El omnímodo precarismo competitivo y productivo impide la diversificación económica y el...

El omnímodo precarismo competitivo y productivo impide la diversificación económica y el desarrollo regional, en un círculo vicioso donde la ineptitud política, académica y laboral impiden el fomento inversor y el aprovechamiento de las inmejorables condiciones para hacerlo en un territorio que en lugar de inversiones se satura de pobres sin futuro, de demandas y rezagos, de delincuentes y analfabetas

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‘¿Tiene una empresa y desea expandirse?,pues no invierta en Quintana Roo, y menos en el sur de la entidad, donde si bien hay recursos naturales de sobra por explorar dentro del mercado turístico y un territorio fronterizo de amplio espectro para la industria y el comercio, no hay las mínimas reservas competitivas de fuerza de trabajo y técnica. La mano de obra de la entidad es de las peores del país: tiene un desempeño muy reprobable en términos de formación sobre materias básicas como Español y Matemáticas, y es casi seguro que su trabajador renunciaría al empleo en el primer año, tirando por la borda todo el tiempo y el dinero que usted invirtió en su capacitación’. Ése es el mensaje que los principales indicadores nacionales advierten a los grandes empresarios y dueños de industrias, respecto al escaso nivel de competitividad y productividad del recurso humano del Estado. Sí, la industria hotelera y el sector de la construcción son los principales motores de la economía, pero también son sus verdugos, al saturar el mercado laboral con empleos mal pagados pero que no requieren tampoco mayor especialización, y acostumbrando a los demandantes de empleo y de ingreso a buscar el camino fácil, confiados de que con el menor esfuerzo tendrán un trabajo asegurado. Y en el entretanto la entidad no para de colonizarse y de llenarse de pobres y de empobrecerse como ninguna otra, a partir de la noción de que en ella los inmigrantes del desempleo y la miseria se pueden asentar casi en cualquier parte y a cualquier hora a esperar que los vividores del poder político les prometan todos los servicios y las urbanizaciones que la marginalidad expansiva demanda, en el ejercicio de un politiquería tan nociva para la salud ambiental y social, como para la fiscal. Porque sin capacidad de ingreso ni de contribución hacendaria de esa demanda incontenible de la miseria, la ausencia absoluta de responsabilidad administrativa y de criterio para establecer políticas poblacionales y de ordenamiento y contención de los flujos demográficos, pervierte las mejores fuentes de renta pública y convierte hasta el mayor poder financiero y presupuestario en el peor de los endeudamientos municipales y estatales del país. Y si en el norte del Estado no hay aptitud para la diversificación empresarial y laboral, en el sur la cosa está peor. Y no hay liderazgos político capaz de promover ese desarrollo inversor y el de la capacitación y la formación académica complementaria para la calidad del empleo que exige, y por lo que la economía y hasta la oferta de los servicios domésticos básicos –de plomería, herrería, carpintería, electricidad y otros; encontrar buenos y cumplidos oficiantes es un milagro donde la pobreza crece al ritmo de la demografía y se entendería, por tanto, que tales trabajadores sobraran- naufragan en la informalidad y el lumpenaje productivo de un entorno en permanente poblamiento de colonos cada vez menos alfabetizados y no más aptos que para el ambulantaje, el changarreo y las tareas menos remunerativas, de apenas salario mínimo y para una subsistencia familiar precarista, endeudada y sin la mínima prosperidad a la vista. Y de ahí que por lo mismo no haya teatros ni alternativas de recreación cultural y estética –ni música ni librerías ni bares (no cantinas ni prostíbulos de media tarde y de cualquier vecindario, que esos sobran) y otros espacios propicios para la conversación de valor y sin ruido-, y que el paisaje del único paseo urbano en la sureña capital del Estado sea una saturación de puestos de frituras y chucherías que no hay autoridad ninguna que regule y ordene siquiera mediante algún recinto apropiado para ese tipo de expendios –y por lo menos con sanitarios-, cuya masividad atenta contra la higiene y la salud pública, para no hablar de imagen urbana, saneamiento ambiental y esas cosas que tanto dañan el espacio y tanto contaminan –de basura y aguas negras- la ya de por sí contaminada bahía, de cuyas inmediaciones no hay, como se ha dicho, autoridad que se interese y se ocupe, instaladas como están en la inercia de su particular indolencia y sus actividades ajenas por completo al interés general (porque no hay obra y ni siquiera servicios de limpieza y de intendencia municipales, porque tampoco hay dinero en las arcas pero mucho menos hay intenciones de hacer que quienes se lo han robado lo devuelvan y sean consignados por sus fechorías, todos ellos, y con criterios de verdadera justicia y no de venganzas y protagonismos políticos coyunturales y temporaleros que al cabo terminan en la basura del olvido y la desidia).

Armando Galera

Se prevé que Quintana Roo continúe perdiendo competitividad frente a otros Estados de la República hasta convertirse, al paso que va, en el peor de todos.

Las razones son varias –creciente miseria y analfabetismo funcional, grave inseguridad pública y jurídica,y desmedidos niveles de corrupción política e incompetencia administrativa, entre otras- pero sobresale el pésimo nivel de la mano de obra que ofrece la entidad.

