El PRI de Hendricks, Félix y Beto Borge, es el que representa...

El PRI de Hendricks, Félix y Beto Borge, es el que representa en el Estado, Raymundo King, y en México, Peña Nieto; es el espejo de su legado en la entidad y en el país: arbitrariedad, incompetencia, corrupción, desintegración, fracaso…

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Raymundo King de la Rosa ya se va de la dirigencia estatal del Partido Revolucionario Institucional en Quintana Roo, dejando tras de sí a un partido abrumado por la derrota electoral del 2016, con importantes figuras políticas migrando hacia otros partidos donde sí pueden tener cabida sus ambiciones (y en muchos casos sus traiciones, sus oportunismos y sus dobles caras de corruptos crecidos de la nada en el priismo y reinventados en una oposición con acaso menos escrúpulos y mayor cinismo para proponerse como alternativa con lo peor del PRI)y legando además 16 millones de pesos en deudas. Sirviendo a los intereses del entonces gobernador y hoy presidiario, Roberto Borge Angulo, Raymundo King fue uno de los principales gestores de la derrota de su partido en el pasado proceso electoral, donde luego de 40 años de hegemonía perdió la gubernatura y la mayoría en el Congreso del Estado.Muchos le exigieron su renuncia tras estos resultados, pero no sólo hizo caso omiso, sino que, en el colmo del descaro y con la complacencia y la complicidad de la dirigencia nacional y del presidente de la República (del que salió la orden de perseguir y encarcelar al exlíder moral de King, el exgobernador Roberto Borge, porque se necesitaban chivos expiatorios en el infructuoso afán de rescatar alguna credibilidad electoral del pantano de la inmoralidad), decidió postularse como candidato al Senado. Las tendencias dan por muerto al tricolor en la entidad -y en el país-, pero lo cierto es que aún y en su peor momento, el PRI continúa siendo el segundo partido con más votos en el Estado (en coalición ganó siete de los 11 Municipios), pese a haber sido abandonado por uno de sus aliados –el Panal-, y pese a haber sido convertido en subsidiario del Verde Ecologista –que hasta antes de las elecciones pasadas era subsidiario suyo- merced a la sociedad de intereses del jefe vitalicio de este partido, Jorge Emilio González Martínez, y el jefe máximo del PRI, Enrique Peña Nieto, mediante la incondicionalidad del entonces gobernador Roberto Borge, de los exgobernadores Félix González y Joaquín Hendricks y, por supuesto, de la cúpula priista local representada por King de la Rosa. No por nada es que se han alzado varias manos para suceder a Raymundo King, entre ellas las de la discípula de Félix González y Roberto Borge y perdedora de la pasada elección municipal por el Ayuntamiento de Othón P. Blanco,Arlet Mólgora Glover, la de quien fuera secretario de Seguridad Pública de Roberto Borge, Juan Pedro Mercader Rodríguez, la de quien fuera secretario de Gobierno de Roberto Borge y ahora también está preso, Gabriel Mendicuti Loría, y la del chetumaleño exalcalde cancunense y ya una vez presidente del partido, Carlos Cardín Pérez. Son amplios los sectores de ciudadanos que piensan que el PRI no habrá de recuperarse ni en el país ni en la entidad. Y es cierto que volvió por la victoria presidencial doce años después de la alternancia panista ganada en el 2000 por Vicente Fox. Pero es que ni el panismo que perdió de manera tan estrepitosa la Presidencia tras el régimen de Felipe Calderón fue tan pernicioso para el país y para el Estado como el Gobierno federal de Enrique Peña y los estatales de Hendricks Díaz, González Canto y Borge Angulo, cuyos niveles de corrupción, pero sobre todo de vulgaridad en el saqueo público y de ineptitud administrativa, parecen insuperables.Pero nada está escrito en una democracia tan desvalida y manoseada como la mexicana, donde las candidaturas se venden y se compran como en cualquier franquicia de pacotilla, y las postulaciones se asignan según las cuotas partidistas en las coaliciones y al margen de principios doctrinarios y de ideologías, y donde partidos autollamados de izquierda y antiborgistas recalcitrantes, promotores de la redención política y la purificación de la vida pública en la entidad, como el PRD, incorporan a sus filas y a sus alianzas electorales a personajes de tan deplorable reputación como el apenas expriista, José Luis Toledo Medina, “Chanito”, señalado como uno de los artífices de la quiebra financiera de uno de los Municipios turísticos más rentables y ricos de México –Solidaridad- cuando fue su tesorero, y el más íntimo de los amigose incondicionales colaboradores de Roberto Borge Angulo, quien, hasta el último momento, lo promovió como su candidato personal a sucederlo en el Gobierno del Estado y perdió, ante la también fracasada nominación priista del ahora igualmente presidiario exalcalde de Solidaridad, Mauricio Góngora Escalante.

