El president de la Generalitat de Catalunya declara la ‘Guerra Civil Catalana’,...

El president de la Generalitat de Catalunya declara la ‘Guerra Civil Catalana’, similar a la de 1462-1472, cuando Barcelona quedó en la ruina

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Joaquim ‘Quim’ Torra Pla es un abogado, editor, escritor y político español de ideología independentista catalana. Desde 2018 es, en castellano, presidente de la Generalidad de Cataluña y diputado de la XII Legislatura del Parlamento de Cataluña en el grupo parlamentario de Junts per Catalunya; en catalán: president de la Generalitat de Catalunya, y en occitano: president dera Generalitat de Catalonha.Pidió -en el primer aniversario de la consulta por la secesión de España de esta Comunidad Autónoma- a los CDR (Comités de Defensa de la República, antisistemas independentistas cuyo nombre evoca a los cubanos Comités de Defensa de la Revolución) que “presionen” para hacer efectiva la república catalana. La bandera independentista, la ‘estelada’, recuerda a la bandera de Cuba. La ‘senyera’ nacionalista, reconocida por la Constitución del país ibérico, desde hace décadas, es rechazada por los partidarios del ‘Procés’, que no superan la mitad de la población actual de Cataluña. Sin embargo, los CDR apuestan por la ‘unilateralidad’ de ‘Quim’ Torra, sin importarles la opinión del resto de los ciudadanos catalanes, quienes apuestan por seguir en España y en la Unión Europea.

Los buenos políticos nos simplifican la vida. Pero los malos hacen peligrar la paz social a base de miedo e inestabilidad. Tomen como ejemplo a Carles Puigdemont y su ‘Designated survivor’, ‘Quim’ Torra. “Superviviente designado” es una serie de televisión dramática estadounidense sobre política, creada por David Guggenheim y protagonizada por Kiefer Sutherland, emitida en ABC. Netflix prepara una tercera temporada que será emitida en el 2019. En cierto sentido un buen escritor es lo contrario de un buen político, comentaba estos días el escritor extremeño Javier Cercas. Un buen político es aquel que, al afrontar un problema complejo, lo reduce a sus líneas esenciales y lo resuelve por la vía más rápida posible; en cambio, un buen escritor es aquel que, en la misma tesitura, en vez de resolver el complejo problema lo vuelve más complejo todavía (y un escritor genial es aquel que crea un problema donde no existía ninguno). Un buen político fue Adolfo Suárez, que en menos de un año resolvió contra pronóstico el problema en teoría irresoluble de desmontar una dictadura y montar una democracia, o los fundamentos de una democracia, sin mediar una revolución o una violencia ingobernable. Un escritor genial fue Cervantes, antes del cual la diferencia entre cordura y locura no era un problema, porque no era difícil distinguirlas y porque la cordura era preferible a la locura; pero, al inventar a un loco cuerdo, Cervantes nos obligó a preguntarnos qué son la locura y la cordura y si una es preferible a la otra, y de ese modo creó un problema tan complejo que todavía hemos sido incapaces de resolver, ¡porque de hecho es irresoluble! Así que los buenos políticos nos simplifican la vida y los malos nos la complican (y complicándola nos la empobrecen), mientras que los malos escritores nos simplifican la vida y los buenos nos la complican (y complicándola nos la enriquecen). Por eso los políticos suelen ser tan malos escritores y los escritores tan malos políticos. Dicho esto, se entenderá que la peor clase de político sea una suerte de escritor metido a político, es decir: un creador de problemas; es decir: un creador de caos.

Este tipo de político funciona según el método del escritor: enfrentado a un problema pequeño y sencillo, lo convierte en un problema más grande y más complejo; luego, en un problema más grande y más complejo todavía; y así sucesivamente, hasta que el problema es tan descomunal y tan enrevesado que deja de ser un problema propio para convertirse en un problema ajeno, del mismo modo que, si usted le debe 60,000 pesos a un banco, tiene usted un problema, mientras que, si le debe 60 millones, el problema lo tiene el banco. Ése es el objetivo del creador de caos,como dijo con prodigiosa exactitud Carles Puigdemont: “Muntar un pollastre de collons”, frase que se entiende a la perfección sin necesidad de ser traducida. Puigdemont es, de hecho, como saben quienes mejor lo conocen, un formidable creador de caos; su brevísima trayectoria política lo avala. En enero de 2016, cuando llegó a la Presidencia de la Generalitat, Cataluña era una sociedad próspera, cohesionada y pacífica, pero en menos de año y medio, antes de fugarse de la Justicia, este hombre la partió por la mitad, provocó la fuga de más de 3,000 empresas y creó durante dos meses de pesadilla una atmósfera de enfrentamiento civil. He dicho que el caos es su principal objetivo; añado que también es su mérito principal: Gracias al caos, este hombre surgido de la nada, sin apenas apoyos ni experiencia política, ha conseguido no sólo convertirse en el jefe sin discusión de su partido y en el ganador contra pronóstico de las pasadas elecciones, sino también en el caudillo y líder carismático del separatismo. Que esto haya sido así -que el hombre que puso pies en polvorosa después de provocar el desastre haya sido premiado por los mismos catalanes que han despreciado a quienes, a pesar de ser corresponsables del desaguisado, han asumido dignamente su responsabilidad y la están pagando con la cárcel- es un enigma que, me temo, no puede descifrarse sin el concurso de la siquiatría. Una cosa es segura: el creador de caos se mueve como nadie en el caos, que es su hábitat casi innato y en el cual es imbatible. Y otra: el creador de caos necesita, siempre, más caos…

Santiago J. Santamaría Gurtubay

La parte más política de la conmemoración del referéndum ilegal del 1 de octubre se ha concentrado en Sant Julià de Ramis (Girona). Desde el pueblo en el que tenía que votar el año pasado el expresidente Carles Puigdemont, su sucesor al frente de la Generalitat, ‘Quim’ Torra, ha hecho un llamamiento para ser fieles “al claro mandato a favor de la independencia”, ha exigido la liberación de los políticos presos y ha pedido a los autodenominados Comités en Defensa de la República (CDR), los grupos independentistas más radicales, que mantengan el pulso de la reivindicación republicana en la calle: “Presionad, hacéis bien en presionar”. Pese a todo, el CDR de Barcelona ha insistido en pedir la renuncia al ‘president’, tras la carga de la Policía autonómica, ‘Mossosd’Escuadra’, contra los radicales independentistas, cuando éstos atacaban otra movilización constitucionalista en las calles de Barcelona. La actitud del mandatario ha provocado una airada reacción por parte de Ciudadanos y de Societat Civil Catalana. “Que los comandos separatistas corten carreteras, ocupen edificios públicos y paralicen Cataluña es muy grave. Que Torra les anime a seguir, intolerable”, ha escrito en Twitter la jefa de la oposición en el Parlament, Inés Arrimadas. “Pero que el Gobierno socialista de Pedro Sánchez siga mirando para otro lado es indignante”, ha apostillado la diputada de Ciudadanos. Desde el PP, el diputado Alejando Fernández ha pedido a Torra que “en su calidad de presidente de la Generalitat” exija a los CDR que paren de una vez por todas las acciones violentas que coaccionan y limitan la libertad de los catalanes”. “El president acaba de apoyar públicamente a los CDR, a los que están coartando la libertad de expresión de los catalanes. Es un hecho gravísimo que inhabilita definitivamente al señor Torra como president. Exigimos su dimisión inmediata y la convocatoria de elecciones”, pidió José Rosiñol, presidente de Societat Civil Catalana.

