El presidente Mariano Rajoy I de España y VII de Cataluña

El presidente Mariano Rajoy I de España y VII de Cataluña

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Carles Puigdemont, el otro ‘celta’ fugado a la Bélgica del Congo, aspira a gobernar Barcelona, donde dos mitades de un iceberg se alejan lentamente a la deriva por el Mediterráneo de Joan Manuel Serrat. Este poeta y cantautor tiene piel del sabor amargo por culpa del llanto eterno que han vertido en él cien pueblos de Algeciras a Estambul para que pintara de azul sus largas noches de invierno. “A fuerza de desventuras tu alma es profunda y oscura, a tus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos como el recodo al camino. Soy cantor, soy embustero, me gusta el juego y el vino, tengo alma de marinero…”. ¿Qué le iba a hacer si nació en el Mediterráneo?

El presidente Mariano Rajoy I de España y VII de Cataluña

Cataluña seguirá en la encrucijada. El equilibrio de 2015 apenas se movió, pese a todo lo ocurrido desde entonces. Ni se produjo un río de votos por la independencia, ni sus líderes fueron castigados en las urnas. La suma de Junts per Catalunya, ERC y la CUP, consiguió el 47.5% de los votos, que es la cifra que los nacionalistas (y ahora independentistas) llevan repitiendo desde hace 18 años. En todas las elecciones desde 1999 se movieron entre el 46% y el 50% de los votos. El partido vencedor fue el constitucionalista Ciudadanos, con un millón 102 mil 099 votos, seguido de los nacionalistas de Junts per Catalunya (940 mil 602) y ERC (929 mil 407), y en cuarto lugar, los también constitucionalistas del Partido Socialista de Cataluña (602 mil 969). En séptimo posición aparece el Partido Popular del presidente Mariano Rajoy I de España y VII de Catalunya (184 mil 108).

Mariano Rajoy ha experimentado en la emergencia del 21-D la mayor derrota de su carrera política. Y no puede esconderse detrás de García Albiol pese al tamaño extra largo del candidato popular. Ha sido su lenguaraz colega una víctima sacrificial, un fusible, el último centinela de una estrategia temeraria. Tanto ha descuidado, subestimado, Rajoy la plaza de Cataluña en la expectativa compensatoria del voto nacional -una asimetría perversa- que ha terminado incurriendo en una mayúscula negligencia de estadista. El precio consiste en haber desaparecido de Cataluña, en haberse restringido a una formación marginal, razones suficientes para evocar como fabulosos los tiempos de Alicia Sánchez Camacho -19 diputados en los comicios 2012- y preguntarse si puede concederse semejante amputación política y territorial el líder del primer partido nacional y el presidente del Gobierno.

No ya por la envergadura económica y demográfica de Cataluña, o por la humillante experiencia de haber sido expulsado como una epidemia, sino porque además la pujanza de Ciudadanos predispone a un nuevo equilibrio de la política nacional en la franja liberal-conservadora. Rajoy lo ha perdido todo en Cataluña. Y se expone en el resto de España a la insolencia de la marea naranja. El predicado “popular” del PP se antoja un sarcasmo en el frente de Cataluña. Satiriza la dimensión menguante de un líder que ha incorporado a su antigua fama de Belcebú -los recursos al Estatut- la aplicación del 155 y la catastrófica gestión del 1 de octubre. Hizo bien Rajoy en restaurar el orden constitucional y en urgir los comicios del 21-D, pero la incompetencia del Gobierno en el pucherazo indepe ha comportado el contrapeso de un severísimo escarmiento.

No se le perdona a Rajoy el uso de la fuerza, pero sobre todo no se le debería haber perdonado la reputación internacional que concedió a la propaganda separatista. Capituló el Estado el 1 de octubre. Concedió una enorme sensación de impotencia. Hizo el ridículo el CNI, los servicios secretos españoles. Y volvió a hacerlo Soraya Sáenz de Santamaría cuando atribuyó a Rajoy el mérito de haber descabezado a los líderes soberanistas, arrasando el escrúpulo de la separación de poderes. Mariano Rajoy no es sólo el presidente de un partido. Es el jefe del Gobierno de España. Obligación suficiente para sustraerlo a la frivolidad partidista. Y para contrastarlo al ejercicio de una visión preclara del Estado, más allá del electoralismo. Nunca supo ofrecer un discurso a Cataluña. Y Cataluña lo ha terminado por evacuar a semejanza de un cuerpo extraño.