El PRI de Hendricks, Félix y Beto Borge, es el que representa en el Estado, Raymundo King, y en México, Peña Nieto; es el espejo de su legado en la entidad y en el país: arbitrariedad, incompetencia, corrupción, desintegración, fracaso…

Armando Galera

Muchos han dado por muerto al Partido Revolucionario Institucional en Quintana Roo, luego de que le fue arrebatado el control del Estado tras 40 años de dominio casi absoluto. Para muchos actores políticos (y ciudadanos, en general) el PRI no va a lograr recuperarse, ni en el proceso electoral de este año ni en los comicios del 2019 en los que se renovará el Congreso local.

Varios fueron los factores que contribuyeron a su debacle: la ineptitud y los excesos de la corrupción y el saqueo a la entidad que identificaron la gestión de los tres últimos gobernadores; la misma imagen de degradación política, moral e intelectual que provocó el repudio y la absoluta impopularidad del liderazgo presidencial de Enrique Peña Nieto; las alianzas negociadas por las jefaturas nacional y local del partido –sobre todo con el Verde- al margen de la militancia, en estricta conveniencia de las cúpulas, en favor de los aliados subsidiarios y a costa del partido propio y del derecho de participación de muchos líderes tricolores meritorios e inconformes con su desplazamiento –no pocos de los cuales se fueron a la oposición, donde algunos acabaron con sonoros triunfos electorales o en posiciones representativas de privilegio-; y la falta de protagonismo autocrítico y de liderazgos emergentes o tradicionales que supieran oponerse a tiempo y forjaran un movimiento eficaz de resistencia a la imposición de las decisiones de poder que estaban destruyendo al Estado con Gobiernos corruptos y derrochadores, y por tanto, también, la fuerza y la competitividad del PRI.

Y, tras la debacle, ahora también influye el hecho de que por primera vez en la entidad el PRI no tiene el control de la administración pública, lo que no sólo limita su capacidad de financiamiento -ilegal, por supuesto, que es el sostén más fuerte de los partidos en el poder en México y contra el que no hacen nada las burocracias autónomas para la transparencia y contra la corrupción- sino que eliminó una de sus principales características y el factor esencial de los partidos en el poder: la presencia de un líder indiscutible que marque el ritmo del partido, tanto en la línea a seguir en su comité estatal, como en el de los once Municipios.

Pese este panorama, sus líderes tenían aún en sus manos la valiosa oportunidad de reformarse y adaptarse a un nuevo escenario político;en otras palabras: demostrarle a la sociedad que ya no eran más de lo mismo.

Pero no lo hicieron. Los ‘caudillos’ locales reclamaron formar parte de la renovación de su partido, pero, en su lugar, su dirigente estatal, Raymundo King de la Rosa, prefirió mantener el control del mismo con el respaldo del presidente nacional del PRI, el excesivamente demagogo y servil a las órdenes presidenciales, Enrique Ochoa Reza.

Los resultados están a la vista: el PRI no se ha logrado imponer como oposición al Gobierno de Carlos Joaquín. Su Comité Directivo Estatal enfrenta varias demandas por millones de pesos debido a despedidos injustificados y adeudos con proveedores. Los líderes locales se pelean por las candidaturas, principalmente por los primeros lugares de la Representación Proporcional, y quienes no se ven favorecidos terminan por llevar, si las tienen, sus ‘estructuras’ hacia otros partidos, o renunciando o dejando su militancia en ‘espera’.