El Gobierno del PSOE, Pedro Sánchez, se declara “en contra de los discursos inflamados” tras la llamada del president de la Generalitat, para “presionar” con acciones en la calle a favor de la independencia. “A un dirigente político hay que pedirle más responsabilidad que a nadie y no generar más frustración”, ha manifestado José Luis Ábalostras la reunión de la dirección socialista. No obstante, el ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE no percibe una “llamada a la violencia” en las palabras de Torra, que en la conmemoración del 1-O ha pedido a los Comités de Defensa de la República (CDR) que “presionen” para hacer efectiva la república catalana. “Nos importan las acciones”, ha zanjado el número tres de los socialistas tras conceder a las declaraciones de ‘Quim’ Torra una “relevancia relativa”. Ábalos, para el que la jornada se estaba desarrollando de “modo asumible” pasadas las dos del mediodía, hizo un llamamiento a la “colaboración” ciudadana “y especialmente de las instituciones” para evitar “entrar en toda provocación y generarla”. “Cuando digo instituciones también digo los partidos políticos”, ha remarcado. A todos les ha pedido, sin hacer distinciones, que “no echen más gasolina” al conflicto. “Acabamos de tener una experiencia como [la aplicación del artículo] 155 y los hechos hay que objetivarlos. Ya sabemos cómo se aplica y no se hace por unas declaraciones de Torra, te gusten o no te gusten”, ha sentenciado el dirigente frente a la posición del presidente del PP, Pablo Casado, de volver a aplicarlo.

El Ejecutivo y el PSOE han reiterado que la solución a la crisis territorial, política, económica y social es el refuerzo del autogobierno. Para hacerlo posible Ábalos ha apelado al diálogo como la única opción con garantías de éxito: “La línea tranquila y pacifica que garantiza la convivencia es la línea más valiente y la que puede modificar más las circunstancias más allá de la retórica y de caminos que no son transitables”. El secretario de Organización cree que hay que ser “pragmático” y que “se debe imponer una visión de superación del conflicto”. Como ejemplo ha puesto que la comisión bilateral de Infraestructuras entre el Estado y el Govern se reunirá el 15 de octubre después de 15 años sin hacerlo. El ministro de Exteriores, Josep Borrell, ha hecho también un llamamiento a la serenidad y el orden en nombre del Gobierno, aunque ha insistido en que cada uno debe de hacerlo desde sus responsabilidades. “El orden público es responsabilidad de la Generalitat y supongo que el señor Torra está interesado en mantenerlo”, en las calles, en los ferrocarriles y en las vías de comunicación, ha considerado durante una conferencia de prensa en Madrid a la que asistía su homólogo mexicano Luis Videgaray.

“Las cargas de los agentes de Policía Nacional y Guardia Civil realizaron hace un año, un error del Gobierno de Mariano Rajoy del PP”

En el Gobierno del PSOE creen además que las cargas que agentes de la Policía Nacional y Guardia Civil realizaron hace un año en el referéndum del 1 de octubre celebrado en Cataluña fueron “un error”. Así se ha pronunciado la ministra portavoz, Isabel Celaá, en una entrevista en la cadena SER en el primer aniversario de la votación ilegal. Ábalos ha afirmado a su vez que “el PP regaló el 1 de octubre parte de su argumentario al independentismo”. “Han quedado esas imágenes de una violencia ejercida para no poder votar”, ha añadido el dirigente socialista. Celaá ha atribuido la actuación de las fuerzas de seguridad en la consulta ilegal celebrada hace un año a que “ninguna de las previsiones” del Ejecutivo de Mariano Rajoy se cumplieron. La portavoz del Gobierno y responsable de Educación ha sostenido que el desafío independentista no habría llegado tan lejos con un Gobierno del PSOE. “Seguramente no habría llegado [tan lejos] porque [ese supuesto Ejecutivo] habría puesto medios políticos mucho antes”, ha aseverado. Para Ábalos, el 1-O dejó como recuerdo “una violencia ejercida para no poder votar”, lo que facilitó el “argumento que necesitaban los independentistas para victimizarse”.

Ábalos ha considerado además que los políticos presos “son personas que han vulnerado la legalidad”. “Violentaron la ley, deben asumir su responsabilidad. Su futuro penal debe ser el normalizado”, ha añadido. El Gobierno y los socialistas han lanzado las últimas semanas el mensaje de que la prisión provisional de los impulsores del ‘Procés’ encarcelados es desproporcionada. Partiendo del hecho de que fue un día de “triste memoria”, por el que “no hay nada que celebrar”, la portavoz del Gobierno ha subrayado que los secesionistas se dieron “de bruces” con la imposibilidad de que tuviera éxito el ‘Procés’. “Transcurrido un año, lo importante es que tomemos nota del resultado de determinadas acciones. El unilateralismo y las iniciativas de parte nos pueden conducir a la frustración”, ha observado Ábalos en la misma línea.

“Tal vez la diferencia sea que hoy no existan tantas diferencias ideológicas irreconciliables en la sociedad española como antaño”

En Francia, la llegada al poder de socialistas y comunistas bajo la primera Presidencia de François Mitterrand en 1981 excitó la confrontación ideológica entre la izquierda y la derecha. Entre los historiadores se puso de moda analizar la historia francesa como una sucesión de graves crisis políticas que fracturaban la sociedad y lanzaban al país entero a un conflicto civil más o menos explícito. La escisión se remontaba, claro está, a 1789, y se repetía a lo largo de la etapa contemporánea. Los historiadores de la revista VingtièmeSiècle utilizaron el término “guerras franco-francesas”, que reflejaba la opinión mayoritaria de los franceses de estar profundamente divididos. Así pues, contra lo que muchos creen, la historia de España no es única ni excepcionalmente conflictiva sino bastante común en Europa. Tal vez la diferencia sea que hoy no existan tantas diferencias ideológicas irreconciliables en la sociedad española como antaño.

