atomizando más de lo prudente en el país, por culpa de la repartición de las candidaturas y la maraña de muchos intereses, militantes y ‘avecindados’, entre sus aliados,que más que la propuesta renovadora del discurso líder significan lo más retrógrado y menos ético de la política nacional, y lastran la imagen de una causa presidencial prácticamente ganada, además de que amenazan con fragmentar la unidad y la fuerza que requerirá López Obrador, de ganar los comicios de julio, para poner en marcha el caudal de compromisos renovadores y casi imposibles de cumplir,de la vida pública del país, desde la primera magistratura.

El Partido Encuentro Social, por ejemplo, acusa a las dirigencias locales del Morena –cuidándose muy bien de no incomodar a su también candidato presidencial y autor último de todas las decisiones de sus subordinados- de haberse servido con la ‘cuchara grande’ y acaparar todos los espacios, y por eso decidió inscribir a sus propios candidatos, pero manteniendo la alianza a nivel nacional para poder colgarse de la muy redituable figura de Andrés Manuel López Obrador, lo que no es del gusto de los ‘morenos’.

AMLO ha logrado elecciones récord en Quintana Roo, y es muy probable que arrase de nuevo en el Estado, pero los conflictos internos de la alianza quizá podrían dividir los votos en algunos Ayuntamientos estratégicos.

La esposa cubana –Niurka Sáliva- del exalcalde cancunense acusado de traficar indocumentados cubanos –Greg Sánchez-, invoca la figura de Andrés Manuel desde el partido evangélico de su marido como único capital de defensa de su candidatura para gobernar, bajo las instrucciones de su marido, el Municipio más importante y complejo de la entidad –y uno de los más difíciles de gobernar en el país y en buena parte del mundo, donde la violencia del ‘narco’ fue inoculada en buena medida con la complicidad y la irresponsabilidad de su esposo-, y cuya candidatura en el PES que tripula su marido ganó sólo por ser la cónyuge de quien es, convirtiéndose al mismo tiempo en adversaria de la candidata del partido de Andrés Manuel, Mara Lezama, también candidata del dueño del grupo radiofónico Turquesa, Gastón Alegre, a su vez padrino de su hijo para una diputación federal del Morena.

Así se mueve el confuso espectro representativo del Morena y sus alianzas de advenedizos, donde el oportunismo de una creciente comunidad de codiciosos adherentes del candidato presidencial tabasqueño está desbordando la capacidad de organización de los buenos liderazgos de su partido, está minando al partido mismo, y está dejando a merced del fenómeno político y electoral en que se ha convertido de manera irreversible la persona y la imagen de López Obrador, la fuerza única con que su movimiento, en muchas partes del país, como en Quintana Roo, podría ganar las elecciones, es decir: en contra de muchos de sus fallidos y canallescos aliados, vividores de la delincuencia y de la mala vida pública, como Greg y su banda de malhechores de la política, y como tantos y tantos otros que disputan, bajo la tarima de la guerra anticorrupción del candidato presidencial, las posiciones que quieren para sí sin otro interés que el de perpetuar la corrupción, pero ahora en favor de sí mismos y de los suyos, cual único cambio en el poder por el que luchan.

Hoy día y más que nunca, el lópezobradorismo tendría que ganar, y ganaría en el país, por el impulso personal de la figura del tabasqueño, cuyo imán popular arrecia contra las cada vez más evidentes e inocultables cargas de desprestigio de los grupos de poder de los que son representativos sus adversarios.

Pero en esa fuerza tan personalista y personalizada de su causa de redención moral del poder público se ha incubado su peor enemigo: Los oportunistas y su vasta inmoralidad están desacreditando la causa de la moralización nacional.

La rebatinga y la guerra sucia y facciosa por lo que ya se advierte como una victoria presidencial inequívoca y de dividendos mayores para los grupos adherentes e inescrupulosos, será una guerra interna que habría de desgastar el liderazgo presidencial lópezobradorista justo en el periodo inicial en que más requeriría de la unidad de los suyos, de la sólida y compacta fuerza de los suyos en el Congreso federal y en los locales, para emprender las reformas históricas que ha prometido.

Desde hoy, empiezan a identificarse cada vez con más meridiana claridad, como enemigos ya no tan embozados, muchos de los que se siguen diciendo integrantes de la legión de los suyos y que en su fuero interno lo condenan por privilegiar a otros y no a ellos, o por permitir –de acción o de omisión, en una fuerza popular y electoral donde el liderazgo de López Obrador, siempre acusado de autoritario e irrecusable, ahora mismo está siendo desestabilizado y confrontado por muchos de los ‘suyos’ como instigador de la depreciación de su lucha en aras de los privilegios para los indeseables, lo que augura un muy probable cobro de cuentas si no hay ‘reivindicaciones’ para los caídos antes de las elecciones o tras la toma del poder- que el pragmatismo y el cauce de los intereses logísticos y cuantificables de la coyuntura, que incluye perfiles antes opositores y no adscritos de manera dogmática a la causa, descalifique los privilegios de los auténticos legionarios del cambio y la redención moral (los que, acaso, mañana, culpen a su líder, hoy ya no tan inmaculado ni tan radical, de blando y pusilánime, y de tan igual ‘como todos los otros’ que sólo buscan su beneficio personal y lo consuman cuando llegan al poder, mientras se olvidan de lo que fueron y de los que, con ellos, fueron lo que llegaron a ser).

Como los rusos, somos un pueblo proclive a democracias imperfectas y pobres en términos del manual europeo, y a liderazgos populares más eficaces y mayoritarios que a civilismos institucionales legados por colonialismos imperiales convertidos –como el belga o el británico o el francés, con el saqueo secular de sus periferias sodomizadas- en ejemplares Estados de Derecho muy protectores ellos, ahora sí, de los derechos humanos como condición de modernidad y de legalidad intachable y exportable.

Y en esa virtud de institucionalidades más pervertidas por la democracia pluralista fallida que por el autoritarismo heredado –donde por lo menos la paz social estaba garantizada-, López Obrador, creyente más en un priismo de los mejores tiempos nacionales –de economía mixta y justicia socialcardenista de Estado y de hecho- que en un socialismo inasible o en ideologías izquierdistas ya inexistentes, tendría que poner orden entre sus filas o calcular que tendría que hacerlo de inmediato al asumir el poder, si no quiere que sus facciones en pugna se conviertan, apenas ganar las presidenciales, en el principal enemigo a vencer luego de la victoria (si es que no son, ahora mismo, un Caballo de Troya que embosque a la hora misma de ir a las urnas).

SM

estosdias@hotmail.com

 

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