El hundimiento del PP se añade al fracaso de Podemos, y la mejoría irrelevante del PSC neutraliza el discurso canchero de Pedro Sánchez

“La debilidad sorprende a Rajoy en el momento más grave de su carrera. Ha sido desautorizada su interlocución en el 21-D. Los catalanes lo han mandado al exilio. Y ocupa una posición de alarmante incertidumbre, hasta el extremo de plantearse la conveniencia de un adelanto electoral. Porque no eran éstos unos comicios exclusivamente catalanes. El hundimiento del PP se añade al fracaso de Podemos. Y la mejoría irrelevante del PSC neutraliza el discurso canchero que ya se había preparado Pedro Sánchez, de tal forma que sólo Ciudadanos adquiere legitimidad para estimular el escenario político, sobrepasando incluso la antigua dependencia de su líder…”, recalca el columnista Rubén Amón, en El País.

Se confirmó que la sociedad catalana sigue dividida por la independencia. Así lo dicen los datos del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat: hay dos grupos antagónicos separados por el origen de su familia y el deseo de independizarse. En un extremo están el 37% de los catalanes, hijos de catalanes e independentistas. Y en el lado opuesto hay otro 37%, que son inmigrantes o hijos de inmigrantes, y que no quieren la independencia. Los resultados de estas elecciones igualaron aún más los bloques. La distancia en votos entre independentistas y constitucionalistas se ha reducido de seis a cuatro puntos. Pero sobre todo aumentó la polarización. Las posturas y opiniones dentro de cada bloque se alejan. Los votantes independentistas no castigan la vía unilateral que emprendió su Gobierno. Los no independentistas, en cambio, han votado para rechazar ese plan.

Eso explica que Ciudadanos haya casi triplicado los votos que logró el año pasado en las generales: convenció probablemente a muchos catalanes que sentían que votando por Ciudadanos rechazaban la independencia. Los resultados dejan la imagen de una plataforma de hielo quebrada, partida en dos mitades que se alejan, lentamente, a la deriva, proveniente de los Pirineos, por un ibón o lago glaciar. El iceberg fracturado no sabemos cómo ha llegado al mar Mediterráneo de Joan Manuel Serrat. Este poeta y cantautor tiene piel delsabor amargo por culpa del llanto eterno que han vertido en él cien pueblos de Algeciras a Estambul para que pintara de azul sus largas noches de invierno… “A fuerza de desventuras tu alma es profunda y oscura, a tus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos como el recodo al camino, soy cantor, soy embustero, me gusta el juego y el vino, tengo alma de marinero…”. ¿Qué le iba a hacer si nació en el Mediterráneo?

Carles Puigdemont les hizo esperar en su colegio electoral de Girona como hace Godot en la obra del dramaturgo irlandés Samuel Beckett

La democracia catalana ha sido ultrajada por el soberanismo en todas sus expresiones. Se había desfigurado el parlamento. Se había demolido la separación de poderes. Y se había profanado el ritual del referéndum. Urgía, por idénticas razones, recuperar la noción catárica de unas elecciones verdaderas, no sólo asumidas y compartidas por los partidos de la subversión, sino convertidas, salvo excepciones, en un mayúsculo ejercicio de civismo y de convicción en el Estado de derecho. Los catalanes han acudido a las urnas abrumadoramente. Han recuperado la voz y el voto.Y no cabe oponerse a los resultados. Los partidos soberanistas especularon con hacerlo, precisamente como rechazo alérgico al 155 y como estrategia preventiva de un eventual un retroceso -nada más dramático que la victoria de Inés Arrimadas, la catalana nacida en Andalucía-, pero cuestionar la transparencia del 21D después de haberse urdido la tragicomedia el 1-0 despoja de credibilidad a los saboteadores.

Ninguno más estrafalario y cobardón entre ellos que Carles Puigdemont. Montaban guardia los ufanos periodistas en su colegio de Girona esperando que se apareciera el impostor desde los cielos. Lo aguardaban sus feligreses a semejanza de un estímulo electoral, providencialista, pero Carles Puigdemont les hizo esperar como hace Godot en la obra del dramaturgo irlandés Samuel Beckett. El fugitivo ha condicionado su regreso al descaro de un chantaje.  Exige los galones de ‘president’ como salvavidas de su regreso. Y se atreve a convocar a Josep Tarradellas no en la emulación del exilio, sino en el aforismo que el héroe republicano formalizó para consejo de cualquier camarada: en política todo está permitido menos el ridículo.