El aumento de las desigualdades con la crisis no ha roto el consenso socialdemócrata sobre el papel protector del Estado que defienden en general casi todos los partidos. Otra cosa es que cuando se gobierna lo que se hace sea contradictorio o hipócrita con lo que se promete. O que el ascensor social se haya averiado por culpa del paro estructural y la ineficacia de los servicios públicos de empleo, la falta de una política pública de vivienda, la segregación educativa, el fracaso escolar o la intolerable pobreza infantil, por ejemplo. Pero nadie dice estar contento con esas injusticias y todas las fuerzas políticas prometen trabajar a favor de la cohesión social. Tampoco el discurso antiinmigración ha sido relevante en España a diferencia de lo que ocurre en muchos países europeos donde esta cuestión marca hoy la agenda política. Por eso, la decisión del Gobierno socialista de acoger al barco de rescate ‘Aquarius’ con sus 630 refugiados a bordo ha sido tan aplaudida. Lo mismo se puede decir del amplio consenso en torno a la igualdad de derechos para el colectivo LGBT o sobre las reivindicaciones feministas del pasado 8-M. Ahora mismo, solo la cuestión del modelo territorial, agravada desde 2012 con el ‘Procés’ separatista, nos sitúa en un escenario de guerra hispano-española. Una fractura que desde el constitucionalismo solo puede encararse dejando a un lado las luchas partidistas y armándose de mucha paciencia. Lo fundamental en este momento es no hacer ninguna concesión al deseo de los nacionalistas de confundir la parte con el todo. Porque no hay un conflicto con Cataluña ni hay que dialogar con Cataluña, como a veces se dice desde el ‘buenismo’. El conflicto es entre catalanes, la fractura es interna en la sociedad catalana y, por tanto, la solución solo puede partir del diálogo en Cataluña entre catalanes y desde el Gobierno español con todos ellos. Si se assume esto, lo demásvendráporañadidura.

‘Sin República y sin Generalitat. Quizás el suflé independentista no se desinfle mucho, pero tampoco sube’, titula su columna Xavier Vidal Folch

El periodista nacido en Barcelona en 1952, Xavier Vidal Folch, ha escrito un interesante artículo y publicado este 1 de octubre en el periódico español El País, con este esclarecedor titular: ‘Sin República y sin Generalitat. Quizás el suflé independentista no se desinfle mucho, pero tan poco sube’. Si hoy no es la intemerata, pues no se ve cuándo. Si el día del aniversario que plantaba “la semilla constituyente” de la República catalana -como dijo el siempre enfático ‘Quim Torra’- hay cortes de comunicaciones solo selectivos, solo aislados, solo simbólicos, es que el fruto está muy verde. Quizá el suflé no se desinfle mucho. Pero desde luego que no sube. No le ayudan acciones violentas como las del último sábado de septiembre, cuarenta y ocho horas antes del 1-O, las palizas de los Comités de Defensa de la República (CDR) contra manifestantes discrepantes. Esos excesos vacían las plazas (salvo en la inexcusable misa solemne de la Diada) de quienes antes las llenaban. Porque creían en una estrategia pacifista, enarbolando imágenes de a Gandhi, Mandela y Luther King. Otras ‘pantallas pasadas’. Y van…”.

“El problema estriba en si el suave pero creciente aumento de las dosis de violencia (y en ocasiones de su salto de grado) es inherente al actual ‘Procés-2’, o prescindible. En si se repite el paradigma Xabier Arzallus o no. Dijo el excura vascongado del Partido Nacionalista Vasco a los batasunos, brazo político de la organización terrorista ETA en 1994, que es intrínseco a la ‘liberación nacional’ que ‘unos arreen y otros discutan’, que ‘unos sacudan el árbol pero sin romperlo para que caigan las nueces y otros las recojan para repartirlas’. El president conmina a ‘atacar al Estado español’ (el 17 de agosto). Apremia (hoy) a los CDR a presionar. Y valida sus excesos: ‘Hacéis bien en presionar’. En vez de investigar a los ultra-violentos les promete hacerlo a los Mossos que cumplieron con su obligación. No solo les da consignas. También ejemplo y doctrina. Llama a la desobediencia (de los demás: un ‘proceso constituyente’ que protagonizará la sociedad civil indepe). Desprecia a otras instituciones constitucionales (se ceba en la Jefatura del Estado). Presume de que el 1-O -un referéndum carente de ninguna condición democrática según los baremos del Consejo de Europa- dio un ‘mandato claro a favor de la independencia’. Si el jefe ordena, encabeza e instruye así, ¿a qué escandalizarse porque los chavales sean los más coherentes? Sacuden el árbol (y a quien convenga). El orbe Waterloo ya recogerá las nueces y las trocará en alimento para Austerlitz. De ahí la viscosidad interactuante entre las proclamas pacifistas y las complacencias con los violentos. Entre las procesiones secesionistas y los escasos actos ejecutivos autonomistas, no perseguibles por los jueces. Entre las homilías unilateralistas y las conductas bilaterales y hasta multilateralistas (negociación con el Gobierno central, actuación cuidadosa en el Congreso, asistencia a los consejos sectoriales Gobierno/autonomías)”.

Todo el mundo sabe, ‘Quim’ Torra incluido, que no hay República en Cataluña, ni aparecerá por ensalmo movilizador. Pero tampoco hay apenas Generalitat: el Govern se ocupa sobre todo de la agitación, de visitar prisiones y viajar a Flandes. No de apoyar al magno encuentro de (1,500) empresarios en favor del Corredor Mediterráneo, (el president no fue aunque tenía la agenda vacía). No de presentar su Plan de Gobierno al Parlament (lo hizo a la prensa el 25/9). No de comprar mantas para los niños inmigrantes que llegan sin compañía adulta. Y no hay aún certeza de que alcance un acuerdo consigo mismo para reabrir la Cámara a fin de celebrar un Pleno prometido como inminente.