Por eso, luego de que King de la Rosa anunciara su intención de buscar la candidatura al Senado, no tardaron en surgir los aspirantes a sucederlo en abril próximo. Los cuatro primeros son el diputado local José Luis González Mendoza, la diputada federal Arlet Mólgora Glover, Francisco Amaro Bentacourt y Rodolfo Romero Euán.

Sin embargo, otros personajes han manifestado a Estosdías su interés en participar en la contienda interna por la dirigencia del PRI: Gabriel Mendicuti Loría, Mario Machuca Sánchez, Carlos Cardín Pérez, Lizbeth Gamboa Song, Víctor Viveros Salazar y Juan Pedro Mercader Rodríguez.

Sí, el PRI puede considerarse muerto en estos momentos. Pero también en el 2000 se dijo que iba a desaparecer tras la derrota ante Vicente Fox y la pérdida de la Presidencia de la República luego de 72 años de monopolizar el poder. Y logró recuperarse en el 2012. Porque en el mundo de la política nada está escrito. Y en el de la mexicana, menos. Acá la democracia es un remedo. Las alternancias representativas van y vienen dejando rastros ciudadanos de frustraciones y arrepentimientos generales sintetizados en la frase popular que asegura que ‘todos son iguales’. Y el combate a la corrupción, a la ineficacia y a la demagogia sigue siendo promesa de campaña, partido tras partido y coalición tras coalición, porque el prometer no empobrece: gobernar, robar y no cambiar, es lo que aniquila.

King y la debacle del tricolor

En diciembre del 2014, el entonces diputado federal, Raymundo King de la Rosa, tomó el cargo de presidente sustituto del PRI en Quintana Roo, tras la renuncia de Pedro Flota Alcocer que asumiría la Presidencia de la Gran Comisión del Congreso del Estado.

Durante su discurso, King manifestó ser un “devoto admirador” del entonces gobernador, Roberto Borge Angulo, además de que el partido bajo su mando no iba “a arriesgar candidaturas, ni ceder a chantajes ni caprichos”.

Lo que sucedió después es de sobra conocido: Raymundo King sirvió con súbdita abyección a los intereses del entonces gobernador, Roberto Borge, y fue, con su impericia al servicio exclusivo de su arrogante y blasfemo jefe y líder moral, uno de los principales artífices de la derrota electoral de su partido en el 2016, al provocar la fuga masiva de líderes y militantes hacia el movimiento y la figura de Carlos Joaquín, que había salido del PRI justamente por las prácticas totalitarias y excluyentes de los jefes locales de ese partido y de los enviados de la dirigencia nacional del mismo.

Tras el fracaso del Revolucionario Institucional por retener la gubernatura de Quintana Roo, una nutrida cantidad de militantes priistas le exigió a Raymundo King que renunciara a la dirigencia del partido, tal como sí lo hizo Manlio Fabio Beltrones en la cúpula nacional y de quien King alardeaba como su padrino político.

No obstante, el borgista chetumaleño mantuvo su posición, con la diferencia de que ahora no rendía cuentas a ningún líder local y con resultados desastrosos tanto política como económicamente para el tricolor.

El éxodo de los priistas

En primer lugar, perdieron al menos el 20 por ciento de sus 75 mil militantes (de acuerdo con cifras de su propio padrón de afiliados), del mismo modo que personajes como Eduardo Ovando Martínez, líderes de ‘estructuras’ de militantes para la promoción política y la operación electoral.

La mayoría de las organizaciones gremiales también le dieron la espalda al tricolor para brindar su apoyo al gobernador en turno, Carlos Joaquín, que había sido correligionario de sus miembros y líderes, y cuya negación de la candidatura y salida obligada del partido había mermado sus intereses y ahora los sumaban para fortalecer su posición de poder. Ello también significó un duro golpe para el tricolor, pues tan sólo los sindicatos de taxistas, por ejemplo, representan una estructura de al menos 35 mil votos en el Estado, además de la capacidad de movilización que constituyen durante las elecciones.

