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En el Estado de México gana el PRI, pero el Morena consigue una victoria sin precedentes

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De mantenerse la tendencia dada a conocer por las autoridades electorales pese al vasto cúmulo de impugnaciones y acusaciones de fraude electoral que están siendo documentadas y cuyo desahogo terminal será de curso largo y sinuoso –mucho más allá del debate mediático y de las notables evidencias que provocan la desconfianza en torno del arbitraje de los comicios por cuanto los exorbitantes gastos ilegales a favor del candidato oficial a la gubernatura no han sido un factor de nulidad, sea por complicidad o incompetencia de las autoridades electorales-, el PRI habrá conseguido de nueva cuenta la gubernatura del Estado de México, cuna del llamado Grupo Atlacomulco del que emergió el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, quien de esta forma se habría anotado una victoria de cara a las elecciones presidenciales del próximo año, si bien esa victoria no pase por ahora de no perder el control sobre su partido y sobre la definición de su candidato a sucederlo, aunque el desgaste de su imagen, de su partido y del candidato que en su momento sea elegido pueda ser mayor ahora que antes, precisamente por el mundialmente sabido e indebido respaldo presidencial a la candidatura del PRI en el Estado de México con el consistente y multimillonario desvío de recursos federales. De modo que Peña Nieto aún no puede celebrar. Porque con todo y el apoyo de los tres órdenes de Gobierno, los miles de millones de pesos desviados con fines proselitistas de programas federales, y la alianza que formó con el Verde Ecologista, Nueva Alianza y Encuentro Social para apoyar a Alfredo del Mazo, el Revolucionario Institucional apenas logró sacar –según los datos del Instituto Electoral del Estado de México- menos de tres puntos de ventaja a Morena y su candidata Delfina Gómez. Por su parte, el PAN fue relegado a la cuarta posición y ahondó aún más la división entre el dirigente nacional Ricardo Anaya y la principal aspirante presidencial Margarita Zavala, esposa del expresidente Felipe Calderón. Pese a la derrota, Andrés Manuel López Obrador ha consolidado su posición como el enemigo a vencer en los comicios del 2018, porque además la derrota de su candidata y las movilizaciones populares de inconformidad para acusar el fraude de la muy presumible elección de Estado, le seguirán dando parque para denunciar a sus enemigos de “la mafia del poder”. Por eso la victoria de Peña bien puede ser calificada ante el electorado popular y la opinión pública nacional y mundial, como una victoria pírrica, y la derrota de López Obrador como una gran victoria moral conseguida con una candidata emergida de las clases populares, sin financiamientos ilegales e inmorales, con un voto ciudadano auténtico y legítimo, y con la representación de los sectores sociales más distantes de los intereses que han destruido a México.

Javier Ramírez

Si no sucede algo realmente extraordinario –como no parece que ocurrirá, puesto que de otro modo y sólo con las pruebas del exceso desmedido de los gastos de campaña la autoridad electoral hubiera decretado la anulación de los comicios-, el candidato del Partido Revolucionario Institucional, Alfredo del Mazo, será declarado ganador de la elección para la gubernatura del Estado de México, al imponerse con una diferencia de menos de tres puntos porcentuales a la candidata del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Delfina Gómez. El presidente Enrique Peña Nieto habrá conseguido mantener el control de su partido, porque una derrota en el Estado de México hubiera obrado que lo perdiera, del mismo modo que el de la nominación del candidato tricolor a sucederlo, puesto que de otro modo ya no habría quedado la mínima noción militante de que su liderazgo y por tanto su candidato merecieran algún respeto y garantizaran alguna recompensa. Sin embargo, a diferencia de otros comicios, y pese a todo el aparato gubernamental y la mayor cantidad de recursos ilegales disponibles a favor de Del Mazo, el poderoso avance del Morena condicionó al PRI a conseguir sólo una precaria mayoría en el Estado de México. El PRI, entonces, estaría cerca de perder Los Pinos una vez más.

La imposición de Del Mazo

La carrera a la Presidencia de la República comenzó en enero de 2016, cuando el jefe del Estado mexicano y representante del Grupo Atlacomulco, Enrique Peña Nieto, consiguió imponer a su primo, Alfredo del Mazo Maza, como candidato priista ‘de unidad’ a la gubernatura del Estado de México -la entidad más poblada, más desigual y más decisiva en términos electorales para las aspiraciones del tricolor de mantenerse en la silla presidencial más allá del 2018-, por sobre otros dos aspirantes: Ana Lilia Herrera Anzaldo, favorita del entonces gobernador Eruviel Ávila y del aún canciller Luis Videgaray Caso.