‘Quim’ Torra y sus ribetes supremacistas en Twitter, que se sitúan al borde de la xenofobia por el rechazo a todo lo que huela a español

Joaquim Torra i Pla nació en Blanes (Girona) el día de los Santos Inocentes de 1962 y el pasado mes de mayo pasó convertirse en presidente de la Generalitat, después de que Carles Puigdemont le ungiera como su sucesor “provisional”. Es uno de los diputados de Junts per Catalunya que mejor encaja en la línea más dura del independentismo -liderada por el expresidente desde Berlín, donde permanecía por entonces fugado de la Justicia española- y seguramente el parlamentario más integrista del secesionismo. Sus artículos, conferencias, comentarios en Twitter y participación en actos políticos dibujan un perfil de ribetes supremacistas que se sitúan en ocasiones al borde de la xenofobia por el rechazo a todo lo que huela a español: desde la utilización de ese idioma hasta la consideración que le merece el expresidente de la Generalitat José Montilla o los militantes socialistas y del PP. Torra también participa habitualmente en el homenaje a las figuras más rancias del independentismo del siglo XX. El pasado 9 de marzo, por ejemplo, acudió a SantJustDesvern para honrar la memoria de Daniel Cardona, exalcalde de esa población barcelonesa y fundador de EstatCatalà o NosaltresSols, una organización defensora de la superioridad de la raza catalana frente a lo que consideraban españoles “africanos”.

También ha acudido muchos años al homenaje a Miquel y Josep Badia, dirigentes de EstatCatalà y defensores también del independentismo más excluyente en la década de 1930 frente a la línea del presidente de la Generalitat de la época, Lluís Companys. Los dos hermanos fueron asesinados en 1936 supuestamente por militantes anarquistas. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, fue la primera en reclamar a Torra que pidiera perdón  por sus tuits en cuanto supo de su elección, y se sumaron a esa petición el líder del PP en Cataluña, Xavier García Albiol, y la de Ciudadanos, Inés Arrimadas, quien dijo que algunos comentarios le producían “asco”. El PSC calificó a Torra de “sectario”. En una entrevista a TV3 Torra pidió ayer disculpas por frases como “los españoles solo saben expoliar”, “evidentemente, vivimos ocupados por los españoles desde 1714” o “fuera bromas, señores, si seguimos aquí algunos años más corremos el riesgo de acabar tan locos como los mismos españoles”.

Tampoco es la mejor carta de presentación haber escrito en enero de 2012 un artículo en el que aseguraba: “No, no es nada natural hablar español en Cataluña. No querer hablar la lengua propia del país es el desarraigo, la provincialización, la voluntad persistente de no querer asumir las señales de identidad de donde se vive (…) Cuando se decide no hablar en catalán se está decidiendo dar la espalda a Cataluña”. Según las estadísticas de la Generalitat, el 73.2% de los ciudadanos habla el catalán, aunque solo el 36.3% lo usa como lengua habitual, frente al 50.7% en el caso del castellano. El 6.8% utiliza por igual ambos idiomas.

Barcelona, a partir del siglo XVI, no continuaría siendo la potencia decisoria que había sido durante buena parte del periodo medieval

La ‘Guerra Civil Catalana’ (1462–1472) es el enfrentamiento armado entre el rey Juan II de Aragón, conde de Barcelona, y la Diputación del General por el control político del Principado. La muerte del príncipe Carlos de Viana -protegido de Barcelona y enfrentado con su padre Juan II- será la excusa para formalizar el inicio de una contienda que, de hecho, se venía esperando desde tiempos de su predecesor, Alfonso el Magnánimo. Con todo, la guerra es el resultado de una controversia política que enfrenta dos modelos opuestos: la monarquía y la oligarquía, el estilo absolutista y el pactismo. También está sobre el tablero la capacidad política de la Generalidad para asumir la soberanía y gobernar. Empieza el siglo XV en medio de una profunda crisis que afectaba a toda Europa occidental y, especialmente, a Cataluña. Las causas fueron diversas: crisis de subsistencia de la población, la crisis demográfica que afectó especialmente al campo debido a las grandes epidemias, la crisis financiera, con el endeudamiento excesivo de las instituciones públicas, la reducción del volumen y de las ganancias del comercio internacional…

La Generalidad sufrió un fuerte desprestigio al acabar la guerra, no tan solo por haber sido el bando perdedor, sino porque concentró las críticas de todos los sectores: los pactistas la acusaban de haber mantenido las revueltas agrarias y de la reorientación de los mercados hacia otras latitudes; las clases bajas, empobrecidas por la guerra, acusaban las medidas fiscales necesarias para recuperar la hacienda. Económicamente, la Generalidad estaba exhausta y no pudo devolver los préstamos que le habían concedido el Consejo de Ciento y también particulares. Además de la precaria situación económica dejada por la guerra, hace falta considerar también que la expansión del Imperio otomano por la Península Balcánica, Palestina y el norte de África limitó las rutas desde Occidente hacia los puertos comerciales de Oriente, contribuyendo a la decadencia del comercio mediterráneo. Además, el Mediterráneo había perdido dimensión como mercado. El desarrollo de las ciudades y puertos del norte de Europa configuraba un área comercial atlántica que sumada a las navegaciones en América, a finales del siglo, y hacia la India bordeando África, dejaron en un segundo término al comercio mediterráneo.

La tremenda carnicería prácticamente en todos los diferentes linajes nobiliarios de la región provocó la extinción de muchas de las antiguas casas, así como la ruina de la mayoría de las supervivientes, independientemente del bando donde hubiesen militado. Este hecho, junto con la política de la monarquía de fusionar la alta nobleza castellana y barcelonesa, o -como mínimo- vincular las principales heredades ‘huérfanas’ hacia estos últimos o los propios familiares de la Casa Real, privan a la región durante mucho tiempo de auténticos cuadros dirigentes capaces de plantear algún tipo de disidencia o proponer otra orientación. Barcelona, con una estructura social malograda, con unas instituciones que no podía competir con otras potencias europeas y con la potenciación de Castilla por la conquista y comercio en América, sufrió las consecuencias de una situación estratégica desventajosa. A partir del siglo XVI Barcelona no continuaría siendo una ciudad grande e importante en el nuevo marco político y comercial, ni la potencia decisoria que había sido durante buena parte del periodo medieval.

