El paraíso de Isla Blanca, en la Zona Continental de Isla Mujeres,...

El paraíso de Isla Blanca, en la Zona Continental de Isla Mujeres, es el último de los hábitats naturales de la entidad en ser devastado para la construcción de otro corredor hotelero, bajo el amparo oficial de un Plan de Desarrollo Urbano que no vale ni como papel de baño

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En Isla Blanca, una zona paradisiaca de la Zona Continental del Municipio de Isla Mujeres, se está operando un vertiginoso y desmedido ecocidio sobre el que se multiplican los complejos hoteleros más grandes y modernos del país que habrán de llenarse de turistas y rodearse de masivas colonias precaristas irregulares, para cuya demanda de servicios básicos no alcanzarán las exiguas contribuciones fiscales de los nuevos consorcios hoteleros, los que tributan, el mayor volumen de los impuestos sobre sus descomunales ganancias, en las sedes extranjeras de sus matrices corporativas. Se despedaza la gran riqueza caribe en gran escala, en porciones inmensas del territorio quintanarroense, y los activistas en favor del ambiente hacen su lucha en el pírrico espacio urbano del Malecón Tajamar. El gran territorio en proceso de incesante y sistemática devastación es el de lo que se concebía como ‘Ciudad Mujeres’, en el último tramo del sexenio presidencial panista de Felipe Calderón. Roberto Hernández, el exbanquero más conspicuo y emblemático como lavador inmobiliario de las fortunas presidenciales (de Carlos Salinas a Calderón, porque la fiebre privatizadora que incluyó a los bancos mexicanos incluyó a ese tipo de banqueros de pacotilla como intermediarios y prestanombres para comprar las instituciones financieras del Estado a precios de barata y en pesos y centavos, sólo para vendérselas a los consorcios globales en miles de millones de dólares, una de las vetas más productivas del poder económico neoliberal, que con otras más de 400 empresas estatales estratégicas privatizadas, entre ellas las mineras, convirtió a Salinas, por ejemplo, en el magnate más depredador de pueblo alguno sobre la Tierra y en el más acaudalado, por mucho, de todos los grandes ricos que en el mundo han sido) era –Roberto Hernández- el encomendero calderonista -en tiempos de la alcaldesa, también panista, Alicia Ricalde Magaña- para destruir la reserva de la Zona Continental del Municipio de Isla Mujeres, a partir de una saturación inmobiliaria del tipo de Cancún, y con una periferia urbana, en su entorno, de masivos y caóticos arrabales del inframundo, como Rancho Viejo y todos los demás que han consumido la riqueza biológica del Caribe mexicano, al lado de la inmensidad hotelera, donde el golpe depredador del progreso a la mexicana no conoce límites y donde, a medio siglo de Cancún y de su historia letal de contaminación del agua y arrasamiento implacable de las especies de la flora de la fauna de su ámbito biótico único, ya está en curso el capítulo final de esa bizarra y escatológica versión del desarrollo y la justicia sociales: la ruina ecológica y moral absoluta, en una región que fuera uno de los más grandes prodigios silvestres de la Creación.

Javier Ramírez

Cancún alcanzó su límite y ya no soporta más hoteles: está sobredensificado con casi 10 mil habitaciones hoteleras condominales de más. Sin embargo, las grandes cadenas españolas –las más nocivas para el medio natural en todo el mundo y cuyo más impune paraíso inversor es México y, en particular, el Caribe mexicano- ya se ocuparon de ese problema, al concentrarse en una zona paradisiaca –hasta ahora- de arenas blancas y apenas a unos minutos de la actual Zona Hotelera cancunense donde ya tienen planes para construir otras 5 mil habitaciones (lo que hará una zona conurbada de moles hoteleras y turísticas y de interminables, incontables y misérrimas barriadas insalubres, atrapadas entre la violencia, en el analfabetismo y la descomposición humana.

La Zona Continental del Municipio de Isla Mujeres tiene más de una década que es explotada de manera intensiva y brutal, desde casi finales del sexenio presidencial panista de Felipe Calderón, cuando de un ‘plumazo’ fue erradicada del papel la importancia de casi 800 hectáreas de mangle en la zona, para dar pie a conjuntos residenciales, un campo de golf, y hoteles de grupos como RIU, AMREsorts y Gran Palladium, cumpliendo con los intereses de los grandes empresarios hoteleros españoles y mexicanos –como la familia Hank-, expresidentes de la República, exgobernadores y exfuncionarios y funcionarios y políticos de alto nivel (federal, estatal y municipal).

El territorio natural de Isla Blanca está siendo devorado por la maquinaria del progreso, mientras los activistas defensores del ambiente celebran sus victorias en el pequeño perímetro cancunense del Malecón Tajamar.

En los últimos tres meses se han quemado o cortado casi 50 hectáreas de mangle con el objetivo de construir piscinas, bares, accesos, o simplemente para despejar la zona, pues tal como señala en su página web el Grupo RIU, “Isla Blanca tiene una ubicación privilegiada y apenas explorada, que da un valor agregado a los turistas. En este nuevo hotel hemos querido atender a un deseo expresado por nuestros clientes más fieles, de contar con vistas despejadas al Caribe”.

La deforestación intensiva

Un recorrido realizado por Estosdías corroboró el desmonte que se estaba realizando a un costado del Hotel Palladium Costa Mujeres, en un área de aproximadamente 25 hectáreas. Al intentar cuestionar a los empleados del lugar sobre estas acciones, señalaron que sólo el ingeniero a cargo de la obra, identificado como ‘Toscano’, podría dar información.