Para el escritor Miguel de Unamuno, “el nacionalismo es la chifladura de exaltados echados a perder por indigestiones de mala historia”

Sin duda fue un día histórico aquel en que este ciudadano anónimo decidió declararse independiente por su cuenta y riesgo sin esperar a que se cumpliera el programa político de su partido. No reconocía otra nación que su propia persona, cuyas fronteras las constituyen el suelo que pisaban sus zapatos, el horizonte hasta donde alcanzaban sus ojos y el cielo que brillaba sobre su atormentada cabeza. Este ciudadano creía, como el escritor vasco Miguel de Unamuno, que “el nacionalismo es la chifladura de exaltados echados a perder por indigestiones de mala historia”, pero que bastaba con desearlo con toda la fuerza del espíritu y de repente uno se convertía en un ser libre e independiente como una aventura individual irrebatible.

Pasado el momento de euforia que acompaña a cualquier declaración de independencia, la primera decepción la tuvo a la mañana siguiente, cuando después de una noche en que fue visitado por algunos sueños de gloria, al mirarse en el espejo del baño descubrió que seguía siendo el mismo individuo de siempre sin más atributos, ni más alto ni más guapo. Nada había cambiado. Sus pantalones estaban confeccionados en China, el café del desayuno era colombiano, la mantequilla era francesa, el coche que conducía era alemán, la fábrica donde trabajaba era japonesa y el jefe que le mandaba era danés. En general todo lo que comía y bebía cada día este ciudadano independiente, las series de televisión que veía, la música que oía o bailaba, los medicamentos que tomaba, el móvil que lo unía al mundo tenían origen fuera de país que habitaba.

Tanto su cuerpo como su alma, que eran su única nación, estaban atrapados en poder de otros, pero él siguió en su delirio, pese a que solo eran suyos, absolutamente suyos, los cuatro metros cuadrados de su amada tierra que necesitaba para llevarse consigo a la fosa sus sueños de gloria. Hemos llegado a otra fecha histórica en Cataluña, actual Comunidad Autónoma Española. El 21 de diciembre era el día elegido por el presidente español, el conservador del Partido Popular Mariano Rajoy, para unas nuevas elecciones autonómicas tras el desmadre protagonizado por los secesionistas de Carles Puigdemont, quienes querían saltarse a la torera las leyes emanadas de la Constituciones de España y la Unión Europea. Casi nada. El ‘expresident’ autonómico está fugado en Bélgica donde es apapachado por partidos de la ultraderecha con tintes xenófogos y de apoyo al nazismo de Adolf Hitler en un país, Bélgica, que arrastra una curiosa trayectoria. Ha protagonizado casi un siglo de genocidios sucesivos, primero en el Congo y luego como columna vertebral (y rentable) del neosultanismo de Mobutu Sese Seko Nkuku Ngbenduwa Za Banga. Militar, cleptócrata y dictador de la República de Zaire, conocido popularmente como Mobutu. Ha sido descrito como el arquetipo de dictador africano.Y con plena buena conciencia belga.

El ex ‘president’ catalán debe leer en su exilio belga “El sueño del celta”, interesantísima novela de Mario Vargas Llosa

Les recomiendo que lean la novela de Mario Vargas Llosa, ‘El sueño del celta’, basada en un personaje histórico, el irlandés Roger Casement, cónsul británico en el Congo a principios del siglo XX y amigo del escritor Joseph Conrad. La vida de Roger Casement, explicó Vargas Llosa, fue “muy aventurera, realmente novelesca”, y en parte se desarrolló en la Amazonía y en el Congo, en la época del boom del caucho. Casement (1864-1916), político nacionalista irlandés, “viajó con Conrad por el río Congo, y fue quien le abrió los ojos al escritor sobre lo que realmente ocurría allí cuando el Congo era la propiedad privada de Leopoldo II”, rey de los belgas; un periodo en el que se cometieron “iniquidades casi inconcebibles, de una crueldad monstruosa. Fue un verdadero genocidio”, aseguraba Vargas Llosa en una reciente entrevista.