Alfredo del Mazo Maza, expresidente municipal de Huixquilucan y diputado federal, había cedido cuatro años antes a sus aspiraciones a la gubernatura cuando se enfrentó a Eruviel Ávila, pues a pesar de estar protegido por una ‘familia’ de influyentes y multimillonarios políticos –donde ser un político pobre es lo mismo que ser un pobre político, según el adagio legado por quien fuera el político más influyente y enriquecido con el poder político de ese bastión de ‘la mafia del poder’, Carlos Hank González- ha hecho uso del patrimonio público de una manera por demás vulgar, como la que documentó el semanario Proceso en 2005, por ejemplo, sobre haber recibido una beca de 257 mil pesos como funcionario de Pemex para estudiar un postgrado en Harvard, cuando ni siquiera tenía un título profesional.

Desde la postulación de Del Mazo, Peña Nieto y casi todos sus colaboradores del gabinete federal hicieron del Estado de México su destino esencial, con prácticamente una gira a la semana, ya para encabezar inicios de obras o poner en marcha diversos programas, todo con propósitos proselitistas. Los aparatos gubernamentales federal y estatal fueron movilizados con un solo objetivo: hacer ganar al PRI y cerrarle el camino a la Presidencia de la República a López Obrador.

La llegada de Delfina

Con todo y el apoyo brindado a Del Mazo, los priistas, quienes aún así tuvieron que formar una alianza con partidos rémoras como el Verde Ecologista, Nueva Alianza y Encuentro Social, no contaron con que la candidata del Morena, Delfina Gómez Álvarez, una maestra de 54 años cuyo mayor logro político había sido ganar el Ayuntamiento de su natal Texcoco, sería la rival a vencer, por encima de la panista Josefina Vázquez Mota –quien en esta elección se confirmó como la más grande perdedora electoral de su partido- y del perredista Juan Zepeda –el cual logró mantener al final de la elección un impulso que lo llevó a ocupar el tercer puesto y fue el mayor factor electoral de peso de la derrota morenista-.

Por supuesto, Delfina contaba con el capital político y popular de Andrés Manuel López Obrador, y con él y su partido habían podido resistir las embestidas de todos sus enemigos de los grupos de poder comprometidos con la preservación del estatus quo en la entidad y en el país, con los grandes medios de opinión pública a su servicio, y cuya campaña tuvo por eje la descalificación del perfil moral de su causa, de su candidatura, de su partido y de su líder nacional, sin consignar las implicaciones en contra que pudieran tener esas acusaciones dados los diferenciales de la corrupción acusada por esos grupos a sus enemigos del entorno de López Obrador, y la referida por éstos contra sus multimillonarios acusadores.

Resultados preliminares de la elección

De acuerdo con el informe dado a conocer el pasado miércoles 7 de junio por la noche, con el 98.2 por ciento de avance en el cómputo distrital, Del Mazo se mantenía con el 33.78 por ciento, seguido de Gómez Álvarez con 30.87 por ciento, Juan Zepeda con 17 puntos y Josefina Vázquez Mota con 11.

Sin embargo, el consejero presidente del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), Pedro Zamudio, se ha negado a entregar oficialmente los resultados del conteo distrital, argumentando que se registraron diversas irregularidades en varias casillas. El Instituto había aceptado la posibilidad de realizar un recuento total de cuatro mil 019 casillas, pero finalmente determinó que sólo revisaría tres mil 285, que representan sólo la quinta parte de las 18 mil 605 que fueron instaladas el pasado domingo 4 de junio.

Denuncian irregularidades

En video, Andrés Manuel López Obrador aseguró que la alianza encabezada por el PRI, con el apoyo de los tres órdenes de Gobierno, había consumado la compra y acarreo de ciudadanos para cometer “un fraude de Estado” y beneficiar a Del Mazo.

Advirtió que Morena informará cuánto dinero gastaron los priistas en la compra de votos y cómo utilizaron programas como Prospera, de la Sedesol –el programa asistencial y electorero por excelencia de todos los Gobiernos federales- para traficar con la necesidad de la gente, además de que rellenaron las urnas.

Aseguró además que la protesta será pacífica, sin tomar calles o utilizar la violencia, como, dijo, el Gobierno federal y los medios quieren hacer creer a la gente. Hizo un llamado al presidente Enrique Peña Nieto a limpiar el proceso y se reconozca que la elección la ganó Delfina Gómez.

En medio de todas estas denuncias, la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) confirmó la sentencia del Tribunal Electoral del Estado de México (TEEM) que determinó que no hay elementos suficientes para acreditar que se utilizaron programas sociales para coaccionar el voto en la elección.