Mientras que en otros lugares del país se impulsa el desarrollo de profesionistas con perfiles ligados al sector empresarial, en Quintana Roo los universitarios prefieren estudiar carreras que no tengan demasiada relación con Matemáticas, pues su desempeño en esta materia es raquítico. Y se aspira más a un empleo burocrático –y más de la mano del oportunismo político que de la competencia meritoria, por lo cual la administración pública es tan deplorable y la rapacidad tan rampante; no hay nexos de valor entre los aportes posibles de la academia y la superación institucional del Estado- que al desarrollo profesional. No hay mayor diversidad y expectativa vocacional, pero tampoco motivación y estímulo personal para salir a buscar opciones de calidad, de bagaje y trascendencia cultural más allá de las paredes locales. Tampoco puede esperarse así una cotización mayor del conocimiento y la preparación. El sedentarismo alienta la incultura, la inseguridad y los prejuicios defensivos del tipo del chovinismo o el nativismo.

Por eso no sorprende que las industrias renieguen de invertir en Quintana Roo, pues no ofrece mano de obra calificada. Peor aún: el 58 por ciento de los quintanarroenses de entre 18 y 29 años cambia de empleo hasta dos veces al año, con las consecuentes pérdidas en capacitación para las empresas.

Quintana Roo no es competitivo

En los últimos 10 años, Quintana Roo ha descendido cinco lugares en el Índice de Competitividad Estatal, una serie de cien indicadores realizada por el Instituto Mexicano de la Competitividad (Imco) para medir la capacidad de los Estados de la República y forjar, atraer y retener talento e inversiones, lo que se traduce en una mayor productividad para la economía y bienestar para sus habitantes.

En 2007, la entidad ocupaba el lugar 12 en dicha medición. Para la más reciente edición, de 2017, había descendido hasta el lugar 17.

El retroceso de la economía quintanarroense se debe, entre otros factores, a que no se ha logrado diversificar la economía local, que continúa dependiendo del turismo.

Mientras que los Estados que ocupan los primeros lugares del Índice se especializan en productos de exportación complejos que requieren procesos sofisticados de manufactura, como autos, autopartes, aeronaves, computadoras, entre otros, las principales actividades en Quintana Roo están ligadas al sector hotelero y de la construcción, lo que se traduce en que la entidad genera un 60 por ciento menos empleos formales que la media nacional.Nuevo León, que ocupa la segunda posición, tiene apenas un 25 por ciento de trabajadores informales, quienes ganan en promedio 6 mil 751 pesos al mes, en tanto que un trabajador formal en esa entidad percibe 13 mil 460 pesos, siendo el sector industrial el que oferta la mayoría de los empleos. Claro que el 43 por ciento de esos empleados formales cuentan con un nivel de estudios superior, además de que cuatro de cada seis egresados estudió una ingeniería o carrera técnica que le permitió encontrar trabajo en el sector industrial en los siguientes ocho meses después de concluir su carrera.

Quintana Roo, en cambio, tiene una tasa de informalidad del 76 por ciento. El trabajador informal gana en promedio 4 mil 120 pesos mensual y está dedicado principalmente a los trabajos de albañilería en el ramo de la construcción, es tour-operador, o está en los sectores restaurantero y del comercio informal.

Los pocos trabajadores formales que existen en el Estado no tienen una vida mejor: su salario promedio mensual es de apenas 7 mil 650 pesos, siendo los principales empleadores el aparato burocrático de los tres niveles de Gobierno, los supermercados y las grandes cadenas hoteleras.

Malos profesionistas

Sólo dos de cada 10 trabajadores formales son profesionistas; pero tener una carrera en Quintana Roo no necesariamente significa mejores oportunidades. Siete de cada 10 profesionistas se encuentran en la informalidad. Las carreras que más demanda tienen también son las que más egresados mandan a la fila de la informalidad: Derecho, Idiomas, Ciencias de la Comunicación, y Diseño.

Claro que ocho de cada 10 de esos profesionistas se convertirán en emprendedores,lo cual es bueno, pues se considera que el ecosistema de nuevas empresas es un bien público para transformar a México. Sin embargo, lo fundamental no es la rapidez con la que se abre un negocio sino que no sea la misma con la que se cierra y los años que sobrevive para generar utilidades y empleos.

El problema es que en Quintana Roo, el 60 por ciento de esos proyectos propios están relacionados con la venta de comida a pequeña escala (taquerías, antojitos, pizzas), y siete de cada 10 de esos nuevos comercios se verán obligados a bajar de manera permanente sus cortinas en su primer año.

Además, mientras que en el caso de Tamaulipas (que ocupa el lugar 15en el Índice de Competitividad) la tasa de generación de nuevos establecimientos aumenta un 4.5 por ciento anual, en la entidad caribe disminuye a un ritmo de 1.3 por ciento al año.

De acuerdo con el Instituto Mexicano de la Competitividad, los Estados que ocupan las 10 primeras posiciones ofrecen programas educativos del Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (Conalep) alineados con agendas estatales de innovación del Concejo Nacional de Ciencia y Tecnología(Conacyt).

Como ejemplo, en Yucatán (posición nueve) el Conalep ofrece 13 programas para que los estudiantes desarrollen las habilidades que les servirán en la industria local. Quintana Roo sólo ofrece uno, relacionado con el turismo.

Otro dato interesante es que las entidades de las primeras posiciones demuestran un desempeño sobresaliente en las materias de Matemáticas y Comprensión de Lectura, con un índice de aprovechamiento del 84 por ciento, mientras que en Quintana Roo, la Secretaría de Educación reveló apenas el pasado 26 de noviembre que poco más de 4 mil universitarios abandonarán sus estudios al no poder dominar habilidades básicasde Matemáticas y Español.

No es casualidad que la entidad haya descendido en cuanto al aprovechamiento de ambas materias los últimos tres años. En la última evaluación nacional de estudiantes, el Estado alcanzó apenas 413 puntos de mil, colocándose en el puesto 21 de los 32 Estados del país.

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