Tras su actuación en el Congo, fue ennoblecido por la corona británica, y cuando se supo que en la Amazonía también se cometían “terribles abusos” contra los indígenas, lo pusieron al frente de una comisión para investigar lo que sucedía en la región del Putumayo, en la zona fronteriza entre Colombia y Perú. Pero la suerte de sir Roger Casement cambió pronto. Durante la Primera Guerra Mundial fue acusado de facilitar armas a los nacionalistas irlandeses. Fue condenado a muerte. Este “controvertido” personaje escribió informes en los que denunciaba las condiciones en las que trabajaban los indígenas de las caucherías. Al mismo tiempo, llevó una vida “muy vinculada al nacionalismo irlandés”, a pesar de que en su juventud había estado “muy identificado con el Imperio británico, convencido de que llevaba el progreso y la civilización a los países que colonizaba”.

Con esa creencia se fue a África, y allí la realidad hizo que “cambiara radicalmente de manera de pensar”. “Es un personaje que tuvo varias vidas, muy contradictorias. Llegó a ser muy famoso, luego fue execrado y considerado un traidor”. El personaje “fascinó” desde el principio a Vargas Llosa, quien no oculta que escribir esta novela fue “una aventura”, porque le hizo sumergirse en mundos que desconocía “casi por completo”, como el Congo e Irlanda. Por si fuera poco, Casement es además un personaje que “incomoda mucho a los propios irlandeses, porque hay toda una leyenda muy controvertida sobre supuestas prácticas sexuales heterodoxas que se le atribuyeron, nunca se sabe si con una base de realidad o como parte de una operación de la inteligencia británica para desprestigiarlo”. En definitiva, el protagonista de ‘El sueño del celta’ (el título es el de un poema de Casement, que no se llegó a publicar) es una persona “difícil, incómoda y sobre la que existen más leyendas que certezas históricas”, señaló Vargas Llosa, quien por cierto ha participado activamente en las elecciones catalanas del 21-D en apoyo a Albert Rivera.

Ciudadanos ha sustituido al PSC en la Cataluña urbana, mientras que Esquerra Republicana desbanca a la nacionalista Convergència

La campaña electoral que el martes 19 de diciembre culminó en Cataluña ha evidenciado cómo dos partidos que hasta hace poco eran accesorios en la política catalana han sustituido a los dos grandes y llevan camino de hacerse con la hegemonía dentro de sus respectivos espacios. Pendientes del ‘21 D’, la impresión es que Ciudadanos ha sustituido al PSC en la Cataluña urbana mientras que Esquerra Republicana se hace con la hegemonía nacionalista de la extinta Convergència, rebautizada como PDeCAT. Todo apunta a que la hegemonía bipartidista de la que gozaron CiU y PSC, especialmente en los años ochenta y noventa -cuando se repartían el 75% de los votos- se ha ido para no volver. En un Parlamento catalán con siete partidos, los sondeos dan a Ciudadanos y a Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) una suma de votos que no llega al 50%, con lo que ni el uno ni el otro pueden plantearse Gobiernos en solitario y van a ser necesarias sumas de hasta tres o cuatro partidos.

En cualquier caso, tanto Ciudadanos como ERC han exprimido en campaña su recién adquirida condición de favoritos. Y ambos se retroalimentan en esta posición. El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, apeló en el mitin central del partido en L’Hospitalet (Barcelona) al voto útil porque, argumentó, la victoria sobre ERC se decidirá por muy pocos votos. También llamó a los indecisos y, en particular, a los que “dudan entre Ciudadanos y el PSC”. “Si votan al PSC”, dijo, “no saben adónde va su voto; pero nadie duda de que un voto a Ciudadanos va a parar el procés”. Rivera recordó las alianzas de los socialistas con Esquerra durante el Gobierno tripartito (2003-2010). “Ya nos la han jugado muchas veces”. Inés Arrimadas, la candidata ‘ciudadana’ también hace referencias constantes a que ERC es el gran rival a batir.

A los independentistas de Oriol Junqueras les gusta reivindicarse como partido “central” del catalanismo. Lo han hecho durante toda la campaña para dejar claro que hay otra formación, el PDeCAT, ahora Junts per Catalunya, que ha dejado de serlo. Y los republicanos también insisten en que el suyo es un partido con solera fundado en 1931. “Es importante que ERC lidere el Govern. No es un partido improvisado de hace cuatro días, es un partido con historia”, asegura el exconsejero Carles Mundó. En los mítines republicanos no hace falta recordar que su lista rival Junts per Catalunya se constituyó apenas una semana antes de arrancar la campaña electoral. Y, por si no le queda claro al electorado independentista que el voto a ERC es el que más daño puede hacer al poder establecido. Lo verbalizó la número dos, Marta Rovira: “La izquierda y la burguesía que se ha creído que tenía la propiedad de la gestión de este país ahora tienen un contrincante”, dijo en referencia al PDeCAT y al PSC.