La Constitución Española tras morir Franco no fue impuesta, aunque el pacto tenga siempre menos épica que la victoria de unos sobre otros

La conversación política en España va degradándose. Todos los días hay testimonios de ello. Ha vuelto la estrategia de la crispación. Cuando aquella se deteriora tanto, surge en la sociedad la espiral del silencio, como la denomina la socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann: se aísla a los ciudadanos que expresan posiciones contrarias a las asumidas como mayoritarias, de tal forma que el comportamiento de la gente está influido por la percepción que se tiene del clima de opinión dominante… “Por ello, lo más importante del diálogo público que mantuvieron la semana pasada los expresidentes del Gobierno de España Felipe González y José María Aznar -escribe Joaquín Estefanía- fue la conversación misma: el continente, no los contenidos. Con posiciones diferentes (o no tanto) sobre la reforma de la Constitución, recuperaron el mejor espíritu de los años de la Transición que describió la directora de El País, Soledad Gallego-Díaz, con una escena que para nada es una anécdota: el 13 de junio de 1977, el día en que se constituía el primer Congreso democrático desde la Guerra Civil, Adolfo Suárez (presidente del Gobierno, de 43 años, proveniente del régimen franquista) acudió a las puertas del Parlamento para recibir a Pasionaria (de 82 años, totalmente vestida de negro, presidenta del Partido Comunista y el mayor símbolo vivo de la II República). Suárez -que necesariamente quiso que le fotografiaran y que todo el mundo lo viera- tendió la mano a Dolores Ibárruri y le dijo: ‘Bienvenida al Congreso, señora Ibárruri’. Y Pasionaria, dándole un fuerte apretón de manos, con una sonrisa escueta, murmuró: ‘Que tenga suerte, presidente’. Aquella sesión parlamentaria fue presidida por los dos diputados de mayor edad: Pasionaria y Rafael Alberti. Cuando la primera, apoyada en el poeta, bajaba trabajosamente la escalera para incorporarse a la presidencia, era observada por Leopoldo Calvo Sotelo, sobrino de José Calvo Sotelo, el ‘protomártir’ de la dictadura asesinado a tiros 41 años antes. La familia Calvo Sotelo había acusado en su momento a Ibárruri de ser la autora intelectual del asesinato, al pronunciar unas horas antes las siguientes palabras: ‘Este es el último discurso que pronuncia usted en esta Cámara’. Pasionaria lo negó siempre…”.

La Transición no tuvo mapa previo, sino que su evolución dependió de la correlación de las fuerzas políticas. España y Portugal, los dos países vecinos cuyos regímenes fascistas tenían muchas similitudes, se transformaron más o menos al mismo tiempo y elaboraron transiciones a la democracia muy distintas. En sus exposiciones, González y Aznar hicieron suyo lo que había escrito Javier Pradera (‘La transición española y la democracia’ en el Fondo de Cultura Económica): transformó la cultura política “desde el enfrentamiento violento hacia el diálogo tolerante, la voluntad de acuerdo, la negativa a transformar al adversario en enemigo, la capacidad de abstraer del presente las ofensas recibidas del pasado -en forma de años de cárcel, de torturas o de pérdida de seres queridos-, el estudio de la historia para no repetir los errores y la orientación hacia el futuro”. La Constitución fue pactada, no impuesta, y esa fue su gran virtud, aunque el pacto tenga siempre menos épica que la victoria de unos sobre otros. Decía Santayana que un país que desconoce su historia está condenado a repetirla. La Constitución y la Transición fueron la respuesta de la sociedad española a la muerte de Franco. En su balance, el dictador dejó, además de tres décadas y media de cruel dictadura, las consecuencias directas de la Guerra Civil: al menos 150,000 muertos en combate, 100,000 víctimas de ejecuciones y asesinatos en la retaguardia entre los años 1936 y 1939, 23,000 republicanos fusilados en la posguerra, 500,000 exiliados y 270,000 reclusos políticos en 1939. Recuperar la mejor conversación política fue la mayor virtud del debate de los expresidentes. Aunque quizá el principal problema de España sea la situación de sus jóvenes, y no Cataluña. Y sobre ellos no hicieron ninguna reflexión.

“Las convulsiones de la naturaleza y sus daños, no son nada con los que causan el cerebro de algunos líderes”, escribe Manuel Vicent

El periodista y escritor nacido en Castellón, junto al Mediterráneo, no muy lejos de Cataluña, en el año del inicio de la Guerra Civil Española, tras el golpe de estado de Francisco Franco, Manuel Vicent, a sus 82 años, deleitaba y tranquilizaba los espíritus preocupados por los delirios del ‘president’ Torra y su otra ‘Guerra Civil Catalana’, con estas frases, bajo el título de ‘Borrascas’… “La rueda dentada del tiempo, que empieza a rodar en septiembre, une el destino de las personas y animales al ciclo agrario de las semillas, los frutos y las cosechas. Aunque el otoño es una estación melancólica llena de colores delicados, no obstante, suele regalar al planeta una cadena de tifones, huracanes y otros cataclismos, pero estas convulsiones de la naturaleza, a la hora de producir terribles daños, no son nada si se comparan con las que causan las borrascas desencadenadas en el cerebro de algunos líderes mundiales. Las tormentas más peligrosas no son las que produce la atmósfera, sino las que se generan dentro del cráneo de Donald Trump, de Kim Jong-un o de Vladímir Putin, puesto que sus nefastas consecuencias pueden ser planetarias e irreversibles. A veces este meteoro cerebral también se da en políticos de poca monta. Ahí están ‘Quim’ Torra y Carles Puigdemont, líderes de tercera regional, cuyo cerebro inane, precisamente por su mediocridad, es capaz de desencadenar una gran tragedia en su pequeño país debido a la emoción incontrolada de un ideal que bulle bajo su cuero cabelludo…”.

“El otoño -nos recuerda Manuel Vicent- también es una estación en la que junto al ciclo agrario comienza el curso político y cultural. En plena vendimia se producirá la Diada de Cataluña y, sobre su multitudinaria manifestación de estilo coreano exigiendo la independencia, pasarán las bandadas de tordos, garzas y torcaces hacia el sur cuyos gritos en el aire se sumarán al que producen los alumnos en los patios de los colegios e institutos con el reencuentro después de las vacaciones. Los años se miden por cosechas. A las uvas doradas de la vendimia seguirá la sementera; luego germinará el trigo, que se segará en verano, pero el ciclo de la naturaleza entre el vino y el pan podría quedar arrasado por la borrasca cerebral de algunos políticos inestables”.