En su fallo, el TEPJF indicó que la continuación de programas sociales durante la época de intercampañas no está prohibida ni por la Constitución ni por la ley, y señaló que los beneficios sociales son políticas públicas que buscan cubrir necesidades de la sociedad, por lo que se presume que su ejecución busca privilegiar el interés social, salvo que se demuestre lo contrario. Además, consideró que el Morena no aportó pruebas idóneas y necesarias para acreditar las irregularidades que denunció.

Pero el Trife sólo evidenció los eternos desperfectos del sistema de arbitraje y de sanción electoral que multiplican la desconfianza de cada vez más grandes sectores ciudadanos tras las jornadas de elección con resultados reñidos: se privilegian los formalismos legales sobre las intencionalidades reales del uso de los recursos públicos en los tiempos de las campañas políticas, y a menudo esa defensa del formalismo y la presunta neutralidad legal choca de frente con los inocultables excesos de un activismo gubernamental que no puede ser sino calificado de propaganda, de abuso de poder y de deliberado ejercicio irregular e inequitativo del erario y de las instituciones del Estado.

Porque los usos y las costumbres de la política y de la perversión mexicana de la democracia electoral ilustran, con sobrada elocuencia para el sentido común -aunque al parecer no para los ‘letrados’ y las burocracias electorales-, que en el ejercicio de los programas y los presupuestos de Gobierno en tiempos de campaña lo normal es que prive el dolo y la intención política, y no el interés público y el bienestar social.

Los ‘letrados’ dicen que ellos privilegian la letra de la ley; pero cuando la realidad en el sentido del fraude es tan evidente, ese privilegio por la imparcialidad se advierte más cerca de la complicidad y de la criminalidad, que de la justicia.

El costo de las elecciones mexiquenses

Un informe del IEEM dio a conocer que el costo de garantizar que más de 11 millones de ciudadanos ejercieran su voto en el Estado de México fue de 132 millones de pesos, gasto que fue distribuido en la compra de materiales electorales, como casillas, impresión de boletas y el traslado de boletas.

Detalló que cada una de las 18 mil 605 casillas instaladas tuvo un costo de seis mil 763 pesos, mientras que para la impresión de las 11 millones 692 mil 807 boletas se destinaron 25 millones de pesos. Además, para el traslado de las boletas electorales, el instituto erogó ocho millones 650 mil pesos.

Por su parte, cada candidato a gobernador tuvo como límite el 50 por ciento del tope de campaña fijado por el Código Electoral, que asciende a 282.5 millones de pesos. De esta manera, los candidatos se comprometieron a tener un gasto máximo de 142.7 millones de pesos en los comicios.

Sin embargo, la representación del Morena ante el Instituto Nacional Electoral (INE) denunció que el candidato Alfredo del Mazo gastó 88 millones de pesos más del tope de gastos de campaña.

De acuerdo con el Morena, Del Mazo gastó ocho millones de pesos en la compra de carpas, bolsas, calcomanías, banners, rótulos, asesorías para entrevistas, bots, contratación de payasos, asesorías para discursos y rentas de espacios, así como más de 40 millones para la tarjeta “Salario Rosa” y otros 40 millones para la tarjeta “Con Todo”.

En una de sus campañas más exitosas, que incluía una serie de caricaturizaciones de Del Mazo como personajes de ‘anime’, el equipo del priista habría pagado 25 millones de pesos a estudios de animación como Walt Disney Company, Toei Animation, Nintendo, Madhouse, Pierrot, Gainax, Wit Studio, Bones Studio y Studio Ghibli, entre otras, para no ser denunciados por la violación de derechos en la creación de la página de Facebook “Del Mazo Kun”.

Se impone Peña, pero el PRI se debilita

Finalmente todo indica que el PRI obtendrá de nueva cuenta, aunque sea por la vía judicial, la gubernatura mexiquense, luego de contar con todo el apoyo de los tres niveles de Gobierno, principalmente el federal, en un último intento por mejorar la imagen de Enrique Peña Nieto, quien llegó a convertirse en el presidente mexicano más impopular de la historia del país, sobre todo por sus múltiples y mundialmente famosos actos de corrupción y por sus torpezas e incompetencias en la lucha el Estado mexicano contra la ‘narco-violencia’.

Sin embargo, el hecho de que Del Mazo apenas conseguiría sacar -hasta el cierre de esta edición- menos de tres puntos de ventaja a una humilde maestra de primaria refleja que el PRI, con todo y sus mini-partidos, es cada vez menos popular. Con un porcentaje tan bajo conseguido en una entidad en la que contó con todo el aparato gubernamental a su disposición, el Revolucionario Institucional no puede decir que tiene asegurada la elección presidencial del próximo año.

En contraste, Morena, que tiene poco menos de tres años de haber sido fundado, logró colocarse como la segunda fuerza política en el bastión priista por excelencia. De haber negociado a tiempo con el PRD, posiblemente la historia ahora sería otra.

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