El profesor de ciencia política de la Universidad Carlos III, Lluís Orriols, observa esta pugna como una “resituación del sistema de partidos catalán”. Cree que el cambio de hegemonía en el independentismo a favor de ERC es más “estructural”. Con los constantes cambios de marca, proyecto y liderazgo, la antigua Convergencia “ha pospuesto sus deberes de buscar una condición consolidada con proyecto a medio plazo”, lo que a juicio de Orriols beneficia a ERC. Orriols, en cambio, es más escéptico sobre el carácter estructural del ‘sorpasso’ del partido de Arrimadas sobre el PSC. “Ciudadanos ha sido capaz de convertirse en el partido focal del no independentismo en unas elecciones autonómicas, pero sus votantes van a otros partidos cuando se trata de comicios generales”, dice. “La pugna por este espacio está en disputa todavía”.

El ’21 D’ coincidió con el solsticio de invierno, día con menos horas de luz del año, que finalizará el 20 de marzo del 2018

El invierno de 2017-2018 comenzó este pasado jueves, 21 de diciembre, a las 17:28 horas, hora oficial peninsular –siete horas menos en Quintana Roo-, y finalizará el 20 de marzo de 2018 con el comienzo de la primavera, por lo que la estación durará 88 días y 23 horas, según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional). Según recuerda el Observatorio, el día del solsticio de invierno corresponde al de menos horas de luz del año. Alrededor de esta fecha se encuentran el día en que el Sol sale más tarde y aquel en que se pone más pronto. En Madrid, por ejemplo, el 21 de diciembre tuvo 9 horas y 17 minutos de luz, cuando el día más largo de este año, que fue el 21 de junio, tuvo 15 horas y 3 minutos de luz.

Un hecho circunstancial no relacionado con el inicio de las estaciones se da también en esta época: el día del perihelio, es decir, el día en que el Sol y la Tierra están más cercanos entre sí a lo largo del año. Es esta mayor proximidad al Sol, tal y como indica el IGN, la causa de que la Tierra se mueva más rápidamente a lo largo de su órbita elíptica durante el invierno (según la conocida como segunda ley de Kepler) y por lo tanto esta estación sea la de menor duración. En esta ocasión, el máximo acercamiento se dará el próximo día 3 de enero de 2018, siendo la distancia de algo más de 147 millones de kilómetros, unos cinco millones de kilómetros menos que en el momento de afelio o de mayor distancia (6 de julio de 2018). Durante este invierno, el día en que el Sol se pondrá más pronto será el 8 de diciembre de 2018, mientras que el día en que el Sol saldrá más tarde será el 4 de enero de 2018.

Durante esta estación, el cielo matutino estará dominado por Marte, Júpiter y Saturno, y el vespertino por Urano, al que se unirá Venus a mediados de febrero. En la noche del 31 de enero habrá un eclipse total de Luna que será visible en Asia, Australia, el Pacífico y Norteamérica, pero que no será visible en España. Tampoco en España se podrá apreciar el eclipse parcial de Sol que tendrá lugar el 15 de febrero, que sí será visible en la Antártida, Argentina y Chile. La primera luna llena del invierno se dará el 2 de enero de 2018, dándose los siguientes 29 ó 30 días después. En este invierno se darán otras dos lunas llenas: el 31 de enero y el 2 de marzo de 2018. El invierno también dejará lluvias de meteoros. La primera de esta estación y, por tanto, del año, será la de las Cuadrántidas, cuyo máximo pico de actividad se da hacia el 3 de enero, y se podrá ver sin necesidad de telescopios. Desconocemos si estos pronósticos meteorológicos serán una realidad en la ‘Arcadia’ de Carles Puigdemont.