Los ciudadanos de España han sufrido sus tres nacionalismos, el castellano, el vasco y el catalán; supremacismo ‘Celtiberia Show’

Han intentado sucesivamente imponer sus identidades y excluir a los disidentes. Su fracaso, víctima de sus excesos, permite vislumbrar un país más abierto a la vez que plural… Un año atrás comenzó un nuevo fracaso, el del ‘Procés’ independentista catalán en los escenarios próximos a las Ramblas de Barcelona, tomados días atrás por los terroristas yihadistas. “Ellos no son los enemigos, los culpables de los males de Cataluña son los españoles…”. El nacional-catolicismo, convertido en ideología oficial del franquismo, intentó la asimilación cultural, lingüística e ideológica de los españoles. Para ello se valió de un relato histórico-imperial sobre la grandeza de la nación; de una identidad primordial, la castellana, que asimiló a la española, expulsando a otras posibles identificaciones; unas instituciones políticas y culturales autoritarias y represivas; y de una lengua, el castellano, que intentó imponer como única. En su apogeo, suprimió las instituciones históricas de vascos y catalanes, prohibió y persiguió sus lenguas y consideró como inferiores a los que ostentaban otras identidades. “Los españoles han sufrido tres nacionalismos. Dos de ellos, el castellano y el vasco, ya han fracasado. El tercero, el catalán, lo está haciendo a la vista de todos. A pesar de que sus portadores consideren sus diferencias irreconciliables, lo cierto es que los tres han cometido errores y excesos muy similares: aupados en relatos históricos artificiales o deformados, en manos de sus elementos más fanatizados, ante la inexistencia de frenos eficaces en la sociedad civil y valiéndose de la instrumentalización de las instituciones en apoyo de sus fines, han construido proyectos supremacistas basados en una pretendida superioridad cultural y moral. El resultado ha sido intolerancia con la diversidad, acoso a la pluralidad, exclusión de los diferentes y, en distintos grados, coacción y violencia contra los disidentes…”, escribe el columnista español José Ignacio Torreblanca. Es Profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en Madrid, donde enseña Fundamentos de Ciencia Política, Sistema Político de la Unión Europea y Democracia y legitimidad en la Unión Europea. También es doctor Miembro del Instituto Juan March de Estudios e Investigaciones. Ha sido becario del Programa Fulbright, Profesor en la George Washington University en Washington D.C., así como investigador en el Instituto Universitario Europeo de Florencia.Sus últimos libros en español son Asaltar los cielos (2015), ¿Quién gobierna en Europa?: reconstruir la democracia, recuperar a la ciudadanía (2014) y La fragmentación del poder europeo (2011). En inglés, ha sidocoautor de “The Eurosceptic surge and how to respond to it” (con Mark Leonard, ECFR 2014) y “What is political union?” (conSebastianDullien, ECFR 2012).

El primero de los nacionalismos al que hace mención José Ignacio Torreblanca es un viejo conocido. Por fortuna, el empeño de construir España desde el nacionalismo castellano fracasó. Y aunque los rescoldos de ese nacionalismo se aviven ocasionalmente y se hagan sentir en la negación que la extrema derecha y sus seguidores mediáticos hacen de la pluralidad de lenguas e identificaciones que constituye España, la mayoría de los castellanoparlantes parecen estar vacunados contra el nacional-catolicismo, han abrazado la nación política democrática y descentralizada consagrada en la Constitución del 78 y sustituido o diluido el etnicismo castellano por un sano europeísmo con el cual también se sienten identificados tanto política como culturalmente.

El vasco justificó el terrorismo que la izquierda abertzale derivó de la fusión de nacionalismo y marxismo-leninismo revolucionario

El segundo de los nacionalismos españoles, el vasco, también se encuentra en fase de sano repliegue. Aunque su demanda de recuperación de los derechos, instituciones, autogobierno y lengua suprimidos por el franquismo estaba más que legitimada histórica, cultural y políticamente, el nacionalismo vasco fue usurpado por la confluencia de dos fuerzas que lo hicieron degenerar hasta convertirlo en una ideología excluyente y chovinista. Por un lado, su legitimidad se vio erosionada por el supremacismo racista subyacente en los postulados de Sabino Arana, del que emanaba un desprecio hacia los otros pueblos de España y un complejo de superioridad moral y cultural que en poco se diferenciaba del nacional-catolicismo franquista. Por otro, y de forma más grave, el nacionalismo vasco quedó tocado moralmente por la justificación del terrorismo que la izquierda abertzale derivó de la fusión de nacionalismo y marxismo-leninismo revolucionario. Convertido en un pretendido movimiento de liberación nacional que se valía de la violencia terrorista y el asesinato político, esa degeneración nacionalista, por suerte superada hoy, logró la cruel paradoja de convertir esa versión extrema del nacionalismo vasco en una amenaza para la democracia, vida y libertades de los españoles. De ahí el repliegue hacia posiciones que, hoy, sin renunciar a la independencia como objetivo político, rechazan la violencia como medio para la consecución de un Estado vasco y aceptan el método democrático como única fuente legitimadora de la acción política.

Nuestro tercer nacionalismo español, el catalán, tampoco es ajeno a esta dinámica de auge y caída. Forjado sobre un relato histórico que ensalza la trayectoria de un pueblo noble y sabio a la vez que trabajador y honrado, dotado de una supuesta tradición democrática anclada en el medioevo pero suprimida a sangre y fuego, y amante de la libertad y el autogobierno, el nacionalismo catalán ha estado a punto de construir el nacionalismo perfecto. Y no solo por razones sentimentales, sino de eficacia: el éxito económico catalán se ha sumado a la generosa y ejemplar labor de integración cultural y lingüística de los inmigrantes, que lejos de diluir la identidad catalana la ha reforzado. Pocas identidades nacionales han sido tan abiertas e incluyentes y a la vez tan exitosas a la hora de construir un modelo de integración.

Ese éxito sin paliativos ha desencadenado una tentación ruinosa: la de, víctima de la soberbia, jugarse la convivencia y el éxito económico para dotarse de un Estado propio sobre el que construir, por fin, una nación política. Y ahí es donde el nacionalismo catalán se ha resquebrajado. Como ocurrió con los otros dos nacionalismos, algunos han concluido que el fin superior de culminar el proyecto nacional justificaba retorcer los medios para lograrlo. Y pertrechados de la certeza de la superioridad moral de su causa están destruyendo o dispuestos a destruir todo lo bueno y sano que ese nacionalismo había alumbrado, poniendo en entredicho una convivencia ejemplar, sembrando la división entre catalanes buenos y malos y de primera y de segunda, instrumentalizando las instituciones, convirtiendo la lengua de todos en una lengua nacional, subvirtiendo la pluralidad de los medios públicos y aceptando como natural un discurso supremacista de tintes etnicistas y racistas (los españoles, vagos, atrasados y fascistas, nos roban y oprimen).