Algunos de estos “desertores”, como los llamó Raymundo King,han migrado y constituirán el partido ‘joaquinista’, Confianza por Quintana Roo, o se han refugiado en el partido Morena (como Juanita Alonso Marrufo, Marybel Villegas y Jesús Pool Moo) o en los de la alianza PAN-PRD (incluyendo el propio gobernador, Carlos Joaquín; la presidenta municipal de Solidaridad, Cristina Torres; y el alcalde de Othón P. Blanco, Luis Torres) o en Verde Ecologista, donde milita la ahora presidenta municipal de Puerto Morelos, Laura Fernández Piña, otro activo político de la ‘nueva generación’ de Félix González y Roberto Borge.

Otros más se colgaron el letrero de ‘priista hasta nuevo aviso’, esperando la llegada de tiempos mejores.

Las deudas heredadas por Ray

Además de perder el acceso al codiciado financiamiento participado por la administración estatal, Raymundo King está dejando al Comité Directivo Estatal con deudas que superan los 16 millones de pesos, de acuerdo con fuentes consultas por Estosdías.

Por principio de cuentas, aún se le debe a la empresa Corporativo Dado la cantidad de 3.4 millones de pesos por la campaña de publicidad impresa en 210 anuncios‘espectaculares’y en 400 vehículos (entre taxis y autobuses de transporte público), para difundir el tercer y último informe legislativo de Raymundo King como diputado federal, en el 2016.

El CDE priista aún debe casi 500 mil pesos a la empresa estatal VIP Saesa por concepto de viajes en sus aeronaves.

Asimismo, se adeudan casi 8 millones de pesos a proveedores diversos, desde 7 mil pesos en telefonía, 345 mil pesos en facturas de energía eléctrica de los diferentes comités municipales, 3.7 millones de pesos en papelería y material adquirido durante las campañas del 2015 y 2016, así como ‘gastos personales’ del dirigente estatal, como una factura por 41 mil pesos que no se ha liquidado a la empresa de Sonia Labastida por el lavado de vehículos y lanchas propiedad de King.

Por si fuera poco, el CDE priista enfrenta 10 demandas laborales por despido injustificado, lo que podría representar en conjunto 2.8 millones de pesos. Apenas el pasado 13 de diciembre la Junta Local de Conciliación y Arbitraje ordenó el embargo de tres vehículos para garantizar el pago de 118 mil pesos a un extrabajador de limpieza de las oficinas del partido, luego de que promoviera un juicio por no ser liquidado conforme a la ley tras 20 años de servicio.

Y, sin embargo, se mueve…

A pesar de este adverso panorama, lo cierto es que el PRI continúa siendo un partido rentable en Quintana Roo.

En la elección por la gubernatura en 2016, y aun cuando fue derrotado, el tricolor obtuvo 120 mil sufragios, lo que representa el 23 por ciento de los votantes, sólo superado por el PAN, con 162 mil (32 por ciento de quienes emitieron su voto),pero duplicando los votos de Morena, que obtuvo 55 mil.

Tanto el Partido Verde como el de la Revolución Democrática apenas alcanzan una tercera parte de los votos del PRI, con 42 mil y 41 mil, respectivamente.

En lo que a los Ayuntamientos se refiere, el Partido Revolucionario Institucional aún mantiene un control sobre los Municipios de Felipe Carrillo Puerto (con 10 mil 784 votos, seguidos por 4 mil 862 del PRD), Isla Mujeres (con 4 mil 285 votos, contra 4 mil 22 del PAN), José María Morelos (donde obtuvo 6 mil 410 votos, seguidos por mil 900 del PRD), Lázaro Cárdenas (con una diferencia mínima de 4 mil 981, contra 4 mil 473 del PAN), Tulum (donde sus 5 mil 638 votos rebasan por mucho los 2 mil 303 del PRD), Puerto Morelos y Bacalar (donde a pesar de ser gobernados por sus aliados, el PVEM y Panal, los priistas tuvieron mayor peso en las urnas, con 4 mil 600 y mil 793, respectivamente).

Y en Benito Juárez, el PRI continúa siendo la segunda fuerza, con 31 mil votos, superado sólo por el PVEM, que obtuvo 40 mil 900 en el 2016.

 

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