Si ambos bandos divididos en dos mitades nunca podrán vencer ni convencer al contrario, tratándose de catalanes, urge convivir en paz

“Da la sensación de que el Estado español es una maquinaria metódica e implacable, pero anquilosada, que se mueve todavía en un mundo analógico, mientras los independentistas catalanes lo desafían alegremente desde una realidad digital hinchando ese globo de colores en que se ha convertido el proceso soberanista…”. En este estado de la cuestión, planteado días atrás por el columnista Manuel Vicent, para que ese globo de colores se convierta en la república independiente con la que sueñan unos millones de catalanes, sería necesario hacer una revolución o ganar una guerra, ambas con los dados a favor, cosa que no se vislumbra ni siquiera en el horizonte más lejano. Por otra parte, tal como vienen los telediarios, parece evidente que tampoco los constitucionalistas conseguirán jamás pinchar ese globo que sustenta la ilusión de gran parte de Cataluña.

Si ambos bandos divididos en dos mitades nunca podrán vencer ni convencer al contrario, tratándose de catalanes, sería lo más sensato ponerse a la tarea de convivir en paz, puesto que a esa ardua labor están condenados por el azar y la necesidad. Lejos de las pasiones políticas hoy envenenadas, gane quien gane estas elecciones, habrá que bajar al barro de la vida cotidiana, y en este sentido, la inminente Navidad se presenta como una prueba y una amenaza. Unos y otros tendrán que desearse bon Nadal sin que suene a escarnio, y el 26 de diciembre, fiesta de San Esteve, en la que las familias catalanas, con tíos, sobrinos, primos y cuñados, se amontonan en casa durante toda la jornada, habrá que decidir quién hace los canelones. He aquí el reto: bailar juntos la sardana, cantar juntos en el mismo orfeón, ir en pandilla juntos a buscar setas al Canigó. Creíamos que los catalanes eran moderados, prácticos y ecuánimes. Nada. Para lo que hoy sucede en Cataluña, Josep Pla tenía una expresión: esto es realmente un Cafarnaún. Era una ciudad surgida de antiguo poblado pesquero ubicado en Galilea, en Israel, a orillas del mar de Galilea, también llamado lago Tiberiades o Kineret. Es conocida por los cristianos como “la ciudad de Jesús”, nombrada en el Nuevo Testamento. Fue uno de los lugares elegidos por Jesús de Nazareth para transmitir su mensaje y realizar algunos de sus milagros. Mariano Rajoy y Carles Puigdemont no confían en los milagros, al menos los electorales.

“Si ansías ir al desempleo, vota secesión. Los datos revelan ya un desastre económico en Cataluña; pero si se reincide, será el colapso…”

“Si ansías ir al desempleo, vota secesión. Los datos revelan ya un desastre económico en Cataluña; pero si se reincide, será el colapso…”, titulaba el columnista catalán Xavier Vidal-Folch, en la víspera del ‘21 D’…. “Reflexionen bien. O sea, con datos. La mejor receta para quien ansíe acabar desempleado en Cataluña es votar este jueves por algún partido secesionista. La fase final del procés, en el bimestre octubre-noviembre, ha sido mala en paro. Aumentó más del doble en territorio catalán (5.9%) que en el conjunto de España (2.9%). Y sólo en noviembre la economía catalana generó desempleo neto (7 mil 400 nuevos parados) mientras que en el resto de España lo redujo en 145 puestos de trabajo: pues en el conjunto de España, incluida Cataluña, el desempleo aumentó menos que el generado en el mercado laboral catalán (7 mil 255). En resumen: mientras Cataluña crea paro, la España no catalana lo reduce. Esto no es opinable, es la pura y dura realidad…”.

¿Por qué? Porque aunque los protagonistas del desastre lo nieguen, su desastre económico es ya tangible. “En Cataluña se han producido todos los males previstos a lo largo de años para el peor Brexit, pero en este caso, a la velocidad de la luz”, compara uno de los mejores expertos europeos en mercado interior. A la caída del turismo y la reducción del consumo -fenómenos inmediatos tras las leyes de ruptura de septiembre y el referéndum ilegal del ‘1 O’-, se han unido otras tendencias perversas. La creación de empresas (no confundir con la fuga de las ya existentes) bajó en octubre, en Cataluña, 14% respecto a igual mes del año anterior. Ha sido el peor octubre desde 2011, cuando se produjo el rebote de la Gran Recesión, según el INE. Puros datos. Mientras, en el total español ese flujo subía 1.5%, aupado por la Comunidad Valenciana (11.6%), Andalucía (5.4%) y Madrid (5.2%). Son datos, no opiniones. Además, 46% de los empresarios catalanes, aunque no se hayan ido, han paralizado inversiones. Entre los autónomos, la cosa ha ido aún peor. En octubre-noviembre Cataluña perdió 2 mil 587 emprendedores de este ámbito -periodo en que solía incrementarlos-, mientras su gran rival, Madrid, ganaba 3 mil 524, según la federación ATA. Son datos, sin opinión.