Se intentó contactar a dicha persona, para conocer más detalles, y sobre todo si cuentan con los permisos para retirar el mangle, pues se trata de una flora protegida y en proceso de extinción.Pero nunca apareció, y en su lugar el reportero fue obligado a retirarse con el argumento de que invadía la propiedad privada.

Sin embargo, se logró constatar que la flora que se encuentra en una franja de al menos 100 metros, desde la playa hacia el norte del Gran Palladium Costa Mujeres, hasta dos kilómetros hacia el norte, estaba siendo desmontada para ser rellenada con arena, en un claro intento por ofrecer más playa a sus potenciales clientes, amantes de la naturaleza.

Unos metros más adelante, en el Majestic Elegance Playa Mujeres, también se encontró un área ‘limpia de mangle’, de aproximadamente dos hectáreas. Según refirieron los albañiles que salían del lugar, se tiene planeado construir un estacionamiento y una especie de almacén para los vehículos del complejo que transportarán a los turistas.

Similares desmontes se encontraron en el Hotel Riu Palace Costa Mujeres, en el Riud Dunamar y en el Planet Hollywood Beach Resort Cancún, en los kilómetros 2, 3 y 5 del Bulevar Costa Maya, respectivamente, que dicho sea de paso está siendo ampliando con un nuevo carril de ocho metros de ancho, exclusivo para la transportación de los usuarios de estos hoteles.

De acuerdo con el Plan Parcial de Desarrollo Urbano de la Península Chacmuchuch, de Isla Mujeres, dicho tramo (conocido como el de Punta Sam-Isla Blanca) debe tener cuatro kilómetros de longitud y un total de seis carriles -tres por cada sentido-, con un total de 23 metros de ancho.

Sin embargo, nada dice del nuevo carril, ubicado justo a un costado del bulevar, con acceso exclusivo a los grandes complejos hoteleros, y que aún no está terminado en su totalidad.

De acuerdo con el PDU, dicho tramo abarca el kilómetro+480 al 6+500 de la vía a Isla Blanca, con una longitud aproximada de 4 mil 20 metros, desde el Secrets Playa Mujeres hasta el Hotel Riu Palace.

Pero el recorrido de Estosdías encontró que la vía tiene 1.3 kilómetros más de lo estipulado, al terminar en el Hotel Riu Dunamar.

¿Y el tramo extra?

El Plan Parcial de Desarrollo de la Zona Continental del Municipio de Isla Mujeres establece que esta área de desarrollo turístico-residencial tendrá “…una extensión de 3,689 hectáreas, de las cuales 1,814 son áreas de conservación y 1,125 hectáreas serán destinadas a uso turístico-hotelero, mientras que 750 hectáreas serán para uso de vivienda residencial, en tanto que la densidad máxima aprobada es de hasta 27,000 cuartos de hotel en un periodo de 20 a 30 años.”.

En tanto, el proyecto denominado Desarrollo Turístico Costa Mujeres contará con una extensión de 381 hectáreas, donde se construirán 14 hoteles con un total de 6 mil 900 cuartos, un campo de golf de nueve hoyos, construcción y equipamiento para urbanización y construcción de vialidades; todo listo para los próximos siete años.

El crecimiento hotelero de la zona supone, según los cálculos del Ayuntamiento de Isla Mujeres, el asentamiento de 125 mil habitantes en los próximos 10 años, incluyendo la población turística flotante. Puesto que se espera la creación de una necesidad permanente de insumos materiales, alimentos y servicios diversos, estos impactos positivos contribuirán, de manera importante, en el desarrollo económico del Municipio.

Pero considerando la realidad más allá de la diatriba técnica y la demagogia política, lo más lógico es que ese cálculo poblacional tenga que triplicarse. Cancún fue planificado para 250 mil habitantes en 25 años, y 50 años después ronda el millón. Y no se concebían, en el proyecto fundacional, los esperpentos urbanos interminables de la marginalidad y la irregularidad colonizadora que hacen que a Cancún se le multipliquen las demandas de servicios como a pocas otras ciudades en el mundo, y que a ese mismo ritmo se le angosten los recursos fiscales del erario para amortizarlas –porque la riqueza turística retribuye pocos ingresos fiscales en México- y por tanto se le reproduzcan, igualmente, los factores de la contaminación del acuífero y de la destrucción del medio, puesto que, además, la porosidad y permeabilidad del suelo son las más críticas del planeta, y tendrían que atenderse con enormes inversiones en infraestructura sanitaria que nunca podrán ser.

Construyen cuartos que no serán ocupados

Sin embargo, no han tardado en surgir las voces en contra de estos nuevos complejos. Roberto Montalvo, profesor de Turismo de la Universidad Iberoamericana, expresó que “Isla Blanca es un lugar muy llamativo, tanto por la belleza de sus playas, como por la laguna que se encuentra a su costado. Aunque cuestionaría la necesidad de sobrecargar ese lugar, pues sufriría el mismo destino de la Zona Hotelera: acabar con el mangle significaría también que en un lapso de cinco a 10 años se erosionarían las playas, y al cortar con el filtro natural del agua también se contaminaría la Laguna de Chacmuchuch, tal como sucede ahora con la Laguna Nichupté”.

Por su parte, Aracely Domínguez, presidenta del Grupo Ecologista del Mayab, explicó que con la saturación de Isla Blanca se concretaría el megaproyecto de construir un solo corredor hotelero desde Isla Blanca, en la punta norte del Estado, hasta Tulum, arrasando con los hábitats naturales.

“Están acabando con la naturaleza, principal oferta turística del Estado. Peor aún: no están considerando que la sobreoferta no significará una mayor demanda, pues las estadísticas demuestran que la actividad turística de la zona norte no está creciendo como antes. Es decir: están terminando con la naturaleza para construir más cuartos que no serán ocupados”, advirtió.

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