Anteponer independencia a democracia y pensar que el fin, moralmente superior, justifica medios ilegales y antidemocráticos

Pareciera que del ruido y furia del desafío secesionista se dedujera la inminencia del triunfo de su proyecto. Pero el fracaso del nacionalismo catalán es ya evidente. Igual que sus predecesores castellano y vasco, se han situado en una coyuntura en la que el deseo de culminar el proyecto nacional con un Estado propio lleva a anteponer independencia a democracia y pensar que el fin, moralmente superior, justifica medios ilegales y antidemocráticos. Como los otros nacionalismos, ni vencerá ni convencerá. Y una vez constate su fracaso, se replegará –esperemos- hacia posiciones compatibles con la democracia y la convivencia. Concluyamos con optimismo que este triple fracaso, forjado sobre los excesos de cada nacionalismo, es una buena noticia, ya que permite vislumbrar la resolución de un problema histórico -la pugna entre diferentes proyectos nacionales dentro del país- y la consecución, por fin, de una nación política plenamente compatible con la diversidad de identidades. Quizá no hayamos caído en la posibilidad de que el triunfo del proyecto de construir una España plural en la que quepamos todos con nuestras identidades, lenguas y tradiciones culturales requiera del fracaso sucesivo de los tres nacionalismos españoles. Una España resultado de la domesticación de tres nacionalismos seguramente será más habitable que la que hemos conocido históricamente, incluso puede que refleje de forma más sincera y verdadera la auténtica identidad de España como un país plural. Demos pues la bienvenida a nuestros amigos al grupo de los nacionalismos fracasados. Si la Europa comunitaria se ha creado sobre el fracaso de sus nacionalismos, ¿por qué España no?

Uno de los lugares de mayor atractivo y concurrencia de Barcelona son Las Ramblas (en catalán Les Rambles), paseo situado entre la plaza de Cataluña, centro de la ciudad, y el puerto antiguo… Allí se encuentran kioscos de prensa, de flores, actores callejeros, cafeterías, restaurantes y comercios. Cerca del puerto acostumbran a instalarse mercadillos, así como pintores y dibujantes de todo género, destacando la zona por su índole artística y cosmopolita. Paseando por Les Rambles pueden admirarse varios edificios de interés, como el Palacio de la Virreina, el mercado de La Boquería y el famoso teatro Gran Teatro del Liceo, en el que se representan óperas y ballets. Una calle lateral de pocos metros de longitud, conduce a la plaza Real (PlaçaReial), una plaza con palmeras y edificios con porches que albergan cervecerías y restaurantes, y en la que se reúnen los fines de semana los coleccionistas de sellos y de monedas. El paseo de Las Ramblas termina junto al puerto antiguo, donde la estatua de Cristóbal Colón señala hacia el mar. A dos pasos se encuentra el Museo Marítimo (MuseuMaritim), dedicado sobre todo a la historia naval en el Mediterráneo. En el centro histórico, muy cerca de Las Ramblas, destaca la Catedral de Barcelona, la plaza de San Jaime, que acoge los edificios de la Generalidad de Cataluña y del Ayuntamiento de Barcelona, y las callejuelas tanto del barrio gótico como del Arrabal y del Borne…

Les Rambles y sus aledaños sufrieron aquel no tan lejano agosto del 2017 un brutal atentado de los yihadistas del ISIS, una furgoneta embistió contra los transeúntes -en su mayoría turistas de todo el mundo- provocando 16 muertos y decenas de heridos. Las víctimas eran originarias de más de una treintena de países. Sus autores fueron abatidos por las fuerzas policiales autónomas de Cataluña, los Mossosd’Esquadra, cuya actuación fue aplaudida y cuestionada por su contundencia. No mediaron disparos para herir y neutralizar a los asesinos, sino se tiró a matar. La ausencia de pérgolas en este paseo público de la Ciudad Condal no pasó desapercibida. La actual alcaldesa, Ada Colau, justificó las críticas: “No se puede lograr la seguridad al ciento por ciento”. Los terroristas islamistas radicales han sembrado de cadáveres lugares turísticos estratégicos de la Unión Europea, mediante atropellos indiscriminados. Esto ha provocado la toma de medidas en todas las ciudades del Viejo Continente e incluso de Estados Unidos, es el caso de Miami. Entre estas medidas destaca la colocación de defensas que impide la circulación por las vías peatonales.

Días después, la desidia de los poderes públicos catalanes afectaba al mismísimo presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, político, periodista y es alcalde de Gerona, y principal protagonista del movimiento secesionista para sacar a esta comunidad autónoma de España: la CIA de Estados Unidos le hicieron llegar un documento secreto instándoles a tomar medida en Las Ramblas, pues en agosto pudiera darse un ataque yihadista, como así ha ocurrido. Carles Puigdemont lo ha venido negando en los últimos días. Ante la publicación del documento en el Periódico de Cataluña y otros medios españoles y extranjeros, el independentista sigue en sus trece. Su Govern de Catalunya ha tenido que reconocer, hace apenas unas horas, que recibieron este ‘warning’ desde Washington.

Pancartas iluminaban un mal mucho más extendido que la marginal islamofobia: la xenofobia contra lo español, la gasolina del ‘Procés’

Barcelona va a seguir siendo noticia internacional. Es nuestro deseo que no lo sea por nuevos ataques de la Yihad o Guerra Santa. Esto lo destacábamos en otra columna de El Bestiario, escrita doce meses atrás… “Lo va a ser, pues apenas resta un mes para que Carles Puigdemont y diversos partidos independentistas, ejerciten su ‘derecho a decidir’ en un referéndum que es rechazado por más de la mitad de la población que vive en Cataluña. Sea cual fuere el resultado, los populistas independentistas, anuncian que romperán con España. La Constitución española, avalada por la Unión Europea, considera que todos los españoles tienen derecho a ser consultados ante una situación que cuestiona la unidad territorial del país. En la política española la operación independentista de Cataluña empieza a parecerse a las cuestiones nefandas que aparecen a veces en las familias o entre amigos. Cuesta tanto verbalizarlas que sólo se tratan a partir de eufemismos que impiden afrontarlas adecuadamente. Nadie se atreve a decir lo que cualquier polítólogo, historiador o jurista llamaría por su nombre, esto es, un golpe de Estado”.

El atentado yihadista y el autogolpe del 1 de octubre son las crónicas de unas muertes anunciadas. “Crónica de una muerte anunciada” es una novela del escritor colombiano Gabriel García Márquez, publicada por primera vez en 1981. Recuerdo que en aquellos años de la Transición Democrática al ‘Gabo’ comprando su periódico matutino en Les Rambles, paseando, riéndose, con varios amigos escritores como el barcelonés Manuel Vázquez Montalbán, autor del libro “Historia de la Comunicación Social”, obra de obligada lectura en todas las facultades de periodismo de España. En el kiosko sonaban los versos del poeta andaluz Antonio Machado cantados por el catalán universal Joan Manuel Serrat, quien visitó años atrás nuestra ciudad de Cancún. En Sabadell, con otro alcalde independentista, quieren quitarle una plaza a Antonio Machado por ‘anticatalanista’ y ‘españolista’. Echo de menos una columna sobre este ‘Celtiberia Show’ que no cesa a pesar de la amenaza yihadista.