Últimos indicadores estadísticos: el aumento de ventas de viviendas fue sólo del 12.4% en octubre, frente al 25.7% de la media española, impulsada por Madrid (50%) o Navarra (40.8%), según el INE. Datos crudos. Dos elementos nuevos en el traslado fuera del Principado de -ya más de 3 mil- sedes empresariales en busca de seguridad jurídica sostenida. Uno es que 25% de las empresas medianas, el fortín catalán, ya ha seguido esa ruta, sobre todo a Madrid, según un análisis del Círculo de Empresarios.Otro, que la movida empieza a afectar a las multinacionales: es el caso del gigante alemán de las industrias del gas, Linde-España y sus filiales, de camino a Valencia. La intervención redujo la sangría a goteo lento. Puede, debe mejorar. Pero si volvemos a las andadas, corremos el riesgo del desplome. Cuidado. Los colapsos lo arrasan todo.

Una Constitución que no define claramente las competencias acaba transformándose en una fuente de conflicto político

Se debatía en las Cortes de 1931, con la vista puesta en la ya entonces famosa cuestión catalana, la definición del Estado cuando los diputados convinieron en suprimir aquello de que España era una República de “tendencia federativa”, expresión que a Manuel Azaña le parecía una desdicha. “¿Qué es una Constitución que tiende a ser algo y no llega a serlo?”, se preguntaba. Al fin, los diputados optaron por definir la República como un Estado integral, en el que eran compatibles, como dijo Jiménez de Asúa, junto a la gran España, las regiones, cada una de ellas recibiendo “la autonomía que merece por su grado de cultura y de progreso”.

La experiencia se repitió en los mismos términos y por idéntica cuestión décadas después, cuando en 1977 los diputados de las Cortes autodeclaradas constituyentes acometieron con la técnica empleada por sus predecesores republicanos la tarea de organizar territorialmente el Estado. Distinguieron, a instancia de los diputados catalanes, lo que en 1931 se denominó regiones de las nacionalidades. Como entonces, nadie sabía en qué vendría a acabar aquella segunda experiencia de una Constitución que, sin decirlo, era también de tendencia federativa.

En los años treinta nunca llegaron a saberlo. Ahora, sí; ahora ya lo sabemos. Una Constitución que no define claramente las competencias y que deja la solidaridad entre las comunidades autónomas al albur de las políticas de los partidos, acaba transformándose en una fuente de conflictos y discordias interminables. Primero, entre el Estado que tiende a ser federal pero no llega a serlo y cada una de sus comunidades; y además, entre los partidos que gobiernan esas comunidades, afectados todos del prurito de marcar diferencias identitarias o de alimentar rencores y emulaciones.

Son muchos años y al fin todos los poderes territoriales del Estado están constituidos. Si otros fueran los hábitos políticos, quizá los partidos que hoy se presentan al veredicto de las urnas en Cataluña situarían como cuestión prioritaria abrir el camino de una reforma constitucional que acabara convirtiendo de una buena vez este Estado de tendencia federal en un Estado federal. Capital académico y saber técnico no falta para la empresa, pero, lamentablemente, el empecinamiento de los partidos catalanes en sus posiciones de ruptura y quiebra de la Constitución no permite abrigar ninguna expectativa razonable.“¿Quién teme al Estado federal?”, se preguntaba el periodista Santos Juliá.

“El Procés ha muerto… ¡Viva el Procés!”, unas pinceladas para entender algo en Quintana Roo de las elecciones del 21 de diciembre en Cataluña

El electorado indepe se ha ratificado a sí mismo. Esto es lo que hay. El Procés I ha muerto; pero comienza el Procés II. Es inútil pretender una lectura sólo como elecciones autonómicas. La lógica plebiscitaria está ahí, sí. Y ganan más escaños, por la Ley Electoral, pero pierden en votos. Tienen el poder legítimamente, pero no hay mayoría independentista en la sociedad. Con una participación del 82%, el resultado de este 21-D ofrece una fotografía muy precisa de la realidad. No hay coartadas a escala 1:1.

