El rumor, el miedo y las elecciones

El rumor, el miedo y las elecciones

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El miedo, el terror, el horror, en la cultura popular y por supuesto en política, son una reacción a una incertidumbre colectiva sobre el futuro y a una posible nostalgia de la seguridad de un pasado conocido.

                El miedo nos puede volver vulnerables y ser infeccioso. Algunos científicos sociales creen que el miedo se expande siete veces más que cualquier otra actitud social.

                Tanto Freud como Jung dicen que el miedo se define en la manera en que cualquier cultura, sin importar las diferencias, somete al individuo en el nombre de un orden social.

                A lo largo de la historia humana, se han visto múltiples maneras de inducir el terror, ya sea en base a narraciones, leyendas o mitos, incluso cuentos como aquellos de los hermanos Grimm en que los niños se tienen que sobreponer al miedo de lo desconocido.

                La explosión de los miedos colectivos siempre obedece a determinados contextos sociales. En momentos en que la sobre producción de miedos, de recelos y sospechas que andan libremente flotando llenan la atmósfera, crecen los ‘imanes’ colectivos para querer experimentar y sobrepasar esos miedos.

                Es una reacción común, tratar de sacudirse los mitos que invocan monstruos del pasado, para poder enfrentar las confusiones del presente.

                De esta manera, un miedo personal, se transforma en el miedo de un grupo completo, ya sea un pueblo, una comunidad o todo un país.

                Es inquietante pensar que en el mismo momento en que crecen y se desarrollan los medios de comunicación, en especial las redes sociales, crecen y se desarrollan los miedos propagados sin fundamento. La manipulación colectiva es un fenómeno viejo.

                Establecer un concepto en la opinión pública y el deseo de moldearlo y alimentarlo, sin duda va inevitablemente acompañado de la posibilidad del rumor, de información falsa o a medio cocinar, de tendencias o prejuicios.

                Una vez establecido dicho concepto, es fácil ver cómo crece la paranoia colectiva.

                Después de todo, se ha visto que la paranoia puede llegar a ser una especie de consuelo, al mismo tiempo que un  esfuerzo distorsionado para recuperar el control en mitad del caos.

                Muchos sociólogos como Barry Glassner, en el libro La Cultura del Miedo, han documentado recientemente la manera en que el miedo se ha vuelto una característica distintiva del mundo moderno.

                Miedos tremendos recorren grandes segmentos de la población, miedo al terrorismo, a las enfermedades contagiosas, miedo al crimen o a entrometerse con extraños. Y por supuesto, terror a los cambios sociales que puedan darse a partir de unas elecciones electorales.

                Por supuesto, estos miedos se convierten en cómplices desde el momento mismo en que son publicados en los medios de comunicación y en las redes sociales, una vez que son manipulados por los políticos y comentados por los comentaristas políticos, sean cualquier partido o tendencia.

                La velocidad con la que un débil rumor puede llegar a convertirse en viral es algo que ha venido cambiando de manera asombrosa desde finales del siglo 18, en la que interviene un número creciente y diario de posibles fuentes de información o desinformación.

                Históricamente, estos episodios de paranoia grupal pueden ser registrados desde los siglos 17 y 18 con creencias de que Satanás andaba caminando por el mundo –recordemos los juicios de la Santa Inquisición.

O más recientemente, en las que algún político es la encarnación de todos los males y con él vamos a sufrir dolores inimaginables.

En cualquier caso en que se asomen estos miedos, la razón desaparece.

Por lo tanto, mientras el miedo sea expresado siempre en términos de asuntos o conflictos contemporáneos, también se verá animado y moldeado por historias e imágenes más duraderas.

Viejos mitos y miedos modernos son rencauzados para que los nuevos horrores del mundo tengan sentido, no importasi otras explicaciones son válidas, el lenguaje del miedo le da un peso emocional avasallador al argumento.

La historia llega en oleadas para llenar de rumores y chismes los huecos que deja cualquier suceso basado en los hechos.

Esta puede ser una radiografía de lo que actualmente está pasando en México, ahora que son tiempos de elecciones.

 

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