El primer teórico del golpe de Estado, el francés Gabriel Naudé (“Science des Princes, ouConsidérations sur les coups-d’état”), explicó en 1639 que los soberanos dan golpes de Estado para reforzarse políticamente y esta visión coincide con lo que ahora denominados autogolpe. El autogolpe (que han dado desde Napoleón III hasta Fujimori) se caracteriza por ejecutarlo las mismas autoridades que ocupan legalmente el poder quienes, al amparo de su posición, rompen inconstitucionalmente el ordenamiento vigente e implantan un nuevo orden político fundado en la fuerza o en un Derecho nuevo elaborado de forma ilegal e ilegítima. Si el ‘Procés’, como hemos visto, un golpe de Estado que quieren ejecutar el Gobierno catalán y una parte del Parlamento (dos órganos estatutarios), hemos de concluir que estamos ante un autogolpe, tal como lo describió Naudé (con la única diferencia de que los órganos estatutarios no son soberanos). Desde el punto de vista de la técnica jurídica, estaremos ante un fiel remedo de la Ley Habilitante de 1933, mediante la que los nazis acabaron con la República de Weimar, por la vía de la superposición al orden constitucional de una legalidad sobrevenida. Son días para recordar el Putsch de la Cervecería de 1923, cuando Adolfo Hitler y sus compinches trataron de hacerse con el poder en Baviera mediante un levantamiento de la extrema derecha y fueron detenidos y encarcelados, tras dejar un saldo de catorce nazis y cuatro policías muertos… “No debemos olvidar que si se crea un nuevo Estado mediante un golpe, es muy difícil que ese Estado sea democrático pues la minoría golpista tenderá a gobernar sin contar con la mayoría de la población, como bien explicó Juan J. Linz al analizar la quiebra de las democracias.

Las pancartas de ‘No a la islamofobia’ que se vieron en la triste manifestación en Barcelona decían mucho más de lo que parecía. Supuestamente, aquel era un acto de unidad tras las matanzas de unos días antes, por lo que lo lógico hubiera sido decir no al terrorismo. En el contexto en que se mostraron -el de una manifestación manipulada por los secesionistas para convertirla en una muestra de rechazo a España-, aquellas pancartas iluminaban un mal mucho más extendido que la marginal islamofobia: la xenofobia contra lo español, que es la auténtica gasolina que alimenta el llamado ‘Procés’, este golpe de Estado contra la democracia española que está sucediendo ante nuestros ojos.

El ‘seny’, el sentido común catalán, esperemos se imponga en la Barcelona multicultural…, pensaba en La Habana hace un año

Los secesionistas insultan a España, a lo español y a los españoles de forma constante. En el subtexto de absolutamente todo lo que dicen está una repugnante pretensión de superioridad moral, cultural, económica y social. Creo que parte de la desmoralización a la que nos enfrentamos los españoles viene de que nuestros líderes políticos han hecho lo posible por no escuchar estos insultos constantemente sugeridos. La realidad es que cada vez que un Junqueras, un Puigdemont o un Mas fantasea con la secesión lo que se escucha, a poco que se afine el oído es: “Somos mejores que vosotros y por eso queremos y podemos irnos”. Pero no todo es sugerido. Hace un par de semanas visité La Habana para preparar la presentación de un libro de cuentos sobre la capital cubana, en tiempos del ‘Período Especial’, cuando “Cuba era el único país del mundo donde los ciudadanos soñaban con ser gordos”. La reunión, en los jardines del Hotel Nacional, en pleno Vedado.

Cuando nos dirigíamos a cenar al ‘Gato Tuerto’ y verle actuar a la eterna vedette Juan Bacallao, nos topamos con una bandera independentista catalana, colocada en una oficina de algún empresario supremacista. Éste delira con haber abierto el primer ‘consulado’ de la Cataluña independiente en La Habana, Cuba. Este desconoce que en Miami, los únicos que recibieron a Carles Puigdemont y a sus acólitos, monaguillos, fueron tres congresistas republicanos anticastristas, de la línea dura del Partido Republicano, partidarios de reforzar al ejército norteamericano. Se trata de los congresistas por Florida, Mario Diaz-Balart, Lleana Ros-Lehtinen y Carlos Curbelo. La agenda de Puigdemont en su viaje a Estados Unidos persiguió el objetivo del independentismo liberal de derecha, que considera que la independencia de Cataluña tendrá viabilidad si logra apoyos en el país de Abraham Lincoln, en la comunidad judía internacional, apostando por un modelo socio-económico netamente liberal para atraer inversiones.

Las noticias de la ‘Celtiberia Show’ se quedan en la mera anécdota de lo cutre, para regocijo de la plebe, sin superar la barrera mental de lo ‘friki’ y sin el análisis que nos proponía el periodista Luis Carandell en la revista ‘Triunfo’ que perturbaba a personajes del anterior régimen de Francisco Franco, no diferentes de Carles Puigdemont. El ‘seny’, el sentido común catalán, esperemos se imponga en la Barcelona multicultural… “Murió el poeta lejos del hogar. Le cubre el polvo de un país vecino. Al alejarse le vieron llorar. Caminante no hay camino, se hace camino al andar…, golpe a golpe, verso a verso…”, recuerda estos días Joan Manuel Serrat al que acusan de ‘españolista’ y ‘anticatalanista’ Antonio Machado.

Me preocupa el tema de Cataluña y su repercusión para la economía en España. También la fobia contra lo español y lo catalán. Aunque el tema se logre encauzar esta bronca estamos ante una tormenta de décadas que va a marcar nuestro futuro y el de nuestros hijos y nietos Yo estoy hasta las narices de tantos nacionalismos que me han tocado vivir: la castellana -la franquista y fascista que afortunadamente concluyó con la aceptación de Transición Democrática y la Constitución de 1978-; la vasca -lucha de liberación nacional con los tintes marxistas leninistas, una vez más, muertos y daños colaterales, y un mesurado lendakari, Iñaki Urkullu encauzando el final definitivo, menos mal-; y ahora, el ‘autogolpe’ nacionalista catalán, urnas, broncas, negociaciones, daños físicos y psíquicos, miserias humanas, ‘TerrasLliures’, final de aquí al 2050… Deseo no tener que vivir más fiebres de supremacías castellanas, vascas, catalanas. Estas trágicas historias supremacistas no tienen ‘label’ exclusivo de los Estados Unidos y su Donald Trump.

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