La verdad no es el resultado de repetir mil veces una mentira. El 21-D retrata la división profunda de la sociedad: dos millones dicen sí al soberanismo, y es mucho, pero a la vez algo más de dos millones dicen que no, y es aún más. Al independentismo siempre le ha preocupado poco la división. Su estrategia excluyente resulta temeraria en una sociedad democrática. Actúan desde una convicción indecente: Cataluña son ellos. Y previsiblemente eso va a empeorar.“El infierno son los otros” (Jean Paul Sartre), así funciona la lógica excluyente de los bloques. Simbólicamente los indepes no felicitaron al partido ganador; un partido de malos catalanes.

El principal problema del procés ha sido y es la realidad. La incapacidad patológica para aceptar los hechos. “El Estado español ha sido derrotado” clamaba Puigdemont. Y lo dice fugado de España, sin poder regresar porque huyó de la justicia, celebrando unas elecciones convocadas por ese Estado. Confunde las elecciones con una Guerra de Secesión. El Procés I arrastraba una debilidad: el 47% de los votos. Parte del delirio procesista surge de interpretar eso como mayoría. La CUP admitió en 2015 que no lo era, pero solo fue un ataque momentáneo de realismo. Bajo el 50%, aunque la Ley Electoral te favorezca en escaños, no hay mandato popular mayoritario para la ruptura. Es dudoso que esto se asuma en el Procés II. En dos décadas del siglo XXI, y ya son muchas citas electorales, el voto nacionalista está en el 48%. No es el Estatut o el 155; es la realidad.

No se trata de ir a las urnas más veces, sino de ir a la realidad. Ayer reproducían la frase “votar en este país no siempre ha sido posible”. Cuatro veces en siete años debería persuadirles de la verdad. Son dos millones, sí, mucho, pero menos de la mitad. Cuesta creer que no haya Governindepe. La CUP tendrá que desdecirse, pero eso -con o sin circo de empates asamblearios- no será difícil. Han admitido el error de ir con la derecha a votar presupuestos antisociales, pero volverán a hacerlo. Una vez más, el procesismo antes que los problemas reales de la gente.

La victoria de Puigdemont no es exactamente la victoria del PdeCat. El partido está roto. Marta Pascal ha estado fuera de la campaña. Elsa Artadi, o sea, Puigdemont, ha controlado todo. Y ha ganado el discurso simplista de Puigdemont vs Rajoy.  Ahora el dilema de Puigdemont es regresar asumiendo que no está por encima de la justicia, cuya maquinaria no se detiene tras las elecciones, o hacer correr la lista. Aún tienen que asumir que las urnas no lavan los delitos, aunque blanqueen las responsabilidades políticas. La derrota de ERC es dura. Pero la campaña de ERC, más allá del sacrificio real de Junqueras, ha sido pésima. Rovira, y los roviros para ocultar a Rovira, dieron una imagen muy inconsistente. El rufianismo está bien para reír las gracias, no más. Es lo que queda del seny.

La épica del exilio se impone al drama de la cárcel. Se ha entendido que el show belga era más desafiante que el coraje de la prisión. El efectismo propagandístico de Puigdemont ha triunfado; de hecho, reclamar una cumbre internacional es su enésima mascarada. Triple derrota de Rajoy: ganan los indepes, Ciudadanos arrasa, su partido naufraga. Rajoy es algo más que un perdedor: la gestión del procés, el fracaso en impedir el 1-O, el desastre de las cargas policiales… Sólo parece conservar su impúdica capacidad de mirar para otro lado.

CUP y PP juntos en el grupo mixto. Un castigo bíblico, a la altura de su ceguera incorregible. Albiol se queda, claro. El largo baile de Miquel Iceta y Pedro Sánchez ha terminado, y quizá con el sacrificio inevitable. Como en el baile de Horace McCoy: ¿acaso no matan a los caballos? Todo indica que la tentación retórica de operar fuera de la realidad no va a decaer: “La República catalana ha ganado a la Monarquía del 155”. La derrota del 155 es irreal. Es un eslogan fácil, que excitará a la clientela, pero al 155 no se le ha derrotado. Es falso. El 155 les ha derrotado a ellos al llevarlos a la legalidad. Han concurrido a unas elecciones y tendrán que hacer política de otra manera. Quienes confiaban en poder proclamar, como Winston Churchill en su célebre discurso, que tal vez esto no sea el fin y ni siquiera el principio del fin pero al menos sí el fin del principio, ya saben que no. Al Procés I le sigue el Procés II. Eso sí, al menos hay una leve esperanza: el fin de la unilateralidad fracasada.

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